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Una biblioteca pública gratuita es una noción revolucionaria

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En su ensayo «En el país de Steinbeck, dijimos que no al cierre de las bibliotecas.» Anne Lamott  narra cómo ella y algunos amigos – escritores y artistas de toda la costa oeste – se unieron para salvar las bibliotecas de Salinas, una de las comunidades más pobres de California, después de que el gobierno amenazara con cerrarlas por cuestiones presupuestarias: y allí dice:

“Una biblioteca pública gratuita es una noción revolucionaria, y cuando la gente no tiene acceso gratuito a los libros, entonces las comunidades son como radios sin baterías. Aísla a las personas de las fuentes esenciales de información -mítica, práctica, lingüística, política- y les rompe. Les dejas indefensos ante la opresión política.”

 

Anne Lamott

Anne Lamott es una escritora y novelista estadounidense. También es una activista política, conferenciante y profesora de escritura.

 

Una biblioteca es muchas cosas

 

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«Una biblioteca es muchas cosas. Pero particularmente es un lugar donde viven los libros, y donde se puede entrar en contacto con otras personas, y otros pensamientos, a través de los libros…. Los libros contienen la mayoría de los secretos del mundo, la mayoría de los pensamientos que han tenido los hombres y las mujeres».

 

E.B. White en una carta a los niños de un pequeño pueblo para inspirarlos a enamorarse de su nueva biblioteca

Elwyn Brooks White, escritor, ensayista y distinguido prosista estadounidense. Es muy conocido gracias a una guía de estilo para escritores, Los elementos del estilo, y por tres libros para niños que son considerados clásicos estadounidenses del género, entre ellos Stuart Little (1945), la historia de un pequeño ratón que fue llevada al cine por Rob Minkoff en 1999.

Literature vs Traffic: un camino iluminado de libros desechados para revindicar la palabra escrita

 

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Literature vs Traffic. Ann Arbor, 2018 / Literatura vs Tráfico. Ann Arbor (Michigan) 2018

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El festival Light in Winter de Melbourne eligió como temática “la lectura”, de modo que el colectivo de arte encubierto español Luzinterruptus llevó a cabo una instalación artística a gran escala denominada Literature vs Traffic, una pieza que ya habían realizado en New York y Toronto. La instalación consistió en reutilizar miles de libros desechados, convirtiéndolos en un camino iluminado compuesto por 10.000 libros y miles de luces LED. Así, lo que era sólo una calle se convirtió en una hermosa instalación, para realtar el valor del poder del arte, la educación, la palabra escrita y el pensamiento libre a toda la comunidad al «pavimentar» las calles con miles de libros brillantes.

 

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Bibliotecas en llamas. Cuando las clases populares cuestionan la sociología y la política

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Merklen, Denis. Bibliotecas en llamas. Cuando las clases populares cuestionan la sociología y la política. Buenos Aires: UNGS, 2016

Primeras páginas

 

El incendio de la biblioteca es un fenómeno relevante en sí. Una ruptura, un drama, un momento que marca una discontinuidad. El tiempo ya no será idéntico antes y después de la aparición nocturna de las llamas (sí, los incendios son siempre nocturnos). Su carácter excepcional se debe, al menos parcialmente, a esa forma espectacular. Y sobre todo, el hecho de que la protesta adopte la forma de un acontecimiento contribuye a que estos actos sean considerados como una forma de “violencia”. Perplejos frente a lo inexplicable, los bibliotecarios y las autoridades califican el incendio como un acto de “violencia”. La calificación misma de estos actos de protesta como “violentos” subraya una ruptura en el orden de cosas, ya que, en efecto, las llamas no son simplemente la expresión de la situación en los barrios, el resultado de la pobreza, del desempleo o del racismo –de hecho, en cuanto institución, las bibliotecas no son actores directos en esas problemáticas.

