Las bibliotecas universitarias del Reino Unido han puesto en marcha una iniciativa llamada UK Print Book Collection (UK PBC) para coordinar la eliminación de libros poco usados sin poner en peligro los textos raros. El programa establece que una biblioteca solo puede desechar un libro si al menos siete copias del mismo título existen en otras instituciones participantes.
El sistema utiliza un inventario colectivo que reúne los registros bibliográficos de cientos de bibliotecas. Gracias a esta coordinación, las instituciones pueden liberar espacio sin riesgo de perder materiales valiosos para la investigación. Muchas bibliotecas sufren limitaciones de espacio físico, por lo que este enfoque conjunto permite una gestión más eficiente de sus colecciones impresas.
La experiencia de algunas instituciones muestra que es posible retirar miles de libros sin afectar significativamente los préstamos interbibliotecarios o el acceso académico. Los análisis internos del programa indican que, bajo la regla de las siete copias, algunas bibliotecas podrían reducir entre un 50 % y un 80 % sus colecciones impresas. Sin embargo, los responsables subrayan que este cálculo no implica desechar masivamente libros, sino orientar una evaluación más amplia basada en criterios académicos, de uso y de valor histórico.
El objetivo del UK PBC no es vaciar estanterías, sino preservar de forma inteligente aquello que realmente importa. La idea es garantizar que los textos raros o útiles sigan disponibles a nivel nacional mientras las bibliotecas gestionan mejor su espacio y actualizan sus colecciones.
Digital Preservation Coalition (DPC) ha publicado una nueva versión de su “Bit List” global de materiales digitales en peligro. Este informe identifica contenidos digitales de diversos ámbitos —gubernamental, cultural, académico, mediático y comunitario— que corren un riesgo real de desaparecer si no se actúa con urgencia. La Bit List clasifica los materiales según su nivel de riesgo: prácticamente extintos, críticamente en peligro, en peligro y vulnerables.
La DPC destaca que no se trata solo de un asunto técnico, sino de una necesidad social: la pérdida de estos materiales puede afectar la justicia, la innovación y la identidad colectiva.
Entre los materiales más vulnerables se encuentran las contribuciones generadas por comunidades, como blogs, vídeos personales o archivos digitales comunitarios, considerados críticamente en peligro debido a su importancia para la historia compartida y la falta de estrategias de preservación. También se destacan los videojuegos “siempre en línea” o desactivados, que dependen de servidores ya inexistentes, lo que representa una erosión de la memoria cultural digital.
Asimismo, los registros públicos no estandarizados se encuentran prácticamente extintos, lo que afecta la rendición de cuentas y la transparencia gubernamental. Datos políticamente sensibles también están clasificados como críticamente en peligro, y la evidencia digital utilizada en investigaciones y tribunales se encuentra en un estado de riesgo alto. En el ámbito académico, la DPC advierte sobre la pérdida de datos de investigación no publicados y colecciones web legadas, esenciales para garantizar la reproducibilidad científica.
El informe también señala la vulnerabilidad de memorias personales y comunitarias, como archivos digitales de grupos comunitarios, registros familiares y redes sociales, especialmente en comunidades con pocos recursos o colectivos indígenas.
La finalidad de la Bit List es servir como herramienta de concienciación y defensa, movilizando a distintos sectores —instituciones culturales, gobiernos, comunidades, academia, justicia e industria— para promover una inversión informada y a largo plazo en preservación digital.
PAPR es un registro que reúne información sobre qué bibliotecas conservan colecciones impresas de revistas y otras publicaciones seriadas. Su función principal es ayudar a que estas instituciones coordinen la preservación del papel, evitando duplicidades innecesarias y garantizando que siempre exista un número suficiente de copias para proteger el patrimonio documental.
Gracias a este sistema, las bibliotecas pueden saber qué títulos conserva cada institución, qué años o volúmenes exactos poseen y qué compromisos de preservación han asumido a largo plazo.
