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La inteligencia artificial sume a la industria editorial en una crisis de autoría y confianza

Silman, Anna. “AI Has Plunged the Book Publishing Industry Into Utter Chaos”. The Wall Street Journal, 17 de agosto de 2026. Artículo original en The Wall Street Journal

La irrupción de la inteligencia artificial generativa está provocando una crisis de confianza en la industria editorial, especialmente alrededor de una pregunta aparentemente sencilla pero cada vez más difícil de responder: ¿quién ha escrito realmente un libro?

El Wall Street Journal analiza una sucesión de casos recientes en los que contratos editoriales importantes han sido cancelados o cuestionados después de que surgieran sospechas sobre el uso de IA. Uno de los ejemplos más llamativos es el de Jerry Falade, cuyo debut literario, Call Me, I’ll Hide the Body, había conseguido un contrato de varios millones de dólares antes de que sus agentes decidieran retirarlo porque no podían verificar que el manuscrito hubiera sido escrito íntegramente por él. Falade niega haber utilizado IA para escribir la novela y considera que las acusaciones tienen un componente racial. El caso ilustra hasta qué punto la mera sospecha puede tener ya consecuencias profesionales y económicas importantes.

El problema se extiende a otros títulos. En marzo, Hachette canceló la publicación estadounidense de Shy Girl, de Mia Ballard, después de acusaciones de utilización de IA. La autora negó haber empleado directamente estas herramientas para escribir la novela y explicó que una persona conocida había utilizado IA durante el proceso de edición. También ha surgido controversia alrededor de Daggermouth, una novela autopublicada que alcanzó posiciones destacadas en las listas de ventas y cuyos derechos fueron adquiridos por Simon & Schuster. Un estudio todavía no revisado por pares señaló indicios de utilización sustancial de IA, aunque la autora lo niega y la editorial ha defendido públicamente su trabajo, señalando además que los detectores de IA pueden producir falsos positivos. El artículo muestra así una paradoja: la industria necesita mecanismos para detectar contenidos generados artificialmente, pero las herramientas disponibles tampoco son suficientemente fiables como para convertirse en una prueba definitiva de autoría.

La situación está obligando a replantear la relación entre autores, agentes y editoriales. Tradicionalmente, el sistema editorial se ha basado en un principio de confianza: el autor declara que la obra es original y el editor confía en esa declaración, del mismo modo que confía en la exactitud de la información proporcionada en una obra de no ficción. La IA introduce una incertidumbre nueva porque resulta mucho más difícil determinar, únicamente a partir del texto final, cómo ha sido producido. Un escritor puede utilizar un modelo para generar un párrafo completo, para corregir el estilo, para traducir, para investigar, para desarrollar una estructura o simplemente para buscar ideas. Entre estos usos existen diferencias sustanciales, pero la industria carece todavía de estándares consensuados que permitan establecer dónde termina la asistencia tecnológica y comienza la autoría de la máquina.

Esta incertidumbre también afecta a los contratos editoriales. Algunas editoriales están considerando incorporar cláusulas específicas sobre inteligencia artificial, mientras que otras prefieren no establecer todavía reglas demasiado rígidas porque la tecnología evoluciona rápidamente y los usos aceptables pueden cambiar en poco tiempo. Las grandes editoriales —Simon & Schuster, Penguin Random House, HarperCollins, Hachette y Macmillan— se encuentran además en una posición contradictoria: por un lado, defienden la creatividad humana y se enfrentan a controversias relacionadas con el entrenamiento de modelos de IA mediante obras protegidas por derechos de autor; por otro, reconocen que la inteligencia artificial puede tener aplicaciones económicas y prácticas en diferentes fases del proceso editorial. Penguin Random House, por ejemplo, sostiene que la IA puede apoyar determinados procesos, pero no sustituir a los autores ni el criterio humano que interviene en la creación de los libros.

