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Tendencias mundiales en libertad de expresión y desarrollo de los medios: Informe mundial 2022/2025

UNESCO. (2025). World trends in freedom of expression and media development: Global report 2022/2025; Journalism: shaping a world at peace. UNESCO Publishing. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000396638

Este informe insignia de la UNESCO ofrece una evaluación exhaustiva y alarmante del estado de la libertad de prensa y la seguridad de los periodistas a nivel global entre 2022 y 2025.

El documento revela una regresión histórica en la libertad de expresión, con un descenso del 10% en el índice global desde 2012, situando el ejercicio del periodismo en niveles de precariedad no vistos en décadas. Esta tendencia negativa se atribuye a una combinación de factores que incluyen el debilitamiento de las instituciones democráticas, el aumento del control gubernamental sobre los medios y un incremento drástico de la autocensura, que ha subido un 63% en el mismo periodo debido a la intimidación constante.

En cuanto a la seguridad física y digital, el informe documenta una crisis humanitaria dentro de la profesión. Entre enero de 2022 y finales de 2025, se registraron 310 asesinatos de periodistas, con un preocupante repunte de muertes en zonas de conflicto (162 víctimas). El estudio destaca que el periodismo ambiental se ha convertido en una de las especialidades más peligrosas, con un 70% de los reporteros que cubren crisis climáticas reportando ataques. Además, la violencia en línea contra mujeres periodistas ha escalado significativamente, afectando al 75% de las profesionales y convirtiéndose en una herramienta sistemática para silenciar voces críticas.

Otro pilar fundamental del análisis es la crisis de viabilidad económica de los medios y el impacto de la tecnología. El informe señala cómo las plataformas digitales y la inteligencia artificial generativa están canibalizando los ingresos publicitarios, dejando a las redacciones tradicionales sin recursos para mantener estándares profesionales. La IA, aunque ofrece herramientas de innovación, también está siendo utilizada para amplificar la desinformación y los discursos de odio, erosionando la integridad de la información. La UNESCO advierte que, sin un modelo económico sostenible, la función del periodismo como «bien público» y vigilante del poder está en riesgo de desaparecer.

Finalmente, el documento identifica algunas contracorrientes positivas que ofrecen esperanza. Se destaca la resiliencia del periodismo de investigación colaborativo, el crecimiento de los modelos de suscripción digital y un mayor reconocimiento legal de los medios comunitarios. No obstante, la conclusión es clara: el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 16.10 sobre el acceso público a la información está en peligro. La UNESCO hace un llamado urgente a los Estados miembros para que fortalezcan los marcos legales de protección, luchen contra la impunidad —que sigue siendo del 85%— y reconozcan que no puede haber una paz duradera sin una prensa libre e independiente.

Los proyectos de ley que provocan la prohibición de libros

PEN America. The Bills Igniting Book Bans: Evolving State Legislative Efforts to Censor Public School Libraries, 18 de diciembre de 2025. Disponible en: https://pen.org/report/the-bills-igniting-book-bans/

El informe The Bills Igniting Book Bans de PEN America documenta cómo una serie de leyes estatales en Estados Unidos están impulsando prohibiciones de libros en escuelas públicas, transformando lo que antes eran acciones locales en una tendencia legislativa más amplia. Desde 2021, esta organización —dedicada a defender la libertad de expresión— ha registrado casi 23 000 instancias de libros removidos de bibliotecas escolares, un fenómeno que ha llegado a normalizarse debido a la presión de grupos políticos organizados y a campañas que argumentan falsamente que ciertas historias o contenidos representan un peligro para los estudiantes. Estas acciones se engloban en lo que PEN denomina la “Ed Scare”, una ola de miedo y confrontación orientada a censurar temas relacionados con raza, género, sexualidad y contenidos percibidos como “controvertidos” en el currículo escolar y las colecciones de bibliotecas.

El informe detalla cómo estas prohibiciones no surgen de decisiones aisladas de juntas escolares, sino que leyes estatales específicas han servido como motor para que los distritos retiren libros. Estas leyes usan eufemismos como “gag orders educativos” (órdenes de silencio) y prohíben hablar de ciertos conceptos históricos o identitarios en las aulas, lo que a menudo termina influenciando la eliminación de libros de las bibliotecas aunque los textos en cuestión no infrinjan directamente la normativa. Ejemplos concretos incluyen leyes en estados como Florida, que primero limitó cómo se enseñan temas de raza y orientación sexual y luego se extendió a contenidos explícitos; y Missouri, donde una ley que criminalizaba la entrega de ciertos materiales a estudiantes llevó a la retirada de centenares de libros. En muchos casos, la amenaza de sanciones legales, multas o incluso la revocación de licencias ha generado una cultura de sobrecumplimiento entre bibliotecarios y educadores que prefieren retirar libros antes que enfrentar riesgos legales o presiones políticas.