 

Denis Merklen continúa en este libro, a propósito de cierto resonante número de casos de incendios de bibliotecas ocurridos hace algunos años en los barrios populares de las afueras de París y de otras muchas ciudades de Francia, su tenaz e inteligente indagación sobre la vida y las representaciones de los sectores populares que habitan, de un lado y otro del Atlántico, las periferias de nuestras ciudades, al mismo tiempo que interroga los fundamentos últimos de nuestra existencia común y de nuestra civilización letrada. El trabajo colectivo de traducción y edición de este volumen corona un largo trayecto de estimulantes intercambios académicos entre los equipos de la Universidad Sorbonne Nouvelle, de París, y los de la Universidad Nacional de General Sarmiento.

FRAGMENTOS:

Ya que suele recelarse de algún elemento recóndito de sacralidad en cualquier fuego, por más doméstico que sea (y precisamente en este caso pudo verse el principio creador de la comunidad primera), no parece adecuado dejar de comprender la atracción con que ese mimimum de sacralidad autorizaría para arrojar fuegos contra espacios que también reclaman su porción de sacralidad: bibliotecas, escuelas, catedrales, museos, grandes palacios, sacristías, locales políticos en tiempos de fuerte conflagración civil. No todos estos ámbitos portan insignias sacras, pero sí las bibliotecas. Tienen algo de las catedrales, pues el libro desde siempre es reconocido por sus misteriosos poderes: atraer al lector y no estar nunca inmune a la quema. Es como si el obispo de Canterbury estuviera afuera y no adentro del “Asesinato en la catedral”, según la extraordinaria visión de T. S. Eliot. En este caso, al revés, es el rey quien manda asesinarlo. Pero en el vigoroso estudio de Denis, es el Estado el que ocupa la posición interior (difunde la red bibliotecaria pública) resguardando la “sacristía”, pero no pretende tampoco ninguna sacralidad.

PREFACIO. El fuego, la letra y la palabra
Horacio González

 

Pocas personas saben que en Francia se queman bibliotecas, hecho que hasta hace muy poco ignoraban tanto el público como los especialistas. Hemos registrado el incendio de 75 bibliotecas entre 1996 y 2015, y sabemos que otras fueron atacadas desde inicios de los años ochenta. ¿Por qué se incendian bibliotecas? Se trata de un hecho lo  suficientemente enigmático como para que formulemos la pregunta con seriedad. La gravedad y relevancia del hecho amerita que propongamos también otra pregunta: ¿por qué nadie se interesó hasta ahora en estos incendios? El incendio de bibliotecas siempre desató polémicas, escandalizó a intelectuales, a mujeres y hombres de la cultura, generó reacciones de los políticos, despertó la curiosidad de periodistas e investigadores en ciencias sociales; ¿por qué se calla en Francia hoy en día, si este tipo de acontecimiento se repite desde hace treinta años?… Tomaremos estos ataques como mensajes de piedra y como imágenes de fuego que nos esclarecen, que nos dicen algo más sobre las bibliotecas y los barrios, sobre la relación íntima que liga a la institución y su público en su territorio.

En realidad, la biblioteca es un espacio clausurado por una serie de normas, entre ellas las que están inscriptas en su reglamento interno, que cierran su perímetro con el objeto de posibilitar su actividad. En este sentido, no puede ser un lugar abierto como una plaza o la vereda de una calle. Su régimen de regulación es a la vez más estricto y más preciso. Ahora bien, cabe formularse una pregunta. ¿Se puede considerar a la biblioteca como un espacio público, hablando con propiedad, es decir, en el sentido del espacio político de la democracia? La pregunta es pertinente, porque cierta confusión se presenta a partir del momento en que esas instalaciones son concebidas, a la vez en el pensamiento político contemporáneo y en el pensamiento profesional de los bibliotecarios, como un servicio público y como un espacio político cuyo objetivo es ofrecer a los ciudadanos herramientas para su integración social y para su formación política. Los libros, los discos, las películas, los periódicos están ahí, en el espacio de los barrios, para permitir que esos individuos y esas familias accedan a la cultura y dispongan de cierta cantidad de herramientas necesarias para la integración social (búsqueda de empleo, éxito escolar, educación familiar, métodos de lengua, actividades diversas). Pero las colecciones también están disponibles para permitir que cada uno explore y amplíe sus horizontes culturales, alimente su espíritu crítico, se informe, se forme, evolucione. La lectura, pero también la escucha de obras musicales o la observación de obras cinematográficas supuestamente están llenas de virtudes pedagógicas o informativas que el individuo de nuestras sociedades requiere para su desempeño social (para “tener éxito”) y para su actividad como hombre político. La República defiende su espacio y promueve su cultura al mismo tiempo que da posibilidades a los individuos de participar en su permanente redefinición. Todo lo cual la honra.

