Ramírez Bravo, Roberto. Libros de texto escolar impreso y digital : realidades y perspectivas / Roberto Ramírez Bravo – San Juan de Pasto : Editorial Universidad de Nariño, 2025
En este documento se estudia la pertinencia y la relevancia del libro de texto escolar impreso (LTEI) y del libro de texto escolar digital (LTED), los cuales, cuando están apropiadamente elaborados, se entienden como mediadores de los lugares de enseñanza y de aprendizaje, así como los medios más explícitos para concretar la transposición didáctica (Chevallard, 1985). Esto se debe a que plasman la selección y adecuación de teorías a las actividades educativas y formativas; permiten la realización de hechos pedagógicos y didácticos orientados a mejorar la comprensión y la interpretación de la disciplina; y puntualizan la transferencia de saberes científicos a saberes escolares. En esta dinámica, presentan narraciones, descripciones, exposiciones, argumentaciones, etc., de una selección de categorías, principios, contenidos, procedimientos y actividades que, según el autor, se deben trabajar.
Kevin Kelly comienza relatando que ha trabajado tanto con editoriales tradicionales como en publicaciones autoeditadas: ha publicado libros convencionales, libros autoeditados de éxito en plataformas como Amazon, y proyectos financiados mediante crowdfunding. Esta experiencia dual le da una perspectiva amplia para compartir “todo lo que sabe” sobre autoedición.
El modelo tradicional y sus limitaciones
En el sistema editorial clásico, el autor entrega el manuscrito y la editorial se encarga del resto (edición, diseño, producción, distribución, marketing). A cambio, el autor recibe un adelanto y luego regalías. Sin embargo, Kelly señala que este modelo ha perdido buena parte de su vigencia: muchas grandes editoriales ya no controlan la relación con los lectores ni poseen bases de datos sobre ellos; su mercado principal —las librerías físicas— está declinando. Además, la editorial impone decisiones sobre el título, la cubierta, los contratos y los calendarios, lo que resta flexibilidad al autor.
Además, los agentes literarios tienen un papel tradicional de intermediarios negociando contratos y filtros; pero en la autoedición este rol se elimina (ahorrando al autor el porcentaje que el agente tomaría). Con ello, uno se queda con mayor control y mayor parte de los ingresos.
Crowdfunding y “los mil verdaderos fans”
Un componente central del enfoque de Kelly es la utilización del crowdfunding (Kickstarter, Indiegogo, etc.) como una forma de financiar el proyecto antes de producirlo, mitigando riesgos. Aquí introduce su famosa idea de los 1.000 verdaderos fans: si un creador establece una relación directa con mil personas comprometidas que compren lo que hace (por ejemplo, gastando 100 USD al año), puede vivir de ello. La clave está en poseer la audiencia, es decir, tener acceso directo a sus nombres, correos, datos de contacto, en vez de depender de plataformas que no revelan quiénes son tus lectores.
Sin embargo, una campaña de crowdfunding exige mucho esfuerzo en marketing, planificación, producción de materiales promocionales y cumplimiento de recompensas. Muchos proyectos fallan simplemente porque la campaña no se promociona correctamente o porque no se “trae el público con uno”.
Producción: versiones impresas por lotes, bajo demanda y digital
Kelly desglosa las distintas vías para producir un libro:
Impresión por lotes (batch): producir un volumen grande de ejemplares de una sola vez brinda ventajas en precio por unidad y permite materiales de alta calidad. Pero exige inversión inicial, almacenamiento y riesgos si el tiraje no se vende.
Impresión bajo demanda (print-on-demand): se imprime cada ejemplar individualmente cuando se vende. No hay inventario y no hay pérdidas por ejemplares no vendidos, aunque el costo unitario es más alto. Kelly menciona servicios como Blurb, Lulu, Amazon KDP, IngramSpark, que permiten imprimir “a pedido”. Cada servicio tiene ventajas y limitaciones —por ejemplo, Amazon facilita la distribución, pero no te da acceso a quién te compró el libro, mientras que Lulu puede darte más control sobre tu lista de compradores.
