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El vicio de comprar libros

«El vicio de comprar libros no tiene el mismo carácter que el vicio de leer en sí. Yo he conocido bibliófilos y maniacos del libro que casi no han leído en su vida más que portadas. Ni el bibliófilo ni el bibliógrafo me han interesado nunca mucho. Alguna vez, sin embargo, compré libros por pura acción de caza, cosa que me parece, sin embargo, una claudicación.»

JULIO CARO BAROJA
Los Baroja (1972)

Paseo por los libros

Ortega García. Paseo por los libros. México: Tirant lo Blanch México, 2022

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Esta obra conjuga dos grandes pasiones del autor: los libros antiguos, por un lado, y la historia de México, por el otro. Su origen data de algunos años atrás, cuando, provisto de un pequeño patrimonio, me di a la tarea de reunir una modesta biblioteca que ha ido enriqueciéndose con el paso del tiempo. Bibliófilo de corazón e historiador por afición, he querido compartir con el público una selección de mis “tesoros librescos” relativos a la historia antigua y de la Conquista de México, haciendo una breve descripción de la edición de cada uno. Muchos datan del siglo XIX, por lo que ahora son poco accesibles incluso para los especialistas. Este hecho podría justificar en parte la publicación del libro que el lector tiene entre sus manos, orientado a despertar el interés tanto de los expertos como de los que sólo disfrutan de las ediciones antiguas. Sin embargo, hay dos razones adicionales que abonan a la misma causa: los jóvenes de hoy, acostumbrados a trabajar casi exclusivamente con la computadora, no han podido cultivar el amor por el libro antiguo, que se revela, ante ellos, como un objeto extraño y ajeno a su concepción del mundo. Por eso, las páginas que siguen pretenden recordarnos a todos su valor y en-canto únicos. Esta es la primera razón o excusa, si se prefiere. Pero hay otra de mayor peso. La obra que hoy se presenta, con todos sus posibles defectos, constituye, en el ánimo de quien escribe, un humilde homenaje a los grandes bibliógrafos mexicanos del pasado que nos legaron los primeros catálogos de li-bros impresos en la Nueva España: don José Mariano Beristáin y Souza, don Joaquín García Icazbalceta y don Vicente de P. Andrade, por mencionar sólo a algunos; a los ilustres editores del siglo XIX que, con su infatigable labor, ayudaron a rescatar preciosos manuscritos originales y los enviaron a la imprenta preservándolos del olvido: don Carlos María de Bustamante y don José Fernando Ramírez, entre los más célebres y destacados, y desde luego y naturalmente a los impresores de mayor renombre que han dado honor a la tipografía mexicana desde que Juan Pablos estableciera el primer taller de imprenta en esta parte del Nuevo Mundo.

La biblioteca no es una suma de libros, es un organismo vivo con una vida autónoma

«El bibliófilo recopila libros para tener una biblioteca. Parece obvio, pero la biblioteca no es una suma de libros, es un organismo vivo con una vida autónoma.»

UMBERTO ECO
La memoria vegetal (2021)

¿Los has leído todos?

El bibliófilo recopila libros para tener una biblioteca. Parece obvio, pero una biblioteca no es solo una suma de libros: es un organismo vivo con una vida autónoma. Una biblioteca en casa no es simplemente un lugar donde se almacenan libros; es también un espacio que los lee por nosotros. Me explico.

Creo que todos los que poseen un número considerable de libros en casa han convivido durante años con el remordimiento de no haber leído algunos. Esos libros nos han observado desde las estanterías, recordándonos nuestro pecado de omisión. Esto ocurre aún más en el caso de una biblioteca de libros raros, que a veces están escritos en latín o incluso en lenguas desconocidas. Además, un hermoso libro antiguo puede resultar, en ocasiones, aburridísimo.

Sin embargo, de vez en cuando sucede que, un día, tomamos uno de esos libros olvidados, empezamos a hojearlo y descubrimos, con sorpresa, que ya conocíamos todo su contenido. Este fenómeno singular, que muchos pueden atestiguar, tiene solo tres explicaciones razonables.

La primera es que, al haber manipulado el libro varias veces a lo largo de los años —ya sea para cambiarlo de sitio, quitarle el polvo o simplemente apartarlo para tomar otro—, algo de su sabiduría se ha transmitido a nuestro cerebro a través de la yema de los dedos, como si lo hubiéramos leído táctilmente en un alfabeto Braille. Yo soy seguidor del CICAP, el Comité Italiano para la Investigación de Afirmaciones Pseudocientíficas, y no creo en los fenómenos paranormales; pero en este caso, sí. Entre otras razones, porque no considero que el fenómeno sea paranormal: es perfectamente normal y está certificado por la experiencia cotidiana.

