Archivo de la etiqueta: Bibliotecarios

Funciones del bibliotecario de la escuela: potenciar el aprendizaje y el éxito de los estudiantes

 

brief

Cohen, Stephanie ; Poitras, Ivy ; Mickens, Khaila ; Shirali, Anushka. Roles of the School Librarian: Empowering Student Learning and Success. New York: Northeast Comprehensive Center/RMC Research Corporation

Texto completo

La Biblioteca del Estado de Nueva York, el Northeast Comprehensive Center/RMC Research Corporation y el Departamento de Educación del Estado de Nueva York publicaron Roles of the School Librarian: Empowering Student Learning and Success. El informe es una compilación de estudios de investigación que detallan cómo las contribuciones del bibliotecario de la escuela se muestran consistentemente como de valor positivo para los estudiantes, los maestros y la comunidad escolar en general. Su metodología explora los cinco roles del bibliotecario escolar reconocidos y definidos por la Asociación Americana de Bibliotecas Escolares: maestro, líder, compañero de instrucción, especialista en información y administrador del programa.

 

 

Formación profesional del bibliotecario en Cuba. Planeta Biblioteca 2019/11/27

 

4d8fef808a5c15cf0ddb30ea5607b87a

Ir a descargar

 

Alejandro Medina es profesor de Bibliotecología en la Universidad de la Habana, con él hemos charlado sobre la formación profesional del bibliotecario y documentalista en su país. Hemos analizado el plan de estudios, contenidos, didáctica, y las salidas profesionales

Una biblioteca no es una colección de libros, sino una reunión de personas

 

 

library201819

 

“Una biblioteca no es una colección de libros, sino una reunión de personas. Lo que hace a la biblioteca es la comunidad, lo importante es la gente que se relaciona y que se cuenta historias. Y las historias están en los libros. Pero es fundamental que el bibliotecario sea una persona muy comunicativa, sociable, que tenga una visión amplia del mundo y ponga en relación a esas personas. Algo muy lejano a la vieja imagen del bibliotecario encerrado entre sus fichas. Los libros son importantes en una biblioteca, pero lo más importante son las personas que van a visitarla….

… Deben hablar con la comunidad local. La biblioteca es el lugar público más visitado en cualquier comunidad, es una fuerza muy importante, que hay que potenciar. En las antiguas bibliotecas se acumulaba el conocimiento, ahora hay que hacer que ese conocimiento sea compartido. Es ridículo que en una biblioteca se pida silencio, o se impida tomar un café mientras se lee un libro. Hay que fomentar que la gente hable, se cuente cosas y se realicen actividades. Puede haber un espacio para leer en silencio, pero la  biblioteca en sí tiene que fomentar la comunicación.”

 

Van Nispen, Eppo (2010). “Bibliotecas del futuro”, El Diario Vasco, abril 14

 

Una biblioteca oscura y triste

 

jose_saramago_14

 

Una biblioteca oscura y triste
José Saramago

Texto completo

Las bibliotecas han cambiado mucho desde el día en que, en la Lisboa de finales de los años treinta, entré por primera vez en una de ellas. Era un lugar en donde el tiempo parecía haberse detenido, con estantes que cubrían las paredes desde el suelo hasta casi el techo, las mesas con sus pequeños atriles, a la espera de lectores, que nunca eran muchos. El bibliotecario se sentaba al fondo de la sala, detrás de un escritorio antiguo, de aquellos de palo santo, de madera tallada. Olía a papeles viejos y a cera de abejas, también algo a humedad, a cerrado, tal vez porque las ventanas se abrían de tarde en tarde, al menos siempre las recuerdo cerradas. También es cierto que nunca fui a la biblioteca durante el horario diurno, así que no sé cómo sería el ambiente, si las pesadas contraventanas estarían abiertas para que la luz del día pudiese entrar. Probablemente sí. Yo era un lector nocturno, salía de casa después de cenar (era el tiempo en el que se cenaba a las ocho), recorría los dos o tres kilómetros que separan el barrio de la Penha de França, donde vivía, y Campo Pequeño, donde estaba la biblioteca, e iba a leer. Exactamente iba a leer. Era un adolescente que no tenía en casa libros que no fueran los de estudio, y que quería saber por sí mismo qué era realmente eso a lo que se le daba el nombre de literatura. Un adolescente que no se había dejado aconsejar antes por personas que supieran guiar de forma didáctica en su experiencia lectora, que cada vez que entraba en una biblioteca, era como que desembarcase en una isla desierta y tuviese que abrir un camino para llegar no sabía adónde, ni tampoco le importaba mucho. Leía sin ningún objetivo, leía porque le gustaba leer, y nada más. Era bastante ingenuo para atreverse a descifrar el Paraíso Perdido de Milton sin conocer nada de literatura inglesa. O el Don Quijote sin saber de Cervantes nada más que aquella definición del portugués como un castellano sin huesos. Leía más a los clásicos que los modernos, sin método, aunque con cierto sentido de la disciplina. Si le gustaba especialmente un autor, intentaba leer toda su obra, tarea casi imposible, como ocurrió con Camilo Castelo Branco. Intuía que tenía mucho que ganar si saboreaba lentamente los sermones del padre Antonio Vieira, pero confesaba que algunas veces tuvo que abandonarlos por la misma razón por la que estamos obligados a cerrar los ojos ante una luz demasiado fuerte. Además, como suele decirse, al lector adolescente le faltaba vocabulario. Recorría con atención las hojas mecanografiadas donde constaban las obras que habían entrado recientemente en la biblioteca y por ellas hacía su elección, un poco por los títulos y otro poco por los nombres de los autores. Con el tiempo aprendió a establecer relaciones entre unos y otros, notaba que la memoria de lo que había leído enriquecía sorprendentemente la lectura que tuviese que hacer en ese momento, el suelo que pisaba se iba volviendo más firme cada día. No puedo recordar con exactitud cuánto tiempo duró esta aventura, pero lo que sé, sin sombra de duda, es que si no fuese por aquella biblioteca antigua, oscura, casi triste, yo no sería el escritor que soy. Allí comenzaron a escribirse mis libros.