Un punto central es que la mayoría de estas leyes usan lenguaje amplio, indefinido o vago, lo que da lugar a interpretaciones exageradas que amplían su alcance más allá de lo pretendido por los legisladores. Por ejemplo, algunas estipulan que cualquier contenido “sexual” o “ofensivo” debe ser removido de inmediato, aunque no cumpla con el criterio legal tradicional de obscenidad (como el Miller test del derecho estadounidense). Esto ha llevado a retiradas de libros que abordan temas de consentimiento, pubertad, abuso o representaciones de diversidad de identidad, aunque estos textos tengan valor literario, educativo o social. Otro efecto importante es la estigmatización de historias con personajes LGBTQ+ y personas de color, ya que muchas leyes están formuladas de manera que estas narrativas son automáticamente sospechosas o “no apropiadas” para entornos escolares.

El informe también describe las consecuencias educativas y sociales de estas leyes: la remoción masiva de títulos restringe el acceso de los estudiantes a una educación diversa, limita el desarrollo de habilidades lectoras y puede afectar negativamente la salud mental de jóvenes de identidades marginadas. PEN America señala que, aunque algunos estados han adoptado leyes de protección del derecho a leer (como Rhode Island, Colorado o Connecticut), muchos otros siguen promoviendo normas que debilitan la autonomía de las bibliotecas y socavan prácticas profesionales en educación. Frente a este contexto, la organización concluye que es esencial resistir estas políticas, apelando a interpretaciones legales claras, acciones comunitarias y defensa pública para preservar la libertad de leer y garantizar que los estudiantes tengan acceso a una amplia gama de historias, experiencias y perspectivas.

Datos clave:

  • PEN America ha registrado casi 23 000 instancias de prohibiciones de libros en escuelas públicas desde 2021. Estas cifras reflejan cómo se ha convertido en un fenómeno sistemático y no solo en acciones aisladas de juntas escolares.
  • 51 leyes y políticas estatales (entre 2021 y 2025) han sido identificadas como directamente vinculadas a prohibiciones de libros en las escuelas. Estas incluyen leyes con “órdenes de silencio educativo” o restricciones explícitas sobre temas de identidad, raza, género y sexualidad.
  • Restricciones sobre enseñanza de temas como raza, género o identidad LGBTQ+ (educational gag orders).
  • Normas amplias sobre “contenido sexual” o “obsceno” que van más allá de las definiciones legales tradicionales, generando miedo y sobrecumplimiento en distritos escolares.
  • Estados como Florida, Texas y Tennessee reportan cifras particularmente altas de prohibiciones. Por ejemplo, en el año escolar 2024-2025, Texas reportó 1 781 libros restringidos, ubicándose como uno de los estados con mayor número de prohibiciones

Los bibliotecarios estadounidenses abordan la «crisis fabricada» de la prohibición de libros para proteger los derechos LGBTQ+.

Wang, Claire. “US librarians tackle ‘manufactured crisis’ of book bans to protect LGBTQ+ rights.The Guardian, December 15, 2025. https://www.theguardian.com/us-news/2025/dec/15/us-librarianbook-bans-lgbtq-rights

En al menos media docena de estados, los bibliotecarios han unido fuerzas con grupos de derechos civiles para oponerse a la prohibición de libros, a menudo enfrentándose a repercusiones personales y profesionales.

En Estados Unidos, las bibliotecas se han convertido en un terreno de disputa cultural en medio de la creciente ola de intentos de prohibición de libros que tratan temas relacionados con la comunidad LGBTQ+ y la historia racial. La presión proviene principalmente de grupos conservadores y legisladores locales que consideran ciertos contenidos como inapropiados o “controvertidos” para el público, en especial para los jóvenes. En este contexto, las bibliotecas, que tradicionalmente han sido espacios de acceso libre a la información, se ven obligadas a enfrentar exigencias políticas que buscan reubicar, restringir o eliminar títulos enteros de sus colecciones. Esta situación ha generado lo que muchos profesionales describen como una “crisis fabricada”, en la que la libertad de lectura y el acceso equitativo al conocimiento se encuentran bajo amenaza directa. Las medidas de censura no solo afectan a los libros, sino también a la autonomía de quienes los gestionan, obligando a los bibliotecarios a tomar decisiones difíciles entre cumplir con las normas impuestas o defender los principios de su profesión.

