
«Llega la edad del frío, la edad de valorar los libros ya leídos y las calles tranquilas»
Joan Margarit

«Llega la edad del frío, la edad de valorar los libros ya leídos y las calles tranquilas»
Joan Margarit

«La era de la información, que es la nuestra, nos brinda generosamente todo lo necesario para acertar el camino que haya de emprenderse, pero la decisión justa no está en los materiales, sino en el buen tino de quien los conoce y los maneja, La información abundante es una ayuda poderosa, pero no una garantía. Con una cantidad mayor de información se puede cometer errores más grandes y por supuesto más responsablemente cometidos, sobre todo si esa información es más o menos monopolizada por un insensato o por un grupo de insensatos, conscientes -sólo ellos por lo visto- de que el monopolio de la información les otorga también el monopolio del poder. «
Roberto Coll Vinent
Información y poder. Barcelona: Herder, 1988
Roberto Coll Vinent (Alaior, Menorca, 9 de octubre de 1924 – Barcelona, 1 de enero de 2018) fue catedrático, escritor, redactor y director de periódicos, profesor de ESADE y fundador de NovoEstudio, doctor en Derecho, periodismo, y diplomado en Psicología.Fue conocido por su amplia bibliografía, ya que publicó más de diez libros. Es considerado un experto en ciencias de la comunicación, la información y la documentación. Por sus clases van pasado más de 5.000 alumnos. Tuvo una larga trayectoria y experiencia en el ámbito de la enseñanza.

“…ha hecho más daño con su pluma que otros con sus pistolas”.
Frase de Ramón Ruiz Alonso, inductor de la detención y posterior asesinato de Federico García Lorca para justificar la detención del poeta.
Quizás en eso no estuviese del todo errado. La poesía, cuando es verdadera, nunca es inocua. Y Lorca era nada menos que un poeta. Según dicen, Federico García Lorca es el poeta español contemporáneo más leído en todo el mundo. Nadie le dedicará a Ruiz Alonso una elegía, ni bautizarán con su nombre ninguna escuela. Ni una sola de las líneas que escribió será recordada sino por su ridícula extravagancia y su fanatismo. Sin embargo, el crimen del poeta, en el cual él incidió activamente, quedó impune. Queda, al menos, la justicia histórica. Y fundamentalmente queda, sobreviviente y victoriosa, la poesía.