El problema viene de la presencia de las bibliotecas en esos territorios de los sectores populares que son los barrios. Porque nuestras sociedades no constituyen espacios abiertos y homogéneos donde cada individuo se pasearía en libertad. Ellas presentan más bien la forma de espacios profundamente divididos, y también espacios múltiples a veces incompatibles que se entrechocan, se yuxtaponen y se rechazan como placas tectónicas, con sacudidas más o menos periódicas y todo. Es a este marco al que la biblioteca es remitida a través de las agresiones que padece, a su papel de emblema, hasta de objeto sagrado del otro.

Las bibliotecas no son incendiadas simplemente porque son una institución más, porque
representan al Estado, porque se trata de edificios públicos vulnerables, presentes en ese lugar, en medio del barrio de pobres, migrantes y desempleados en el que estalla una revuelta. Las bibliotecas son atacadas como tales. Hay muchas cosas en juego en la relación de la biblioteca con el barrio, relaciones sociales entre el personal y los habitantes, así como el hecho de que la biblioteca, junto con la escuela, son las dos instituciones (públicas) que trabajan para favorecer la difusión de la cultura escrita en estos espacios.

Como sabemos, la institucionalización de la palabra escrita, que funciona como referencia objetiva de la cultura dominante, limita el acceso de las clases populares al mercado de trabajo y a la vida política. Se trata de una relación de dominación y de exclusión que se ha acentuado a lo largo de los últimos treinta años a raíz de la desvalorización de la mano de obra no calificada en el marco de la desindustrialización observada en Francia, en la que desapareció la mayor parte de las industrias que ocupaban mano de obra intensiva y poco calificada, donde el músculo ya no vale nada. … En primer lugar, el libro sigue siendo visto como el emblema del grupo de los “letrados”, a tal punto que, como veremos más adelante, representa algo del orden de lo sagrado –aquello que los incendios “mancillan”–. … En este contexto particularmente complejo, y en ciertos sentidos paradójico, las bibliotecas y la institución escolar son los santuarios de la cultura escrita

 

Che Guevara, un lector infatigable

 

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«Lector infatigable, abría un libro cuando hacíamos un alto mientras que todos nosotros, muertos de cansancio, cerrábamos los ojos y tratábamos de dormir».

Testimonio de un compañero de guerrilla en Sierra Maestra

 

Ernesto «Che» Guevara fue un consumado lector y escritor. En sus últimos días de octubre del 1967 mientras estaba en Bolivia en la guerrilla, incluso en aquellas pésimas condiciones, portaba de su cinto 5 libros colgados de la cintura. «Crítica de la Economía Política» de Marx; «Ensayos sobre las teorías del capitalismo contemporáneo», de Vigotsky; «Ils arrivent» de Carrell; «Geometría analítica» de Philips; e «Historia económica de Bolivia» de Luis Peñaloza.

 

Ernesto «Che» Guevara fue un lector insaciable y voraz, siempre leía y escribía, en su oficina del Ministerio de Industria de Cuba, pero también en los momentos más insospechados e imposibles, hasta el punto que hay una foto que recoge  Ricardo Piglia en el libro «El último lector», donde vemos a Ernesto leyendo plácidamente subido a la copa de un árbol, concretamente dice «“Hay una foto extraordinaria en la que Guevara está en Bolivia, subido a un árbol, leyendo, en medio de la desolación y la experiencia terrible de la guerrilla perseguida. Se sube a un árbol para aislarse un poco y está ahí, leyendo”. El mismo escribio en el diario del Congo: “Mis dos debilidades fundamentales: el tabaco y la lectura», y también «El hecho de que me escape para leer, huyendo así de los problemas cotidianos, tendía a alejarme del contacto con los hombres, sin contar que hay ciertos aspectos de mi carácter que no hacen fácil el intimar”. Un signo de esta afición es que anotaba todo lo que leía y lo que quería leer en listados y listados de libros pendientes que nos dan una idea de su apetito lector.