Este registro actúa como un repositorio colectivo de datos, permitiendo que las bibliotecas compartan sus datos de tenencia y compromisos de preservación. Gracias a esto, los miembros pueden analizar solapamientos entre colecciones, planear políticas de retención o descarte, y tomar decisiones informadas para gestionar sus colecciones impresas.
El sistema se ha renovado recientemente con la plataforma TIND ILS, que permite gestionar grandes volúmenes de datos de forma más rápida, clara y eficiente. Con esta actualización, PAPR ofrece mejores herramientas de búsqueda, análisis y comparación entre colecciones, lo que facilita la toma de decisiones sobre qué conservar, qué retirar y cómo colaborar entre bibliotecas. En conjunto, PAPR se convierte en una herramienta esencial para investigadores, profesionales de la información y gestores de preservación que necesitan localizar material impreso o planificar su conservación futura.
El auge de la inteligencia artificial generativa está transformando el ecosistema editorial y, en consecuencia, afectando a las bibliotecas. La proliferación de libros, artículos y audiolibros creados o narrados mediante herramientas automatizadas plantea retos relacionados con la calidad, la fiabilidad y la ética.
El problema no se limita a la producción independiente: en plataformas muy usadas por bibliotecas, como Hoopla u OverDrive, ya han aparecido títulos de baja calidad generados por IA, que terminan integrándose en las colecciones sin haber sido seleccionados expresamente por los profesionales, lo cual impacta en el presupuesto y en la experiencia de los usuarios.
El autor identifica varias razones por las que este fenómeno requiere atención inmediata. En primer lugar, está el riesgo de que la colección se llene de materiales de dudosa calidad que oscurezcan las obras más valiosas. En segundo lugar, se señala que una saturación de contenidos mediocres dificulta el descubrimiento de títulos relevantes y deteriora la experiencia de búsqueda de los lectores. En tercer lugar, el riesgo se agudiza en la no ficción: los errores o invenciones típicas de la IA pueden llevar a difundir información falsa en ámbitos tan sensibles como la salud, la ciencia o la educación. Por último, surge la cuestión de los audiolibros narrados con voces sintéticas, que a menudo no se presentan como tales, restando transparencia al servicio bibliotecario.
Ante este panorama, Tanzi propone que las bibliotecas desarrollen políticas explícitas para gestionar el material generado por IA. Estas políticas deben definir objetivos claros (asegurar calidad, promover transparencia, incluso prohibir ciertos materiales) y decidir si se redactan de forma independiente o como parte de las políticas tradicionales de desarrollo de colección. El reto práctico es evidente: en muchos casos resulta difícil identificar si una obra fue creada con IA, lo que plantea dudas sobre cómo hacer cumplir las normas. El debate no se reduce a un “sí” o “no” rotundo, sino que incluye la posibilidad de etiquetar y filtrar el contenido, en lugar de eliminarlo de manera automática.
El artículo recopila ejemplos de políticas aplicadas en bibliotecas estadounidenses. Algunas han optado por la prohibición total, como la Jasper-Dubois County Public Library en Indiana o la Cranston Public Library en Rhode Island, que rechazan obras enteramente generadas o narradas por IA. Otras instituciones han adoptado enfoques más flexibles, como la North Olympic Library System en Washington, que distingue entre material “generado por IA” (en general excluido) y material “asistido por IA” (escrito por humanos con apoyo tecnológico), admitiendo este último si cumple criterios de calidad. Incluso en casos donde la obra de IA ya ha sido adquirida, se permite conservarla con una etiqueta clara o aplicar los protocolos habituales de descarte.
La transparencia se convierte en un eje esencial. El autor subraya que no basta con que las bibliotecas establezcan sus políticas: es imprescindible que editores, distribuidores y plataformas informen de forma clara cuándo un título ha sido generado o narrado por inteligencia artificial. Sin esa colaboración, las bibliotecas carecen de herramientas para aplicar sus propios criterios de selección. Algunos proveedores han empezado a reaccionar a las demandas de mayor claridad, como en el caso de Hoopla, que ha respondido positivamente a las quejas de distintas instituciones. Asimismo, los usuarios deben tener acceso a esa información para poder valorar por sí mismos la fiabilidad de lo que leen o escuchan.