Los costos personales y profesionales para los bibliotecarios que se resisten a estas restricciones han sido significativos. En numerosos casos, los responsables de bibliotecas han sido despedidos o sancionados por negarse a retirar títulos que consideran esenciales para la educación y la inclusión. La experiencia de profesionales como Rhea Young, exdirectora de una biblioteca en Texas, o Terri Lesley, en Wyoming, ilustra cómo la defensa de la libertad de acceso a la información puede convertirse en una lucha larga y costosa. Estos conflictos muestran que la censura no solo tiene un impacto sobre los materiales disponibles, sino también sobre las vidas de quienes trabajan en el ámbito bibliotecario, poniendo en juego su reputación, estabilidad laboral y bienestar personal.

Ante esta situación, las estrategias de resistencia se han diversificado. Bibliotecarios, organizaciones de derechos civiles y asociaciones profesionales como la American Library Association han recurrido a recursos legales, campañas de concienciación y movilización comunitaria para frenar las políticas restrictivas. Algunos tribunales y legisladores locales han reaccionado limitando la capacidad de imponer censura basada únicamente en el contenido de los libros, lo que representa un respaldo a la idea de que las bibliotecas deben ser espacios inclusivos y abiertos. La lucha por proteger los libros y los derechos de los bibliotecarios se ha convertido, en este sentido, en una extensión contemporánea de las históricas batallas por los derechos civiles y la libertad de expresión, reafirmando que los espacios culturales y educativos deben garantizar el acceso equitativo a todas las voces, sin importar cuán controvertidas puedan parecer.

La censura de libros en Estados unidos podría estar generando un efecto contrario al deseado

Zeisler, A. (2025, 6 de octubre). The dumbing down of America, one banned book at a time. Salon. https://www.salon.com/2025/10/06/the-dumbing-down-of-america-one-banned-book-at-a-time

Se aborda el creciente fenómeno de la censura en las bibliotecas escolares de EE. UU., destacando cómo las prohibiciones de libros se han convertido en una práctica sistemática respaldada por grupos de presión financiados por la derecha.

A pesar de que la mayoría de los estadounidenses se oponen a estas prohibiciones, los esfuerzos por restringir el acceso a libros que abordan temas de raza, identidad de género y sexualidad continúan en aumento. Zeisler señala que, en el ciclo escolar 2024–25, se registraron 6.870 libros prohibidos en 23 estados y 87 distritos escolares públicos, según el informe de PEN America. Estos datos evidencian una tendencia preocupante hacia la normalización de la censura en el ámbito educativo.

La autora también critica la administración de Trump 2.0 por revertir políticas federales que protegían el acceso a libros en las escuelas y por eliminar agencias clave como la Corporación para la Difusión Pública y el Instituto de Servicios de Museos y Bibliotecas. Zeisler describe este fenómeno como un «Ed Scare» (miedo educativo), una referencia a la era del macartismo, y advierte que la censura no solo limita el acceso a la información, sino que también busca moldear la educación hacia una forma de adoctrinamiento ideológico.

A pesar de la creciente presión, el artículo destaca que muchos jóvenes están redescubriendo los libros prohibidos como una forma de resistencia, lo que sugiere que la censura podría estar generando un efecto contrario al deseado. Zeisler concluye que la lucha por la libertad de acceso a la información es esencial para la democracia y la educación crítica en los Estados Unidos.

La normalización de la censura: cuatro años de prohibiciones de libros en escuelas de Estados Unidos

PEN America. The Normalization of Book Banning. PEN America, 1 de octubre de 2025. https://pen.org/report/the-normalization-of-book-banning/

The Normalization of Book Banning analiza cómo la prohibición de libros en Estados Unidos ha dejado de ser un fenómeno aislado o esporádico para convertirse en una práctica generalizada dentro del sistema educativo.

El documento muestra que, en los últimos años, se han multiplicado los intentos de censura en bibliotecas escolares y públicas, hasta el punto de que ya no responden únicamente a quejas individuales de padres o ciudadanos, sino que forman parte de políticas sistemáticas y coordinadas.