El fenómeno también está relacionado con la explosión de la autopublicación y la denominada “AI slop”, es decir, una producción masiva de contenidos de baja calidad generados o asistidos por inteligencia artificial. El atractivo económico es evidente: producir un libro resulta mucho más rápido y barato cuando una máquina puede generar grandes cantidades de texto. El problema es que el mercado editorial puede verse inundado de títulos que compiten por la atención de los lectores y dificultan la visibilidad de las obras creadas mediante procesos humanos. El artículo cita estimaciones según las cuales una proporción significativa de los libros electrónicos publicados en Amazon podría contener algún grado de asistencia de IA. Al mismo tiempo, las editoriales y plataformas tienen dificultades para distinguir entre una utilización legítima de estas herramientas y la producción industrial de libros prácticamente automatizados.

Otro problema importante es el uso de detectores de inteligencia artificial. Estas herramientas pretenden identificar patrones lingüísticos característicos de los textos generados por modelos de lenguaje, pero su fiabilidad está siendo cuestionada. Un resultado positivo no demuestra necesariamente que un libro haya sido escrito por una IA y puede perjudicar injustamente a un autor humano. El caso de Daggermouth demuestra esta dificultad: la investigación que detectó indicios de IA todavía no había sido revisada por pares y la editorial rechazó la idea de utilizar un detector como prueba definitiva. La industria se encuentra, por tanto, ante un dilema complicado: necesita mecanismos para protegerse frente al fraude y la producción masiva automatizada, pero no puede sustituir el juicio editorial por una puntuación algorítmica que también puede equivocarse.

La controversia alcanza asimismo a la propiedad intelectual. El texto recuerda que el contenido generado exclusivamente por IA no disfruta en Estados Unidos de la misma protección de copyright que una obra creada por una persona. Esto proporciona a las editoriales un criterio relativamente claro en uno de los extremos del problema: copiar directamente grandes cantidades de texto generado por un chatbot no constituye una vía segura para reclamar autoría humana. Sin embargo, existe una enorme zona gris entre la generación automática y la creación humana asistida por herramientas de IA. ¿Es diferente utilizar IA para desarrollar un esquema que para reescribir capítulos? ¿Y para traducir, investigar o corregir? ¿Cuánta intervención humana es necesaria para que una obra pueda considerarse propiamente del autor? El sector todavía no dispone de respuestas uniformes.

El artículo destaca finalmente que los agentes literarios están convirtiéndose involuntariamente en policías de la IA. Algunos reciben un número creciente de manuscritos que parecen haber sido generados mediante modelos de lenguaje y otros han empezado a establecer políticas internas mucho más estrictas. Hay agentes que rechazan a autores que utilizan IA incluso para tareas de investigación o inspiración, mientras que otros intentan establecer diferencias entre usos auxiliares y generación directa de contenido. Esta situación genera una considerable inseguridad entre los escritores: pueden dedicar años a una obra y después temer que el uso ocasional de una herramienta tecnológica sea interpretado como una violación de las reglas editoriales. La ausencia de normas comunes hace que las decisiones dependan en gran medida de cada agente, editor o editorial.

En definitiva, la inteligencia artificial está obligando al sector editorial a redefinir qué significa ser autor y cómo se acredita la autoría. La cuestión ya no se limita a impedir que las máquinas escriban libros, sino a establecer reglas claras sobre qué usos de la IA son compatibles con la creación literaria, cómo deben declararse y cómo pueden verificarse. La industria del libro se ha construido históricamente sobre la confianza entre escritores, agentes, editores y lectores; la IA pone a prueba ese modelo porque dificulta comprobar el proceso que existe detrás del texto final. El desafío será encontrar un equilibrio que proteja la creatividad humana sin prohibir usos legítimos de la tecnología y, al mismo tiempo, evite que los detectores imperfectos o las sospechas sin pruebas destruyan la reputación de autores. La verdadera crisis no es solamente que la IA pueda escribir libros, sino que cada vez resulte más difícil saber quién los ha escrito y cuánto podemos confiar en lo que compramos y leemos.

Argumentos a favor y en contra de la coautorización con IA

Two people collaborating on writing using laptop, desktop, and AI holographic assistant
Two professionals use AI tools to enhance their writing project in a modern office.

Diab, Robert. The Case for and Against Co-Authoring With AI. Publicado en Slaw.ca, 6 de mayo de 2026.