 

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«Che» leyendo sentado en la rama de un árbol en Bolivia

 

Relata también Piglia, que hay una escena en la vida de Ernesto Guevara sobre la que también Cortázar había llamado la atención cuando fue sorprendido el pequeño grupo de desembarco del Granma y Guevara, herido, pensando que muere, recuerda un relato que ha leído. Escribe Guevara, en «Pasajes de la guerra revolucionaria»: «Inmediatamente me puse a pensar en la mejor manera de morir en ese minuto en el que parecía todo perdido. Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista apoyado en el tronco de un árbol se dispone a acabar con dignidad su vida, al saberse condenado a muerte, por congelación, en las zonas heladas de Alaska. Es la única imagen que recuerdo». Guevara encuentra en el personaje de London el modelo de cómo se debe morir.

 

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Leyendo prensa en la guerrilla

 

Ernesto había aprendido a leer en su hogar, el de una familia acomodada argentina, y parece ser que a ello también contribuye sus dificultades físicas para jugar a otros juegos con otros niños, debido al asma del que se aqueja desde niño y que le imposibilita ir a la escuela, por ello su madre lo enseña a leer en casa. Su hermano Roberto lo recordaba encerrado en el baño para que nadie le interrumpiera mientras se dedicaba a su pasatiempo favorito que era leer. Como para muchos niños de aquella época sus libros favoritos son las aventuras de Emilio Salgari o de Julio Verne.

Ya de mayor continua leyendo. En sus campañas en la guerrilla de Sierra Maestra, pero también en Congo y Bolivia, aparecen entre sus apuntes listados de libros y autores que parecen ser un plan de lectura para el y sus guerrilleros. Según Carlos Soria Galvarro “Se trata primero de una lista general de 49 títulos con sus autores contenidos en dos páginas (…). Luego, en tres páginas seguidas, otros 60 títulos más, repartidos mes tras mes, desde noviembre de 1966, cuando llegó a Bolivia, hasta septiembre de 1967”.  Un testimonio de un compañero de guerrilla en la conquista de Sierra Maestra, dice refiriéndose a Ernesto: ««Lector infatigable, abría un libro cuando hacíamos un alto mientras que todos nosotros, muertos de cansancio, cerrábamos los ojos y tratábamos de dormir».

 

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Manuscrito del Che Guevara con un listado de lecturas

Según cuenta Regis Debray que en los días de Bolivia, la guerrilla tenía una biblioteca de 106 libros que guardaban escondidos en postas secretas en la selva «Tiempo antes se había hecho una pequeña biblioteca, escondida en una gruta, al lado de las reservas de víveres y del puesto emisor»., ni en aquellos difíciles momentos olvidaba la lectura y que la revolución no sólo era económica, si no también cultural. Cuentan que «Che» en esos sus últimos días de octubre de 1967 llevaba colgado del cinto un portafolios y 5 libros, entre estas lecturas estaba como es lógico Karl Marx, pero también un autor español como Don Ramón María del Valle Inclán «La Lámpara Maravillosa», además de Dostoievsky, Faulkner, Stendhal. En esta obra Valle-Inclán resume su estética y su ética, haciéndose eco de la riqueza de teorías filosóficas, tendencias y movimientos de fin de siglo, así el autor gallego en este libro sacraliza la belleza como centro del universo. Musicalidad, belleza, amor y ética son los cuatro pilares sobre los que se alza el pensamiento estético de Valle. Una pieza clave para comprender el complejo entramado teórico que alimenta la obra de uno de nuestros escritores más geniales. Otra de sus lecturas seminales fue «Don Quijote de la Mancha» de Miguel de Cervantes, así en una ocasión escribe a sus padres y les referencia esta obra «Queridos viejos: Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo».