Formatos digitales: publicar un e-book es lo más simple —sin costos de impresión ni logística física. Kelly ha usado Amazon KDP para publicar digitalmente, vendiendo decenas de años sin intervención directa adicional. Pero también subraya los límites: muchos servicios requieren exclusividad o esconden la información del lector.
Kelly también menciona que los audiolibros crecen rápidamente como formato —aunque él personalmente no ha autoeditado muchos— y recuerda que plataformas como ACX (de Audible) permiten autoeditar audiolibros, aunque con condiciones de regalías altas o exclusividad.
Distribución y logística
Una vez que un libro (físico) existe, hay que llevarlo al lector. Las opciones incluyen:
Enviar ejemplares desde tu taller o almacén (requiere empaquetado, gestión postal, costos de envío, particularmente para envíos internacionales).
Usar drop shippers o 3PL (proveedores de logística que almacenan, empacan y envían pedidos por ti), lo cual externaliza el trabajo pero añade costos.
Usar Amazon como intermediario: tú envías libros a sus almacenes y ellos realizan las ventas y envíos. Esto quita el trabajo logístico, aunque limita el acceso directo a tus compradores.
Kelly describe experiencias particulares: en un proyecto, sus libros llenaron contenedores enteros y fue un desafío logístico distribuirlos.
Promoción: el verdadero desafío
Un punto recurrente es que producir un libro (incluso bien elaborado) es relativamente fácil; lo difícil es lograr que alguien lo lea. Kelly recomienda que al menos la mitad del esfuerzo se dedique a promoción, marketing y construcción de audiencia.
Incluso cuando una editorial publica el libro, el autor debe asumir buena parte de la promoción (redes sociales, podcasts, entrevistas, lanzamientos). Las campañas de crowdfunding requieren videos, niveles de recompensas bien diseñados, comunicación constante con los patrocinadores y seguimiento diario durante el período activo.
Además, Kelly propone la idea de serializar o “escribir en público”: publicar fragmentos o capítulos mientras el libro está en desarrollo. Esto no solo crea audiencia, sino que permite recibir retroalimentación anticipada, corregir errores y mejorar el producto final. También sirve como estrategia para construir interés hacia el libro completo.
Más allá del libro: formatos híbridos y nuevos medios
Kelly sugiere que muchos trabajos no necesitan convertirse en libros; podrían existir como artículos, newsletters o contenido digital. En ese sentido, las plataformas de pago por suscripción (Substack, Ghost, Beehiiv, etc.) ofrecen modelos para monetizar contenido recurrente. Un newsletter pago puede crecer mediante pagos mensuales, y con solo mil suscriptores a 10 USD al mes ya es viable económicamente.
Asimismo, Kelly enfatiza que vivimos en una cultura de pantalla: el consumo de video, redes sociales, creadores de contenido (YouTube, TikTok, reels) domina el tiempo de atención. Por eso, parte de la estrategia debe incluir producción visual o audiovisual. Para él, lo ideal es usar múltiples canales (texto, video, podcasts) y no esperar que el libro sea el único producto.
Síntesis: estrategia personalizada y escalada gradual
En su conclusión, Kelly propone un enfoque pragmático escalonado:
Publicar lo que puedas manejar por ti mismo —capítulos gratuitos, e-books pequeños, newsletters— para probar el terreno.
Si existe demanda, consolidar en versiones de libro más formales (impresión bajo demanda, publicación digital).
Si el proyecto lo justifica, lanzar una campaña de crowdfunding para financiar formato impreso, y planear logística y distribución cuidadosamente.
Siempre complementar con formatos visuales y canales que capten atención (video, redes, audio), entendiendo que el texto por sí solo tiene menos visibilidad.