La segunda explicación es que no es cierto que no hayamos leído ese libro. Cada vez que lo movíamos de lugar o le quitábamos el polvo, le echábamos un vistazo. Alguna página se abría al azar, algún detalle del diseño gráfico, la textura del papel o los colores evocaban una época, un ambiente. Y así, poco a poco, hemos ido absorbiendo gran parte de su contenido.

La tercera explicación es que, con el paso de los años, hemos leído otros libros en los que se hablaba de ese mismo. Sin darnos cuenta, hemos asimilado sus ideas: ya sea porque se trata de un libro célebre, ampliamente comentado, o porque sus ideas son tan comunes que las hemos encontrado en múltiples ocasiones.

En realidad, creo que las tres explicaciones son ciertas. Todos estos elementos se combinan de manera casi milagrosa y contribuyen a hacernos familiares esas páginas que, desde un punto de vista puramente legal, nunca hemos leído.

Naturalmente, el bibliófilo —especialmente aquel que colecciona libros contemporáneos— está expuesto a la impertinencia del visitante que, al ver todas esas estanterías, exclama: «¡Cuántos libros! ¿Los has leído todos?». La experiencia nos dice que esta pregunta la hacen incluso personas con un cociente intelectual satisfactorio.

Ante tal ultraje, existen, en mi opinión, tres respuestas estándar. La primera corta en seco la conversación y es: «No he leído ninguno; si no, ¿para qué los tendría aquí?». Sin embargo, esta respuesta solo refuerza la sensación de superioridad del visitante indiscreto, y no veo por qué deberíamos hacerle semejante favor.

La segunda respuesta sitúa al importuno en una posición de inferioridad y dice así: «¡Muchos más, señor, muchísimos más!».

La tercera es una variación de la segunda y la utilizo cuando quiero dejar al visitante sumido en un asombro desconcertante. «No —le digo—, los que ya he leído están en la universidad; estos son los que debo leer para la semana que viene».

Lo que el pobre infeliz no sabe es que una biblioteca no es solo el depósito de nuestra memoria personal, donde conservamos lo que hemos leído, sino también el lugar de la memoria universal, donde, llegado el momento, podremos encontrar lo que otros leyeron antes que nosotros.

UMBERTO ECO. La memoria vegetal (Adaptación)

Presentación del libro «Prodigios infantiles de la ilustración española» de Noelia López. Planeta Biblioteca 2023/03/15

Presentación del libro «Prodigios infantiles de la ilustración española» de Noelia López.

Planeta Biblioteca 2023/03/15

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Noelia López Souto es profesora de Filología hispánica por la Universidad de Salamanca, especializada en Historia del libro, edición, siglo XVIII y estudios culturales (literatura, infancia, escrituras personales…). que nos presenta el libro «PRODIGIOS INFANTILES DE LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA: La niñez laureada, de José Iglesias de la Casa». Este libro rescata del olvido y ofrece a los lectores la edición anotada del poema narrativo laudatorio escrito por José Iglesias de la Casa, dedicado a la figura del extraordinario niño Juan Picornell y Obispo, hijo del famoso pedagogo Picornell y Gomila, que fue uno de los llamados niños prodigio de la Ilustración española. En 1785 se sometió a examen público en la Universidad de Salamanca, con solo tres años de edad. Ensalzado en la niñez y más tarde victima del abandono. El libro lo podéis adquirir en la Editorial Delirio

La bibliofilia. Planeta Biblioteca 2020/02/12

 

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La bibliofilia. Planeta Biblioteca 2020/02/12 Ir a descargar

 

Hemos tenido con nosotros en el programa a Noelia López-Souto, master y doctora por la Universidad de Salamanca especialista en bibliofilia, que se doctoró en 2018 con una tesis sobre el mundo del libro y la edición de la correspondencia entre Giambattista Bodoni y el diplomático José Nicolás de Azara. Hemos hablado con Noelia sobre qué es la bibliofilia, qué características concretas tiene una obra de bibliófilo, las razones que mueven a un bibliófilo a practicar esta pasión, la diferencia y la posible vinculación entre la bibliofilia y otras derivaciones como la bibliomanía o la biblioclástica. Y también nos ha hablado de algunos de los grandes bibliofilos.

