En una entrevista para Radio Universidad de Salamanca, Alejandro Uribe Tirado habló sobre los retos y logros que enfrenta América Latina en temas de alfabetización informacional y el uso de la inteligencia artificial. Comentó cómo muchas personas aún no tienen acceso ni formación suficiente para manejar la información de forma crítica. También destacó que, a pesar de las dificultades, cada vez hay más proyectos e iniciativas que buscan cerrar esa brecha. Alejandro nos ha hablado de su proyecto de alfabetización en inteligencia artificial, en el que subraya la necesidad de formar no solo en el uso de herramientas, sino también en sus implicaciones éticas, sociales y culturales. Insistió en que es clave educar a las nuevas generaciones para que comprendan cómo funciona la tecnología y cómo puede influir en sus vidas. Además, remarcó el papel fundamental de las bibliotecas y los docentes en este proceso. La entrevista deja claro que hay mucho por hacer, pero también muchas ganas de avanzar.
La iniciativa Carolina AI Literacy Initiative ofrece recursos educativos, como videos y módulos, para enseñar a los estudiantes a utilizar herramientas de inteligencia artificial (IA) de manera ética y efectiva. Los temas incluyen la redacción de indicaciones (prompts), detección de sesgos, verificación de hechos y prevención del plagio. Además, proporciona apoyo curricular para instructores y oportunidades para que los estudiantes experimenten y aprendan más sobre el uso responsable de la IA en entornos académicos
La bibliotecaria Dayna Durbin, especializada en enseñanza y aprendizaje para estudiantes de primer año, ha recibido numerosas consultas sobre si el uso de estas herramientas constituye una forma de hacer trampa o plagio. Para abordar estas inquietudes, Durbin colaboró con Dan Anderson, director de la Iniciativa de Humanidades Digitales de Carolina y del programa de escritura en el Departamento de Inglés y Literatura Comparada, para crear Carolina AI Literacy Initiative
«Cuando apareció ChatGPT, empezamos a recibir preguntas de estudiantes preocupados por el plagio, por asegurarse de que no estaban infringiendo el Código de Honor o haciendo trampas al utilizar herramientas de IA generativa. Se convirtió en una especie de asesoramiento para las bibliotecas»
Dayna Durbin
Esta iniciativa tiene como objetivo proporcionar materiales educativos que ayuden a los estudiantes a utilizar la inteligencia artificial de manera efectiva y responsable. A través de lecturas, talleres, módulos y videos, los estudiantes aprenden habilidades como la redacción de indicaciones (prompts), la detección de sesgos, la verificación de hechos y la prevención del plagio. El programa se basa en la tradición de las bibliotecas de promover la alfabetización informacional y equipa a los estudiantes con el conocimiento necesario para usar las herramientas de IA de manera reflexiva y segura en entornos académicos.
«Las bibliotecas son excelentes para muchos de estos retos asociados a la IA, porque llevan décadas prestando atención a la alfabetización informacional»
Dan Anderson
La producción de GenAI es plana, y es fácil de identificar para los profesores. Pero es una herramienta útil para hacer una lluvia de ideas de palabras clave y términos de búsqueda si estás atascado o para resumir una investigación que puede dar a los estudiantes familiaridad con un tema.
Los módulos ofrecidos tienen como objetivo guiar a los estudiantes en el aprendizaje de aspectos fundamentales sobre la inteligencia artificial, especialmente en su aplicación responsable y efectiva en contextos académicos.
Creación de preguntas para IA (pompts)
Este módulo se centra en la relación entre la elaboración de preguntas (prompts) para IA y el proceso de pensamiento humano. Se destaca la importancia de crear prompts que no solo dependan de la IA, sino que también potencien y reflejen el razonamiento propio del usuario. Los estudiantes tienen la oportunidad de practicar y desarrollar sus propias estrategias para interactuar con las herramientas de IA, fomentando un enfoque crítico y activo en el uso de estas tecnologías.