Hanff, Helene. 84 Charing Cross Road. London: Sphere, 2009
Un día, en octubre de 1949, Helene Hanff, una joven escritora desconocida, envía una carta desde Nueva York a Marks & Co., la librería situada en el 84 de Charing Cross Road, en Londres. Apasionada, maniática, extravagante y muchas veces sin un duro, la señorita Hanff le reclama al librero Frank Doel volúmenes poco menos que inencontrables que apaciguarán su insaciable sed de descubrimientos. Veinte años más tarde, continúan escribiéndose, y la familiaridad se ha convertido en una intimidad casi amorosa. Esta correspondencia excéntrica y llena de encanto es una pequeña joya que evoca, con infinita delicadeza, el lugar que ocupan en nuestra vida los libros… y las librerías.
FRAGMENTOS
“¿Tienes el Viaje a América de De Tocqueville? Alguien tomó prestado el mío, y no me lo ha devuelto. ¿Por qué será que personas a las que jamás se les pasaría por la imaginación robar nada encuentran perfectamente lícito robar libros?”
“La expresión “libreros anticuarios” me asusta un poco. Porque asocio “antiguo” a “caro”. Digamos que soy una escritora pobre amante de los libros antiguos y que los que deseo son imposibles de encontrar aquí salvo en ediciones raras y carísimas, o bien en ejemplares de segunda mano en Barnes & Noble que, además de mugrientos, suelen estar llenos de anotaciones escolares.”
“A mí me encantan las inscripciones en las guardas y las notas en los márgenes: me gusta el sentimiento de camaradería que suscita el volver páginas que algún otro ha pasado antes, así como leer los pasajes acerca de los que otro, fallecido tal vez hace mucho, llama mi atención.”
¿No les había dicho que me dedico a escribir guiones de crímenes para la serie de Ellery Queen en televisión? Todos ellos tienen como telón de fondo un marco artístico -el ballet, un auditorio de conciertos, la ópera…- y todos mis sospechosos y cadáveres son personas cultas. Tal vez me decida a escribir en su honor otro que se desarrolle en el marco del negocio de libros raros. ¿Qué prefiere usted ser, el asesino o el cadáver?
Cada primavera hago una limpieza general de mis libros y me deshago de los que ya no volveré a leer, de la misma manera que me desprendo de las ropas que no pienso ponerme ya más. A todo el mundo le extraña esta forma de proceder. Mis amigos son muy peculiares en cuestión de libros. Leen todos los best-sellers que caen en sus manos, devorándolos lo más rápidamente posible… y saltándose montones de párrafos según creo. Pero luego JAMÁS rellen nada, con lo que al cabo de un año no recuerdan ni una palabra de lo que leyeron. Sin embargo, se escandalizan de que yo arroje un libro a la basura o lo regale. Según entienden ellos la cosa, compras un libro, lo lees, lo colocas en la estantería y jamás vuelves a abrirlo en toda tu vida, ¡PERO NUNCA LO TIRAS! ¡JAMÁS DE LO JAMASES SI ESTÁ ENCUADERNADO EN TAPA DURA! Pero… ¿por qué no? Personalmente creo que no hay nada menos sacrosanto que un mal libro e incluso un libro mediocre.
Mil gracias por su maravilloso volumen. Jamás he tenido un libro con los cantos dorados. […] Habría deseado que no hubieran sido ustedes tan excesivamente correctos dedicándomelo en un tarjetón adjunto, en lugar de escribir su dedicatoria en la página de guarda del propio libro. Pero ustedes son libreros, claro… y se les nota: han temido que una dedicatoria manuscrita en el libro le hiciera perder valor…, cuando para su actual propietaria lo habría incrementado muchísimo. (Y posiblemente también para un futuro propietario. A mí me encantan las inscripciones en las guardas y las notas en los márgenes: me gusta el sentimiento de camaradería que suscita el volver páginas que algún otro ha pasado antes, así como leer los pasajes acerca de lo que otro, fallecido tal vez hace mucho, llama mi atención).
Me encantan esos libros de segunda mano que se abren por aquella página que su anterior propietario leía más a menudo. El día en que me llegó el ejemplar de Hazlitt, se abrió por una página en la que leí: “Detesto leer libros nuevos.” Y saludé como a un camarada a quienquiera que lo hubiera poseído antes que yo.
¿Por qué será que personas a las que jamás se les pasaría por la imaginación robar nada encuentran perfectamente lícito robar libros?
La Antología del aficionado a los libros salió del embalaje con su encuadernación de piel con estampaciones en oro y sus cantos dorados; es, sin lugar a dudas, el libro más hermoso que poseo […]. No me parece que éste sea un intercambio de regalos de Navidad muy equitativo. Vosotros os comeréis el vuestro en una semana y antes del día de Año Nuevo os quedaréis sin nada. Yo, en cambio, conservaré el mío hasta el día que me muera…, y moriré feliz sabiendo que lo dejo detrás para que algún otro lo aprecie. Pienso marcarlo a conciencia con suaves indicaciones a lápiz, para atraer la atención de un amante de los libros aún por nacer sobre los mejores pasajes.

