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55 momentos que redefinieron la biblioteconomía: una historia de bibliotecas, libertad y transformación social

Price, Sallyann. “55 Moments That Redefined Librarianship.” American Libraries Magazine, 1 de mayo de 2026. American Libraries Magazine

El artículo presenta la historia de las bibliotecas como una historia de transformación social constante. Las bibliotecas aparecen no solo como lugares donde se almacenan libros, sino como instituciones esenciales para la democracia, la igualdad de acceso a la información, la memoria colectiva y la defensa de los derechos civiles.

El artículo publicado por American Libraries con motivo del 150 aniversario de la American Library Association (ALA) recorre algunos de los momentos más decisivos de la historia de las bibliotecas estadounidenses desde 1876 hasta 2026. El texto muestra cómo las bibliotecas han evolucionado junto con la sociedad norteamericana, convirtiéndose en espacios de acceso democrático al conocimiento, defensa de la libertad intelectual, inclusión social y adaptación tecnológica.

La historia comienza en 1876 con la fundación de la American Library Association por un grupo de 103 bibliotecarios reunidos en Filadelfia. Entre los protagonistas destacó Melvil Dewey, creador de la Clasificación Decimal Dewey, sistema que revolucionó la organización bibliográfica. Sin embargo, el artículo también revisa críticamente su figura debido a sus actitudes racistas, antisemitas y a las denuncias por conducta inapropiada. En esos años se consolidaron innovaciones fundamentales como el catálogo en fichas y la creación de la primera escuela de biblioteconomía en Columbia College en 1887, lo que contribuyó a profesionalizar el trabajo bibliotecario.

A finales del siglo XIX y principios del XX, las bibliotecas públicas experimentaron una enorme expansión gracias a Andrew Carnegie, quien financió más de 2.500 bibliotecas gratuitas en todo el mundo. Paralelamente surgieron nuevas formas de servicio bibliotecario, como los bibliobuses impulsados por Mary Titcomb en 1905, destinados a acercar los libros a comunidades rurales. También comenzaron a desarrollarse bibliotecas escolares y servicios especializados para inmigrantes, aunque muchos de ellos estaban influenciados por políticas de americanización y asimilación cultural.

El artículo aborda igualmente las profundas desigualdades raciales de la época. En el sur segregado de Estados Unidos, las personas negras tenían acceso únicamente a bibliotecas separadas. Un ejemplo destacado fue la Western Branch Library de Louisville, inaugurada en 1908 como la primera biblioteca pública destinada exclusivamente a afroamericanos y gestionada por bibliotecarios negros.

Durante la Primera Guerra Mundial, la ALA creó el Library War Service, un programa que distribuyó millones de libros a soldados estadounidenses y estableció bibliotecas en campos militares. Esta experiencia reforzó la idea de las bibliotecas como instrumentos de apoyo moral, educativo y cultural incluso en tiempos de guerra. Posteriormente, durante la Gran Depresión, proyectos como el Pack Horse Library Project llevaron libros a regiones aisladas de los Apalaches mediante bibliotecarias a caballo, convirtiéndose en uno de los símbolos más recordados de la extensión bibliotecaria rural.

El texto también analiza la evolución de los servicios inclusivos. En 1931 se creó el servicio nacional de lectura para personas ciegas o con discapacidad visual, mientras que los premios Newbery y Caldecott ayudaron a legitimar la literatura infantil como un campo literario y educativo de gran importancia.

Uno de los momentos más críticos relatados fue la conferencia de la ALA en Richmond en 1936, celebrada bajo las leyes segregacionistas Jim Crow. Los asistentes negros fueron discriminados en hoteles, comidas y espacios de reunión. Las protestas posteriores impulsaron cambios en la organización y condujeron a políticas antidiscriminatorias dentro de la asociación.

A partir de la década de 1940, la defensa de la libertad intelectual se convirtió en uno de los ejes centrales de la profesión bibliotecaria. La aprobación de la Library Bill of Rights en 1939 y de la Freedom to Read Statement en 1953 consolidó el compromiso de las bibliotecas con la diversidad de ideas y la oposición a la censura, especialmente durante la Guerra Fría y el macartismo.

