
University World News. Do rankings reward research collaboration or dependence?”. 15 de julio de 2026. Artículo original en University World News
El artículo analiza críticamente hasta qué punto las clasificaciones internacionales de universidades están valorando de manera adecuada la colaboración científica.
La cuestión es especialmente relevante porque los rankings —como QS, Times Higher Education (THE) o U.S. News— tienen una influencia creciente sobre las estrategias institucionales, la financiación y la reputación internacional de las universidades. Aunque la colaboración científica internacional se presenta habitualmente como un indicador de excelencia y apertura global, el artículo plantea que los sistemas de clasificación no siempre recompensan de manera proporcional el trabajo cooperativo y que, en muchos casos, continúan privilegiando indicadores asociados al volumen de publicaciones, las citas, la reputación o la visibilidad internacional. Esta situación puede generar una paradoja: las universidades necesitan colaborar cada vez más para producir investigación de calidad, pero las métricas pueden seguir incentivando comportamientos eminentemente competitivos.
Uno de los problemas señalados es que la producción científica contemporánea es cada vez más colectiva. Las grandes investigaciones internacionales suelen implicar equipos procedentes de diferentes universidades, países y disciplinas. Sin embargo, medir quién obtiene realmente el reconocimiento por esa colaboración resulta complejo. Una universidad puede participar en numerosas investigaciones internacionales y contribuir de manera significativa a ellas, pero esa participación no necesariamente se traduce en una mejora equivalente de su posición en un ranking. La cuestión adquiere todavía mayor importancia para las instituciones de países con menor capacidad científica o menor tradición de presencia en las grandes clasificaciones internacionales. Estas universidades pueden beneficiarse enormemente de las redes internacionales de investigación, pero parten de una desventaja estructural en términos de reputación, volumen de publicaciones y visibilidad.
El artículo invita, por tanto, a cuestionar la lógica competitiva de los rankings universitarios. Las clasificaciones pretenden establecer una jerarquía entre instituciones, pero la ciencia actual depende cada vez más de redes, alianzas y proyectos compartidos. Existe así una tensión entre la lógica de “competir por posiciones” y la lógica de “cooperar para producir conocimiento”. Estudios y análisis recientes sobre educación superior han señalado precisamente que muchas métricas universitarias continúan dando prioridad a la producción investigadora y la reputación frente a dimensiones como la colaboración, la calidad docente o el impacto social.
Otro aspecto importante es el denominado efecto Mateo: las universidades que ya poseen prestigio, recursos y una amplia red internacional tienen mayores posibilidades de atraer nuevos investigadores, proyectos y colaboraciones, lo que a su vez incrementa su producción científica y mejora su posición en los rankings. De esta manera, las métricas pueden terminar reforzando las desigualdades existentes. Las instituciones periféricas o de países con menos recursos pueden quedar atrapadas en un círculo en el que tienen menos visibilidad, reciben menos oportunidades de colaboración y, consecuentemente, obtienen peores resultados en los indicadores que determinan su posición internacional. Este fenómeno ha sido señalado también en análisis recientes sobre financiación, cooperación internacional y clasificaciones universitarias.
En definitiva, el texto plantea la necesidad de repensar qué entendemos por excelencia universitaria. Si la ciencia del siglo XXI es cada vez más interdisciplinar, internacional y colaborativa, los sistemas de evaluación deberían ser capaces de reconocer mejor las contribuciones realizadas dentro de redes científicas y no limitarse a contabilizar publicaciones, citas o prestigio institucional. El reto consiste en desarrollar indicadores que valoren no solamente cuánto produce una universidad, sino cómo produce conocimiento, con quién lo hace, qué impacto tiene y qué beneficios genera para la sociedad. En este sentido, el artículo se sitúa dentro de un debate más amplio sobre la necesidad de transformar los rankings universitarios para que no reproduzcan exclusivamente las jerarquías existentes y puedan convertirse en instrumentos que fomenten una cooperación científica internacional más equilibrada.