«Estuvimos allí para celebrar algunas de las raras capacidades de inteligencia de las que nuestro país puede estar orgulloso: las de los bibliotecarios. Los veo como sanadores y magos. Los bibliotecarios pueden obtener de individuos inarticulados suficiente información sobre lo que buscan para guiarlos por el camino de la conexión. Son guías de senderos a través del bosque de estanterías y pasillos – Si liberas a una persona que tiene habilidades limitadas, será golpeada por las ramas-. Pero los bibliotecarios emparejan a los lectores con los libros correctos. . .»
Anne Lamott
Se refiere a un encuentro ente escritores y actores en Sacramento para salvar las bibliotecas de Salinas, amenazada de cierre por recortes presupuestarios. La propia Lamott viajó en auto con el célebre artista y maestro budista Jack Kornfield. El grupo organizó una «lectura de emergencia» las 24 horas del día para sensibilizar a la opinión pública, no sólo de la importancia de las bibliotecas como instituciones culturales, sino también al capital humano que las impulsaba.

CAFE Yeonnam-dong 239-20
CAFE연남동239-20
Un café en Seúl llamado CAFE연남동239-20 asemeja estar inmerso en un comic, este efecto lo logra con decoración a base de imágenes en blanco y negro en dos dimensiones y con muebles a juego con las paredes y el suelo. Incluso la vajilla acompaña a eta ilusión. Toda una experiencia recreativa en el que los clientes entran en un mundo de dibujos animados.
El café tiene su página en FACEBOOK y los clientes ponen allíi sus fotos


La instalación espacial de Micha Ullman en Bebelplatz rememora una biblioteca con estantes vacíos para conmemorar la quema de libros por parte del «Tercer Reich» (en alemán Drittes Reich) es el nombre del período histórico y se utiliza como sinónimo para la Alemania nazi. Una placa de vidrio colocada en los adoquines de la calle, y debajo de ella una sala subterránea iluminada con estanterías vacías.
El monumento muestra lo que falta. Subterráneo, casi fuera de la vista, sin libros, estantes blancos vacíos, directamente debajo de la Bebelplatz. Lo que se perdió y se quemó fueron los libros de aquellos a quienes los nazis condenaron al ostracismo y la persecución, que tuvieron que abandonar el país y cuyas historias ya no se podían contar. Simbólicamente, las estanterías subterráneas tienen espacio para unos 20.000 libros, como recuerdo de los 20.000 libros que ardieron en llamas en Bebelplatz el 10 de mayo de 1933. En medio de la plaza, el 10 de mayo de 1933, estudiantes nazis quemaron las obras de cientos de autores independientes, periodistas, filósofos y académicos. El artista israelí Micha Ullman diseñó el monumento conmemorativo de la biblioteca, que fue inaugurado el 20 de marzo de 1995.
Dos placas de bronce también colocadas en el suelo contienen información y una inscripción con la advertencia:
«Eso no fue más que un preludio;
donde queman libros,
en última instancia, también quemarán a la gente.»
Heinrich Heine 1820
Los libros fueron escogidos de acuerdo a listas negras hechas por el bibliotecario Wolfgang Herrmann, que posteriormente se utilizaron para saquear estanterías privadas, bibliotecas públicas y colecciones académicas. Antes de que se quemaran los libros, los organizadores enviaron lo que llamaron sus «Doce tesis», que debían leerse en las quema de libros de cada ciudad. Con las palabras:
«Contra la decadencia y la decadencia moral! Por la disciplina y la decencia en la familia y la nación! Entrego a las llamas los escritos de Heinrich Mann, Ernst Glaeser y Erich Kästner»,
La novela «Fabian» de Kästner fue lanzada al fuego.A demás de Kästner, los autores de la lista negra incluían a Sigmund Freud, Karl Marx, Heinrich y Klaus Mann, Rosa Luxemburg, August Bebel, Bertha von Suttner y Stefan Zweig. Muchos de los escritores vilipendiados y perseguidos ya habían abandonado Alemania y se habían exiliado.
Erich Kästner observaba sin ser reconocido mientras su libro «Fabian» era consumido por las llamas. Más tarde describió este día oscuro con la palabra «Begräbniswetter» (tiempo fúnebre). Llovió tan fuerte que las llamas se apagaron y los bomberos tuvieron que echar gasolina sobre el fuego para que ardiera correctamente.
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En África, cuando un anciano muere, una biblioteca arde, toda una biblioteca desaparece….
¡A los libros!: el impulso del investigador hacia sus fuentes