Comprobación de hechos y sesgos
Este módulo aborda los riesgos asociados con el uso de herramientas generativas de IA, tales como la difusión de información incorrecta, la creación de citas y enlaces falsos, y la generación de resultados sesgados. Se ofrecen estrategias prácticas para que los estudiantes puedan verificar la veracidad y la imparcialidad de los contenidos producidos por la IA. Está dirigido a todos los estudiantes, tanto a quienes son nuevos en estas tecnologías como a aquellos que las usan con frecuencia, promoviendo así una alfabetización digital crítica y responsable.
Evitar el plagio y documentar las fuentes
Este módulo introduce los estándares de investigación relacionados con la IA generativa, enfocándose en la integridad académica. Invita a los estudiantes a reflexionar sobre los valores éticos y las expectativas que implica utilizar la inteligencia artificial con honestidad, evitando el plagio y aprendiendo a documentar adecuadamente las fuentes cuando se emplean herramientas de IA en sus trabajos.
El artículo plantea que invertir en bibliotecas públicas es una estrategia eficaz y comprobada para mejorar la seguridad y la calidad de vida en los vecindarios. Contrario a enfoques tradicionales que destinan presupuestos principalmente a la policía y la vigilancia, la pieza sugiere que las bibliotecas contribuyen de manera significativa a la reducción de la delincuencia y la violencia, además de fomentar el desarrollo social y económico de las comunidades.
Las bibliotecas públicas funcionan como espacios abiertos, accesibles e inclusivos que ofrecen recursos y programas para personas de todas las edades y condiciones. Son lugares de encuentro donde se promueve la educación, la cultura y la cohesión social, elementos esenciales para la prevención del crimen. En barrios vulnerables, las bibliotecas pueden ser refugios que ofrecen actividades constructivas y apoyo a jóvenes en riesgo, alejándolos de entornos potencialmente peligrosos.
El artículo cita estudios y ejemplos concretos que vinculan la presencia y actividad de las bibliotecas con una disminución en las tasas de violencia y delincuencia. Un caso destacado es el de bibliotecas en ciudades de Estados Unidos que, mediante programas de alfabetización, empleo, apoyo psicosocial y actividades extracurriculares, han contribuido a reducir el crimen juvenil y mejorar la percepción de seguridad en sus comunidades. En estos espacios, el acceso gratuito a tecnología, educación y servicios sociales fortalece la resiliencia comunitaria.
Un estudio reciente publicado en el Journal of Cultural Economics examina lo que ocurre cuando se abre una nueva sucursal de una biblioteca en Kansas City (Misuri). La ciudad tuvo doce sucursales de biblioteca durante muchos años. En 2013, añadieron la decimotercera sucursal, conocida como Woodneath Public Library Branch. Este estudio se centra en la sucursal de Woodneath. Los investigadores compararon los índices de delincuencia antes y después de la apertura de la biblioteca de Woodneath. Aunque no se redujeron todos los delitos, hubo un claro descenso en algunos tipos, como el vandalismo, los allanamientos y los robos. Esta reducción de la delincuencia fue más notable en la zona más cercana a la biblioteca.
El estudio también citaba las conclusiones de EveryLibrary, según las cuales, a medida que la financiación de las bibliotecas por persona aumentaba de 1995 a 2016, los índices nacionales de delincuencia descendían casi en la misma proporción. Esta tendencia parece exclusiva de las bibliotecas y no se aplica a todas las demás instituciones culturales públicas.
Los investigadores del estudio sobre bibliotecas de Missouri también descubrieron que las bibliotecas influyen en la forma en que la gente piensa sobre el riesgo de delincuencia. El artículo explicaba que cuando se construye una nueva biblioteca, suele haber más tráfico peatonal, mejor iluminación, cámaras de seguridad y nuevas rutas de patrulla policial. Todas estas mejoras ayudan a la gente a sentirse más segura y hacen que los barrios sean más acogedores.