El artículo analiza cómo la proliferación de libros creados con inteligencia artificial (IA) está generando desafíos inéditos para las bibliotecas y quienes las gestionan.
No siempre resulta sencillo detectar qué títulos han sido elaborados por estas herramientas: la simple revisión de catálogos o fichas de proveedores no basta, de modo que muchas obras producidas por IA pasan inadvertidas, complicando su evaluación.
Se mencionan casos concretos, como un libro infantil —Rabbits: Children’s Animal Fact Book, de la editorial Bold Kids— que presenta señales de haber sido generado mediante IA. Ejemplos así impulsan a los bibliotecarios a examinar con mayor detenimiento metadatos, descripciones editoriales y otras huellas que puedan revelar una autoría no humana.
Sus páginas contenían frases extrañamente redactadas, algunas de las cuales incluían datos inventados sobre los conejos (como la afirmación de que se hacen su propia ropa). Cada página de texto mostraba la misma imagen prediseñada de un conejito comiendo una zanahoria. Fotos de archivo de conejos llenaban las páginas, con sus ojos y narices desapareciendo en la sangría del libro.
Además se sospecha que el título y otros de Bold Kids, que no tiene sitio web ni autores asociados con sus libros, fueron creados por inteligencia artificial (IA). Para colmo, el libro se imprimió bajo demanda, por lo que no se podía devolver. Peor aún, algunos libros generados por IA pueden contener desinformación potencialmente peligrosa. La Sociedad Micológica de Nueva York, por ejemplo, ha advertido contra la compra de guías escritas por IA para la recolección de setas silvestres. Al consultar los registros de derechos de autor de los libros, descubrió que contenían menciones a «texto generado por IA».
El texto subraya además la urgencia de contar con políticas y directrices claras para afrontar esta nueva realidad: desde definir en qué circunstancias se incorporarán a las colecciones libros creados con IA, hasta exigir transparencia sobre su origen y mantener estándares de calidad que resguarden la integridad de los fondos bibliográficos.
Finalmente, se recogen las distintas respuestas de la profesión. Algunos bibliotecarios están estableciendo criterios de adquisición específicos que distingan entre materiales de origen humano y automatizado; otros reclaman etiquetas o declaraciones de autoría explícitas. En todos los casos se pone en valor la vigilancia constante, necesaria para identificar contenidos dudosos y garantizar que las decisiones de selección mantengan el rigor, la relevancia y el servicio a la comunidad lectora.
Cómo identificar libros generados por IA:
Investiga quién es el autor y cuán “real” parece ser
Otra señal de alerta: un libro sin autor listado en absoluto.
Ten precaución con los libros autopublicados, de editoriales pequeñas o de plataformas como Amazon, que filtran menos contenido generado por IA que otros proveedores.
Considera si el libro está aprovechando la posibilidad de que un lector lo confunda con otro más popular
Si el libro se ha registrado en la Oficina de Derechos de Autor de EE. UU., es posible que su registro mencione la IA.
El gráfico que representa la circulación de materiales físicos y digitales en la Biblioteca Pública de San Francisco (SFPL) entre 2012 y 2021 no solo muestra una curva de préstamo, sino también una historia más amplia sobre cómo evolucionan las bibliotecas ante los cambios tecnológicos, sociales y sanitarios.
Caída sostenida de los materiales físicos
En 2012, la circulación de materiales físicos (libros impresos, revistas, DVDs, CDs, vinilos, etc.) era dominante, alcanzando casi 10 millones de préstamos anuales. Esta cifra es reflejo del modelo tradicional de biblioteca, donde el contacto físico con los documentos era el centro de la experiencia bibliotecaria.