Ha pasado mucho tiempo. Las bibliotecas han cambiado. Desde luego, también los lectores. Supongo que en algunas de ellas se están formado escritores del futuro. Sé que los bibliotecarios ya no están sentados tras mesas de filigrana. Sé que están empeñados en hacer una labor de defensa del libro y de la lectura. También hablan del compromiso social de esta profesión. Y no les faltan los motivos

“Si digo en clase que quiero ser bibliotecario, a lo mejor se ríen de mí”

4_interna

“Si digo en clase que quiero ser bibliotecario, a lo mejor se ríen de mí”

Por Alejandro Palomas.

Ver en Público

Nos llega a la Redacción de ‘El Asombrario’ nueva carta del niño Guille, a través de Alejandro Palomas. Nos explica que quiere ser bibliotecario de mayor, pero que no sabe muy bien cómo se hace. Le entran muchas dudas: “Es que si digo en clase que quiero ser bibliotecario a lo mejor se ríen de mí como cuando dije que quería ser Mary Poppins”. Aunque está convencido de que en Uruguay hay una escuela mágica de bibliotecarias.

Carta:

Buenos días, señor director. Me parece que hace un poco de tiempo que no le escribo, pero es que a veces no sé qué decir. Es que todavía no me pasan muchas cosas y además tengo muchos deberes y bueno. Nazia dice que para que te pasen cosas chulas a lo mejor hay que esperar a ser mayor, aunque cuando voy al cole en el autobús veo personas mayores que no sé si les pasan cosas chulas porque duermen mucho contra la ventanilla y algunas se pelean por el asiento o porque no cabemos todos y hay que empujar mucho.

Lo que pasa es que el otro día se me olvidaron las llaves en la escuela y como llovía mucho y papá no estaba en casa, me metí en la biblioteca de la plaza y no estaba la señora Leticia, que es la bibliotecaria, sino otra señora muy joven y pelirroja que dijo: “No, la señora Leticia está enferma y ahora estoy yo. ¿Cómo te llamas?”. Y sonrió así, como cuando te sale sin querer, y dijo: “¡Pero si estás empapado! Ven, quítate eso y vamos al baño que te voy a secar”. Entonces me contó que se llama Sara y que es de un país que se llama Uruguay y dijo que es muy pequeño porque allí son muy pocos y hay mucho sitio para todos. Luego me sentó en una silla a su lado y me dio un libro que se llama El idioma secreto, que va de una abuela que vive en el campo y que deja una caja llena de palabras que sirven mucho para conocer el mundo sin viajar y que no sé por qué me dieron ganas de llorar. Es que yo no tengo abuela y a veces, cuando salgo del cole y veo que hay tantas esperando en la verja, siento una cosa aquí…

Bueno, pues desde ese día siempre que puedo voy a ver a Sara y cuando entro ella me pone la silla a su lado y me busca un cuento con dibujos como los de El idioma secreto y me quedo un rato con ella y algunos libros me ponen un poco triste y otros no, pero da igual porque si estoy sentado a su lado es como cuando mamá estaba viva y nos tumbábamos en el sofá y ella se pintaba las uñas y me contaba cosas de Inglaterra y yo dibujaba en el cuaderno de hojas sin cuadritos y a veces me quedaba un poco dormido con baba y todo.