De hecho, la mayoría de los estadounidenses ya ven las bibliotecas como espacios seguros. El 69% de los encuestados afirma sentirse cómodo en su biblioteca local. El estudio sugiere que esta reputación convierte a las bibliotecas en un excelente refugio para personas que, de otro modo, pasarían el tiempo en entornos menos seguros.
Invertir en bibliotecas se presenta como una política pública de prevención más eficiente y sostenible a largo plazo que la mera represión o vigilancia policial. Las bibliotecas proporcionan servicios integrales que abordan causas profundas de la inseguridad, como la pobreza, la falta de educación y la exclusión social. La financiación adecuada permite ampliar programas, mantener horarios accesibles y garantizar que las bibliotecas respondan a las necesidades cambiantes de la población.
El diseño de espacios públicos que considera la salud mental y las necesidades de las personas con demencia se ha vuelto un tema esencial en arquitectura, urbanismo y diseño interior.
Según The Design Concept, una empresa especializada en el diseño de bibliotecas y espacios comunitarios, crear entornos accesibles, tranquilos y fácilmente comprensibles no solo beneficia a quienes padecen deterioro cognitivo, sino que mejora la experiencia de todos los usuarios del espacio (The Design Concept, 2024).
Uno de los principios clave es la claridad en la señalización y orientación. Para personas con demencia, la confusión espacial puede ser una fuente constante de ansiedad. El artículo subraya la importancia de usar señales consistentes, con letras grandes, tipografías legibles, contrastes de color bien definidos y símbolos gráficos reconocibles. Estas señales deben ubicarse en lugares visibles y a la altura de los ojos, y deben acompañar todo el recorrido dentro del espacio. Una orientación visual clara favorece la autonomía y reduce la dependencia de ayuda externa.
También se destaca el uso de materiales y superficies adecuadas. Por ejemplo, el uso de acabados mate y sin reflejos ayuda a minimizar la desorientación causada por brillos o reflejos inesperados, que pueden resultar inquietantes para quienes tienen deterioro visual o cognitivo. Se recomienda evitar suelos con patrones visuales complejos o texturas que puedan parecer desniveles, ya que podrían percibirse como obstáculos o zonas peligrosas. El diseño debe favorecer la percepción estable del entorno.
Además, el artículo propone que los espacios sean fácilmente comprensibles y estructurados de forma intuitiva. Esto incluye el uso de pasillos abiertos y directos, evitando callejones sin salida o puntos ciegos. La distribución debe facilitar la orientación visual, permitiendo ver claramente hacia dónde se puede ir desde cualquier punto. El uso de colores diferentes para zonas distintas, la iluminación natural o cálida, y elementos reconocibles en la decoración, como murales o mobiliario temático, ayudan a crear puntos de referencia.
Otro aspecto central es la creación de un ambiente de calma y confort emocional. Esto se logra mediante una iluminación natural adecuada, evitando luces muy intensas o deslumbrantes, y el uso de materiales acústicos que reduzcan el ruido ambiental. Para personas con ansiedad, depresión o trastornos sensoriales, un ambiente ruidoso o sobrecargado puede ser altamente estresante. Crear zonas silenciosas o áreas de descanso puede ser determinante para que una biblioteca se perciba como un espacio acogedor y seguro.
El diseño amigable no solo debe enfocarse en la funcionalidad física del espacio, sino también en su capacidad para fomentar relaciones humanas positivas y bienestar emocional. Espacios bien diseñados promueven la permanencia, la interacción y la participación. Esto es particularmente valioso en bibliotecas, que se están redefiniendo como centros comunitarios de encuentro y cuidado. Diseñar con empatía y en consulta con usuarios reales (incluidas personas mayores o con demencia) resulta fundamental para que los espacios sean verdaderamente inclusivos.