Piglia también apunta que en sus últimos momentos, cuando esta apresado y maniatado en la Higuera, una maestra se acerca a llevarle comida, y el Che le índica que en la frase «Yo se leer» que está escrita en la pizarra de la destartalada escuela, al presente del verbo saber, le falta una tilde en la letra é.

 

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Bibliografía:

Centenera, Mar. «El Che, un lector compulsivo en plena selva» El País, 18 OCT 2017 – 23:22 https://elpais.com/cultura/2017/10/18/actualidad/1508353551_668588.html

El Che Guevara se lanzó a la batalla con un puñado de libros EJU! 08/10/2014-09:25

Un lector voraz llamado Che Guevara. Público Madrid 21/10/2017 18:05 Actualizado: 21/10/2017 18:05 https://www.publico.es/culturas/lector-voraz-llamado-che-guevara.html

Una pistola y un libro de Valle-Inclán: la biblioteca del Che. Lady X. AGENTE PROVOCADOR es un magazine realizado por La Felguera Editores. http://www.agenteprovocador.es/publicaciones/una-pistola-y-un-libro-de-valle-inclan

Piglia, Ricardo «El último lector»  “Ernesto Guevara, rastros de lectura” Madrid: Anagrama, 2005

Soria Galvarro, Carlos «Andares del Che en Bolivia» CienFlores, Buenos Aires, Argentina, 2014

Vázquez, Cristian. Che Guevara, escrituras y lecturas. Letras Libres 05 octubre 2017

Che Guevara, escrituras y lecturas

El camión «mágico» que llevó libros a la España olvidada

 

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El camión «mágico» que llevó libros a la España olvidada
Doctor Peligro. AGENTE PROVOCADOR es un magazine realizado por La Felguera Editores.

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«El camión que habla», como se le conocía popularmente, llegaba a aldeas y pueblos remotos y repartía libros. También llevaba instalado un moderno equipo de sonido y proyector de cine, y se planeó que fuese atendido por licenciados en Filosofía y maestros. Todos ellos se dedicarían a «la cruzada de difundir el libro por los pueblos de España»

El proyecto comenzó en 1934 y se presentó en la Feria del Libro (la segunda que se organizaba) como uno de los grandes logros del mundo intelectual y republicano. Comenzó su andadura en octubre de ese año (justo cuando se desataba la revolución asturiana y el país vivió con el corazón en el puño), con un curioso diseño que permitía, en pocos segundos, que la carrocería del gran vehículo se abriera y se convirtiera en una librería ambulante. La llegada del autobús, micrófono en mano y sonando música, era todo un acontecimiento. Las autoridades lo recibían y, generalmente, entregaba a la biblioteca (si la hubiera) del pueblo una donación de libros. Muchos pueblos carecían de comunicaciones y vivían en un aislamiento muy grande.

Archiveras: pioneras en la Administración

 

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1955. Archivo General de Indias. Las archiveras Victoria Hernández, Vicenta Cortés, Marina García y Julia Herráez.

Archiveras: pioneras en la Administración

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Las mujeres tuvieron prohibido la entrada en la Biblioteca Nacional de España hasta 1837, hoy son más lectoras que los hombres

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En 1910 se produjo un hecho insólito en la Administración. Por Real Orden de 2 de septiembre de ese año se dispone que las mujeres puedan concurrir a las oposiciones y concursos convocados para los cuerpos de funcionarios dependientes del Ministerio de Instrucción Pública, entre ellos el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Fue absolutamente novedoso porque el resto de departamentos ministeriales continuaron vetados a las mujeres hasta la aprobación del Estatuto de la Función Pública de 1918.

La primera mujer que ingresó en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos fue Ángela García Rives (1891-1968). Su primer destino, en 1913, fue la Biblioteca Pública de Jovellanos en Gijón. Un año después, antes de pasar definitivamente a la Biblioteca Nacional, estuvo destinada en el Archivo General Central de Alcalá de Henares.