Las décadas de 1960 y 1970 estuvieron marcadas por la lucha por los derechos civiles. Numerosas protestas y sentadas en bibliotecas segregadas del sur contribuyeron a la desegregación de estos espacios. Bibliotecarios afroamericanos como E. J. Josey impulsaron reformas dentro de la ALA para combatir la discriminación racial. En esos años también surgieron grupos profesionales vinculados a movimientos sociales, como el Black Caucus, la Rainbow Round Table y Reforma, reflejando una profesión cada vez más diversa y comprometida socialmente.

El artículo destaca además la revolución tecnológica que transformó radicalmente las bibliotecas. El desarrollo del formato MARC por Henriette Avram permitió informatizar los registros bibliográficos y facilitó la transición desde los catálogos en fichas hacia los catálogos digitales. Más tarde, proyectos como Project Gutenberg y Google Books ampliaron enormemente el acceso digital a millones de textos.

En las décadas de 1980 y 1990 crecieron las polémicas sobre censura y retirada de libros. La creación de la Banned Books Week en 1982 respondió a los intentos de prohibir obras relacionadas con sexualidad, religión o diversidad cultural. Al mismo tiempo, internet y los ordenadores personales transformaron el acceso a la información y convirtieron a las bibliotecas en centros tecnológicos y de alfabetización digital.

En el siglo XXI, las bibliotecas enfrentaron nuevos desafíos relacionados con la vigilancia gubernamental, los desastres naturales y la desigualdad social. Tras los atentados del 11 de septiembre, la Patriot Act permitió el acceso gubernamental a registros bibliotecarios, lo que provocó una fuerte oposición de la ALA. Durante el huracán Katrina, muchas bibliotecas funcionaron como centros de ayuda comunitaria y acceso a información esencial.

El artículo también analiza medidas recientes como la eliminación de multas por retraso, consideradas una barrera injusta para usuarios con menos recursos, y la respuesta bibliotecaria durante la pandemia de COVID-19, cuando muchas bibliotecas ofrecieron acceso Wi-Fi, actividades virtuales y apoyo educativo remoto.

Finalmente, el texto se centra en los retos actuales: el impacto de la inteligencia artificial generativa, las campañas de censura dirigidas especialmente contra libros relacionados con comunidades LGBTQ+ y minorías raciales, y las tensiones políticas en torno a la financiación y el papel social de las bibliotecas. La llegada de herramientas como ChatGPT abrió debates sobre derechos de autor, alfabetización informacional y desinformación digital. Al mismo tiempo, la ALA y numerosos profesionales han impulsado campañas de defensa de las bibliotecas y de la libertad de lectura frente a crecientes presiones ideológicas.

Libros para las trincheras: el servicio bibliotecario de la ALA durante la Primera Guerra Mundial

Barcelona, Leanna. “The Books They Read: Library War Service in WWI.American Library Association Archives, 20 de marzo de 2017. https://www.library.illinois.edu/ala/2017/03/20/the-books-they-carried/

Se analiza uno de los episodios más singulares de la historia de las bibliotecas: el esfuerzo de los bibliotecarios estadounidenses por llevar libros y lectura a soldados y marineros durante la Primera Guerra Mundial. El texto explica cómo la llamada Library War Service transformó a las bibliotecas en instrumentos de apoyo moral, educativo y psicológico en medio del conflicto bélico.

La iniciativa comenzó en 1917, cuando la American Library Association organizó una enorme campaña nacional de recogida de fondos y donación de libros. El objetivo era proporcionar “un libro para cada hombre”, es decir, garantizar que todos los soldados estadounidenses, tanto en los campos de entrenamiento como en Europa, tuvieran acceso a materiales de lectura. La campaña alcanzó dimensiones extraordinarias: se recaudaron alrededor de cinco millones de dólares, se distribuyeron entre siete y diez millones de libros y revistas, y se construyeron treinta y seis bibliotecas militares financiadas por la Carnegie Corporation.

El artículo subraya que las bibliotecas de guerra no eran simples depósitos de libros, sino espacios de refugio emocional y cultural para los combatientes. Los soldados encontraban en la lectura una forma de evasión frente al horror de la guerra, pero también un medio para mantener la conexión con la vida civil y con la idea de un futuro después del conflicto. Según testimonios recogidos en el texto, los libros circulaban constantemente entre marineros y soldados, que tenían acceso libre a ellos sin restricciones ni controles estrictos.