En resumen, el diseño centrado en la salud mental y la demencia no es un lujo ni una tendencia pasajera, sino una necesidad ética y funcional en la planificación de espacios públicos. A través de decisiones conscientes en señalización, materiales, distribución espacial e iluminación, es posible crear entornos que no solo sean accesibles, sino también profundamente humanos.
Durante el año 2024, la actividad en las bibliotecas públicas de Canadá mostró una recuperación y consolidación notables tras los efectos de la pandemia, según un estudio de BookNet Canada basado en encuestas a más de 4 200 lectores.
Aproximadamente un 27 % de los canadienses reportaron haber tomado prestado al menos un libro durante el mes anterior a la encuesta. Este dato refleja una estabilización en el uso de las bibliotecas en comparación con años anteriores, en los que el acceso físico y los hábitos de lectura se vieron afectados por las restricciones sanitarias.
La presencialidad volvió con fuerza: un 90 % de los usuarios de bibliotecas afirmaron haberlas visitado físicamente, en comparación con el 59 % registrado en 2020. Además, el acceso a través de plataformas digitales creció: un 76 % de los encuestados visitó el sitio web de su biblioteca local al menos una vez al mes, frente al 50 % de hace cuatro años. Esto muestra un equilibrio interesante entre los servicios presenciales y digitales, que ya no compiten sino que se complementan.
En cuanto a los formatos prestados, el libro impreso sigue siendo dominante, con un 72 % de las obras solicitadas en este formato. Le siguen los ebooks (18 %) y los audiolibros (10 %), lo cual indica que aunque las tecnologías digitales han ganado terreno, el papel sigue teniendo un lugar central en la experiencia lectora canadiense. En promedio, los lectores tomaron prestados 5 libros en el mes anterior: 3,5 eran impresos, 0,9 electrónicos y 0,5 audiolibros.
Las motivaciones principales para tomar libros prestados incluyen razones económicas y prácticas: un 52 % de los encuestados mencionó el ahorro de dinero como principal motivo; un 45 % dijo que lo hace para no tener que comprar los libros, y un 24 % lo considera una práctica habitual, parte de su rutina cultural. Esto subraya el valor de las bibliotecas no solo como centros de acceso al conocimiento, sino también como herramientas fundamentales para la equidad social.
Un hallazgo interesante es que muchos usuarios de bibliotecas también son compradores activos de libros. Más de la mitad afirmaron haber comprado libros, con un gasto mensual medio que varía entre 1 y 49 dólares canadienses. Esto desmiente el prejuicio de que quien usa la biblioteca deja de consumir libros comercialmente. Por el contrario, revela una relación complementaria entre préstamo y compra, donde la biblioteca actúa como un espacio de descubrimiento y evaluación.
Además, el estudio incluye datos sobre hábitos de lectura por edad, frecuencia de uso y el grado de satisfacción con los servicios de las bibliotecas, indicando en general una valoración positiva por parte de la población. Las bibliotecas siguen siendo vistas como un recurso vital, especialmente para familias, estudiantes y adultos mayores.
La gestión bibliotecaria en México ante los desarrollos de la inteligencia artificial Ulises Campbell Manjarrez (coordinador) ) México: CONPABIES. 2025
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Esta publicación, que constituye una de las primeras —si no la primera— en México dedicada específicamente al estudio y análisis de la aplicación, implementación, gestión, uso y evaluación de las tecnologías de la información en el ámbito bibliotecario de las Instituciones de Educación Superior (IES), surge a partir de una convocatoria lanzada en 2004 por el Consejo Nacional para Asuntos Bibliotecarios de Instituciones de Educación Superior A.C. (CONPAB-IES), con el propósito de recopilar y difundir investigaciones, experiencias y reflexiones relacionadas con esta temática desde una perspectiva amplia e integradora.
La presentación y prólogo destacan la relevancia de las bibliotecas como espacios estratégicos para valorar el pensamiento crítico, la calidad del acervo y los retos éticos derivados de la automatización y uso de IA . También subrayan la misión de estas instituciones en impulsar el acceso, análisis y organización responsables de la información.