Sin embargo, con el paso de los años se observa una tendencia descendente progresiva en este tipo de circulación. Aunque algunos factores pueden estar relacionados con la preferencia por medios digitales, también influyen los cambios en los hábitos culturales: menor consumo de soportes físicos como CDs o DVDs, y mayor acceso a contenidos desde dispositivos personales.
El punto más dramático se produce en el año fiscal 2020–2021, cuando el número de préstamos físicos cae casi a cero. Este descenso no se debe solo a una preferencia voluntaria del usuario, sino al cierre temporal de bibliotecas y restricciones sanitarias derivadas de la pandemia de COVID-19, que impidieron el acceso físico a las colecciones.
Ascenso sostenido de los materiales digitales
En contraste, en 2012 el préstamo de materiales digitales era aún marginal. Aun así, desde entonces la SFPL comenzó a invertir en plataformas digitales, ampliando su colección de ebooks, revistas electrónicas, periódicos digitales y contenidos en streaming (como películas, audiolibros y cursos).
Con el paso de los años, estos servicios fueron ganando adeptos, especialmente entre públicos jóvenes o tecnológicamente familiarizados. En 2021, los préstamos digitales alcanzaron los 4 millones, superando por primera vez a los materiales físicos.
Esta transición se aceleró durante la pandemia, cuando los servicios digitales se convirtieron en la única vía de acceso a la biblioteca para miles de usuarios. El crecimiento repentino sugiere que muchos usuarios adoptaron estos formatos no solo por necesidad, sino también por comodidad y eficiencia.
La pandemia como catalizador
El periodo 2020–2021 fue decisivo. Las restricciones sanitarias obligaron a cerrar sucursales, suspender eventos presenciales y repensar los servicios de la biblioteca. Esto forzó a instituciones como la SFPL a reconfigurar su oferta digital, expandiendo licencias, aumentando el presupuesto para contenidos electrónicos y formando a su personal y usuarios en el uso de nuevas plataformas.
Para muchos usuarios, esto significó su primer contacto serio con libros digitales o plataformas de streaming educativo o cultural.
Reflexión sobre tendencias
La evolución observada en San Francisco no es un caso aislado. Bibliotecas de todo el mundo han experimentado presiones similares. Sin embargo, la SFPL destaca por haber ofrecido una infraestructura digital robusta que permitió sostener el acceso al conocimiento durante la emergencia sanitaria.
Este cambio apunta a un modelo híbrido, en el que la presencia física seguirá siendo fundamental para la comunidad (especialmente para grupos sin acceso digital), pero donde los recursos digitales ocuparán un espacio cada vez más central en la estrategia bibliotecaria.
La transición no está exenta de desafíos: brechas digitales, derechos de autor en licencias digitales, costes de suscripción, y la necesidad de mantener colecciones físicas vivas y atractivas.
Entrevista a Jesús Alonso Regalado,bibliotecario salmantino que desarrolla su labor en la State University of New York (SUNY) en Albany. Como bibliotecario de enlace, está especializado en los campos de Historia, Lenguas Romances y Estudios Latinoamericanos. Su trabajo se centra en tres pilares fundamentales: el desarrollo de colecciones, la alfabetización informacional y la atención personalizada a la investigación académica. En 2019 fue reconocido con el prestigioso premio “I Love My Librarian”, otorgado por la American Library Association, por su destacado impacto en la comunidad universitaria. Entre sus iniciativas más relevantes destaca la coordinación del proyectoLACLI (Latin American, Caribbean, U.S. Latinx, and Iberian Online Free Resources), una plataforma colaborativa internacional que reúne recursos digitales gratuitos bajo licencia Creative Commons. Esta herramienta, en constante crecimiento, cuenta con el respaldo de instituciones como El Colegio de México o la Fundação Getulio Vargas de Brasil. En esta entrevista, Jesús reflexiona sobre los desafíos y tendencias actuales en las bibliotecas estadounidenses, la política del nuevo gobierno estadounidense, la censura, el papel del bibliotecario socio colaborativo y su firme compromiso con el acceso abierto y la comunidad.