El jurista canadiense Robert Diab examina críticamente una de las cuestiones más debatidas en la era de la inteligencia artificial generativa: si resulta conveniente utilizar herramientas de IA como colaboradoras directas en la escritura profesional. Su reflexión se centra especialmente en el ámbito jurídico, aunque las ideas planteadas son extrapolables al periodismo, la investigación académica y cualquier disciplina donde la escritura sea una manifestación del pensamiento crítico y de la autoría intelectual.

Diab parte de una distinción fundamental entre dos usos distintos de la inteligencia artificial: emplearla como herramienta de apoyo para revisar o editar un texto ya escrito por una persona, o utilizarla para generar el documento desde cero a partir de instrucciones o prompts. Mientras considera legítimo y útil el primer caso, manifiesta reservas importantes sobre el segundo. Su principal preocupación es que, aunque técnicamente el texto generado pueda ser correcto, la escritura producida por IA suele carecer de autenticidad, personalidad y profundidad argumentativa, dando lugar a documentos excesivamente formales, repetitivos o mecánicos.

El autor analiza la postura opuesta defendida por el abogado neoyorquino Zack Shapiro, quien sostiene que la IA puede actuar como una verdadera coautora siempre que el usuario aporte previamente el pensamiento estratégico, la estructura argumentativa y las decisiones intelectuales fundamentales. Según esta visión, la parte esencial del trabajo cognitivo ocurre antes de redactar: el humano piensa, diseña y decide, mientras la máquina ejecuta y optimiza la expresión escrita. Desde esta perspectiva, no existiría una oposición binaria entre escritura humana y escritura artificial, sino una tercera vía híbrida de colaboración hombre-máquina.

Diab reconoce que este modelo de coautoría resulta intelectualmente atractivo y que numerosos profesionales lo están experimentando activamente. Sin embargo, mantiene su escepticismo. Señala que incluso cuando se utilizan instrucciones sofisticadas y procesos iterativos complejos, los textos producidos siguen presentando rasgos característicos de la escritura automatizada: verbosidad excesiva, formulaciones previsibles, falta de originalidad estilística y ausencia de matices personales. A su juicio, quienes valoran realmente la calidad de la escritura pueden detectar fácilmente estas limitaciones.

Uno de los aspectos más interesantes del artículo es la reflexión sobre la dimensión reputacional y profesional del acto de escribir. En profesiones como la abogacía, argumenta Diab, redactar bien no es simplemente transmitir información sino demostrar competencia, criterio y personalidad profesional. Un documento que suena excesivamente automatizado podría transmitir al lector —sea un cliente, un colega o un juez— la impresión de que el autor no dedicó suficiente atención o esfuerzo personal al trabajo realizado.

El autor reconoce, sin embargo, un argumento fuerte a favor del uso de IA: la eficiencia. En contextos laborales de alta presión, como servicios jurídicos saturados o tareas administrativas rutinarias, una carta elaborada parcialmente con ayuda de IA puede ser preferible a no producir ningún documento o limitarse a una comunicación oral improvisada. En estos escenarios, la inteligencia artificial puede servir como una herramienta valiosa para sintetizar información, organizar ideas y acelerar tareas de menor complejidad.

En sus conclusiones, Diab plantea una pregunta provocadora: si el objetivo final es producir un texto que refleje verdaderamente las propias ideas, la propia voz y el propio criterio, ¿no sería más razonable escribirlo directamente uno mismo? Sugiere que quizá la cuestión central no sea si la IA permite escribir más rápido, sino qué tipo de pensamiento, autenticidad y responsabilidad estamos dispuestos a delegar en sistemas automáticos.

El artículo refleja una preocupación creciente en ámbitos profesionales y académicos: a medida que la inteligencia artificial se integra en los procesos de escritura, surge la necesidad de redefinir conceptos tradicionales como autoría, responsabilidad intelectual y creatividad humana. Más allá de la eficiencia técnica, el verdadero debate gira en torno al valor que seguimos atribuyendo al pensamiento humano expresado a través de la escritura

La inteligencia artificial confirma que La Madonna de la Rosa no fue pintada únicamente por Rafael