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El país de Steinbeck
por Anne Lamott
Anne Lamott narra cómo ella y algunos amigos – escritores y artistas de toda la costa oeste – se unieron en 2009 para salvar las bibliotecas de Salinas, una de las comunidades más pobres de California, después de que el gobierno amenazara con cerrarlas por cuestiones presupuestarias.
En Salinas, se corrió la voz. Así es como comienzan muchas historias tribales: se dice a la gente de una comunidad que hay un gran peligro o que se está cometiendo un error. Así es como me enteré de que el gobernador planeaba cerrar las bibliotecas públicas de Salinas, convirtiéndola en la ciudad más grande de los Estados Unidos en perder sus bibliotecas debido a los recortes presupuestarios.
Sin entrar en ningún lío sobre si nuestros líderes no tienen ni idea, si son intimidantes, si no leen o no, permítanme decir que cuando se corrió la voz de que las tres bibliotecas -John Steinbeck, César Chávez y El Gabilan- estaban programadas para el cierre, un montón de gente se levantó para decir: «No puede ser». Salinas es una de las comunidades más pobres del estado de California, en uno de los condados más ricos del país. La ciudad y sus alrededores son el escenario de muchas de las grandes novelas de Steinbeck. Por un memento pensé en los trabajadores agrícolas, los campos de alcachofas y ajo, en las casas de estuco descoloridas manchadas de tierra, en los tramos de viviendas, en la cara de James Dean en «Al este de Edén», en los campos de fresas y en las viejas gasolineras.
Después pensé en que querían cerrar las bibliotecas, cerrar los edificios que contienen los libros de la ciudad, todas esas historias sobre la gente, en la sabiduría, en la justicia y la vida y en los trabajadores agachados recogiendo fresas. Así que a principios de abril, un grupo de escritores y actores se defendieron, presentándose en Salinas para una «lectura de emergencia» de veinticuatro horas con la intención de salvar las bibliotecas.
Mi triste corazón de los sesenta se elevó como un águila al contemplar el mismo nombre: «lectura de emergencia». George W. Bush y John Ashcroft habían intentado durante años crear un país podría soñar el antiguo estado de Alemania Oriental, facultando al gobierno para llevar un registro de los libros que sacamos o compramos, todo en nombre de la seguridad nacional. Pero el presidente y el fiscal general no habían contado con la pasión que los escritores y lectores sienten por el mundo, o en todo caso, por los mundos contenidos dentro de las espinas silenciosas de los libros.
Nos reunimos porque empezamos siendo niños que se salvaron con cuentos, cuentos que nos leían por la noche cuando éramos pequeños, cuentos que leíamos nosotros mismos, en los que podíamos perdernos y así encontrarnos. Algunos de nosotros habíamos crecido para convertirnos en personas con voces fuertes, que los trabajadores agrícolas y sus hijos necesitaban. Y estábamos locos. Mostrar a un grupo de escritores que una biblioteca pública gratuita es una noción revolucionaria, y cuando la gente no tiene acceso gratuito a los libros, entonces las comunidades son como radios sin baterías. Aísla a las personas de las fuentes esenciales de información -míticas, prácticas, lingüísticas, políticas- y las rompe. y les deja indefensos ante la opresión política. No íbamos a dejar que esto pasara.
Escritores y actores vinieron de San Francisco y San José, de todas partes. Maxine Hong Kingston vino de Oakland. Héctor Elizondo condujo desde Los Ángeles, al igual que Mike Farrell. El poeta José Montoya vino desde Sacramento, a cuatro horas de distancia. Alisa Valdés-Rodríguez voló toda la mañana para estar allí. Yo misma conduje desde el Área de la Bahía con el escritor y maestro budista Jack Kornfield.
Cuando llegamos, en el césped de afuera de la biblioteca de Chávez había sólo unas 150 personas -no las multitudes que esperábamos- pero la comunidad era especialmente acogedora y agradecida, y las mujeres de CODEPINK, (Code Pink: Women for Peace es una ONG internacionalmente activa que se describe a sí misma como un «movimiento de paz social y justicia social que trabaja para poner fin a las guerras y ocupaciones financiadas por los EE.), que ayudaron a organizar el evento, mantuvieron el ánimo de todos. Es difícil estar deprimido cuando los activistas con boas de plumas y rosas te besan. Mucha gente había levantado tiendas de campaña a un lado de la biblioteca, donde podían descansar toda la noche mientras las lecturas se desarrollaban en el escenario.