Uno de los aspectos más interesantes del artículo es la reflexión sobre qué leían realmente los soldados. Aunque existía la imagen romántica de militares leyendo novelas de aventuras o relatos patrióticos, gran parte de las obras solicitadas eran libros técnicos y prácticos. Muchos combatientes buscaban prepararse para la reintegración laboral tras la guerra y leían manuales de mecánica, carpintería, ingeniería, negocios o transporte ferroviario. La lectura aparecía así vinculada a la formación profesional y a la movilidad social.

Al mismo tiempo, las novelas de ficción seguían teniendo un enorme éxito. Los relatos de aventuras, detectives y westerns ayudaban a aliviar la ansiedad y el agotamiento emocional. Algunas investigaciones posteriores sobre biblioterapia señalaron incluso que muchos soldados hospitalizados preferían historias sentimentales o novelas románticas, algo que sorprendió a los propios bibliotecarios militares. Estas observaciones contribuyeron al desarrollo temprano de la biblioterapia, entendida como el uso terapéutico de la lectura para mejorar el bienestar psicológico.

El texto también muestra el lado ideológico y censor de la iniciativa. No todos los libros eran aceptados. La ALA retiró determinadas obras consideradas pacifistas o favorables al bolchevismo, especialmente tras el aumento del miedo al comunismo después de la Revolución Rusa. Títulos relacionados con León Trotski o con análisis simpatizantes de Rusia revolucionaria fueron eliminados de las bibliotecas militares por considerarse peligrosos para “jóvenes impresionables”. Esto revela cómo las bibliotecas, incluso en contextos humanitarios, podían convertirse también en instrumentos de control ideológico.

El artículo destaca asimismo la importancia histórica de este programa para la evolución de las bibliotecas estadounidenses. La Library War Service convirtió a la American Library Association en una organización nacional de gran relevancia pública y consolidó la idea de la biblioteca como servicio esencial para la democracia y el bienestar social. La experiencia de guerra fortaleció la percepción de que las bibliotecas no solo debían conservar libros, sino también actuar como agentes activos de educación, integración y apoyo comunitario.

Conoce a las bibliotecarias que cambiaron la historia

Meet the Women Librarians Who Changed History. 1000 Libraries Magazine, 2 marzo 2026 (edición de historia en línea).

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En conjunto, el artículo traza un recorrido por mujeres que no solo gestionaron libros, sino que redefinieron el sentido social de las bibliotecas. Desde la lucha contra el racismo y los estereotipos hasta la ampliación del concepto de documento, la profesionalización del sector y la celebración de la diversidad cultural, estas bibliotecarias demostraron que el acceso al conocimiento es una forma de poder. Su influencia sigue viva en cada colección inclusiva, en cada recomendación personalizada y en cada espacio bibliotecario concebido como lugar de comunidad y transformación.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), el texto subraya que las bibliotecas no se convirtieron en motores de cambio por casualidad, sino gracias a profesionales que defendieron con convicción que el conocimiento debía pertenecer a todas las personas. Frente a la imagen tradicional del bibliotecario como simple gestor de colecciones, el artículo muestra a mujeres que transformaron la cultura, combatieron la injusticia y redefinieron la manera en que las comunidades leen, aprenden y se reconocen.

Una de las figuras destacadas es Charlemae Hill Rollins, bibliotecaria en Chicago desde la década de 1920, quien comprendió tempranamente que la representación importa. En una época marcada por la segregación y los estereotipos raciales, Rollins trabajó activamente para construir colecciones infantiles que reflejaran de manera digna y positiva la vida afroamericana. No solo retiró libros con contenido racista o perjudicial, sino que impulsó la incorporación de historias que celebraban la cultura y la experiencia cotidiana de la comunidad negra. Además, colaboró con familias y educadores para concienciar sobre el poder de la literatura en la construcción de la autoestima y la identidad infantil, anticipándose décadas al actual debate sobre diversidad en la literatura.