BGR Staff. “AI Confirmed a Raphael Masterpiece Wasn’t Painted by the Famous Artist Alone.BGR, May 1, 2025. https://bgr.com/tech/ai-confirmed-a-raphael-masterpiece-wasnt-painted-by-the-famous-artist-alone/

Un análisis reciente utilizando inteligencia artificial ha confirmado que la famosa pintura Madonna della Rosa, atribuida a Rafael, no fue realizada exclusivamente por el maestro renacentista. Investigadores del Reino Unido y Estados Unidos emplearon un algoritmo personalizado, basado en la arquitectura ResNet50 de Microsoft y técnicas de aprendizaje automático, para analizar detalladamente las características estilísticas de la obra. Este estudio reveló que, aunque tres de los rostros en la pintura coinciden con el estilo de Rafael, el rostro de San José, ubicado en la esquina superior izquierda, presenta diferencias significativas, lo que sugiere que fue pintado por otro artista, posiblemente uno de sus colaboradores cercanos.

La pintura, realizada entre 1518 y 1520, ha sido objeto de debate desde mediados del siglo XIX respecto a su autoría completa. Aunque la inteligencia artificial no puede identificar con certeza al autor del rostro de San José, su análisis proporciona una nueva perspectiva sobre la colaboración en obras maestras del Renacimiento

Este estudio destaca cómo las herramientas modernas de inteligencia artificial pueden ofrecer datos valiosos en el campo del análisis artístico, permitiendo una comprensión más profunda de las técnicas y colaboraciones en obras históricas.

La Authors Guild lanza la certificación «Human Authored» para preservar la autenticidad en la literatura en un mundo impulsado por la IA

Authors Guild. «Authors Guild Launches ‘Human Authored’ Certification to Preserve Authenticity in LiteratureAuthors Guild, January 29, 2025. https://authorsguild.org/news/ag-launches-human-authored-certification-to-preserve-authenticity-in-literature/

El Authors Guild ha lanzado «Human Authored», una certificación oficial destinada a preservar la autenticidad en la literatura en un mundo saturado por la inteligencia artificial (IA). Con el creciente número de libros generados por IA que se parecen y a veces incluso leen como libros escritos por humanos, los lectores pueden no saber si lo que están leyendo fue creado por IA o por un autor humano. El Authors Guild sostiene que los lectores tienen derecho a saber si un texto fue escrito por IA o por un humano y que los autores deben poder distinguir su trabajo en mercados cada vez más llenos de contenido generado por IA.

La certificación «Human Authored» permitirá a los escritores y editores usar un sello para indicar que el texto de un libro fue escrito por un humano, incluso si se utilizó IA para herramientas menores como la corrección ortográfica o de gramática. Este sello será registrado en la Oficina de Patentes y Marcas de EE. UU. y estará respaldado por un sistema de registro que permitirá verificar el origen humano de un libro a través de una base de datos pública.

El proceso de certificación es sencillo pero riguroso: los autores deben registrarse en el portal, verificar la información de su libro, firmar un acuerdo de licencia y recibir un sello único que podrán utilizar en las portadas, lomos o materiales promocionales. La iniciativa no rechaza la tecnología, sino que busca crear transparencia y resaltar los elementos humanos en la narrativa, en un mercado cada vez más saturado de contenido generado por IA.

Actualmente, la certificación está disponible solo para miembros del Authors Guild y para libros de un solo autor, pero se expandirá en el futuro para incluir libros con varios autores y a escritores fuera de la organización.

Avances hacia la equidad de género en la autoría científica: un análisis global de 20 años de datos

Sánchez-Jiménez, Rodrigo, Pablo Guerrero-Castillo, Vicente P. Guerrero-Bote, Gali Halevi, y Félix De-Moya-Anegón. «Analysis of the distribution of authorship by gender in scientific output: A global perspective». Journal of Informetrics 18, n.o 3 (1 de agosto de 2024): 101556. https://doi.org/10.1016/j.joi.2024.101556.

El estudio analiza las contribuciones científicas por género y su impacto desde 2003 hasta 2023, abarcando 212.631,585 autorías indexadas en Scopus. Los resultados muestran avances hacia la equidad de género, con un aumento en las contribuciones de ambos géneros, lo cual indica una tendencia hacia un entorno inclusivo y progresista. Estos hallazgos desafían la percepción inicial de mayor productividad masculina. Las tendencias positivas también se observan en equipos de investigación liderados por mujeres, destacando la correlación entre el equilibrio de género y el liderazgo.