Uno de los hallazgos más relevantes es que la gran mayoría de estas prohibiciones no pasan por procedimientos formales. En lugar de evaluaciones transparentes y revisiones abiertas, predominan las decisiones preventivas, adoptadas por miedo a sanciones o presiones políticas. De este modo, las instituciones educativas y los profesionales del sector optan por retirar libros antes de recibir quejas oficiales, generando una autocensura que afecta gravemente a la libertad de acceso a la información.

El impacto de este proceso se percibe especialmente en los libros que tratan cuestiones de raza, identidad de género, orientación sexual o violencia. Muchas de las obras censuradas son escritas por autores pertenecientes a minorías raciales, culturales o sexuales, lo que limita aún más la representación y la diversidad en las lecturas ofrecidas a los estudiantes. Esto contribuye a una homogeneización de contenidos y al empobrecimiento de la educación literaria y social que se imparte en las escuelas.

Entre julio de 2024 y junio de 2025, en el cuarto año de la crisis de prohibiciones de libros en escuelas públicas de EE. UU., PEN America registró 6.870 casos de censura en 23 estados y 87 distritos escolares. Florida fue el estado con mayor número de prohibiciones por tercer año consecutivo (2.304), seguido por Texas (1.781) y Tennessee (1.622). Desde 2021, el total asciende a casi 23.000 prohibiciones en 45 estados y 451 distritos escolares.

El informe advierte que esta ola de censura está socavando los principios fundamentales de la educación pública. Las remociones suelen responder a presiones de grupos extremistas contrarios a la diversidad, la equidad y los derechos LGBTQ+. Las leyes estatales, redactadas de manera ambigua, fomentan un clima de miedo: docentes y juntas escolares actúan para evitar perder financiación, ser despedidos, hostigados o incluso enfrentar acciones policiales.

Los libros más prohibidos en el curso 2024-2025 incluyen La naranja mecánica de Anthony Burgess (23 vetos), Sold de Patricia McCormick y Breathless de Jennifer Niven (20 cada uno), Last Night at the Telegraph Club de Malinda Lo (19) y A Court of Mist and Fury de Sarah J. Maas (18). En total, casi 2.600 profesionales creativos se vieron afectados, entre ellos más de 2.300 autores, 243 ilustradores y 38 traductores. Las obras censuradas comparten temas recurrentes: racismo, identidad de género, sexualidad o violencia sexual.

Entre los autores más perseguidos destaca Stephen King, con 87 títulos prohibidos en 206 ocasiones; le siguen Ellen Hopkins con 18 libros vetados (167 veces), Sarah J. Maas con 21 títulos (162 veces), Jodi Picoult con 23 (62 veces) y, por primera vez, el mangaka japonés Yūsei Matsui, cuya serie Assassination Classroom sufrió 54 vetos repartidos entre 22 volúmenes.

Tras cuatro años de crisis, la censura de libros se ha normalizado en las comunidades educativas, aunque la opinión pública se mantiene firme en contra de estas restricciones. Cada vez más coaliciones de docentes, bibliotecarios, estudiantes y defensores del derecho a leer se organizan para resistir. Con la publicación del informe antes de la Semana Nacional de los Libros Prohibidos (5-11 de octubre de 2025), PEN America llama a reforzar la defensa de la libertad de lectura y anima a participar en el Let Freedom Read Day (11 de octubre) como una muestra de apoyo colectivo al acceso libre a la diversidad de historias y voces.

El informe señala también que estas prácticas de censura han alcanzado un nivel estructural. Las políticas de prohibición se han extendido desde lo local a lo estatal e incluso a instancias federales, camufladas bajo expresiones como la “protección de menores” o los “derechos parentales”. El resultado es un clima en el que la retirada de libros se percibe como algo habitual, normalizado y hasta esperado, lo que debilita el papel de la escuela como espacio de pensamiento crítico y libre acceso a diferentes ideas.

Por último, se advierte de las consecuencias de este fenómeno: estudiantes con menos oportunidades de encontrarse con realidades diversas, docentes y bibliotecarios condicionados por el miedo, y autores que ven restringida la circulación de sus obras. El informe llama a revertir esta dinámica mediante la acción colectiva de comunidades educativas, asociaciones profesionales y defensores de la libertad intelectual, recordando que el derecho a leer es un pilar fundamental para el desarrollo de sociedades democráticas y pluralistas.