El artículo también reconoce la labor estructural de Mary Cutler Fairchild, figura clave en la profesionalización de la biblioteconomía a comienzos del siglo XX. Fairchild contribuyó a estandarizar la formación bibliotecaria y defendió la idea de que la gestión de bibliotecas requería preparación especializada. Vinculada a instituciones como la Universidad de Columbia y la New York State Library School, promovió el uso sistemático de herramientas como el Sistema Decimal Dewey y formó a generaciones de profesionales. Su influencia, menos visible pero profundamente decisiva, consolidó las bases organizativas y educativas que todavía sostienen el funcionamiento de las bibliotecas estadounidenses.

En el ámbito teórico, el texto destaca a Suzanne Briet, quien revolucionó el concepto mismo de “documento”. En su obra de 1951 What Is Documentation?, propuso que un documento no es únicamente un libro o un texto escrito, sino cualquier objeto que registre o transmita información, incluso un animal en un zoológico si cumple una función informativa. Esta ampliación conceptual sentó las bases de la ciencia de la información contemporánea y anticipó el desarrollo de archivos digitales, bases de datos y sistemas de documentación modernos. Su pensamiento sigue influyendo en la manera en que entendemos la gestión del conocimiento en la era digital.

La democratización de la lectura encuentra su exponente en Jennie Maas Flexner, primera responsable de asesoría de lectura (readers’ advisory) en la Biblioteca Pública de Nueva York. Flexner defendió que las personas debían leer aquello que realmente disfrutaban, y no solo lo que se consideraba parte del canon literario. En un momento en que las bibliotecas podían actuar como guardianas del “buen gusto”, su postura fue innovadora y liberadora. Al priorizar el placer lector y la conexión personal con los libros, contribuyó a hacer las bibliotecas más acogedoras y menos intimidantes.

El compromiso con la representación y la justicia cultural aparece con fuerza en la trayectoria de Augusta Braxton Baker, quien ingresó en la Biblioteca Pública de Nueva York en 1937 y se convirtió en una figura central de la bibliotecología infantil. Baker trabajó incansablemente para mejorar la calidad de los libros destinados a niños, asesorando a editoriales y promoviendo retratos respetuosos y realistas de las familias afroamericanas. En 1953 rompió barreras al convertirse en la primera bibliotecaria afroamericana en ocupar un cargo administrativo en esa institución, demostrando que la representación debía darse tanto en los libros como en las estructuras profesionales.

Finalmente, el artículo celebra la figura de Pura Belpré, primera bibliotecaria puertorriqueña de la Biblioteca Pública de Nueva York. Belpré integró la narración oral, la música y el folclore latinoamericano en las actividades bibliotecarias, introduciendo horas del cuento bilingües y visibilizando la literatura en español. Para muchas familias migrantes, su trabajo transformó la biblioteca en un espacio de pertenencia cultural y acogida. Su legado perdura hoy en el Premio Pura Belpré, que reconoce la excelencia en la literatura infantil latina.

Cómo los crucigramas financiaron a tres de las principales editoriales estadounidenses: Simon & Schuster, Random House y Farrar, Straus & Giroux

Winston, Robert. How Crossword Puzzles Underwrote Three of America’s Major Publishers. Literary Hub, 17 Septiembre 2024. https://lithub.com/how-crossword-puzzles-underwrote-three-of-americas-major-publishers/

Los crucigramas tuvieron un papel inesperado y fundamental en el desarrollo de varias de las editoriales más influyentes en la historia de la literatura estadounidense, específicamente Simon & Schuster, Random House y Farrar, Straus and Giroux.

La historia comienza en 1924, cuando Richard L. Simon, tras su formación y experiencias diversas, desde estudiar en Columbia hasta vender pianos, se asoció con Max Lincoln Schuster para fundar una casa editorial propia tras sus primeros pasos en Boni & Liveright, una editorial de vanguardia de la época.

Al poco de formarse la sociedad, Simon y Schuster se enfrentaron al clásico problema editorial: no tenían un manuscrito que publicar. La inspiración llegó una noche de enero cuando la tía de Simon les mencionó que le gustaría tener un libro de crucigramas, algo que no existía en el mercado. Decididos a explorar esa idea —a pesar de los consejos derrotistas de expertos que consideraban que nadie compraría un libro de puzzles— encargaron a un equipo de expertos, encabezado por Margaret Farrar, la selección y preparación de los mejores 50 crucigramas disponibles.