¿Se imaginan el tipo de persona que está dispuesta a quedarse despierta toda la fría noche para mantener abiertas algunas bibliotecas condenadas? Bueno, yo no. Me iría a casa a mi propia cama. Pero luego vi a algunos de los viejos amigos de mis padres que iban a quedarse, gente que ha estado protestando y participando en marchas por los derechos civiles y la paz desde que era niña, gente que había huido de San Francisco porque siempre han sabido que lo único que mantiene una democracia en funcionamiento es la educación de sus ciudadanos. Si no tienes un lugar donde los pobres, los marginados y los jóvenes puedan descubrir quiénes son, entonces no tienes esperanza de mantener una sociedad libre y civilizada.
Estuvimos allí para celebrar algunas de las raras capacidades de inteligencia de las que nuestro país puede estar orgulloso: las de los bibliotecarios. Los veo como sanadores y magos. Los bibliotecarios pueden obtener de individuos inarticulados suficiente información sobre lo que buscan para guiarlos por el camino de la conexión. Son guías de senderos a través del bosque de estanterías y pasillos; si sueltas a una persona que tiene habilidades limitadas, será golpeada por las ramas. Pero los bibliotecarios emparejan a los lectores con los libros correctos: «Oye, ¿esto es demasiado complicado? «¿Por qué no me ayudas?»
Dentro de la biblioteca había niños y adolescentes hispanos y sus padres, y algunas personas mayores. Se sentaron en sillas leyendo, se pararon a inspeccionar la colección bilingüe y trabajaron en los ordenadores. Estos ordenadores son los únicos a las que mucha gente en la ciudad tiene acceso. Los programas de alfabetización y de apoyo a las tareas después de la escuela en las bibliotecas están entre los pocos lugares seguros donde los padres pueden dirigir a sus hijos, lejos de las pandillas.
Esta tarde, los padres leen a sus hijos en español susurrado, y el aire se siente nutritivo. Como dijo Barry López: «A veces una persona necesita una historia más que comida para sobrevivir». ( también dijo algo parecido Federico García Lorca)
Volví a salir. Los poetas de todos los colores estaban leyendo. La gente se amontonaba con pancartas antibélicas: «¡Libros si! ¡Bombas no!» Los miembros mayores de la comunidad contaban historias, de la historia, de sus propias familias. Fernando Suárez se acercó al micrófono y habló de su hijo de diecinueve años, que había muerto poco antes en Irak. Suárez habló primero en inglés y luego en español, como lo hace frecuentemente en todo el país, y su corazón apenas podía latir por la tristeza.
Tal vez en Oaxaca los niños todavía están escuchando historias que cuentan los ancianos, pero estos niños en Salinas están siendo criados por aparatos de televisión: son niños de llave. Sus padres trabajan en su mayor parte en el campo y en hogares ricos. Si estás hipnotizado por la estupidez de la televisión, y no llegas a escuchar o leer historias sobre su mundo, estarás confundido y engañado, pensando que el mundo no es milagroso y si lo es.
La atención de los medios de comunicación atrajo suficiente dinero, buena parte era lo recaudado ese mismo día, para mantener las bibliotecas abiertas durante todo un año. Puede que esto no te parezca un milagro, pero si hubieras estado en la jornada de «lectura de emergencia», verías que fue al menos el comienzo de uno.
Un puñado de artistas normalmente obsesionados con sí mismos se unieron para decir a la gente de Salinas: Nos preocupamos por tus hijos, tus historias y tu libertad. Algo ha ido tan mal en este país que necesita arreglo, y eso nos preocupa. La lectura y los libros son medicina. Las historias son escritas y contadas por y para personas que han sido quebrantadas, pero que se han levantado, o se levantarán, si se les presta atención. Esas personas somos tú y nosotros. Las historias y la verdad son milagros para el alma, y eso hace que hoy en día esta sea una reunión sagrada.
Biblioteca John Steinbeck, Salinas, California, 2009
Anne Lamott es una aclamada novelista y escritora de no ficción, así como una apasionada activista política, oradora pública y profesora de escritura.

