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La creación de bibliotecas y las Misiones Pedagógicas durante la II República

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El apoyo a los maestros y la creación de bibliotecas. Las misiones enviaban a los pueblos cuyos maestros lo requerían una pequeña biblioteca muy seleccionada (cuyos títulos eran objeto de discusión parlamentaria, por lo que debían escogerse con mucho tiento para que no fueran vetados por ningún partido conservador: las derechas sospechaban que las misiones eran una forma de adoctrinamiento marxista). El paquete básico incluía cien volúmenes con lecturas para niños, jóvenes y adultos, pero, especialmente, para los niños. La idea era inocular el vicio de la lectura a través de los niños. Si ellos leían, los adultos, por saber lo que leía el niño, acabarían leyendo. Las bibliotecas tenían un espíritu comunitario y estaban llenas de conminaciones cariñosas a cuidar los volúmenes, a devolverlos en el mismo estado en que se tomaron prestados y, en general, al carácter sagrado de los libros. Al principio, eran los maestros quienes estaban a cargo de la biblioteca, pero María Moliner descubrió que, cuando el docente cambiaba de destino y era sustituido por otro menos entusiasta, la biblioteca se deterioraba o se cerraba. Para garantizar la continuidad del servicio, se nombraron bibliotecarios voluntarios entre los vecinos. Fue un éxito. Se estima que, entre 1931 y 1936, las pequeñas bibliotecas de las misiones prestaron medio millón de libros, en una época en la que apenas existían bibliotecas públicas y la ratio de préstamo de las mismas en España era inferior a un título al día. Muchos lugares remotos donde no había llegado más papel impreso que la cartilla escolar recibieron clásicos de la literatura castellana en ediciones modernas, poesía contemporánea y novelas juveniles. Los maestros podían pedir más títulos si consideraban que el paquete de cien era insuficiente. El patronato estudiaba su solicitud y, si los libros contaban con su aprobación y no creaban problemas con la oposición parlamentaria, se mandaban. Buena parte del presupuesto de las misiones se gastó en libros que, de no haber mediado una guerra, seguirían diseminados por los pueblos.

 

Sergio del Molino.La España vacía: Viaje por un país que nunca fue. Turner, 2016. ISBN 9788416714667. pp 138

Skye Patrick, Bibliotecaria del Año 2019 de Library Journal

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Como cada año Library Journal concede el premio al bibliotecario del año por su labor y su capacidad de renovación qué sirve de guía para otros profesionales. Las bases del premio tienen en cuenta los logros sobresalientes que reflejen los objetivos de servicio más elevados de la profesión bibliotecaria.

Este año 2019 la Bibliotecaria del Año fue Skye Patrick directora de la Biblioteca del Condado de Los Ángeles por su creatividad y un espíritu inclusivo.

 

En palabras de la ganadora:

«Hay un futuro sólido e importante para las bibliotecas…  Las bibliotecas no tienen que ver solo con libros, tienen que ver fundamentalmente con personas. Tenemos que cambiar la forma en como servimos involucramos a las personas»

«La biblioteca del siglo 21 debe crear un alto nivel de compromiso con la comunidad y con todas las personas y ser un entorno de aprendizaje tanto formal como informalmente. Necesitamos dar más espacio a las personas que tradicionalmente no usan la biblioteca»

El condado de Los Ángeles alberga a 87 bibliotecas que dan servicio a 3,4 con cuatro millones de personas.

Un artista crea una biblioteca en un tronco de un árbol de 100 años de antigüedad

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Una pequeña biblioteca libre ha sido abierta en Idaho, la particularidad de esta biblioteca es que se ha instalado en el tronco de un árbol centenario. Sharalee Armitage Howard de Coeur D’Alene fue quien creó está pequeña biblioteca de préstamo para su vecindario, haciendo de esta naturaleza muerta un hogar para que los libros puedan ser intercambiados libremente por los miembros de la comunidad. Este rincón del libro no es el primero que creó Howard. Pero ésta tiene una puerta de vidrio giratoria, un par de escalones y luces por dentro y por fuera del árbol.

 

 

Una mujer amenazó con volar la biblioteca de Aurora una hora antes de que se recibieran docenas de amenazas de bomba por correo electrónico

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Una usuaria a quien se le prohibió el acceso a la biblioteca de Aurora amenazó con volar la biblioteca una hora antes de que se enviaran docenas de amenazas de bombas por correo electrónico a sitios de todo el país, incluyendo tres lugares en Aurora. No se encontró ninguna conexión con las otras amenazas de bomba, dijeron las autoridades.