Publicado el 10 de abril de 1924 como The Cross Word Puzzle Book, el libro no solo fue un éxito inmediato en ventas —con una primera tirada agotada y múltiples reimpresiones, llegando a vender cientos de miles de ejemplares en pocas semanas— sino que también transformó la suerte de una joven editorial que hasta entonces temía ser tipificada como “editora de juegos”. La enorme demanda y el significativo volumen de ingresos generados por este simple libro de crucigramas aseguraron la supervivencia financiera de Simon & Schuster y sentaron las bases de prácticas comerciales importantes, como la política de devolución de ejemplares no vendidos para proteger a las pequeñas librerías.

El impacto económico se extendió aún más: el éxito de Simon & Schuster permitió que Bennett Cerf, elegido por Simon como su sucesor en Boni & Liveright, fundara posteriormente Random House tras la bancarrota de su anterior empresa. Asimismo, la riqueza acumulada a partir de las regalías de las ediciones de crucigramas financió indirectamente la creación de Farrar, Straus and Giroux, gracias a inversiones estratégicas hechas por la familia de Margaret Farrar en industrias emergentes como el acero y el petróleo. Así, un fenómeno cultural aparentemente trivial —los crucigramas— se transformó en un pilar económico y estructural para tres grandes casas editoriales norteamericanas, dejando una huella duradera en el paisaje literario de Estados Unidos.

Tesauro y Diccionario de toponimia histórica de la península ibérica, Baleares y Canarias: Diccionario geográfico de Toponimia Histórica.

Martín Bañón, Asunción. Tesauro y Diccionario de toponimia histórica de la península ibérica, Baleares y Canarias: Diccionario geográfico de Toponimia Histórica. Madrid: Ministerio de Cultura, Secretaría General Técnica, Subdirección General de Atención al Ciudadano, Documentación y Publicaciones, 2025

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Esta obra, elaborada por Asunción Martín Bañón y publicada por el Ministerio de Cultura de España en 2025, se centra en la toponimia histórica de la península ibérica, Baleares y Canarias. Forma parte de una labor continuada durante más de veinte años por la Subdirección General de Museos Estatales, que ha desarrollado vocabularios relacionados con el patrimonio cultural, especialmente con los bienes custodiados en museos y centros con colecciones museográficas. El libro actúa como un tesauro y diccionario geográfico, proporcionando definiciones y relaciones terminológicas que facilitan la comprensión y el estudio de los nombres de lugares históricos en estas regiones.

Bibliotecas: Una historia frágil

Pettegree, Andrew, y Arthur Der Weduwen. Bibliotecas: Una historia frágil. Traducido por Enrique Maldonado Roldán, 2024.

A lo largo de la historia, las bibliotecas no han sido valoradas de manera constante por todas las generaciones. En lugar de ser destrucción gratuita, muchas veces se trataba de abandono y devaluación, pues los libros de una era a menudo no eran relevantes para la siguiente. Aunque las bibliotecas se enfrentan a una crisis en la actualidad, especialmente con la reducción de presupuestos, el abandono de edificios antiguos y la disminución de interés por las colecciones históricas, también muestran signos de adaptación, como la renovación de las médiathèques en Francia y las bibliotecas universitarias que ahora sirven como centros sociales.

La historia de las bibliotecas no sigue una línea recta de progreso, sino un ciclo de creación, dispersión, decadencia y reconstrucción. Aunque las colecciones se deterioran con el tiempo debido a factores naturales, la recuperación siempre ha sido posible, como lo demuestra la historia de la Biblioteca Bodleiana de Oxford. Las bibliotecas evolucionan a lo largo del tiempo y su relevancia depende de las decisiones que cada generación tome sobre su conservación y propósito.


Fragmentos

«Lo que Naudé no abordó en sus textos fue la incómoda verdad que el paso de los siglos impone a las bibliotecas: ninguna sociedad se ha mostrado nunca satisfecha con las colecciones heredadas de las generaciones anteriores. Lo que con frecuencia veremos en este libro no es tanto la aparente destrucción gratuita de hermosos artefactos, tan lamentada en anteriores estudios de la historia de las bibliotecas, sino abandono y desprecio, pues los libros y las colecciones que representan los valores y los intereses de una generación a menudo no interpelan a la siguiente. El destino de muchas bibliotecas fue el lento deterioro en desvanes y edificios en ruinas, aunque esta situación solo fuera el preludio de su renovación y renacimiento en los lugares más inesperados.».