Lucas Corso, el bibliofilo del Club Dumas de Arturo Pérez Reverte

 

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Párrafo tomado del libro

Los libros, la lectura y los lectores – de Julio Alonso Arévalo en Alfagrama ediciones

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Un bibliófilo es aquella persona que ama los libros, tanto como objeto físico como por ser el objeto portador de un mensaje, que le gusta adquirirlos, leerlos y que generalmente posee una colección importante. La bibliofilia no debe confundirse como a veces se hace con la bibliomanía, un síntoma potencial de un trastorno obsesivo-compulsivo que implica una posesión desaforada y enfermiza por la posesión de libros, y al que el mero hecho de poseer el objeto físico es superior al valor que le concede al libro en sí mismo.

Así, nos aparece la figura del bibliófilo en el “Club Dumas” de Arturo Pérez Reverte. La historia de un cazador de libros que recibe el encargo de autentificar un manuscrito de “Los tres mosqueteros”, y a la búsqueda de un extraño manuscrito quemado en 1667. Ello llevará al protagonista a una arriesgada y desesperada misión para encontrar el objeto de deseo. Solamente una frase del libro define claramente que es la bibliofilia “… se ingresa en bibliofilia como en religión: para toda la vida”.

 

«Era uno de esos lectores compulsivos que devoran papel impreso desde la más tierna infancia; en el caso -poco probable- de que en algún momento la infancia de Corso mereciera calificarse de tierna… Conocí a Lucas Corso cuando vino a verme con el vino de Anjou bajo el brazo. Corso era un mercenario de la bibliofilia; un cazador de libros por cuenta ajena. Eso incluye los dedos sucios y el verbo fácil, buenos reflejos, paciencia y mucha suerte. También una memoria prodigiosa, capaz de recordar en qué rincón polvoriento de una tienda de viejo duerme ese ejemplar por el que pagan una fortuna. Su clientela era selecta y reducida: una veintena de libreros de Milán, París, Londres, Barcelona o Lausana, de los que sólo venden por catálogo, invierten sobre seguro y nunca manejan más de medio centenar de títulos a la vez; aristócratas del incunable para quienes pergamino en lugar de vitela, o tres centímetros más en el margen de página, suponen miles de dólares. Chacales de Gutenberg, pirañas de las ferias de anticuario, sanguijuelas de almoneda, son capaces de vender a su madre por una edición príncipe; pero reciben a los clientes en salones con sofá de cuero, vistas al Duomo o al lago Constanza, y nunca se manchan las manos, ni la conciencia. Para eso están los tipos como Corso… Y mientras le cobraba afición al negocio, descubrí algo: hay libros para vender y libros para guardar. En cuanto a estos últimos, se ingresa en bibliofilia como en religión: para toda la vida.»

Arturo Pérez Reverte. “El club Dumas o La sombra de Richelieu”. Madrid: Alfaguara, 1990

 

 

 

Presentación del libro «Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes». Planeta Biblioteca 2019/11/04

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Presentación del libro «Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes».

Planeta Biblioteca 2019/11/04

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Julio Alonso Arevalo. Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes. Buenos Aires : Alfagrama Ediciones, 2019

Disponible en España en Canoa Libros

Presentación del libro  “Los libros, la lectura y los lectores a través de la literatura y las artes” publicado por Alfagrama, un libro sobre libros para cualquiera que ama los libros. Es más que un libro, son miles de libros, los que hemos leído, los que nos dejaron un sabor dulce, y a los que una vez terminados les pasamos la mano por la cubierta antes de volver a colocarlos en la estantería como si fuera un acto de amor. Como tantos compañeros de esta profesión, humilde y maravillosa, amamos lo que hacemos, y nos encanta pensar en lo que hacemos, cuando vamos a un sitio, uno de nuestros pasatiempos favoritos es ir a visitar bibliotecas, otro es recoger citas y escritos sobre el libro, la lectura, los lectores y las bibliotecas. Es bien cierto que aquí, en estas dos centenas de páginas, no cabe todo lo que se ha escrito sobre el tema, pero si están las que más profundamente nos han llegado.

En la próxima entrega, -si la editorial Alfagrama tiene a bien- la segunda parte del libro, el dedicado a los bibliotecarios, a los libreros y a los editores-. Un mundo en el que los profesionales del libro nos hemos visto reflejados, a veces más, y casi siempre menos acertadamente, pero es la imagen que proyectamos, a veces en los estereotipos que muy a menudo con cierto humor nosotros mismos reforzamos. Así nos ven, y así lo refleja la literatura. Porque alguien dijo en una ocasión que los libros no son la vida, pero son lo que más se le parece.