Se destaca la preocupación por la ética, la integridad académica, y la formación continua del personal de bibliotecas para garantizar un uso responsable y educativo de la IA.
Entre los capítulos principales, encontramos:
Iniciativas universitarias que explican proyectos de nueve bibliotecas en México sobre adopción de IA (capacitación, infraestructura, innovación, ética e inclusión)
Integridad académica, donde se analiza el caso de CETYS Universidad frente a dilemas éticos producidos por nuevas tecnologías.
Pensamiento crítico y metacognición, que resalta el rol formador de las bibliotecas en la educación mediada por IA.
Evaluación de usuarios, con datos sobre la percepción de los servicios de la Universidad Autónoma de Chihuahua.
Semblanzas históricas, que revisan los 40 años de trayectoria del CONPAB-IES desde 1984 hasta 2023.
En conjunto, la obra propone una visión estratégica de las bibliotecas universitarias como agentes de transición hacia entornos educativos potenciados por IA, con un fuerte énfasis en ética, formación del personal, evaluación y colaboración institucional.
Finalmente, se subraya el rol estratégico de las bibliotecas como agentes de transición hacia entornos educativos y de investigación potenciado por IA, y se invita a otras instituciones a sumar esfuerzos colaborativos
En el condado de Wake, en Carolina del Norte (EE. UU.), las bibliotecas públicas han empezado a desempeñar un papel inesperado pero esencial en medio de la creciente crisis de personas sin hogar. Especialmente en sedes como la biblioteca Richard B. Harrison y la biblioteca regional Oberlin, se ha observado un aumento constante de personas que acuden no solo en busca de libros o acceso a la información, sino también de refugio, conexión a internet, electricidad para cargar sus teléfonos y un espacio seguro y digno donde pasar parte del día. Para muchas de estas personas, el teléfono móvil es una herramienta vital para mantenerse conectadas con posibles empleadores, servicios sociales o familiares, por lo que la posibilidad de recargarlo adquiere un valor enorme.
El artículo presenta el caso de John, un hombre que duerme en un parque cercano y que cada mañana llega temprano a la biblioteca para buscar trabajo a través de los ordenadores, informarse sobre recursos públicos o, simplemente, poder estar bajo techo. Junto a él, muchas otras personas encuentran en estos espacios no solo acceso a servicios básicos, sino también una sensación de normalidad, un lugar donde no ser juzgados ni expulsados de inmediato. Para muchos, la biblioteca representa el último bastión de respeto e inclusión en un entorno social y económico cada vez más adverso.
La situación responde a una realidad preocupante: según datos oficiales, la población sin hogar en Estados Unidos aumentó un 18 % entre 2023 y 2024. Solo en el condado de Wake, la organización Oak City Cares atendió en 2024 a unas 6 000 personas, muy por encima de las 1 500 de hace apenas dos años. Durante el último recuento puntual de personas sin techo, se registraron 992 durmiendo en la calle o en refugios la noche del conteo. Esto ha generado una presión creciente sobre los servicios públicos, entre ellos las bibliotecas, que se han visto obligadas a ampliar sus funciones más allá de su misión tradicional.
Ante esta situación, algunas bibliotecas están impulsando iniciativas innovadoras. Un ejemplo es la colaboración con la Universidad de Carolina del Norte en Pembroke, que permite que estudiantes de trabajo social realicen prácticas en bibliotecas. Su función es doble: apoyar directamente a los usuarios sin hogar y asesorar al personal bibliotecario sobre cómo abordar comportamientos difíciles, gestionar crisis emocionales o derivar a recursos de ayuda. Esta medida no solo profesionaliza la atención social dentro de las bibliotecas, sino que contribuye a formar redes de apoyo comunitario que trascienden los muros de estos centros.