Entre las primeras archiveras hay que mencionar a Áurea Javierre, destinada al Archivo de la Corona de Aragón en 1922, o a María Moliner, cuyo primer destino fue el Archivo General de Simancas. Después llegaron Pilar Loscertales, Carmen Pescador, Josefa Callao, Concepción Zulueta, Consuelo Gutiérrez del Arroyo o Carmen Caamaño. Todas ellas debieron superar grandes dificultades para abrirse camino y desarrollar su carrera profesional. Muchas, incluso, sufrieron la inhabilitación, la prisión o el exilio.

El número de archiveras fue creciendo con los años, aunque hubo que esperar a la década de los sesenta para que una archivera alcanzase cargos directivos, con los nombramientos de Carmen Crespo, directora del Centro Nacional de Conservación y Microfilmación, de Olga Gallego, directora del Archivo Histórico Provincial de Orense o de Carmen Pescador, primera directora del Archivo General de la Administración.

Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer queremos rendir homenaje a las archiveras pioneras del siglo XX, tanto a las que han tenido una destacada trayectoria como a las que realizaron un trabajo más anónimo.

Este espacio ha sido elaborado con la participación de los compañeros de la Subdirección General de Archivos Estatales, Archivo Histórico Nacional, Centro de Información Documental de Archivos, Archivo General de Simancas y Archivo General de la Administración. Y con la colaboración inestimable de Ricardo Fuentes Caamaño, Margarita Vázquez de Parga y la Fundación Olga Gallego.

Sirva este espacio para reconocimiento de todas ellas y de su legado y antesala para continuar con la labor de mostrar a otras muchas mujeres archiveras a lo largo de la historia.

Cómo hablar de los libros que no se han leído Bayard, Pierre

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Bayard, Pierre «Cómo hablar de los libros que no se han leído» traducción de Albert Galvany. Edición 1a. ed.Barcelona : Anagrama, D.L. 2008 195 p.

Dispoinible en la USAL

TRAD. Y DOCUMENT.

  TD/028 BAY com

Ver también

¿Por qué la gente miente sobre los libros que dice haber leído?

 

Quienes acudan a este libro para encandilar a sus profe­sores, amigos o amantes con disquisiciones librescas ad­quiridas sin esfuerzo, habrán cometido un error: el ensa­yo de Bayard es en realidad una estimulante reflexión a propósito de qué significa la lectura.

Bayard divide el libro en tres partes: tipos de no-lectura, análisis de situaciones concretas en que hay que hablar de libros que no se han leído y consejos para intentar solucionar este problema y para reflexionar sobre la lectura. Bayard distingue tres coacciones al hablar de la no-lectura: «la obligación de leer», «la obligación de leerlo todo» y la obligación de «haber leído un libro para hablar de él con algo de precisión».

Para resolver ese enigma, el autor se impone como tarea desenmascarar uno de los tabúes sociales más extendidos: el hecho de que en algún momento de nuestras vidas todos haya­mos fingido haber leído un libro que nunca fue abierto. Bayard no sólo asume con naturalidad nuestra sempi ­terna condición de no-lectores (por mucho que seamos devoradores de libros, el número de lecturas pendientes siempre será mayor), sino que convierte esa en aparien­cia vergonzante no-lectura en el núcleo mismo de la lec­tura y, mediante un bucle paradójico, no duda en invo­car las intuiciones contenidas en libros de Musil, Wilde, Valéry, Montaigne o Lodge acerca de la fecundidad del olvido, la inconveniencia de la lectura o la capacidad creadora del lector (o no-lector). «Bayard no está tan interesado en que la gente lea los libros de otros como en el hecho de que toda lectura (o no-lectura, o lectura imperfecta) contenga una dimen­sión creativa y en que, para todo libro, el lector ponga siempre algo de su parte» (Umberto Eco).

FRAGMENTOS

“Nací en un entorno en que se leía poco, no aprecio en modo alguno esa actividad y, de cualquier modo, tampoco dispongo de tiempo para consagrarme a ella…”

 

«.. la mayor parte de las veces, nuestras conversaciones con el otro acerca de libros deberán hacerse desgraciadamente a propósito de fragmentos remodelados por nuestros fantasmas personales y, por consiguiente, sobre una cosa distinta a los libros escritos por los escritores»

«Se trata de prestar oído a nosotros mismos y no al libro real ―a pesar de que éste pueda servir por momentos de motivo―, y de afanarse en la escritura de uno mismo, procurando no dejarse desviar de esa tarea».