Así, según Kelly, la autoedición deja de ser un riesgo extremo: es una estrategia controlada, modular, donde cada paso depende del interés demostrado por la audiencia, y donde el creador mantiene el control y una relación directa con sus lectores.
El volumen El mundo digital en la industria editorial reúne una serie de reflexiones sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA) en la cadena del libro, desde la creación hasta la distribución y el consumo. La obra parte de la idea de que la IA ya forma parte del ecosistema editorial y que su incorporación debe realizarse en un marco ético y regulado.
Carlos A. Scolari, en entrevista con Aída Pozos, plantea que la irrupción de la IA puede entenderse como una nueva revolución comparable a la de Gutenberg. Destaca que vivimos en un ecosistema infoxicado, pero también hiperpersonalizado, y que el reto es usar estas herramientas de manera crítica, ética y transparente.
Rafael Morales Gamboa analiza la relación entre IA generativa y lectura, subrayando que los modelos de lenguaje operan sobre patrones estadísticos que transforman la forma en que entendemos la lectura y la escritura. Asimismo, muestra cómo estas herramientas pueden acompañar los procesos de lectura, aunque no están exentas de sesgos.
Guillermo de Jesús Hoyos Rivera estudia los grandes modelos de lenguaje y advierte sobre su complejidad para replicar el lenguaje humano, al tiempo que destaca sus limitaciones y potencial en el ámbito editorial.
Otros autores amplían la discusión hacia el ámbito educativo (Alberto Ramírez Martinell), la transformación del libro en nuevos soportes (Carlos Rojas Urrutia), la economía digital y el diseño editorial (Rodrigo Martínez Martínez), así como el papel de las librerías independientes (Luis Castro Hernández). Finalmente, María Fernanda Mendoza Ochoa reflexiona sobre los riesgos éticos y legales, en particular la tensión entre IA y derechos de autor
La cadena de librerías Waterstone’s, considerada una de las más grandes del mundo y cuyo grupo matriz es también propietario de Barnes & Noble, está llevando a cabo una expansión en Estados Unidos y el Reino Unido. Este crecimiento responde a un renovado interés por la lectura en formato físico, motivado en parte por el deseo de muchas personas de alejarse de las pantallas.
La cadena de librerías Waterstones está registrando un notable crecimiento en medio de un panorama desfavorable para el comercio minorista en el Reino Unido. A pesar de las dificultades que enfrentan muchas tiendas físicas, la compañía, que cuenta con 320 librerías bajo su marca y también con Foyles, Hatchards y Blackwell’s, ha visto cómo las ventas totales aumentaron un 5 %
Según el CEO James Daunt, aproximadamente la mitad de ese crecimiento responde a un ajuste en los precios, mientras que la otra mitad se debe a un incremento en el volumen de ventas de libros. Este repunte se explica en gran medida por el resurgimiento del interés en la lectura entre los jóvenes, quienes encuentran en los libros una opción valiosa para desconectarse de las pantallas. Elementos como las tendencias en TikTok —más conocido como BookTok— y los clubes de lectura presenciales han sido factores clave en esta revitalización del hábito de lectura.
La preferencia se centra en la ficción, con un impulso notable en géneros como el romance, la fantasía romántica (romantasy) y la fantasía tradicional. La Asociación de Editores del Reino Unido reportó un aumento del 12,2 % en las ventas de ficción, compensando caídas del 2,8 % en libros infantiles y en el segmento de no ficción, lo que provocó una contracción global del 1 % en el mercado de libros impresos. El formato digital, por su parte, continúa creciendo: registra un incremento del 17 %, aunque las librerías físicas siguen sosteniendo el interés del público.