Los talibanes vetan libros escritos por mujeres en las universidades afganas

Hussaini, Ali. 2025. “Taliban Ban Books Written by Women from Afghan Universities.BBC News, September 19, 2025. https://www.bbc.com/news/articles/c0kn7yyzrjgo..

La reciente decisión del gobierno talibán de prohibir libros escritos por mujeres en las universidades afganas marca un nuevo retroceso en el acceso al conocimiento y la libertad académica en el país.

Esta medida forma parte de una política más amplia que también ha eliminado la enseñanza de derechos humanos y acoso sexual, y ha vetado 18 asignaturas universitarias consideradas «contrarias a la Sharía y a las políticas del sistema». Entre los textos censurados se encuentran más de 140 obras escritas por mujeres, como Safety in the Chemical Laboratory, y otras 310 publicaciones de origen iraní, lo que revela una doble intención: silenciar las voces femeninas y limitar la influencia cultural de Irán en el ámbito académico.

La exclusión de materias como Género y Desarrollo, Sociología de la Mujer o El Rol de la Mujer en la Comunicación evidencia un ataque directo a la representación femenina en el pensamiento universitario. Esta política se suma a otras restricciones impuestas desde el regreso de los talibanes al poder hace cuatro años, como la prohibición de la educación para niñas más allá del sexto grado y el cierre silencioso de programas de formación para parteras en 2024. La eliminación de contenidos sobre mujeres no solo borra sus aportes intelectuales, sino que refuerza una visión profundamente misógina del conocimiento.

Las autoridades talibanas justifican estas decisiones como parte de su interpretación de la cultura afgana y la ley islámica, aunque expertos y exfuncionarios como Zakia Adeli, antigua viceministra de justicia, señalan que esta censura es coherente con una política sistemática de exclusión de las mujeres del espacio público y educativo. La revisión de los libros fue realizada por un comité de «eruditos religiosos y expertos», según una carta oficial enviada a las universidades, lo que refuerza el carácter ideológico del proceso.

Además de la censura a autoras afganas, la eliminación de obras iraníes responde a tensiones geopolíticas entre ambos países, agravadas por disputas sobre recursos hídricos y la repatriación forzada de más de 1,5 millones de afganos desde Irán. Esta purga editorial ha generado preocupación entre docentes universitarios, quienes advierten que la eliminación de estos textos rompe el vínculo de Afganistán con la comunidad académica internacional. Profesores como los de la Universidad de Kabul se ven obligados a redactar sus propios materiales, aunque dudan de poder hacerlo bajo estándares globales dada la censura impuesta.

En conjunto, estas medidas configuran un panorama alarmante para la educación superior en Afganistán, donde el conocimiento se ve cada vez más restringido por criterios ideológicos y religiosos, y donde las voces femeninas y extranjeras son sistemáticamente silenciadas.

¿Por qué una iglesia de Kentucky dice que está bien robar libros de la biblioteca?

Bell, Gabriel. 2025. “Why One Church Says It’s OK to ‘Steal’ Library Books.Religion Unplugged, August 26, 2025. https://religionunplugged.com/news/2025/8/26/why-one-church-says-its-ok-to-steal-library?utm_source=flipboard&utm_content=ReligionMag/magazine/Religion+Unplugged

Una iglesia en Shelbyville, Kentucky, animó a sus feligreses a sacar libros cuestionables de la biblioteca pública y luego no devolverlos.

Reformation Church se define como «una comunidad confesionalmente bautista, comprometida culturalmente y evangelísticamente apasionada en el corazón de Shelbyville». Tres de sus líderes —los pastores Jerry Dorris, Tanner Cartwright y el evangelista Austin Keeler, de Reformation Frontline Missions— reconocieron que la iglesia ha promovido la “desobediencia civil”. Según ellos, han instado a los cristianos locales y de todo el país a buscar en las bibliotecas libros que consideren que fomentan la sodomía, la confusión de género o la rebelión contra Dios, y, si los encuentran, retirarlos permanentemente como acto de desobediencia civil.

Sin embargo, Hunter Baker, rector y decano de la Universidad de North Greenville, rechaza esta interpretación y considera que se trata de robo. Explicó a MinistryWatch que, según la comprensión clásica, la desobediencia civil debe realizarse abiertamente y con disposición a aceptar las consecuencias legales. “Se llevan los libros, dejan claro que no tienen intención de devolverlos y sufren las consecuencias que la ley impone”, añadió.

