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‘Los bibliotecarios fueron el primer Google’: una nueva película explora el papel de las bibliotecas como servicio público

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«The Public», la última película de Emilio Estévez explora la complicada relación entre las bibliotecas y la comunidad de las personas sin hogar. se sitúa en la Biblioteca Pública de Cincinnati mientras la ciudad experimenta un frío ártico.

Emilio Estevez también protagoniza la película «The Public«, en la que interpreta a Stuart Goodson, un bibliotecario que se ve en una situación complicada cuando un grupo de personas sin hogar que visitan regularmente la biblioteca deciden una noche que no se irán a la hora de cierre, y ocupan el espacio de la biblioteca, inspirados por los ideales del movimiento ‘Occupy Wall Street‘, una acción de protesta nacida del Movimiento del 15-O, que desde el 17 de septiembre de 2011 ha mantenido ocupado el Zuccotti Park de Lower Manhattan en la Ciudad de Nueva York.

Mientras que el acto de desobediencia civil desencadena inevitablemente un circo mediático y un enfrentamiento con la policía, la historia se centra principalmente en cómo las bibliotecas se han convertido de hecho en refugios para personas sin hogar, lo que obliga a los bibliotecarios a adaptarse a desempeñar el papel de mediadores sociales no cualificados y personal de primera respuesta.

Estévez dijo que escribió el guión de la película después de leer el artículo titulado «Libraries Become Temporary Refuge for Homeless» escrito por Chip Ward en Los Angeles Times en 2007 sobre cómo las bibliotecas se estaban convertido en un refugio para personas sin hogar. «Empecé a imaginarme cómo sería si los clientes en una noche particularmente fría decidieran no irse. Cómo se vería, cómo reaccionaría la policía, cómo reaccionarían los políticos, cómo lo harían los medios de comunicación». Es una película que realmente rinde homenaje a los marginados, a los inadaptados y a los pobres». Aunque nunca se imaginó que el proyecto tardaría más de una década en llevarse a cabo, considera que la historia es más importante ahora que nunca. Además añadió que «Cuando haces una película sobre bibliotecas, personas sin hogar y problemas mentales… Son las películas más complicadas de hacer y de lograr financiación. Así que necesitas toda la ayuda que puedas conseguir. Y el estado de Ohio apareció, y es una carta de amor a Cincinnati, una carta de amor a las bibliotecas.

La historia continua con el papel de la policía en las negociaciones con las personas sin hogar, el fiscal del estado que trabaja con la policía y los medios de comunicación que cubren la noticia.

Estevez, que está de gira promocionando la película, a menudo ha organizando proyecciones en bibliotecas y refugios para personas sin hogar, y está observando de primera mano cómo su trabajo está conectando con la gente a la que se ha esforzado por retratar, para ello está hablando con los bibliotecarios sobre el significado de las bibliotecas y su responsabilidad de servir a las personas marginadas.

La experiencia de ver la película en bibliotecas, no sólo ha proporcionado a los bibliotecarios y a las personas sin hogar una representación de sus vidas cotidianas que nunca antes habían visto, sino que también les ha proporcionado una nueva herramienta para ayudar a crear conciencia sobre el tema de los marginados y la labor de la biblioteca como un lugar espacio público de acogida.

Según Estévez “Los bibliotecarios fueron el primer Google. Y creo que debemos tener en cuenta este espacio sagrado cuando cualquier usuario se acerca al mostrador del bibliotecario de referencia y hace una pregunta. ¿Adivinas qué pasa? Las personas obtienen respuestas a sus preguntas, y las bibliotecas son el espacio donde se produce este hecho. Y mientras reciben ese servicio, no son bombardeados con anuncios ni con  spam”

Estévez recuerda que pensó «¿Qué mensaje quería dejarle al público? La palabra es simple un rayo de esperanza».