«Las mismas batallas se repitieron una y otra vez, marcando la biblioteca como un espacio político. ¿Debían los lectores de las nuevas bibliotecas públicas del siglo XIX tener los libros que deseaban, o libros que les hicieran mejores, personas más cultas? Este encarnizado debate siguió resonando hasta bien entrado el siglo XX:»

«En 1748, el conde de Chesterfield trasladó una recomendación útil a su hijo:

Compra buenos libros y léelos; los más valiosos son los más comunes, y las últimas ediciones son siempre las mejores, siempre y cuando los editores no sean unos zopencos, pues pueden beneficiarse de las previas. Pero procura no profundizar demasiado en ediciones y créditos. Siempre tiene un aroma a pedantería y rara vez a conocimiento. Los libros curiosos que tengo son, de hecho, pocos […]. Cuídate de la bibliomanía.»

«Las bibliotecas universitarias, atendiendo a las exigencias de los estudiantes, son ahora en la misma medida centros sociales y lugares de trabajo, y el silencio catedralicio que las caracterizaba es algo del pasado. En este sentido, las bibliotecas recuerdan hoy a un modelo previo, pionero en el Renacimiento, en el que eran a menudo espacios sociales animados en los que los libros competían por la atención con pinturas, esculturas, monedas y curiosidades».

«La flexibilidad de la compilación, la capacidad de crear textos a medida a partir de segmentos de otras obras, era una de las características clave que distinguían el mundo del libro manuscrito de la era de la imprenta, en la que el orden y la naturaleza de los textos se establecían antes de que llegaran a manos del comprador. Esta pérdida de autonomía en la creación de libros sería una de las principales fuentes de pesar entre los coleccionistas establecidos en la transición del manuscrito a la imprenta en el siglo XV».

» … Pero la biblioteca pública -en el sentido de una colección financiada y disponible gratuitamente para cualquiera que quiera utilizarla- sólo existe desde mediados del siglo XIX, una mera fracción de la historia de la biblioteca en su conjunto. Si hay una lección de la historia secular de la biblioteca, es que las bibliotecas sólo duran mientras la gente las considera útiles».


Instrucciones de María Moliner a los bibliotecarios rurales




A los bibliotecarios rurales

María Moliner

Estas Instrucciones van especialmente dirigidas a ayudar en su tarea a los bibliotecarios provistos de poca experiencia y que tienen a su cargo bibliotecas pequeñas y recientes. Porque, si el éxito de una biblioteca depende en grandísima parte del bibliotecario, esto es tanto más verdad cuanto más corta es la historia o tradición de ese establecimiento. En una biblioteca de larga historia, el público ya experimentado, lejos de necesitar estímulos para leer, tiene sus exigencias, y el bibliotecario puede limitarse a satisfacerlas cumpliendo su obligación de una manera casi automática. Pero el encargado de una biblioteca que comienza a vivir ha de hacer una labor mucho más personal, poniendo su alma en ella. No será esto posible sin entusiasmo, y el entusiasmo no nace sino de la fe. El bibliotecario, para poner entusiasmo en su tarea, necesita creer en estas dos cosas: en la capacidad de mejoramiento espiritual de la gente a quien va a servir, y en la eficacia de su propia misión para contribuir a este mejoramiento.

No será buen bibliotecario el individuo que recibe invariablemente al forastero con palabras que tenemos grabadas en el cerebro, a fuerza de oírlas, los que con una misión cultural hemos visitado pueblos españoles: «Mire usted: en este pueblo son muy cerriles: usted hábleles de ir al baile, al fútbol o al cine, pero… ¡A la biblioteca…!».

No, amigos bibliotecarios, no. En vuestro pueblo la gente no es más cerril que en otros pueblos de España ni que en otros pueblos del mundo. Probad a hablarles de cultura y veréis cómo sus ojos se abren y sus cabezas se mueven en un gesto de asentimiento, y cómo invariablemente responden: ¡Eso, eso es lo que nos hace falta: cultura!