El estudio refleja una convergencia en la participación de autorías masculinas y femeninas a lo largo del tiempo y una disminución en los artículos citables, sugiriendo un estrechamiento de la brecha de productividad, lo cual cuestiona las disparidades de género en las métricas de impacto. Además, el método de clasificación de género permite examinar la distribución de género a nivel de país, revelando que, contrariamente a las suposiciones convencionales, los países en desarrollo están mostrando una evolución notable en las tasas de autoría femenina.

En resumen, el estudio resalta las tendencias positivas hacia la equidad de género y aboga por esfuerzos continuos para promover la diversidad y fomentar una comprensión matizada en el ámbito académico.

Wiley dejará de utilizar la marca «Hindawi» por críticas sobre venta de autorías, lo que ha generado un descenso de ingresos de 18 millones de dólares

Kincaid, Author Ellie. 2023. «Wiley to Stop Using “Hindawi” Name amid $18 Million Revenue Decline». Retraction Watch (blog). 6 de diciembre de 2023. https://retractionwatch.com/2023/12/06/wiley-to-stop-using-hindawi-name-amid-18-million-revenue-decline/.


Wiley ha comunicado su decisión de no utilizar la problemática marca Hindawi. La editorial Hindawi ha llevado a controversias, desatando numerosas críticas acerca de la calidad de algunos de sus artículos, venta de autorías y retractaciones masivas. En un movimiento estratégico, Wiley planea integrar las alrededor de 200 revistas de Hindawi en el conjunto de su cartera para mediados del próximo año.

Hindawi era una editorial académica especializada en revistas de acceso abierto. La empresa se estableció en 1997 en Egipto y creció para convertirse en uno de los principales editores de acceso abierto en el mundo. Su adquisición por parte de Wiley en 2021 ha generado problemas significativos, con una pérdida de ingresos de 18 millones de dólares en el último trimestre financiero en comparación con el mismo trimestre del año anterior, según reveló la misma Wiley. Las revistas de Hindawi se han visto afectadas por la publicación de contenido de baja calidad y «fabricas de papel«*, lo que ha llevado a miles de retractaciones, cierres de revistas y la exclusión de varios títulos de un importante índice.

En el actual año fiscal, Wiley anticipa una pérdida de ingresos de entre 35 y 40 millones de dólares procedentes de Hindawi. Esto se debe a los esfuerzos en curso para abordar los problemas en las revistas y retractarse de los artículos. Matthew Kissner, presidente y CEO interino de Wiley, comunicó en la conferencia de resultados que la empresa espera que los ingresos comiencen a recuperarse en el próximo año fiscal.

* En el ámbito de la investigación, una fábrica de artículos se refiere a una organización con fines de lucro, no oficial y potencialmente ilegal que produce y vende manuscritos fraudulentos que pretenden asemejarse a investigaciones genuinas.

ChatGPT y ética de la investigación: la posición del Committee on Publication Ethics (COPE)

COPE: Committee on Publication Ethics. «Authorship and AI Tools». Accedido 16 de febrero de 2023. https://publicationethics.org/cope-position-statements/ai-author.

El uso de herramientas de inteligencia artificial (IA) como ChatGPT o Large Language Models en las publicaciones de investigación se está extendiendo rápidamente. COPE se une a organizaciones como WAME y la Red JAMA, entre otras, para afirmar que las herramientas de IA no pueden figurar como autoras de un artículo.

Las herramientas de IA no pueden cumplir los requisitos de autoría, ya que no pueden asumir la responsabilidad del trabajo presentado. Como entidades no jurídicas, no pueden afirmar la presencia o ausencia de conflictos de intereses ni gestionar los derechos de autor y los acuerdos de licencia.

Los autores que utilicen herramientas de IA en la redacción de un manuscrito, la producción de imágenes o elementos gráficos del artículo, o en la recogida y análisis de datos, deben ser transparentes al revelar en los Materiales y Métodos (o sección similar) del artículo cómo se ha utilizado la herramienta de IA y qué herramienta se ha utilizado. Los autores son plenamente responsables del contenido de su manuscrito, incluso de las partes producidas por una herramienta de IA, y por tanto son responsables de cualquier infracción de la ética de publicación.