 

Una usuaria enojada que fue expulsado de la Biblioteca Pública de Aurora (Illinois) amenazó con volar la biblioteca el día 13 de diciembre, aproximadamente una hora antes de que se enviaran docenas de amenazas de bomba por correo electrónico a empresas, juzgados, periódicos y universidades de todo Estados Unidos, incluyendo la Biblioteca Pública de Wallingford (Connecticut) y la Biblioteca Pública de Morton Grove (Illinois). Las autoridades dijeron que no había conexión entre el incidente de Aurora y los otros, que fueron investigados y categorizados como amenazas de extorsión por correo robotizado. Se informó de que los destinatarios habían recibido un correo electrónico en el que se decía que había una bomba oculta que detonaría a menos que el remitente recibiera un rescate 20.000 dólares a través de bitcoin. El departamento de policía de Aurora determinó que la amenaza no era creíble y que la biblioteca no fue evacuada.

Una biblioteca móvil infantil a lomos de un camello que recorre el desierto de Gobi

 

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Dashdondog Jamba. Ha dedicado su vida a escribir, traducir, publicar y transportar libros para niños de toda Mongolia en su camello sin ningún tipo de financiación que la que obtiene de sus publicaciones y traducciones. 

 

Dashdondog Jamba durante los últimos 20 años ha viajado 50.000 millas (137.000 kilometros) por el desierto del Gobi, a través de cada provincia de Mongolia a lomos de su camello, sólo contando con la colaboración de su esposa y su hijo. A menudo pasan varios días en un mismo lugar para dar a tantos niños como sea posible la oportunidad de leer sus libros. A

«Es un poco diferente de otras bibliotecas», dice Jamba. «Las paredes de esta sala de lectura están hechas de montañas cubiertas de bosque, el techo es azul, el suelo es una estepa cubierta de flores, y la bombilla de lectura es el sol.»

Jamba creó su biblioteca móvil a principios de la década de 1990, poco después de que Mongolia abandonara el comunismo y adoptara la economía de libre mercado. Y a pesar de que la vida cambió en general para bien, ninguna entidad pública quiso hacerse cargo de la lectura. La mayoría de las bibliotecas infantiles se convirtieron en bancos. Jamba intentó mantener vivas las bibliotecas. «Aunque había luchado contra ello», dijo, «mis esfuerzos no funcionaron». Pero no se rindió. Deicidió que si los niños no tenían un lugar donde ir a buscar libros, él les llevaría los libros a los niños. Actualmente atiende a un millón de mongoles que viven como nómadas o seminómadas en medio del desierto del Gobi.

Desde entonces, ha estado escribiendo libros para niños, traduciendo literatura juvenil extranjera al mongol y llevando libros a niños que de otra manera nunca los leerían. Varios de sus libros originales han ganado el premio al Mejor Libro de Mongolia. Algunas de sus historias han sido cantadas. Algunos se han convertido en películas. En 2006, su biblioteca móvil ganó el prestigioso premio ibby-Asahi Reading Promotion Award.

Pero más notable que cualquiera de estos honores es el hecho de que Jamba ha hecho la mayor parte de su trabajo sin compensación financiera. La mayor parte del dinero para publicar, traducir, imprimir y movilizar proviene de su propio bolsillo, de las ganancias que obtiene de la venta de sus libros originales.

Dashdondog Jamba que nació en 1941. A los diecisiete años, alcanzó fama de escritor infantil y ha publicado más de setenta libros para niños pequeños, de los cuales veinticuatro se han publicado en el extranjero. Ha traducido más de cincuenta libros de escritores extranjeros, empezando por las historias de Hans Christian Andersen. Ha dedicado cuarenta años de su vida a proporcionar a los niños de Mongolia la oportunidad de experimentar la literatura de alta calidad.

Crecí en la biblioteca

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«Estamos tan acostumbrados a la idea de que las bibliotecas públicas existen que las damos por supuestas, que apreciamos poco estos lugares complejos, extraordinarios y ricos en recursos»

Susan Orlean “The library book” Simon & Schuster, 2018

 

Crecí en la biblioteca, o al menos así lo siento. Me crié en los suburbios de Cleveland, a unas pocas calles de la sucursal de Bertram Woods del sistema de bibliotecas públicas de Shaker Heights. A lo largo de mi infancia, desde que era muy pequeña, iba allí varias veces a la semana con mi madre. En esas visitas, mi madre y yo entrabamos juntas pero tan pronto como atravesamos la puerta, nos separábamos  y cada una se dirigió a su sección favorita. La biblioteca fue el primer lugar donde me dieron autonomía. Incluso después cuando ya tenía cuatro o cinco años, me dejaron ir sola. Luego, después de un tiempo, mi madre y yo nos reuniamos en el mostrador de préstamo con nuestros hallazgos. Juntas esperábamos  mientras el bibliotecario en el mostrador sacaba la tarjeta de fechas y la estampaba con la máquina de caja – ese puño gigante golpeando la tarjeta con un golpe seco, imprimiendo la fecha de vencimiento torcida debajo de una veintena de fechas de vencimiento torcidas anteriores que pertenecían a otras personas.