Sin embargo, esta transformación no está exenta de dificultades. Las bibliotecas deben mantener un equilibrio delicado entre ser espacios abiertos para toda la comunidad y asegurar un ambiente seguro y funcional. Por ello, existen normas de conducta que prohíben, por ejemplo, dormir en las instalaciones o comportamientos disruptivos. En 2024, la biblioteca regional Oberlin tuvo que llamar a la policía en 17 ocasiones, en su mayoría por chequeos de bienestar, personas desorientadas o altercados menores. Lejos de criminalizar la pobreza, el enfoque del personal y de los guardias de seguridad busca intervenir con sensibilidad y respeto, evitando el uso de la fuerza siempre que sea posible.
Lo que está ocurriendo en Wake County refleja una transformación más amplia del papel de las bibliotecas públicas en la sociedad contemporánea. Frente a la insuficiencia de recursos sociales y la creciente marginación de sectores vulnerables, estos espacios se convierten, de facto, en nodos de contención social, donde se cruzan cultura, dignidad y asistencia. Aun cuando no pueden —ni deben— sustituir a los servicios de vivienda o salud pública, las bibliotecas están demostrando una capacidad de adaptación y una vocación inclusiva que las sitúa en la primera línea de respuesta a la emergencia social actual.
El estudio basado en datos de más de 13.000 bibliotecas de EE. UU., revela que, aunque el 82.5 % de los bibliotecarios son mujeres, su representación en puestos directivos varía según el tipo y tamaño de biblioteca. En las bibliotecas públicas hay ligera sobrerepresentación femenina, pero en las académicas, escolares y gubernamentales los hombres siguen siendo mayoría en el liderazgo. Además, cuanto mayor es la biblioteca, menor es la proporción de directoras mujeres. El estudio destaca la influencia de sesgos en los procesos de selección y contratación.
Con datos recopilados de 13,891 directores y directoras de 13,870 bibliotecas que permanecían abiertas al momento del análisis, esta investigación cubre los 50 estados y representa todos los tipos principales de bibliotecas. Su amplitud y profundidad permiten observar con claridad las desigualdades persistentes en la profesión bibliotecaria, especialmente en lo que respecta al acceso de las mujeres a posiciones de liderazgo.
La biblioteconomía presenta una paradoja interesante: si bien las mujeres representan el 82.5% del personal bibliotecario según el U.S. Bureau of Labor Statistics (2023), su predominancia no se refleja en la misma medida en los cargos directivos. Esta discrepancia ha sido abordada en investigaciones previas, que han señalado factores como la desigualdad salarial, las expectativas de género, la falta de mentoría, la exclusión de redes profesionales, los estándares de evaluación más estrictos para mujeres y las presiones para adoptar comportamientos más sumisos o “amables”. Sin embargo, esos estudios adolecían de limitaciones en el tamaño o la representatividad de las muestras, lo cual dificultaba extraer conclusiones generalizables. El trabajo de McGeeney, en cambio, supera esas barreras mediante el uso de una metodología robusta y una base de datos sin precedentes.
La información provino de Library Technology Guides, una plataforma pública que proporciona datos actualizados sobre bibliotecas estadounidenses. El estudio incluyó bibliotecas académicas, públicas, escolares, especializadas y gubernamentales. Para asignar el sexo de cada persona en el cargo de dirección, McGeeney diseñó un sistema que combina frecuencias de nombres, tasas de supervivencia, distribuciones laborales por edad y sexo, y datos oficiales del Social Security Administration y el U.S. Census Bureau. Esta aproximación probabilística permitió inferir con alta confianza el sexo más probable de cada director o directora, sin requerir datos autodeclarados.