ORCID llega a los 10 millones de perfiles

Después de 8 años de trayectoria ORCID llega a los 10000000 de perfiles. A fines de 2012, solo tres meses después de que lanzamos el registro ORCID, disponía de casi 50.000 investigadores ya se habían registrado para obtener un iD . Diez meses después de eso, el récord de ORCID creciera a casi 250,000 (¡con 80 miembros!) En dos años se llegó a 1,000,000 de iD , y nueve meses después de eso, en 2015,  1.5 millones de iD . 

Desde 2015 la plataforma ha estado creciendo constantemente superando incluso las más altas expectativas:

  • En 2015, el récord creció en 788.650 registros,
  • En 2016, por 1.068.295
  • En 2017, 1.388.796
  • En 2018, creció en 1.585.851
  • En 2019, por 2.006.672, y
  • En 2020 (hasta ahora), 2,293,631! 

Y la semana pasada, ORCID alcanzó otro hito importante: ¡10 millones de ORCID iD registrados! 

¿Dónde están los autores y autoras negras? Literatura afrobrasileña en las colecciones de las bibliotecas públicas brasileñas.

Tanus, Gustavo and Tanus, Gabrielle Francinne Onde estão os autores e autoras negras? A literatura afro-brasileira nos acervos das bibliotecas públicas brasileiras. Diacrítica, 2020, vol. 34, n. 2, pp. 249-263.

Texto completo

Las bibliotecas públicas son instituciones sociales cuya misión es servir a todos los miembros de la comunidad en la que se encuentran. Pensando en la realidad brasileña (compuesta por una mayoría de morenos y negros), en la importancia de la lectura literaria para la formación del lector y en la representatividad de las colecciones de las bibliotecas públicas, esta investigación se unió a las colecciones de las bibliotecas públicas estatales brasileñas con el fin de verificar la presencia de autores negros de la literatura afrobrasileña. Se centró en las siguientes variables: género, nacimiento, naturalidad, presencia y ausencia de los autores y sus obras en las colecciones de catorce bibliotecas que ponen a disposición el catálogo en línea. La investigación descriptiva reveló que no hay una incorporación adecuada de los libros de literatura afrobrasileña en las colecciones de las bibliotecas públicas, lo que compromete una democratización de la biblioteca, como se desea e indispensable. Por lo tanto, es necesario discutir otra formación y desarrollo de la colección para promover una «reparación de las colecciones» de las bibliotecas públicas, con el fin de descolonizar la mirada, para hacer posible el acceso al legado bibliográfico, especialmente de la literatura, de los escritores y escritores negros, para que puedan constituir espacios democráticos y representativos de la sociedad brasileña.

As bibliotecas públicas são instituições sociais que têm como missão atender a todos da comunidade onde elas se inserem. Pensando na realidade brasileira (composta por maioria parda e negra), na importância da leitura literária para a formação do leitor e na representatividade dos acervos das bibliotecas públicas, esta pesquisa adentrou aos acervos das bibliotecas públicas estaduais brasileiras a fim de verificar as presenças dos autores e autoras negras de literatura afro-brasileira. Concentrou-se nas seguintes variáveis: sexo, nascimento, naturalidade, presenças e ausências dos autores e autoras e suas obras nos acervos de catorze bibliotecas que disponibilizam a consulta ao catálogo online. A pesquisa descritiva revelou que não há uma incorporação devida de livros de literatura afro-brasileira nos acervos das bibliotecas públicas, o que compromete uma democratização da biblioteca, como se deseja e como é indispensável. Sendo assim, é preciso discutir uma outra formação e desenvolvimento do acervo no sentido de promover uma ‘reparação dos acervos’das bibliotecas públicas, de maneira a descolonizar o olhar, a fim de possibilitar o acesso ao legado bibliográfico, sobretudo de literatura, de escritoras e escritores negros, para que elas possam constituir em espaços democráticos e representativos da sociedade brasileira.