Ellos presienten, en efecto, que es cultura lo que necesitan, que sin ella no hay posibilidad de liberación efectiva, que sólo ella ha de dotarles de impulso suficiente para incorporarse a la marcha fatal del progreso humano sin riesgo de ser revolcados: sienten también que la cultura que a ellos les está negada es un privilegio más que confiere a ciertas gentes sin ninguna superioridad intrínseca sobre ellos, a veces con un valor moral nulo, una superioridad efectiva en estimación de la sociedad, en posición económica, etcétera. Y se revuelven contra esto que vagamente comprenden pidiendo, cultura, cultura… Pero, claro, si se les pregunta qué es concretamente lo que quieren decir con eso, no saben explicarlo. Y no saben tampoco que el camino de la cultura es áspero, sobre todo cuando para emprenderlo hay que romper con una tradición de abandono conservada por generaciones y generaciones.

Tú, bibliotecario, sí debes saberlo, y debes comprenderles y disculparles y ayudarles. No es extraño que una biblioteca recibida con gran entusiasmo quede al poco tiempo abandonada si se la confía a su propia suerte: no es extraño que el libro cogido con propósito de leerlo se caiga al poco rato de las manos y el lector lo abandone para ir a distraerse con la película a cuya trama su inteligencia se abandona sin esfuerzo. Todo esto ocurre; pero no ocurre sólo en tu pueblo, ni lo hacen sólo tus convecinos; ocurre en todas partes, y ahí radica precisamente tu misión: en conocer los recursos de tu biblioteca y las cualidades de tus lectores de modo que aciertes a poner en sus manos el libro cuya lectura les absorba hasta el punto de hacerles olvidarse de acudir a otra distracción.

La segunda cosa que necesita creer el bibliotecario es en la eficacia de su propia misión. Para valorarla, pensad tan sólo en lo que sería nuestra España si en todas las ciudades, en todos los pueblos, en las aldeas más humildes, hombres y mujeres dedicasen los ratos no ocupados por sus tareas vitales a leer, a asomarse al mundo material y al mundo inmenso del espíritu por esas ventanas maravillosas que son los libros. ¡Tantas son las consecuencias que se adivinan si una tal situación llegase a ser realidad, que no es posible ni empezar a enunciarlas…!

Pues bien: esta es la tarea que se ha impuesto y que está llevando a cabo el Ministerio de Instrucción Pública por medio de su Sección de Bibliotecas y en la que vosotros tenéis una parte esencialísima que realizar.

Fuente

(*) Prólogo de Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas. Valencia (España), 1937.

La biblioteca del XVII marqués de Cerralbo

La biblioteca del XVII marqués de Cerralbo (Secretaría General Técnica, Subdirección General de Atención al Ciudadano, Documentación y Publicaciones, 2024),

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Enrique de Aguilera y Gamboa, XVII marqués de Cerralbo, fue uno de los grandes coleccionistas y intelectuales de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX en España. Su pasión por el arte y la cultura lo llevó a reunir una impresionante colección de objetos de valor histórico, así como una vasta biblioteca, que se convirtió en una de las más importantes de su época. El marqués no solo fue un notable coleccionista, sino también un hombre de gran formación intelectual, interesado por la historia, el arte, la literatura y las ciencias, campos en los que mostró un profundo conocimiento.

El marqués residió en el Palacio de Cerralbo, situado en la calle Ventura Rodríguez de Madrid. Este palacio no solo fue su hogar, sino también el espacio donde albergó sus colecciones personales. A lo largo de su vida, fue ampliando sus adquisiciones, tanto artísticas como bibliográficas, reuniendo una biblioteca que llegó a contar con casi 9.000 ejemplares. Esta biblioteca abarcaba una gran diversidad de temas, desde obras clásicas hasta textos contemporáneos, y reflejaba la profunda erudición de su propietario.

Tras su muerte en 1922, Enrique de Aguilera y Gamboa, según su disposición testamentaria, dejó todo su patrimonio al Estado español, incluyendo su palacio y sus colecciones. La intención era que este espacio se convirtiera en un museo público, de manera que sus tesoros artísticos, culturales y bibliográficos pudieran ser apreciados por el público en general. Así, el Museo Cerralbo nació en 1933, convirtiéndose en un referente de la cultura española y una de las principales instituciones dedicadas a la conservación del patrimonio artístico y bibliográfico de la época.