Waterstones también está mejorando la experiencia en sus establecimientos: incluyen cafeterías y recomendaciones seleccionadas cuidadosamente por el personal, creando un ambiente más atractivo para los lectores. Además, la cadena planea abrir 10 nuevas tiendas cada año, incluso dentro de grandes almacenes como John Lewis y Next, y en regiones menos atendidas como Irlanda del Norte y Escocia
Esta expansión se ve favorecida en parte por la reducción de la competencia, producto del cierre de librerías rivales como Eason en Irlanda del Norte y la retirada de WH Smith del comercio tradicional, concentrándose ahora en zonas como aeropuertos El
En resumen: Waterstones está capitalizando una ola de entusiasmo por la lectura entre los jóvenes, impulsado por redes sociales como BookTok y una oferta física más acogedora. Esto, junto a sus estrategias de expansión y a la disminución de competidores, le permite crecer y afianzarse en un mercado desafiante.
Sol Reader, es una startup de San Francisco dedicada a innovar en el campo de los lectores electrónicos. Chelf revela el desarrollo de un lector electrónico portátil en forma de gafas con pantalla de tinta electrónica integrada, cuyo diseño recuerda a unas gafas de sol y que se ofrece al público por 249 dólares
La importancia de este lanzamiento radica en que representa la primera innovación significativa en el mercado de los e‑readers desde el Kindle de 2007, un mercado que hasta ahora había avanzado muy poco en resolución (300 ppi) y diseño. El dispositivo, ligero (50–60 g) y asequible en comparación con alternativas como el Vision Pro de Apple, combina un lector de tinta electrónica minimalista con características específicas para mejorar la lectura nocturna sin distracciones. Estas “gafas lectoras” permiten a los usuarios leer en cualquier posición, incluso tumbados boca arriba, sin necesidad de sostener un libro, una tablet o un teléfono.
Uno de los aspectos más interesantes es que Sol Reader no pretende ser un dispositivo de realidad aumentada o un visor inmersivo con múltiples funciones. Muy al contrario, el objetivo es deliberadamente limitado: enfocarse solo en la lectura, sin notificaciones, sin distracciones, sin conexión directa a redes sociales o correos electrónicos. Esta filosofía responde a una necesidad creciente de muchos lectores que se sienten abrumados por la tecnología y que desean un espacio más “desconectado” para leer, especialmente durante la noche o en momentos de descanso.
Entre las características destacadas, Sol Reader es compatible con bibliotecas de Kindle, dispone de su propia tienda y permite la carga manual de libros sin DRM. Además una de las funciones más demandadas por los usuarios es la reproducción de audiolibros, una característica en la que ya están trabajando. El enfoque del dispositivo busca evitar que se convierta en un ordenador complejo en la cara del usuario, manteniendo su utilidad centrada únicamente en la lectura
El artículo plantea la interrogante sobre si este enfoque puede triunfar allá donde han fracasado otros dispositivos wearables más ambiciosos. La propuesta de Sol Reader destaca por su sencillez de uso, foco específico en lectura y diseño intencional para no acentuar la sobrecarga tecnológica
El artículo explora la evolución y diversidad de las tecnologías destinadas a la lectura, ofreciendo una clasificación crítica y reflexiva sobre las ventajas y limitaciones de cada una. A lo largo del texto, el autor analiza desde los formatos más tradicionales, como el libro impreso, hasta las tecnologías digitales más recientes, como los lectores electrónicos, aplicaciones móviles y audiolibros, destacando cómo cada tecnología afecta la experiencia lectora.
El artículo es una reflexión humorística y crítica sobre las distintas tecnologías que la humanidad ha desarrollado para leer, desde las más antiguas y rudimentarias hasta las más recientes y sofisticadas. Comienza con la mención de un nuevo dispositivo llamado Sol Reader, unas gafas con pantallas de tinta electrónica integradas, que prometen revolucionar la lectura portátil. El autor, sin embargo, se muestra escéptico, pues considera que muchos de estos inventos tecnológicos parecen responder más a una moda o a la necesidad de innovación constante que a una necesidad real de los lectores.