Los resultados muestran una importante variabilidad por tipo de biblioteca. En las bibliotecas académicas, solo el 67.7% de las personas en cargos de dirección son mujeres, pese a que ellas representan el 75.9% del personal profesional. Esto implica una brecha de género negativa del 8.2% y revela que los hombres tienen un 150.6% más de probabilidades de alcanzar el liderazgo. En las bibliotecas públicas, en cambio, la representación femenina supera ligeramente a la proporción general: 83.8% de mujeres en cargos de dirección frente a un 81.1% en la plantilla, lo que sugiere una menor brecha. Las bibliotecas escolares presentan una fuerte discrepancia: aunque el 93% del personal son mujeres, solo el 82.3% ocupa posiciones de liderazgo, con una desventaja del 10.7%. Las bibliotecas especializadas y gubernamentales muestran también brechas significativas, del 5.5% y del 14.7% respectivamente, en detrimento de las mujeres.
Tipo de biblioteca
Bibliotecarias (%)
Directoras (%)
Brecha de género
Académicas
75.9 %
67.7 %
−8.2 %
Públicas
87.7 %
83.9 %
−3.8 %
Escolares
82.3 %
62.5 %
−19.8 %
Especializadas
70.1 %
64.5 %
−5.6 %
Gubernamentales
87.5 %
67.5 %
−20.0 %
Otro hallazgo fundamental del estudio es la relación inversa entre el tamaño de la biblioteca y la proporción de mujeres en su dirección. En las bibliotecas más pequeñas, más del 90% de los cargos de liderazgo están ocupados por mujeres. En cambio, en las bibliotecas más grandes, esta proporción cae a menos de dos tercios. El patrón observado sigue una curva de decaimiento exponencial: cuanto mayor es la institución, menor es la representación femenina en la cúspide. Esta tendencia se mantiene tanto en bibliotecas públicas como académicas, lo que sugiere que las barreras se intensifican a medida que aumenta la responsabilidad, el presupuesto o el prestigio del cargo.
El estudio ofrece algunas explicaciones para estas brechas. En las bibliotecas públicas, los directores suelen ser elegidos por juntas externas, como consejos asesoras o comités de gobernanza, en los que la presencia masculina tiende a ser mayor. En las bibliotecas académicas, las decisiones de contratación recaen en administraciones universitarias donde solo el 32.8% de los rectores o presidentes son mujeres. Estas estructuras de poder pueden influir negativamente en la equidad de género si se reproducen sesgos inconscientes durante el proceso de selección.
Además, McGeeney incorpora evidencia de investigaciones psicológicas que demuestran cómo las mujeres suelen recibir valoraciones más bajas en cuanto a “potencial de liderazgo”, aunque superen a sus colegas varones en desempeño real. Mientras que a los hombres se les promueve por su “potencial”, las mujeres deben demostrar experiencia probada. Aquellas que logran destacarse en cargos tradicionalmente masculinos, además, enfrentan penalizaciones sociales por violar las normas de género: se les exige ser más amables, sonreír más o demostrar humildad, y sus errores reciben un escrutinio más severo.
Las implicaciones del estudio son relevantes tanto para la profesión bibliotecaria como para las instituciones que la sustentan. En primer lugar, los resultados evidencian que la equidad de género en el liderazgo bibliotecario aún no se ha alcanzado, pese a que la mayoría de las profesionales en el campo son mujeres. Además, la relación entre el tamaño de la biblioteca y la disminución de la representación femenina sugiere que los obstáculos se acentúan en los espacios de mayor poder e influencia. Para revertir estas dinámicas, el estudio propone revisar los procesos de contratación, diversificar la composición de los comités de selección y fomentar programas de desarrollo profesional específicamente diseñados para mujeres.
Desde el punto de vista de la investigación, McGeeney abre nuevas líneas de estudio: análisis longitudinales, estudios geográficos comparativos, formas más inclusivas de capturar el género no binario y estudios cualitativos sobre experiencias de liderazgo femenino. El autor también reconoce ciertas limitaciones: el uso de un modelo binario para la identificación de género, la imposibilidad de establecer causalidades y la definición restringida de liderazgo (centrada únicamente en cargos de dirección principal).
Aunque el estudio se centra en Estados Unidos, sus conclusiones tienen resonancia internacional. La sobrerrepresentación femenina en el campo bibliotecario y la subrepresentación en sus niveles jerárquicos más altos se repite en muchos países. También lo hacen los sesgos inconscientes, las estructuras de poder masculinizadas y las normas sociales que penalizan el liderazgo femenino.