Library Technology. «GPO Partners with Yale University Library to Preserve Government Information.» Library Technology, March 6, 2025. https://librarytechnology.org/pr/31139
La Oficina de Publicaciones del Gobierno de los EE. UU. (GPO) ha firmado un Memorando de Acuerdo con la Biblioteca de Derecho Lillian Goldman de la Universidad de Yale para que se convierta en un «Preservation Steward» o responsable de la preservación.
El término Preservation Stewards hace referencia a bibliotecas o instituciones que tienen el compromiso de preservar y conservar los documentos oficiales del gobierno, especialmente aquellos en formato impreso, para garantizar su disponibilidad a largo plazo. Este programa fue establecido por la U.S. Government Publishing Office (GPO) para asegurar el acceso público continuado a la información gubernamental, tanto en formatos físicos como digitales, en un mundo cada vez más digitalizado.
Los Preservation Stewards desempeñan un papel clave en el mantenimiento de colecciones de documentos del gobierno federal, asegurando que los materiales sean correctamente almacenados, conservados y accesibles para futuras generaciones. Además, muchas de estas bibliotecas también sirven como socias de acceso digital, proporcionando plataformas y servicios en línea para facilitar el acceso remoto a estos recursos.
En estos días la Oficina de Publicaciones del Gobierno de los EE. UU. (GPO) ha firmado un Memorando de Acuerdo con la Biblioteca de Derecho Lillian Goldman de la Universidad de Yale para que se convierta en un «Preservation Steward» o responsable de la preservación. Este acuerdo tiene como objetivo ayudar a las bibliotecas a gestionar eficientemente la preservación de documentos gubernamentales en la era digital, garantizando el acceso público continuo a documentos del gobierno de los EE. UU. en formato impreso. A través de esta iniciativa, la biblioteca de Yale, junto con otras más de 60 en todo el país, contribuirá significativamente a la conservación de documentos impresos y proporcionará acceso digital a la información gubernamental. La GPO, que produce y distribuye información del gobierno federal, ve en esta colaboración una manera esencial de asegurar el acceso fácil y permanente a los documentos gubernamentales, vital para la democracia de EE. UU.
A través del acuerdo, muchas bibliotecas también sirven como socios de acceso digital que proporcionan acceso digital a la información del Gobierno. En la actualidad hay más de 60 bibliotecas que actúan como Preservation Stewards en todo Estados Unidos. Estas bibliotecas tienen la responsabilidad de preservar los documentos impresos del gobierno federal, asegurando que la información pública continúe estando disponible para el acceso de los ciudadanos, tanto en formato físico como digital. El objetivo de esta red es garantizar que la información gubernamental se conserve adecuadamente para las generaciones futuras, en un esfuerzo conjunto con la GPO. Las bibliotecas participantes en este programa también proporcionan acceso digital a la información gubernamental, contribuyendo significativamente a la preservación y la accesibilidad de los documentos oficiales.
La Biblioteca Pública de Boston (BPL) ha iniciado un ambicioso proyecto de digitalización para hacer accesibles cientos de miles de materiales históricos previamente inaccesibles al público. Mediante herramientas de inteligencia artificial (IA), la iniciativa busca modernizar los procesos de digitalización y mejorar el acceso y la exploración de las colecciones de la biblioteca.
La Biblioteca Pública de Boston (BPL) ha iniciado un ambicioso proyecto de digitalización a gran escala para hacer accesibles al público cientos de miles de artículos históricos previamente inaccesibles. Este esfuerzo multietapa busca modernizar los procesos de digitalización e integrar herramientas de inteligencia artificial (IA) para ampliar el acceso y la capacidad de descubrimiento de sus vastas colecciones.
Desde su fundación en 1848, la BPL ha acumulado una amplia variedad de materiales, incluyendo libros, documentos gubernamentales, mapas y periódicos. Aunque se han realizado esfuerzos de digitalización en el pasado, la magnitud de las colecciones ha dificultado su acceso completo al público. Este nuevo proyecto pretende cambiar esa realidad, proporcionando al público nuevas formas de descubrir e interactuar con los extensos fondos de la biblioteca.