Leer es una vagancia sin monotonía

 

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«La lectura es compatible con la espera. Leer es una vagancia sin monotonía. Solo cuando dejé de trabajar descubrí con asombro el reino espacioso de libertad de las mañanas de diario. Si me da la gana puedo sentarme a leer en cuanto he terminado de fregar las cosas del desayuno y he vuelto del paseo con Luria. Cuando salgo a la calle llevo un libro conmigo. Leo mientras espero la comida, las pocas veces que voy a un restaurante, y mientras tomo el café después de comer o apuro mi copa de vino. Leo cada viernes a mediodía en Mascote do Sacramento, que está a un paso de mi casa y sirve el mejor bacalhau à brás de Lisboa. Encuentro una plazoleta silenciosa con un banco y una de esas acacias gigantes y protectoras de Lisboa y me siento un rato a leer a la sombra. La lectura abrevia y distrae el tiempo de la espera. Eso es algo muy valioso en esta ciudad en la que las cosas pueden suceder a un ritmo muy lento. Mientras estoy leyendo el tiempo queda en suspenso. Paso de una lectura a otra sin ningún orden. Leo dos o tres libros a la vez, según las horas, en distintos lugares. Leo los diarios de las navegaciones del capitán Cook por los mares del Sur. Leo una historia del terremoto de Lisboa de 1755. Leo un libro sobre los fundamentos moleculares de la memoria escrito por el jefe de Cecilia y firmado para ella con una rúbrica florida y unas palabras de elogio más halagadoras todavía por venir de un premio nobel. Los tomos más cuantiosos los reservo para el sillón anatómico. También está aquí junto a una ventana que da a la calle. En un grado de grosor descendente están los libros de leer en la cama, y los de llevar en la mochila, o en el bolsillo de la chaqueta. Los más dúctiles son los de poesía. No sabía que hubiera coleccionado tantos. Leía sobre todo poemas cuando no tenía tiempo de leer otra cosa. «The quick fix of poetry», dice mi amigo Dan Morrison: el subidón rápido de la poesía. Como no hago viajes ni estoy pendiente de comprar inmediatamente novedades ya no tengo necesidad de usar el Kindle. Me gusta la constancia física de la lectura. En un anaquel separado voy poniendo los libros ya leídos. Al verlos juntos perduran más en la memoria. La biblioteca a lo largo del pasillo, llena de libros pero no abrumadora, porque llega solo a la altura de los ojos, me da tanta seguridad como una alacena o un sótano con estantes bien surtidos de toda clase de víveres. Mi escena favorita en esa película, The Shining, es cuando el cocinero viejo le va enseñando a Shelley Duvall una por una las dependencias del almacén en el que se guardan en un orden perfecto todas las provisiones que necesitarán ella y su familia durante su aislamiento de varios meses de invierno.»

Antonio Muñoz Molina «Tus pasos en la escalera»

 

El encanto de las tradicionales fichas de bibiblioteca

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Había una canción de Miguel Ríos que publico en el album “Extraños en el escaparate” que decía que “la nostalgia es comercial”.. La canción se titulaba “Flashback de los años 60”. Buscando en la red me ha sorprendido encontrarme unos cuantos productos que emulan o recuerdan la estética de las clásicas fichas de la biblioteca, desde calcetines, a marcapáginas, desde las tarjetas de préstamo a los ficheros clásicos.

OCLC dejó de actualizar su catálogo impreso el 1 de octubre de 2015, poniendo fin a una época que duró más de 150 años. El catálogo de la biblioteca ha cambiado a medida que lo ha hecho la tecnología.

La tecnología de catálogo de la biblioteca en la época que vivió Cutter era un libro impreso. Los catálogos impresos tenían las mismas ventajas que los propios libros: podían ser producidos en varias copias y eran altamente portátiles. Una biblioteca podía proporcionar una copia de su catálogo a otra biblioteca, por lo que era posible que otros usuarios pudieran encontrar el documento que necesitaban más allá de la propia biblioteca. Las desventajas del catálogo impreso, tiene que ver con el incremento de las colecciones. Un catálogo impreso necesitaba de una actualización casi constante, ya que nada más imprimirlo quedaba desactualizado; pues el tiempo requerido para producir un catálogo impreso (en una época en la que la impresión requería componer cada página) significaba que el catálogo podría estar muy desfasado nada más salir de la imprenta. La actualización de un catálogo impreso conllevaba la reimpresión en su totalidad, o la producción de volúmenes suplementarios con las obras más recientemente incorporadas a la biblioteca, lo que implicaba que buscar en el mismo se convirtiera en un un hecho bastante tedioso.

Se atribuye el desarrollo del catálogo de fichas a Esdras Abad en 1861, Esdras era ayudante de biblioteca de la Universidad de Harvard. El catálogo de fichas en aquel tiempo supuso disponer de un instrumento muy valioso de actualización continua para los usuarios de las bibliotecas y los bibliotecarios, demostrando ser una herramienta útil y flexible.