A partir de ahí, el autor repasa de forma irónica y creativa una amplia variedad de tecnologías de lectura, desde las tallas en madera y las tabletas de cera, pasando por los móviles, portátiles, tabletas digitales, pergaminos, lectores electrónicos, audiolibros y fanzines. Señala que cada formato tiene sus ventajas y desventajas, y que muchos de ellos, aunque funcionales, generan fricciones o incomodidades en la experiencia lectora. Por ejemplo, leer en un móvil o un ordenador puede ser práctico, pero también molesto o estresante, y los dispositivos digitales suelen estar cargados de distracciones.
También rinde homenaje a tecnologías olvidadas o poco valoradas, como los quipus o los dispositivos braille, que representan logros importantes en la historia de la comunicación. Rescata con afecto formatos como el periódico impreso y los fanzines, que, aunque menos populares, ofrecen una conexión directa y táctil con el texto.
Sin embargo, se enfatiza que, aunque la lectura digital ha facilitado el acceso a libros y materiales de manera masiva y portátil, existen consideraciones importantes respecto a la retención de la información, la concentración y la interacción con el texto. Por ejemplo, los libros impresos siguen siendo preferidos por muchos lectores por su tactilidad, facilidad para subrayar o hacer anotaciones y la menor fatiga visual que generan. Por otro lado, las tecnologías digitales aportan beneficios como la posibilidad de ajustar el tamaño de la letra, buscar términos instantáneamente, y llevar una biblioteca completa en un solo dispositivo.
Además, el artículo aborda la expansión de formatos alternativos, como los audiolibros, que han ganado popularidad y ofrecen nuevas formas de disfrutar la literatura, especialmente en contextos donde la lectura tradicional puede ser menos accesible, como durante desplazamientos o para personas con discapacidades visuales. Sin embargo, también se advierte que la experiencia auditiva puede cambiar la forma en que se procesa la información literaria, planteando debates sobre la naturaleza de la lectura misma.
En última instancia, el autor propone que no existe una tecnología definitiva que supere a las demás en todos los aspectos, sino que cada una ofrece experiencias distintas que pueden ser complementarias según las necesidades, preferencias y contextos del lector. El texto invita a reflexionar sobre cómo las tecnologías impactan en la forma de leer y cómo esto puede influir en la comprensión y el disfrute de la literatura en la era digital.
Altamura, L., Vargas, C., & Salmerón, L. (2023). «Do New Forms of Reading Pay Off? A Meta-Analysis on the Relationship Between Leisure Digital Reading Habits and Text Comprehension». Review of Educational Research, 0(0). https://doi.org/10.3102/00346543231216463
Un equipo de la Universidad de Valencia analizó más de dos docenas de estudios publicados entre 2000 y 2022, con casi 470 000 participantes. Concluyeron que la lectura en papel mejora las habilidades de comprensión entre seis y ocho veces más que la lectura en dispositivos digitales
Un nuevo estudio realizado por la Universidad de Valencia concluye que la lectura en formato impreso mejora la comprensión lectora entre seis y ocho veces más que la lectura en pantallas. Esta investigación, que analizó más de veinte años de estudios y casi 470 000 participantes, confirma que el papel sigue siendo el medio más eficaz para fomentar una lectura profunda y comprensiva, especialmente en contextos educativos.
Una de las razones principales es que los textos digitales suelen presentar una calidad lingüística inferior. Muchas veces están escritos en un estilo conversacional, como en redes sociales, lo que limita la exposición a estructuras sintácticas complejas, vocabulario académico y razonamientos elaborados. Además, el acto de leer en pantalla tiende a ser más superficial, con un enfoque en el escaneo rápido y fragmentado, lo que perjudica la capacidad de conectar ideas y retener información.
Los resultados varían según la edad de los lectores. En niños de primaria, la lectura digital tiene un efecto claramente negativo sobre la comprensión. En adolescentes y universitarios, aunque la relación se vuelve algo más positiva, sigue siendo menos efectiva que la lectura en papel. Esto se debe en parte a que los lectores más jóvenes aún no dominan estrategias cognitivas que les permitan ignorar las distracciones digitales, mientras que los mayores han desarrollado mayor capacidad de autorregulación.