La Biblioteca Pública del Condado de Shelby, dirigida por Pamela Federspiel, informó que se retiraron 16 libros por parte de un miembro de la iglesia el año pasado y nunca fueron devueltos, con un valor total superior a 400 dólares. Aunque Dorris asegura que no se ha solicitado la devolución, la biblioteca afirma que dejó mensajes de voz, envió tres notificaciones y remitió el caso a una agencia de cobros, añadiendo el costo de reposición a la cuenta del usuario. Entre los libros sustraídos se encuentran El Arte del Drag, Mis Dos Mamás y Mis Dos Papás.

Según Dorris, la iglesia conoció los libros controvertidos cuando una feligresa llevó a sus hijos a la biblioteca y ellos los encontraron; tras investigar, descubrieron otros títulos similares. No se identificó a la congregante y no hay información sobre el paradero actual de los libros ni sobre si fueron destruidos. Baker señaló que la iglesia “sería más efectiva” si aclarara su objeción a los libros y buscara cambios de política a través de canales oficiales.

En una publicación de Facebook del 1 de junio de 2024, la iglesia animó a sus miembros a “combatir la perversión de su biblioteca local” y proporcionó contactos de la biblioteca para exigir la retirada de los libros. Dorris afirmó que la iglesia notificó a la biblioteca, a un senador estatal y a un representante estatal sobre sus preocupaciones, pero que no han contactado personalmente con el personal ni se ha solicitado formalmente la devolución de los libros.

Federspiel reconoció que la mayoría de los libros “perdidos” no tenían mucha demanda. Dorris aclaró que la retirada de libros no es una política oficial de la iglesia y que no todos los miembros están al tanto ni de acuerdo. “No disciplinamos ni presionamos a los miembros por esta estrategia. Estas medidas fueron tomadas por cristianos individuales por convicciones personales”, afirmó, añadiendo que la iglesia apoya el derecho de sus miembros a actuar o abstenerse según su conciencia.

La biblioteca en llamas de Eduardo Halfon

Me contó que había visto en Łódź una hoguera de libros.

Llovía una tarde, y bebíamos whisky con mi abuelo polaco. Me dijo que, una noche, en Łódź, en el 39, había visto a un grupo de soldados alemanes quemando libros.

No recuerdo a mi abuelo jamás leyendo un libro. Creo que no tenía ninguno, salvo un siddur, claro, el libro de rezos judíos. Acaso no le importaban los libros.

Pero aquella tarde lluviosa, bebiendo whisky y escuchando su relato sobre los soldados alemanes que quemaban libros en una calle oscura de Łódź, él estaba conmovido, o al menos parecía estarlo.

Quizás por el whisky. O quizás por la imagen tenebrosa y encendida de las llamas en la noche polaca. O tal vez porque entendía que aquellos soldados alemanes estaban quemando mucho más que una biblioteca.

Halfon, Eduardo. Biblioteca bizarra. Editado por Andrea Naranjo. Ecuador: USFO especificada], 2021. ISBN 978-9978-68-193-0

El auge de la censura de libros en EE. UU.: análisis de tendencias y su impacto en la libertad intelectual y la educación pública (2020-2025)

Forrest, Marianne Wood. 2025. The Censorship Acceleration: An Analysis of Book Ban Trends After 2020. EveryLibrary Institute. https://www.everylibraryinstitute.org/censorship_acceleration_report.

El informe The Censorship Acceleration (2025), elaborado por la investigadora Marianne Wood Forrest para el EveryLibrary Institute, analiza el auge de la censura de libros en escuelas y bibliotecas públicas de EE. UU. desde 2020. A diferencia de incidentes aislados impulsados por preocupaciones locales, las prohibiciones de libros se han convertido en una estrategia política nacional orquestada por grupos conservadores bien financiados, como Moms for Liberty y Citizens Defending Freedom. Estos grupos han transformado la censura en una táctica central de una guerra cultural más amplia, orientada a desestabilizar la educación pública, suprimir voces históricamente marginadas y promover la privatización escolar.

