
Se analiza cómo las bibliotecas públicas pueden apoyar a los jóvenes en un mundo cada vez más influido por la inteligencia artificial (IA). Su presentación, realizada en el marco del “AI Youth Services Challenge” del estado de Nueva York, sirvió para contextualizar cómo los jóvenes interactúan con la IA y cómo el personal bibliotecario puede acompañarlos en este proceso de aprendizaje.
La IA ya forma parte del entorno cotidiano de niños y adolescentes, desde recomendaciones en YouTube Kids hasta herramientas como ChatGPT, Copilot, Apple Intelligence o Gemini, y se prevé que su uso se extienda incluso a menores de 13 años.
El uso generalizado de la IA por parte de los adolescentes contrasta con la falta de conocimiento por parte de padres y escuelas. Un estudio reciente reveló que el 70 % de los adolescentes han utilizado al menos una herramienta de IA generativa, aunque solo el 37 % de los padres lo sabe. Además, muchos estudiantes no tienen claridad sobre las reglas escolares respecto a estas herramientas, y la mayoría de los padres nunca ha recibido información al respecto.
Tanzi alerta sobre los posibles peligros de este uso no regulado: los chatbots, formato más popular entre los jóvenes, pueden fomentar la adicción, dar consejos peligrosos sobre salud y relacionarse con problemas de salud mental. En el informe «Off Task: EdTech Threats to Student Privacy and Equity in the Age of AI«, el 45% de los estudiantes de secundaria y bachillerato han utilizado la IA generativa por motivos personales, como tratar problemas de salud mental y ansiedad.
En este contexto, el papel de las bibliotecas se vuelve crucial. Según la organización sin ánimo de lucro Digital Promise, la alfabetización en IA implica dotar a las personas de los conocimientos necesarios para comprender, evaluar y usar la IA de forma segura y ética.
«…los conocimientos y habilidades que permiten a los humanos comprender, evaluar y utilizar de forma crítica los sistemas y herramientas de IA para participar de forma segura y ética en un mundo cada vez más digital».
El autor propone que las bibliotecas trabajen en estrecha colaboración con padres, profesores y escuelas. Recomienda que el personal bibliotecario conozca las políticas escolares sobre el uso de IA, como los casos de los distritos escolares Northport-East Northport o Downingtown, que ya disponen de directrices claras. Esto permitirá orientar mejor a los estudiantes sin contradecir las normas académicas. Asimismo, sugiere familiarizarse con las herramientas aprobadas y ofrecer formación sobre su uso responsable, especialmente en temas de búsqueda y generación de contenido.