 «fragmentos arrebatados a lecturas parciales, a menudo mezclados entre sí, y, por si fuera poco, remodelados por nuestros fantasmas personales».

«Mi biblioteca intelectual, como cualquier biblioteca, está compuesta por huecos, espacios en blanco, lo cual no tiene, en realidad, ninguna importancia ya que se encuentra suficientemente armada como para que semejante lugar vacío no sea detectado. Y más cuando cualquier discurso se desliza de un libro a otro. Pese a las apariencias, la mayoría de mis conversaciones acerca de un libro no tratan sobre él, sino sobre ese conjunto mucho más amplio de todos los libros fundamentales sobre los cuales descansa cierta cultura, en un momento dado, ese conjunto que denominaré de ahora en adelante la biblioteca colectiva. Lo que cuenta, en realidad, es su dominio; eso es lo que está en juego en el discurso a propósito de los libros. Ese dominio es un dominio de las relaciones, no de un elemento aislado, y se conforma también con la ignorancia de una gran parte del conjunto. De tal suerte que un libro deja de ser desconocido a partir del momento en que penetra en nuestro campo de percepción, y no saber nada de él no es en modo alguno un obstáculo para meditar, deliberar sobre él… Incluso antes de abrirlo, la sola indicación de su título o la más simple mirada a su cubierta, bastan para suscitar en el hombre cultivado y curioso una serie de imágenes e impresiones que tan sólo esperan transformarse en una primera opinión, facilitada por la representación que la cultura general confiere al conjunto de libros.»
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El bibliocarromato del maestro La Cava recorre el sur de Italia llevando el amor a la lectura

 

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«El «Bibliomotocarro»

https://www.ilbibliomotocarro.com/

 

Antonio La Cava, un maestro de escuela italiano jubilado, decidió que después de 42 años de enseñanza, podría hacer aún más para difundir el amor por la lectura entre los niños. Así que en 2003, compró una motocicleta Ape usada y la modificó para crear una biblioteca portátil que le permite llevar unos 700 libros. Desde entonces ha estado viajando en el «Bibliomotocarro».

Cada semana, viaja a los pueblos de la región de Basilicata, en el sur de Italia, con el sonido de un órgano anunciando la llegada del Bibliomotocarro. Cuando escuchan la canción, los niños acuden a la biblioteca móvil con un entusiasmo que normalmente se reserva para la aparición de un camión de helados. La ruta de 8 paradas de La Cava le lleva a más de 500 kilómetros cada viaje, que realiza de forma totalmente gratuita.

En una entrevista el año pasado, La Cava explicó que su experiencia en el sistema escolar le dejó con la sensación de que había una mejor manera de enseñar a los niños a amar los libros, diciendo: «El desinterés por la lectura a menudo comienza en las escuelas donde se enseña la técnica, pero no va acompañado de amor. Leer debería ser un placer, no un deber».

 

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¡Auxilio!. ¡Soy Bibliotecaria!

 

 

La siguiente escena del comic de «Esther» deja entrever como la imagen de los bibliotecarias y bibliotecarias no siempre es la habitual a la que estamos acostumbrado en los estereotipos. Esther llega a una isla desierta con un libro en la mano, ese libro que uno se llevaría a una isla desierta. recoge piedras para con ellas poner un mensaje de ayuda ¡AUXILIO! al que ningún avión hace caso, así que reflexiona y decide cambiar el mensaje por el de ¡Soy bibliotecaria! Acudiendo todo un ejercito a rescatarla. Las lecturas que podemos hacer de esto pueden ser muy distintas. 1. Los bibliotecarios somos uno de los colectivos profesionales en que más confía la gente -como ponía de manifiesto una encuesta de Pew Research- 2. Otra imagen estereotipo de la profesional de la biblioteca es la de mujer morbosa-voluptuosa como se refleja en alguna novela erótica. Deseamos que esta generosa ayuda de auxilio sea debido a la confianza, aunque me quedan mis dudas.

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