Thatcher Wine: el bibliotecario de los famosos

 

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Los libros no son sólo para leer, también pueden ser objetos hermosos en sí mismos. Thatcher Wine, un bibliófilo y coleccionista, aprovechó este concepto, buscando libros raros y descatalogados para construir hermosas bibliotecas basadas en el interés, el autor e incluso el color para sus clientes. Desde entonces, Wine ha curado las estanterías de Gwyneth Paltrow y el hotel NoMad de Nueva York; entre sus fans se encuentran Laura Dern y Shonda Rhimes. Lo que hace Thatcher es ofrecer a sus clientes la oportunidad de comprar libros, y luego ponerles una funda especial para cada uno, o como parte de una imagen más amplia que se cohesiona cuando están todos juntos en las estanterías.

Según Wine  ¿Por qué conformarse con los libros que un editor diseñó? Los libros pueden tener tanto estilo como cualquier otra cosa en la habitación. Poder elegir el color de la cubierta del libro significa que alguien puede tener las obras completas de Jane Austen, pero en un determinado color que coincida con el estilo del resto de la habitación o con una imagen personalizada. La gente ha invertido en el aspecto de su casa: Eligieron los gabinetes, las alfombras, la pintura y los revestimientos de las ventanas.

En el caso de Gwyneth, ella  remodeló su casa de Los Ángeles hace unos años y cuando se mudó se dio cuenta de que necesitaba unos cincocientos o seiscientos libros más para completar las estanterías. Wine estudió los libros que ya tenía, que se enfocaban en moda, arte, cultura, fotografía y arquitectura, así como libros que les gustaban a sus hijos. Para recrearse en esos temas, y para los niños, hicieron una selección de clásicos que pensó que les gustarían a medida que fueran creciendo. En la sala de estar integró los libros en la colección existente para que se sintieran muy ligeros, acogedores y fáciles de tomar de los estantes. En el comedor, estudió una paleta de colores más rígida de negro, blanco y gris, ya que era menos un espacio donde se podían pasar el rato y leer.

 

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Thatcher también ha publicado su primer libro, titulado «For the Love of Books: Designing and Curating a Home Library«, cuya publicidad asegura que es en sí mismo «un recuerdo digno de cualquier colección de bibliófilos». En él Thatcher, tiene algunas teorías divertidas cuando dice que «Editores como Taschen, Phaidon y Rizzoli están creando magníficos libros de gran tamaño sobre arte, diseño y arquitectura. Creo que la gente los colecciona como una alternativa a mirar pantallas». En el libro se cuenta la historia del libro y de las bibliotecas privadas, y defiende la resistencia del libro en la era digital. Wine clasifica los libros en varias categorías libros para leer, libros para decorar y los libros para inspirarse. Proporcionan detalles útiles para crear y conservar la propia biblioteca doméstica, ya sea en una sola estantería o en varias salas, cada una con su propia colección. «For the Love of Books» (Por amor a los libros) trata de contar historias más allá de las páginas de nuestros libros favoritos. Nuestros libros -los que elegimos mantener- cuentan la historia de quienes somos. Nos recuerdan quiénes fuimos una vez y quiénes aspiramos a ser.

Así este bibliófilo nos da algunos consejos. Primero, piense en lo que está tratando de lograr. ¿Hay alguna historia que estés tratando de contar? ¿Una paleta de colores que quieres conseguir? Luego piense en cómo podría funcionar en el contexto de su casa y del espacio disponible. Segundo, adquirir los libros. Dependiendo de lo importante que sea para usted el estilo y la encuadernación de la portada, cómprelos intencionadamente en su librería local o a través de listados en línea. Tercero, organice sus libros de manera que se sienta cómodo y se vea atractivo. Esto puede tomar unas pocas horas para hacerlo bien.

 

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Vender y Coleccionar: Catálogos impresos de venta de libros y bibliotecas privadas en la Europa moderna

 

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Selling & Collecting: Printed Book Sale Catalogues and Private Libraries in Early Modern Europe. Giovanna Granata, Angela Nuovo (edited by), eum, Macerata, pp. 311 (978-88-6056-572-3).