El legado del marqués de Cerralbo no solo reside en sus colecciones, sino también en la preservación de su biblioteca, que representa un importante testimonio del pensamiento y la cultura de su tiempo. Entre sus colecciones bibliográficas se encuentran joyas bibliográficas y libros singulares, muchos de los cuales se consideran valiosas piezas de la historia editorial. Su legado sigue vivo a través del museo, que sigue siendo un centro de estudio e investigación sobre el arte, la historia y la cultura de su época.

El Museo Cerralbo es hoy en día un lugar que permite al visitante adentrarse en el mundo de la alta sociedad española de finales del siglo XIX y principios del XX, y es también un testimonio del mecenazgo y la dedicación a la conservación cultural que caracterizó al marqués.

Homenaje a José López Yepes. Planeta Biblioteca 2024/12/04

Homenaje a José López Yepes con José López Yepes

Planeta Biblioteca 2024/12/04

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López Yepes, Alfondo, Patrimonio audiovisual iberoamericano en línea en bibliotecología, biblioteconomía y documentación. Madrid: Fragua; 2024

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La entrevista con Alfonso López Yepes giró en torno a la figura de su hermano José López Yepes, un referente en Biblioteconomía y Documentación. Durante la charla, se abordaron aspectos clave de su carrera, incluyendo su decisión de especializarse en este campo, que fue influenciada por su interés por los archivos y la organización de la información. En sus primeros años en la Documentación, enfrentó diversos desafíos, pero su pasión y dedicación lo llevaron a convertirse en un líder en la disciplina. Las contribuciones de José López Yepes a la biblioteconomía fueron cruciales tanto en España como en Latinoamérica. Su trabajo en la formación de nuevas generaciones de bibliotecólogos y documentalistas dejó una huella profunda, particularmente a través de sus proyectos de investigación en la Universidad Complutense. Uno de sus logros más significativos fue la creación del Servicio de Documentación Multimedia en 1983, que impulsó el desarrollo de estudios en este campo. En cuanto al homenaje póstumo, el libro Patrimonio audiovisual iberoamericano en línea en bibliotecología-biblioteconomía y documentación (1982-2024) (Papel) (PDF) se creó para rendir tributo a su memoria. Este libro aborda cuestiones clave de la bibliotecología y la documentación, estructurándose en diversas aportaciones de expertos en el campo. Su presentación en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid fue un evento significativo, destacando el legado duradero de José López Yepes. Se concluyó que su influencia en el ámbito académico y profesional perdurará, siendo esencial para los estudios actuales de Documentación.

La historia de la moderna biblioteca de semillas

«The Story of the Modern Seed Library • CLIR». s. f. CLIR. Accedido 9 de octubre de 2024. https://www.clir.org/pubs/reports/story-of-the-modern-seed-library/.

Una biblioteca de semillas es un espacio donde las personas pueden acceder a una variedad de semillas para cultivar en sus jardines o tierras. A diferencia de las bibliotecas tradicionales que prestan libros, las bibliotecas de semillas prestan semillas, promoviendo así la agricultura sostenible y la conservación de la biodiversidad. Estas bibliotecas pueden encontrarse en diversas instituciones, como bibliotecas públicas, centros comunitarios, escuelas y organizaciones sin fines de lucro, y suelen estar asociadas a iniciativas de sostenibilidad y agricultura urbana.

«The Story of the Modern Seed Library,» escrito por Jennifer K. Embree y Neyda V. Gilman, es un análisis histórico que explora la relación entre los humanos y las semillas, desde las primeras sociedades agrícolas hace 12.000 años hasta la actualidad, marcada por las corporaciones agronegocios centralizadas. Los autores argumentan que las semillas han sido herramientas de poder, control y desarrollo humano. Ante la creciente pérdida de biodiversidad genética en la vida vegetal debido al cambio climático, proponen las bibliotecas de semillas como un servicio comunitario que las bibliotecas pueden ofrecer para combatir la inseguridad alimentaria y celebrar la biodiversidad. Embree y Gilman, bibliotecarios académicos en la Universidad de Binghamton, se inspiraron para escribir este estudio mientras trabajaban en el lanzamiento del Centro de Sostenibilidad de su biblioteca en 2021, que incluye la primera biblioteca de semillas del campus. Esta publicación es parte de la serie Pocket Burgundy, que presenta obras concisas sobre diversos temas en las comunidades de información y patrimonio cultural.