Los estadounidenses Robert Dawson y Ellen Manchester viajaran por todo el mundo para fotografiar bibliotecas. Manchester es administradora de una organización sin fines de lucro, curadora de fotografías y activista ambiental. Dawson es fotógrafo, y sus obras se encuentran en las colecciones del Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Museo de Arte Moderno de San Francisco y el Museo Nacional de Arte Americano. La Biblioteca del Congreso compró todo su archivo de 680 copias, negativos, revistas y documentos relacionados con el Proyecto de Bibliotecas Públicas. Para llevar a cabo este proyecto disponen de una beca «Fulbright Global Scholarship», un programa de intercambio cultural estadounidense.

En este momento está en Israel, y posteriormente viajaran por Italia y Grecia, durante las últimas seis semanas, la Biblioteca Nacional de Israel en Jerusalén ha sido su hogar profesional, y han viajado al norte y al sur, explorando ciudades y bibliotecas más pequeñas y más grandes.
«No soy bibliotecario, pero soy fotógrafo y lo que encontré es que las bibliotecas son más relevantes ahora que nunca», dijo Dawson. «Son más activos que antes, hay más gente en las bibliotecas de los EE.UU. que nunca antes, y más gente que nunca pidiendo libros.»
Dawson publico en 2014 el libro de fotos de bibliotecas «The Public Library»: A Photographic Essay» (Princeton Architectural Press, 2014), con fotografías de bibliotecas estadounidenses, proyecto que implicó 18 años de investigación. Esta obra de Robert Dawson es un argumento irrefutable para la preservación de las bibliotecas públicas, se trata de una colección de fotografías y textos de y sobre bibliotecas -grandes o muertas, descoloridas o suntuosas- que conforman una narrativa que combina la esfera pública con la memoria privada. Junto a las hermosas fotografías de Dawson hay breves reflexiones sobre el tema de mentes tan célebres como Isaac Asimov, Anne Lamott y E.B. White.

En 2016, fueron al norte y al este de Europa, descubriendo que la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto eran primordiales en las bibliotecas polacas, y ampliando su búsqueda a las bibliotecas universitarias y privadas para comprender mejor su papel en las comunidades. En su opinión, Alemania tiene un sistema de bibliotecas públicas muy vigoroso, a menudo utilizado por los refugiados como lugar para aprender el idioma y la cultura o bien rellenar papeleo administrativo, mientras que Italia es rica en bellas bibliotecas antiguas y en pequeñas joyas comunitarias, como el Club Alpino de Turín. también trabajaron con organizaciones como «Bibliotecas Sin Fronteras», que ha puesto bibliotecas en lugares como lavanderías.

Su viaje a las bibliotecas israelíes incluyó bibliotecas sencillas de centros comunitarios, bibliotecas diseñadas por arquitectos y bibliotecas de calle como las que se crearon para los refugiados en Tel Aviv, incluso una en la playa.
Las publicaciones que surjan de este viaje podrían terminar como libros basados en ideas, dijo Manchester, cada uno de ellos basado en los temas generados por diferentes tipos de bibliotecas en los diferentes lugares que visitaron durante el curso de la investigación de la beca Fulbright.