Texto completo

 

Basado en las contribuciones dadas en una conferencia celebrada en la Universidad de Cagliari en septiembre de 2017, esta colección de ensayos proporciona una visión de la distribución y adquisición de libros impresos en los siglos XVI y XVII. Los catálogos de editores y libreros se examinan como prueba de las técnicas de publicidad y venta utilizadas por los agentes del sector, centrándose en el precio de los libros. El papel de las bibliotecas privadas del siglo XVI y el creciente fenómeno del coleccionismo de libros se estudian en un marco comercial. En este contexto, las colecciones privadas se investigan como lugares de conservación y no de consumo, de las obras que circulan en el mercado del libro.

 

El diablo en mi biblioteca

 

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El diablo en mi biblioteca (1920).

Il diavolo nella mia libreria
de Alfredo Panzini

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Esta obra es de dominio público en los países donde la duración es de 70 años después de la muerte del autor y en los Estados Unidos (publicación antes de 1923).

 

Me convierto en bibliófilo, pero los libros me asustan.

Así fue como me convertí en bibliófilo: pero, incluso demasiado, me di cuenta de que casi todos eran libros serios. Debería haberlo convertido todo en una hoguera. Pero me pareció que las almas de los muertos debían salir, y también la de mi pobre tía para reprocharme. Y también una compañía de sacerdotes para reclamar sus breviarios.

Ya tenía el remordimiento de haber tenido cerca de la mitad de los doce sacos tirados sobre el estiércol – durante el primer conteo – y eran los papeles y los quintos que, por mucho que hubiera puesto en ellos, no habría sido posible reducir los libros a una mejor calidad. Y recuerdo haber visto la bazofia negra del estiércol que se cubre de blanco para las cestas de papel que el granjero y la mujer de la casa tiraron riéndose de ti, pensé: «He aquí el caso para decir, como está escrito en los cementerios, resurgente, que renacerá». Renacerán en las plantas». Y le dije al granjero que hundiera todo ese blanco en el estiércol con la horca.

De los libros tan a la izquierda, y con los que había cubierto toda una pared, como dije, conseguí sacar unos cien, que respondían a la intención del anticuario de Milán. Y luego los revisé y los leí al azar, tomando media docena cada vez; y en este asunto he durado mucho tiempo.

Qué efectos tan extraños! Mi alma reaccionó a esas lecturas de una manera tan divertida que me habría divertido si no hubiera sido por mí misma. Porque estaba sufriendo.

Una noche, por ejemplo, después de una larga lectura, tan pronto como apagué la luz, soñé que el mensajero de la humanidad también se encendía; y que me había quedado en el suelo, y por mucho que llamara, no paraban a recogerme: otra noche me pareció que todos esos libros eran muchas pistas, como los que se ponían en las redes y me arrastraban hasta el fondo de un remolino: el pasado inútil. Otra vez tuve la sensación de transformarme en una tròttola, que subía y bajaba los cursos y los llamamientos de la historia. Le aseguro que sentí un golpe de cabeza muy doloroso. Otra vez vi esa hermosa columna de agua que sale de la piscina que está en los jardines públicos de Milán frente a esa fea estatua de un sacerdote sin pedestal y que representa a Antonio Rosmini. Alrededor de la piscina están las niñeras y los mocosos, que lanzan sus barquitos y gritan: «¡Vamos!» Pero sólo vi la columna de agua. Sale con enorme fuerza, toma muchas hermosas inflorescencias blancas, pero cuando ha alcanzado cierta altura, vacila, bromea, tiene un momento invisible de parada, y luego cae inexorablemente. No puede subir más alto. ¡Incluso el hombre con todos sus delanteros! Vamos, me pareció que no podía escalar más, como esa columna de agua.

¿Qué opina, Don Antonio Rosmini? Ese sacerdote estaba hecho de bronce y no me contestó. Pobre hombre! Cuánto debe haber sufrido para reconciliar razón y fe! Pero no voy a leer las obras de Antonio Rosmini. «Al contrario -me dije a mí mismo- si quieres estar sano, debes rechazar lo poco que sabes». ¿Estudiando? ¿Pensar en ello? ¿Pensar en ello? ¿Cómo enseñan los maestros a los escolares? Qué tontería! Oh, que Alessandro Manzoni me perdone; pero si lo piensas, te da insomnio!

La biblioteca de mi pobre tía, con las náuseas que me producían, trabajaba sobre mí como un gran emético, de modo que concebí la esperanza de liberar el cerebro de demasiada comida.