Y fue precisamente una compañía dirigida por Melvil Dewey, el creador de la clasificación decimal, llamada “The Library Bureau” la que empezó a diseñar y comercializar el mobiliario necesario para alojar el catálogo de fichas y una variedad de productos basados ​​en las tarjetas para el creciente mercado americano.

No podemos obviar que uno y otro sistema (catálogo impreso y de fichhas), aunque ahora nos parezcan caducos eran aplicaciones tecnológicas a las bibliotecas, tal como lo fue la  máquina de escribir que trajo una mayor uniformidad al catálogo de fichas que la que había proporcionado el más bello catálogo de fichas manuscritas, lo que además aumentó la cantidad de información que se podía incluir en en la superficie de una ficha de cartón de aproximadamente tres por cinco pulgadas.

Hoy estas fichas y las de préstamo, se comercializan como un merchandaising para nostálgicos en casi todo tipo de productos: bolsas, calcetines, marcapáginas, etc.

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Calcetines con una ficha de préstamo impresa

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Saquitos con fichas de préstamo

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Fichas antiguas vendidas para adornar estanterías

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Bloc de notas

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Post-it con fichas de préstamo

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Bloc con portada de una ficha clásica de biblioteca

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marco con ficha de biblioteca para anotar los hitos de la historia personal

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Bolsa Ficha de Préstamo

La biblioteca es el corazón de la universidad

 

 

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Biblioteca Joe and Rika Mansueto, Universidad de Chicago

 

 

«La biblioteca es el corazón de la universidad, ocupando un lugar central y básico, como un recurso que es ocupa y sirve a todas las funciones de una universidad: enseñanza e investigación, creación de nuevo conocimiento y la trasmisión a la posteridad de la ciencia y la cultura del presente. Pero no es sólo un mero depósito de libros unido a una sala de lectura, sino un instrumento dinámico de educación.»

 

John Frederick Wolfenden, Baron Wolfenden (1906-1985), en el informe University Grants Committe de 1977

 

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Los libros son una droga dura sin peligro de sobredosis

 

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 «Los libros son una droga sin peligro de sobredosis. Yo soy una víctima feliz de los libros”

 

Karl Otto Lagerfeld

Diseñador de moda alemán, considerado uno de los más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. En la foto el diseñador en su estudio de la calle Lille de París con las paredes llenas de libros.

 

Bibliotecarios famosos. Planeta Biblioteca 2019/03/06

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En el programa de hoy hemos hablado sobre famosos que ejercieron la profesión de bibliotecarios. Desde Eratóstenes, bibliotecario de la famosos biblioteca de Alejandría, a papas como Nicolás V y Pío XI, hasta escritores como MArcel Proust, Borges, Pesssoa o Stepen King, a estadístaas como Mao, Mohamed Jatami, o el creador del FBI en algún momento de sus vidas ejercieron esta bonita profesión, muchos de ellos también fueron eminentes bibliófilos y amantes del libro.

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Galería de Bibliotecarios Famosos

¿Clubs de fans de bibliotecarios?

Jorge Luis Borges, suma de infinitos bibliotecarios hipostáticos

Giacomo Casanova “El bibliotecario más seductor”

Ray Bradbury, el escritor con alma de bibliotecario

Pessoa Bibliotecario en Bibliotecas llenas de fantasmas

Maria Moliner: la labor intelectual como bibliotecaria, filóloga y lexicógrafa

Kikí de akí, bibliotecaria pop de la móvida

Las preguntas más fascinantes que se hicieron a la seccion de referencia de la Biblioteca Pública de Nueva York entre 1940 y 1980

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La Biblioteca de Nueva York muestra las preguntas más extrañas y maravillosas que se hicieron al servicio de información y  referencia en los años anteriores a Internet.

Los mensajes, que muestran la amplia gama de cuestiones  que se enviaron al personal de la biblioteca pública desde la década de 1940 hasta la de 1980, revelan las preguntas extrañas y maravillosas que se hicieron antes de que Internet se hiciera cargo.

Desde preguntas sobre cómo abordar un ratón en la cocina hasta preguntas sobre el tipo de manzana que comió Eva, las preguntas ayudan a mostrar la naturaleza de los investigadores que los bibliotecarios de la famosa institución tendrían que emprender.

Un mensaje, fechado en 1954, le pregunta al personal de la Biblioteca Pública de Nueva York si se  puede ir sólo a Reno, Nevada, para obtener el divorcio. Reno se hizo conocida como la capital del divorcio en las décadas de 1940 y 1950 y se hizo popular entre aquellos que necesitaban separarse rápidamente de sus respectivas parejas.