Nuestras visitas a la biblioteca nunca fueron suficientes para mí. El lugar era tan generoso. Me encantaba vagar por los estantes de los libros, escudriñando las estanterías hasta que algo me llamaba la atención. Esas visitas eran interludios de ensueño, sin fricciones, que prometían que me iría más rica de lo que llegué. No era como ir a una tienda con mi mamá, donde era seguro que se producía un tira y afloja entre lo que yo quería y lo que mi madre estaba dispuesta a comprarme; sin embargo, en la biblioteca podía tener todo lo que yo quisiera. Después salir, me encantaba subir al coche y ver todos los libros en mi regazo, presionándome bajo su peso sólido y cálido, sus fundas de Mylar pegándose un poco a mis muslos. Era tan emocionante ir a un lugar con cosas por las que no debias de pagar; tan emocionante anticiparnos a los nuevos libros que íbamos a leer. Hablamos sobre el orden en que íbamos a leerlos, una solemne conversación en la que planeamos cómo íbamos a caminar a través de este encantador y evanescente período de gracia hasta el vencimiento de los libros. Ambas pensamos que todos los bibliotecarios de la sucursal de Bertram Woods eran hermosos. Durante unos minutos, hablamos de su belleza. Mi madre siempre mencionaba que, si hubiera podido elegir cualquier profesión, habría elegido ser bibliotecaria, y el coche se quedaba en silencio por un momento mientras ambas considerábamos lo increíble que habría sido.

Cuando era más mayor, solía ir a la biblioteca yo sola, cargando con todos los libros que podía llevar. A veces también iba con mi madre, y el viaje era tan encantador como cuando era pequeña. Incluso cuando estaba en mi último año de secundaria y podía conducir hasta la biblioteca, mi madre y yo seguimos yendo juntas de vez en cuando, y el viaje se desarrollaba exactamente igual que cuando era niña, con los mismos ritmos y pausas y comentarios y ensueños, el mismo ritmo pensativo perfecto que habíamos seguido tantas veces antes. Cuando echo de menos a mi madre estos días, ahora que se ha ido, me gusta imaginarnos en el coche juntas, yendo de viaje a la sucursal de Bertram Woods.

Viajar y leer

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«Si adquieres un billete y viajas a otro país, es posible que veas las montañas, los palacios y las plazas, los museos, los paisajes y los enclaves históricos. Si te sonríe la fortuna, quizá tengas la oportunidad de conversar con algunos habitantes del lugar. Luego volverás a casa cargado con un montón de fotografías y de postales. Pero, si lees una novela, adquieres una entrada a los pasadizos más secretos de otro país y de otro pueblo. La lectura de una novela es una invitación a visitar las casas de otras personas y a conocer sus estancias más íntimas».

Amos Oz

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Excitados, convencidos de romper una prohibición no dicha doblábamos las hojas en blanco, los débiles aeroplanos llenos de mensajes alados. El niño más osado lanzaba al patio vacío de manzana palabras obscenas que encendían nuestras nerviosas risas.   Luego corríamos a escondernos. Luego salíamos a ver si alguien había recogido alguno de esos aviones de papel abatidos por la inercia, caídos en silencio en las esquinas de los patios, al rojo vivo por el sol de tarde de un lento y aburrido verano. ¿Por qué nadie recogía aviones? ¿Por qué nadie nos leía?

 

Luis Viñas Marcus

“Poesias, amoy y moscas”

Gratis

Yo me enamoro solo en las bibliotecas. 

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http://loslagosdehinault.bandcamp.com/track/futuras-licenciadas

Más canciones que hablan sobre bibliotecas

Los Lagos de Hinault es un grupo indie cuyo nombre hace referencia a una de las etapas más duras de la Cuelta Ciclista a España «Los Lagos de Enol» en Asturias y a uno de los ciclistas mítico de las tres grandes clásicas Bernadrt Hinault, apodado «El Caimán» porque nunca dejaba ganar a un gregario que le había ayudado a llegar a la meta. El tema que traemos a esta página pertenece al disco Flores de Europa de 2014, y habla de la capacidad de las bibliotecas para establecer relaciones sentimentales, especialmente en el mes de agosto cuando los demás van a la piscina.

 

Futuras licenciadas

Los Lagos de Hinault

Yo me enamoro solo en las bibliotecas.
Me vuelven loco las gafas y las piernas.
El mes de agosto flotando entre las mesas.
Yo me distraigo y tú no te concentras.

Quiero morir condenado
por el derecho romano
y por las chicas que estudian
jugando con sus zapatos.

Pasa el verano, pasa la vida entera…
Pasan las nubes, las nubes pasajeras…

Pequeños seres alados,
sabéis que el mundo es muy malo.
Quedémonos para siempre
juntitos aquí sentados
porque yo os quiero y os quiero,
porque yo os quiero a mi lado
y no me llega el dinero
para tener abogado.