Cómo hablar de los libros que no se han leído Bayard, Pierre

9788433976512

 

 

Bayard, Pierre “Cómo hablar de los libros que no se han leído” traducción de Albert Galvany. Edición 1a. ed.Barcelona : Anagrama, D.L. 2008 195 p.

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TRAD. Y DOCUMENT.

  TD/028 BAY com

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Quienes acudan a este libro para encandilar a sus profe­sores, amigos o amantes con disquisiciones librescas ad­quiridas sin esfuerzo, habrán cometido un error: el ensa­yo de Bayard es en realidad una estimulante reflexión a propósito de qué significa la lectura.

Bayard divide el libro en tres partes: tipos de no-lectura, análisis de situaciones concretas en que hay que hablar de libros que no se han leído y consejos para intentar solucionar este problema y para reflexionar sobre la lectura. Bayard distingue tres coacciones al hablar de la no-lectura: «la obligación de leer», «la obligación de leerlo todo» y la obligación de «haber leído un libro para hablar de él con algo de precisión».

Para resolver ese enigma, el autor se impone como tarea desenmascarar uno de los tabúes sociales más extendidos: el hecho de que en algún momento de nuestras vidas todos haya­mos fingido haber leído un libro que nunca fue abierto. Bayard no sólo asume con naturalidad nuestra sempi ­terna condición de no-lectores (por mucho que seamos devoradores de libros, el número de lecturas pendientes siempre será mayor), sino que convierte esa en aparien­cia vergonzante no-lectura en el núcleo mismo de la lec­tura y, mediante un bucle paradójico, no duda en invo­car las intuiciones contenidas en libros de Musil, Wilde, Valéry, Montaigne o Lodge acerca de la fecundidad del olvido, la inconveniencia de la lectura o la capacidad creadora del lector (o no-lector). «Bayard no está tan interesado en que la gente lea los libros de otros como en el hecho de que toda lectura (o no-lectura, o lectura imperfecta) contenga una dimen­sión creativa y en que, para todo libro, el lector ponga siempre algo de su parte» (Umberto Eco).

FRAGMENTOS

“Nací en un entorno en que se leía poco, no aprecio en modo alguno esa actividad y, de cualquier modo, tampoco dispongo de tiempo para consagrarme a ella…”

 

«.. la mayor parte de las veces, nuestras conversaciones con el otro acerca de libros deberán hacerse desgraciadamente a propósito de fragmentos remodelados por nuestros fantasmas personales y, por consiguiente, sobre una cosa distinta a los libros escritos por los escritores»

«Se trata de prestar oído a nosotros mismos y no al libro real ―a pesar de que éste pueda servir por momentos de motivo―, y de afanarse en la escritura de uno mismo, procurando no dejarse desviar de esa tarea».

 «fragmentos arrebatados a lecturas parciales, a menudo mezclados entre sí, y, por si fuera poco, remodelados por nuestros fantasmas personales».

“Mi biblioteca intelectual, como cualquier biblioteca, está compuesta por huecos, espacios en blanco, lo cual no tiene, en realidad, ninguna importancia ya que se encuentra suficientemente armada como para que semejante lugar vacío no sea detectado. Y más cuando cualquier discurso se desliza de un libro a otro. Pese a las apariencias, la mayoría de mis conversaciones acerca de un libro no tratan sobre él, sino sobre ese conjunto mucho más amplio de todos los libros fundamentales sobre los cuales descansa cierta cultura, en un momento dado, ese conjunto que denominaré de ahora en adelante la biblioteca colectiva. Lo que cuenta, en realidad, es su dominio; eso es lo que está en juego en el discurso a propósito de los libros. Ese dominio es un dominio de las relaciones, no de un elemento aislado, y se conforma también con la ignorancia de una gran parte del conjunto. De tal suerte que un libro deja de ser desconocido a partir del momento en que penetra en nuestro campo de percepción, y no saber nada de él no es en modo alguno un obstáculo para meditar, deliberar sobre él… Incluso antes de abrirlo, la sola indicación de su título o la más simple mirada a su cubierta, bastan para suscitar en el hombre cultivado y curioso una serie de imágenes e impresiones que tan sólo esperan transformarse en una primera opinión, facilitada por la representación que la cultura general confiere al conjunto de libros.”
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