Una pregunta enviada al escritorio de la biblioteca en 1948 pregunta: «¿Puedo obtener un libro que me diga cómo ser la maestra de ceremonias en una orgía musical?»

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Otra pregunta rara y maravillosa que se hizo al personal de la biblioteca fue: «¿Qué tipo de manzana comió Eva?» La pregunta, fechada el 28 de septiembre de 1956, habría sido enviada a los bibliotecarios en el mostrador de referencia de la Biblioteca Pública de Nueva York.

Una consulta, enviada a la biblioteca en 1947, busca comprender las características físicas del líder nazi Adolf Hitler. La pregunta fue presentada al personal por teléfono el 6 de junio.

Las preguntas enviadas al sistema de bibliotecas públicas más grande del país, que se fundó en 1895, revelan las consultas diarias enviadas por escrito y por teléfono a los bibliotecarios en el mostrador de referencia.

Hoy en día, esta biblioteca icónica contiene más de 55 millones de artículos, incluida la carta escrita por Colón en 1493 en la que anuncia el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Más preguntas

  • ¿Es posible tener un pulpo en una casa privada?
  • Acabo de ver un ratón en la cocina. ¿Es correcto usar DDT? (1946)
  • ¿NYPL tiene una computadora pública para nosotro? Respuesta: ¡No señor! (1966)
  • ¿Qué usaban las mujeres para ir de compras antes que las bolsas de papel?
  • ¿Las arañas viudas negras son más dañinas, muertas o vivas?
  • ¿Es correcto ir solo a Reno para divorciarse? (1945)
  • ¿Son Platón, Aristóteles y Sócrates la misma persona?
  • ¿Puede NYPL recomendar un buen falsificador?
  • ¿Dónde puedo alquilar un beagle para cazar (1963)? También hubo solicitudes para alquilar una guillotina.
  • ¿Se le ha devuelto a la familia la pistola con la que Oswald le disparó al presidente Kennedy?
  • ¿Cuál es la vida útil de una pestaña? Respuesta: Basado en el libro Tu cabello y su cuidado, son 150 días.
  • ¿Cuál es la vida útil de un cabello de una ceja?
  • ¿Tiene la Biblia derechos de autor?
  • ¿Qué porcentaje de todas las bañeras del mundo están en los Estados Unidos?
  • ¿Puede decirme el grosor de un sello postal de EE. UU. Con pegamento? Respuesta: No podemos obtener esta respuesta rápidamente.  Inténtelo en el Servicio Postal. Respuesta: Este es el Servicio Postal.
  • ¿Qué significa cuando sueñas con ser perseguido por un elefante?
  • ¿Cómo se coloca el fondo de pantalla?
  • ¿Es lo mismo un cerdo que un puerco?

 

 

Si usted ama su biblioteca, use su biblioteca!!

 

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«Sepa esto – si usted ama su biblioteca, use su biblioteca. Apoye a las bibliotecas en sus palabras y acciones. Si usted tiene la suerte de poder comprar sus libros, y tiene su propio ordenador para investigar, y no está buscando una hora de cuentos para sus hijos, entonces no se olvide de los miembros de su comunidad que son como usted, pero que tal vez carecen de sus recursos – los que aman leer, que anhelan aprender, que necesitan un lugar para sentarse y pensar. Asegúrate de que en tu buena fortuna recuerdes apoyar su búsqueda de una vida mejor. Eso es lo que una biblioteca nos promete, después de todo: una vida mejor. Y eso es lo que las bibliotecas han logrado.»

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Ann Patchett es una escritora estadounidense. Ha recibido numerosos premios y su novela más galardonada ha sido Bel Canto.

 

 

 

David Foenkinos: «El descubrimiento de los libros me salvó cuando estaba en el hospital»

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«Cuando tenía 16 años enfermé muy gravemente del corazón. Pasé muchos meses en el hospital. El descubrimiento de los libros me salvó en ese momento. Creo que el arte y la belleza pueden consolar. Ese fue el tema de mi libro Charlotte, y es sorprendente porque también está como en el ambiente. El mundo es difícil, brutal y necesitamos belleza. La gente cada vez va más a los museos para profundizar en la cultura y en las emociones estéticas. «

 

David Foenkinos

El Cultural
Jueves, 14 de febrero de 2019

El escritor francés, autor de La delicadeza, La biblioteca de los libros rechazados y «Hacia la belleza», una historia sobre el consuelo que nos proporciona el arte