A partir de sus hallazgos, se desprenden recomendaciones claras. Las instituciones deberían implementar procesos de selección ciegos o estructurados, asegurar la diversidad en los comités evaluadores y ofrecer formación en sesgos inconscientes. A nivel individual, se recomienda a las profesionales documentar sus logros, desarrollar redes de apoyo y participar en organizaciones sectoriales. Y para el conjunto de la profesión, el estudio sugiere continuar investigando las causas profundas de la desigualdad, diseñar mejores indicadores de éxito y abrir espacios de discusión crítica sobre el género y el liderazgo.
«Ajeno a la gota de lluvia que aún lleva en el pelo, el rey (Asurbanipal) sigue caminando. Con paso enérgico cruza cámaras de suntuoso mobiliario y llega a una puerta tallada con recargados motivos. Es su lugar favorito del palacio: la biblioteca. No es una simple colección aleatoria de textos, sino su mayor creación, su orgullo, la ambición de toda su vida, un logro de alcance y escala inigualables. Más que cualquiera de sus otras hazañas, más importante aún que sus conquistas militares y sus victorias políticas, este será su legado para las generaciones futuras: un monumento intelectual como nunca se ha visto. »
La Abadía de Pannonhalma, uno de los monasterios benedictinos más antiguos del mundo y Patrimonio de la Humanidad en Hungría, enfrenta una grave amenaza a su valioso archivo bibliográfico. Cerca de 100 000 libros antiguos han sido infestados por escarabajos de farmacia, pequeños insectos atraídos por los adhesivos naturales usados en las encuadernaciones antiguas, como el almidón y la gelatina. Estos escarabajos han perforado páginas y cubiertas, dañando una tercera parte de los aproximadamente 400 000 volúmenes que alberga la biblioteca.
En una colina cubierta de viñedos en el noroeste de Hungría, una abadía benedictina de 1.000 años de antigüedad guarda una vasta biblioteca de textos centenarios. Ahora, esta colección invaluable está bajo amenaza por una invasión de pequeños insectos que están devorando su legado literario.
La Abadía de Pannonhalma, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, recientemente descubrió que alrededor de 100 000 libros en su biblioteca —una de las más antiguas y valiosas del país— han sido infestados por escarabajos de farmacia. Estos insectos se sienten atraídos por las sustancias adhesivas naturales usadas en encuadernaciones antiguas, como la fécula y la gelatina, y perforan las páginas, destruyendo los libros desde adentro.
El problema fue descubierto durante una limpieza rutinaria, lo que llevó a los encargados de la biblioteca a iniciar un riguroso plan de conservación. Los libros afectados fueron colocados en contenedores herméticos, donde estarán seis semanas sin oxígeno, sustituyéndolo con nitrógeno, para eliminar toda forma de vida insectil. Una vez finalizado el proceso, cada volumen será examinado, limpiado cuidadosamente y restaurado si es necesario, con la esperanza de recuperar la mayor parte del material.
Los responsables advierten que este tipo de infestaciones se ha vuelto más frecuente debido al calentamiento global, que acelera los ciclos reproductivos de los insectos y favorece su expansión a espacios antes protegidos. Así, el cambio climático se suma a los desafíos ya existentes en la preservación del patrimonio cultural.
Entre las obras más valiosas de la colección se encuentran una Biblia del siglo XIII, manuscritos anteriores a la invención de la imprenta y los primeros textos impresos en húngaro. Para los monjes benedictinos, preservar estos libros es parte de su misión espiritual: consideran que todo lo que pertenece al monasterio, incluidos los libros, debe cuidarse como si fuera sagrado. Aunque la biblioteca permanece cerrada temporalmente, se espera que reabra al público a principios del próximo año, una vez finalice la delicada operación de conservación.