Una colaboración destacada en este proyecto es con la Institutional Data Initiative (IDI) de la Biblioteca de la Facultad de Derecho de Harvard. Esta iniciativa de investigación trabaja con instituciones de conocimiento, desde bibliotecas y museos hasta grupos culturales y agencias gubernamentales, para refinar y publicar sus colecciones como datos accesibles. La IDI y la BPL explorarán procesos que equilibren la tecnología de IA con la experiencia curatorial al mejorar los metadatos de las colecciones y modernizar el programa de digitalización de la BPL para ampliar el acceso.
Además, la BPL cuenta con el apoyo de la iniciativa NextGenAI de OpenAI, lo que refuerza su compromiso de garantizar que las tecnologías emergentes de IA sirvan a una amplia gama de usuarios, desde investigadores académicos hasta aprendices de por vida. Este respaldo es parte de un esfuerzo más amplio para asegurar que las bibliotecas públicas puedan aprovechar las oportunidades que ofrece la IA, mejorando y optimizando sus servicios para beneficiar tanto a los usuarios como a los profesionales de las bibliotecas.
Este proyecto de la BPL refleja una tendencia más amplia en el mundo bibliotecario hacia la adopción de la IA para mejorar la accesibilidad y la eficiencia. Por ejemplo, la Biblioteca de la Facultad de Derecho de Harvard, a través de la IDI, ha publicado recientemente un conjunto de datos de alta calidad de casi un millón de libros de dominio público. Este conjunto de datos está disponible para que cualquier persona lo utilice en el entrenamiento de grandes modelos de lenguaje y otras herramientas de IA, lo que subraya el potencial de la IA para transformar la gestión y el acceso a los recursos bibliotecarios.
OCLC ha implementado un modelo de aprendizaje automático para la detección y eliminación de duplicados en los registros bibliográficos de WorldCat, como parte de sus esfuerzos continuos para mejorar la calidad de los datos y la experiencia de búsqueda para los usuarios de la red global de bibliotecas. La iniciativa comenzó en agosto de 2023, cuando se introdujo el primer modelo de aprendizaje automático para identificar duplicados de libros impresos en inglés, con el apoyo de la comunidad de catalogadores, quienes participaron en ejercicios de etiquetado de datos. Este proceso resultó en la eliminación de alrededor de 5,4 millones de registros duplicados de libros impresos en varios idiomas como inglés, francés, alemán, italiano y español.
El modelo de inteligencia artificial de OCLC se ha optimizado y extendido para abarcar todos los formatos, lenguajes y escrituras de WorldCat, utilizando los datos etiquetados por la comunidad para entrenar y ajustar el algoritmo. Tras una extensa fase de pruebas internas y la colaboración de bibliotecas miembros de WorldCat, se iniciará el 11 de febrero de 2025 una prueba piloto que involucrará la fusión de 500,000 pares de registros duplicados de libros impresos en inglés, que son la categoría más numerosa y la que ha recibido más pruebas hasta ahora.
Después de este primer ensayo, se evaluarán los resultados antes de realizar nuevas pasadas de eliminación de duplicados para los libros impresos en inglés. Una vez completada esta fase, OCLC continuará con la eliminación de duplicados en otros formatos, como materiales no bibliográficos y libros en idiomas distintos al inglés. Se recomienda a las bibliotecas que no usen WorldShare Management Services habilitar las actualizaciones de WorldCat en WorldShare Collection Manager para garantizar que reciban los registros actualizados.
Este esfuerzo, que combina la labor manual de los bibliotecarios con la tecnología avanzada de inteligencia artificial, ha logrado importantes avances en la reducción de duplicados en WorldCat. La eliminación de duplicados es una de las formas más efectivas de mejorar la calidad de WorldCat, y este enfoque automatizado permitirá a las bibliotecas ahorrar tiempo valioso y proporcionar una experiencia más precisa y eficiente para los usuarios, además de avanzar en la misión global de las bibliotecas.