Hallazgos clave del informe

  • Motivaciones políticas y religiosas: Las prohibiciones de libros ya no responden a quejas individuales de padres, sino a campañas organizadas por grupos políticos y religiosos con agendas ideológicas claras.
  • Conexión con la privatización educativa: Las campañas de censura están estrechamente vinculadas a esfuerzos para promover la privatización de las escuelas y desmantelar iniciativas de diversidad, equidad e inclusión (DEI).
  • Nacionalización de conflictos locales: Lo que antes eran disputas locales en juntas escolares ahora se han convertido en campañas coordinadas a nivel nacional, con estrategias y recursos compartidos.
  • Impacto del Project 2025: Las políticas propuestas en el Project 2025, como la eliminación de fondos federales para bibliotecas y la criminalización de bibliotecarios, agravan la erosión de la libertad intelectual y la democracia.
  • Resistencia emergente: Se observa un crecimiento en la resistencia, especialmente desde movimientos estudiantiles y estados que han promulgado leyes que protegen el derecho a leer.

La guerra de Trump contra la información se encuentra con un adversario dedicado: Los bibliotecarios universitarios

Hosseini, Raheem. “Trump’s War on Information Meets a Dedicated Adversary: University Librarians,” San Francisco Chronicle, May 2, 2025, https://www.sfchronicle.com/us-world/article/trump-date-purge-20234868.php.

Durante la presidencia de Donald Trump, más de 50.000 páginas web del gobierno estadounidense han sido afectadas o eliminadas, según el proyecto End of Term Archive y la Internet Archive. Mark Graham, director de la Wayback Machine, afirma que probablemente la cifra real sea mucho mayor, y que reciben notificaciones casi a diario sobre nuevas eliminaciones.

Durante la presidencia de Donald Trump, se ha intensificado la eliminación de información gubernamental en línea, afectando a más de 50.000 páginas web federales. Este fenómeno ha generado preocupación entre bibliotecarios universitarios y archivistas digitales, quienes han asumido un papel crucial en la preservación de datos públicos esenciales.

El proyecto End of Term Archive, iniciado en 2008, junto con la Internet Archive, ha estado documentando y archivando sitios web gubernamentales al final de cada mandato presidencial. Mark Graham, director de la Wayback Machine, señala que la magnitud de las eliminaciones actuales supera las capacidades previstas del proyecto, recibiendo notificaciones casi a diario sobre nuevas páginas eliminadas.

James R. Jacobs, bibliotecario de la Universidad de Stanford y miembro fundador de End of Term, destaca la importancia de la información pública para el funcionamiento de la democracia. Sin acceso a datos gubernamentales, la capacidad de los ciudadanos para tomar decisiones informadas y participar activamente en la vida cívica se ve comprometida.

Gretchen Gehrke, cofundadora de la Iniciativa de Datos y Gobernanza Ambiental (EDGI), lidera un programa que monitorea aproximadamente 6.000 URLs federales. Ella señala que, durante el primer mandato de Trump, los tribunales y el Congreso lograron impedir la eliminación permanente de datos ambientales. Sin embargo, en la actualidad, con una Corte Suprema y un Congreso controlado por republicanos menos dispuestos a controlar al poder ejecutivo, la administración de Trump ha avanzado más rápidamente en la eliminación de diversos tipos de investigaciones.

En respuesta a esta situación, Lynda Kellam, bibliotecaria de datos de la Universidad de Pensilvania, cofundó el Proyecto de Rescate de Datos en febrero. Este proyecto comenzó como un documento de Google ampliamente difundido y, con la ayuda de una iniciativa ucraniana de preservación cultural, se transformó en un sitio web que coordina múltiples grupos de datos, incluido EDGI. Hasta la fecha, el colectivo ha clonado total o parcialmente más de 900 URLs gubernamentales en peligro, enfocándose principalmente en las ciencias sociales.

Además, se están llevando a cabo esfuerzos para preservar la historia afroamericana frente a intentos de borrarla. En la Biblioteca de Investigación Auburn Avenue en Atlanta, un grupo de becarios inició un proyecto de un año de duración destinado a devolver la misión de preservar la historia negra a las propias comunidades. Makiba Foster, cofundadora de la Escuela de Archivado Web (WARC), destaca la importancia de que las comunidades afroamericanas decidan qué coleccionar y cómo preservar su historia, promoviendo una ética de cuidado en la preservación digital.

Estos esfuerzos colectivos reflejan una resistencia activa contra la eliminación de información pública y subrayan el papel fundamental de los bibliotecarios y archivistas en la defensa del acceso a la información y la preservación de la memoria histórica.