Los investigadores no están en contra del uso de tecnologías digitales, pero advierten que el aprendizaje profundo —especialmente en edades tempranas— requiere el tipo de atención, ritmo pausado y concentración que fomenta la lectura impresa. Por ello, recomiendan que las escuelas y educadores prioricen los libros físicos para desarrollar sólidas habilidades lectoras antes de introducir de manera intensiva la lectura digital.
En conclusión, aunque las pantallas ofrecen acceso rápido a una gran cantidad de información, no sustituyen las ventajas cognitivas y educativas de leer en papel. Para cultivar una comprensión lectora rica, duradera y crítica, especialmente en estudiantes, el libro impreso sigue siendo la herramienta más poderosa.
Joshua Rothman reflexiona sobre cómo la llegada de la inteligencia artificial y las pantallas está transformando radicalmente la experiencia de lectura. El autor sugiere que la lectura profunda y contemplativa, asociada al texto impreso, está siendo reemplazada por interacciones fragmentadas con la lectura digital, dominada por aplicaciones, redes sociales y modelos de lenguaje que condensan y simplifican la experiencia. Rothman cuestiona si estamos entrando en el final de la era dominada por el texto tradicional
En décadas pasadas, preguntas como “¿qué lees y por qué?” no solían ser tan urgentes. La lectura era una actividad común y establecida, sin mayores cambios desde la aparición de la industria editorial moderna en el siglo XIX. Antes de la era digital, leer un libro en un banco del parque era algo discreto y personal; nadie necesitaba saberlo si uno no lo contaba. La experiencia de leer se limitaba a deslizar la vista sobre las páginas en silencio, a un ritmo propio y sin interrupciones externas.
Sin embargo, en la actualidad la naturaleza de la lectura ha cambiado profundamente. Aunque muchas personas siguen disfrutando de los libros y publicaciones tradicionales, para otras el modelo clásico de lectura —profunda, continua y desde el inicio hasta el final— se ha vuelto casi obsoleto. Hoy en día, algunos comienzan un libro en un lector digital, lo continúan escuchando en formato audio, o directamente evitan los libros para pasar las horas navegando en noticias, blogs o redes sociales. La lectura actual es a la vez dispersa y concentrada, con palabras que fluyen aleatoriamente en una pantalla mientras otras plataformas, como YouTube, videojuegos o Netflix, compiten por nuestra atención constante.
Este cambio no ocurrió de la noche a la mañana, sino que ha sido un proceso gradual influenciado por tecnologías adoptadas mayormente por los jóvenes. Estadísticas recientes muestran una caída significativa en la lectura tradicional: por ejemplo, en Estados Unidos el porcentaje de adultos que leen al menos un libro al año bajó del 55% al 48% en una década, mientras que en adolescentes la caída fue aún más marcada. Esta disminución ha generado preocupación en profesores universitarios, que observan que muchos estudiantes tienen dificultades para leer textos complejos y extensos debido a la influencia de los dispositivos móviles.
El auge de la información en la era digital ofrece muchas nuevas formas de aprender, leer y entretenerse. ¿Realmente queremos volver a un tiempo con menos acceso a contenidos variados? Algunos académicos han interpretado la caída de la lectura tradicional como el fin del “paréntesis de Gutenberg,” un periodo histórico dominado por el texto impreso estructurado, que la llegada de internet habría cerrado, devolviéndonos a una comunicación más libre, descentralizada y conversacional, más cercana a una cultura oral moderna. Este fenómeno se ve reflejado en el auge de los podcasts, boletines y memes, que recuerdan las antiguas tradiciones de compartir conocimientos a través del diálogo.