Lo que quiero preguntarle, señor director, es una cosa: Nazia dice que para ser bibliotecaria hay que estudiar unos años en la universidad, que no sé si son muchos o pocos, pero a mí me parece que eso no puede ser, porque Sara es muy joven y seguro que no le ha dado tiempo de ir a la universidad si ha tenido que venir desde Uruguay, porque el viaje debe de ser muy largo y eso ya le quita mucho tiempo. A mí me parece que a lo mejor las bibliotecarias estudian desde pequeñas en una escuela especial porque las eligen en secreto de una hermandad que es como la de Harry Potter pero sin tantos juegos de volar y más libros, y que cuando una bibliotecaria desaparece, como la señora Leticia, no es porque se ponga enferma. Lo que pasa es que como ya es muy mayor y lo sabe todo, se la llevan a la escuela mágica de Uruguay para que sea maestra y vaya al andén que no se ve para que las niñas que serán bibliotecarias no se despisten y suban al tren de Harry Potter en vez de subir al suyo.

¿Y usted podría pedirle al presidente del palacio que manda si a lo mejor tiene el teléfono del colegio mágico de las bibliotecarias para saber si dejan entrar a niños? Es que a mí me gustaría, pero como no tengo madre igual no cuento y pasan de largo cuando duermo y mejor hablar con el colegio para que lo sepan y a lo mejor también me dicen a qué hora pasan por mi calle para estar despierto y que no pasen de largo. Aunque si el presidente no encuentra el número de teléfono, a lo mejor Sara me lo da, pero creo que deben de tenerlo prohibido porque es un secreto mágico, claro. Es que si digo en clase que quiero ser bibliotecario a lo mejor se ríen de mí como cuando dije que quería ser Mary Poppins y bueno.

Aunque, ahora que caigo, ¡a lo mejor Sara me dio el libro que se llama El idioma secreto el primer día porque quería darme un mensaje! ¡Claro! Seguro que lo que pasa es que algunas abuelas no van al cielo cuando se mueren. Van al colegio mágico de Uruguay y allí las vuelven bibliotecarias y las mandan a las bibliotecas del mundo para que los libros no se acaben nunca.

Y bueno. A lo mejor, como yo no tengo abuela ni madre, a mí me dejan entrar. ¿No?

Alejandeo Palomas es novelista, traductor y poeta, ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Literatura Juvenil 2016 con Un hijo y el Premio Nadal 2018 con Un amor. Su obra ha sido traducida a más de 20 lenguas.

 

Recomendaciones para los programas de capacitación y formación del bibliotecario escolar (AASL)

 

551d75ec4a60d.image_

 

La Asociación Americana de Bibliotecarios Escolares (AASL) trabaja con educadores y profesionales de la comunidad bibliotecaria escolar para llevar a cabo revisiones de los programas educativos de biblioteconomía escolar en cooperación con el CAEP.

Por qué las herramientas de descubrimiento y la alfabetización informacional no son suficientes: volver a conectar con fuentes de referencia

 

10-reference-desk

 

Magi, Trina J. Why discovery tools and information literacy are not enough: Reconnecting with reference sources, C&RL News, vol. 80, n.10 (2019)

Texto completo

 

Tal como afirma la autora “Una estudiante me dijo una vez: “Eres como un asistente de información” después de que coloqué una fuente de referencia correcta en sus manos. En verdad, no había hecho nada extraordinario. Solo hice lo que miles de bibliotecarios de referencia han sido entrenados para hacer durante décadas.”

Cuando los estudiantes se acercan al mostrador de referencia o llegan a consultas de investigación individuales diciendo: “He estado buscando durante horas y no puedo encontrar lo que necesito”, hay algo casi mágico en responder con una fuente de referencia que hace el truco. Sin embargo, lo que parece magia es en realidad la habilidad experta de la Biblioteconomía de referencia. Nuestra capacidad para ahorrar tiempo a los usuarios y aliviar su frustración proviene de conocer fuentes especiales de información, hacer una buena entrevista de referencia y relacionar las fuentes con las preguntas. También viene de saber que a veces es mejor y más rápido consultar una fuente de referencia directamente en lugar de hacer una búsqueda por palabra clave de artículos o libros. ¿La disponibilidad de cientos de bases de datos y la adopción de herramientas de descubrimiento nos han hecho olvidar esto?