Sin embargo, esta idea de una “segunda oralidad” puede resultar un poco anticuada. Vivimos en la era posterior a la dominación de redes sociales como Facebook, y ahora enfrentamos una nueva realidad: la inteligencia artificial (IA). En internet, no siempre interactuamos con personas reales, sino con entidades generadas por IA que han sido entrenadas con enormes cantidades de texto. Es como si los libros se hubieran “animado” para crear una nueva forma de comunicación que mezcla texto, pensamiento y conversación, transformando el valor y la utilidad de la palabra escrita.
La lectura digital favorece el escaneo rápido, saltos entre fragmentos y multitarea. Esto se relaciona con lo que expertos llaman el “screen inferiority effect”, donde la comprensión disminuye significativamente en lectura digital, en especial en lectores jóvenes. Una extensa meta‑revisión realizada en la Universidad de Valencia (con más de 450 000 participantes) reveló que la lectura impresa mejora la comprensión entre seis y ocho veces más que la digital. La explicación: la lectura en pantalla tiende a promover enfoques cognitivos superficiales, menor atención sostenida y mayor carga mental
Los estudiantes de primaria y secundaria experimentan mayor impacto negativo por la lectura digital, mientras que los niveles de comprensión mejoran ligeramente en lectores adolescentes y universitarios. Estudios como el de Altamura et al. (2023) muestran efectos negativos significativos para estudiantes más jóvenes, aunque menores a medida que se avanza en edad y habilidad lectora. Los resultados del programa PISA 2022 también revelan un descenso en el rendimiento de comprensión lectora en países de la OCDE, asociado en parte al uso excesivo de dispositivos digitales en el aula.
Aunque la lectura impresa sigue ofreciendo ventajas claras en comprensión y concentración, el entorno digital no es inherente al fracaso lectivo. Algunos estudios señalan que los lectores que prefieren textos impresos obtienen mejores resultados, independientemente de su edad. La clave está en entrenar estrategias específicas para lectura digital, fomentar entornos sin distracciones y combinar formatos con intencionalidad pedagógica.
Si bien, la IA no puede reemplazar a lectores humanos que aportan originalidad y visión personal, sí tiene fortalezas únicas, como responder preguntas sin cansancio y simplificar textos complejos para hacerlos más accesibles. Así, la IA puede transformar cualquier texto en un punto de partida para aprender más o en una herramienta que acerca contenidos difíciles a un público más amplio.
Esta dinámica abre la puerta a difuminar la distinción entre fuentes originales y secundarias, especialmente para aquellos que buscan separar forma y contenido. Desde hace años, servicios como Blinkist ofrecen resúmenes condensados de libros de no ficción, y las ediciones abreviadas de novelas también son populares, lo que indica que muchos lectores prefieren captar la esencia de una obra sin dedicarle tanto tiempo.
Es posible que, en el futuro, empecemos a consumir textos en versiones resumidas o alteradas, y solo luego decidamos si queremos la obra completa, de forma similar a cómo hoy escuchamos podcasts acelerados o consultamos Wikipedia para entender mejor una serie. La IA facilitará esta transformación, generando versiones adaptadas al instante y dando más control a los lectores sobre cómo interactúan con los textos.
Rothman argumenta que la lectura profunda está bajo amenaza en un contexto dominado por pantallas e inteligencia artificial. La transformación va más allá de la forma: implica una redefinición cultural de lo que significa leer. Sin embargo, mediante el uso consciente de herramientas digitales, la educación adecuada y el fomento de la lectura impresa, es posible preservar y revitalizar la lectura reflexiva y crítica en un mundo cada vez más líquido textual.
Hancock, Kristy. “ProQuest Ebook Platform Outperforms EBSCO Ebook Platform in Functionality and Usability Study.” Evidence Based Library and Information Practice 20, no. 2 (12 de junio de 2025): 96–98. https://doi.org/10.18438/eblip30733
En este estudio comparativo, Hancock evalúa dos plataformas de libros electrónicos —ProQuest eBook Central (con LibCentral) y EBSCOhost eBooks (con Collection Manager)— utilizadas en la Universidad de Toronto. El análisis se centró en cuatro áreas clave: facilidad de uso, funcionalidades de lectura y búsqueda, características adicionales y accesibilidad. Además, se examinó el portal administrativo para los encargados de gestión de colecciones bibliotecarias
La evaluación heurística reveló problemas de usabilidad en ambas plataformas, pero de distinta envergadura. En ProQuest, los inconvenientes identificados fueron leves, como enlaces poco descriptivos o funciones poco claras. En contraste, EBSCO presentó desafíos más serios: ausencia de advertencias sobre la pérdida de contenido guardado si el usuario no iniciaba sesión, falta de autocorrección en búsquedas, enlaces confusos y páginas de resultados saturadas.
En el ámbito de uso, ambas plataformas ofrecían herramientas similares para gestionar períodos de préstamo. Sin embargo, ProQuest ofrecía mayor capacidad de personalización en la generación de informes y configuración de alertas, lo que representa una ventaja para las bibliotecas que deseen tener mayor control y seguimiento de su colección digital .
El estudio determina que ProQuest supera a EBSCO en términos de funcionalidad y usabilidad, tanto para usuarios finales como para administradores de colección. Sus características más refinadas y mejor experiencia de uso la convierten en una opción preferible para bibliotecas que buscan eficiencia y control en sus plataformas ebook
El informe elaborado por BookNet Canada, examina los hábitos de ocio y lectura de los canadienses adultos para el año 2024. El estudio, realizado en enero de 2025 mediante una encuesta online aplicada a 1.211 participantes mayores de 18 años, se centra especialmente en los 1.000 encuestados que leyeron o escucharon al menos un libro durante el año anterior
En términos generales, se observa que el 52 % de los canadienses leen o escuchan libros semanalmente (frente al 49 % de 2023), y el 43 % lo hace a diario, un aumento de aproximadamente 5 % respecto al año anterior informe. Este incremento sitúa la lectura en solitario por delante del ejercicio físico como actividad cotidiana.
Respecto al número de libros, casi la mitad (45 %) leyeron o escucharon entre 1 y 5 libros en 2024, un incremento significativo en los rangos de 6 a 11 y de 12 a 49 libros, que alcanzaron 29 % y 19 %, respectivamente. Por edad, los jóvenes de 18 a 29 años aumentaron notablemente su consumo (37 % leyeron entre 6 y 11 libros, frente al 28 % del año anterior).
El estudio también destaca el preferido por formatos: el 59 % de los lectores prefieren los libros impresos, mientras que los audiolibros han ganado terreno, subiendo del 8 % en 2020 al 15 % en 2024 . Además, el 81 % manifiesta una fuerte preferencia por narradores humanos, evitando las voces sintéticas generadas por IA
El análisis del gasto en libros muestra que la mayoría de los lectores gastan entre $1 y $49 CAD al mes en libros (37 %), mientras que un 26 % no gasta nada, y el 15 % gasta $50–99 CAD. También creció la población que elige libros ajustados a su presupuesto (46 % en 2024 frente al 44 % en 2023). Al mismo tiempo, la percepción del valor pagado disminuyó ligeramente para los libros impresos.
En términos de sostenibilidad, el 71 % de los lectores desean libros impresos con papel de fuentes responsables y el 67–69 % prefieren embalajes ecológicos y leen luego donar o regalar sus ejemplares .
Finalmente, el informe explora aspectos como la adquisición de libros (ya sea por compra o préstamo), los dispositivos utilizados (como smartphones o lectores electrónicos), el uso de funciones accesibles (como letra ampliada o audiolibros con velocidad ajustable), así como los géneros más populares (ficción adulta, historia, no ficción, etc.), donde destacan los misterios/thrillers y la no ficción histórica.