¿Y si leer estuviera prohibido?

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En un mundo en el que leer estuviera prohibido, jóvenes se encerrarían en sus cuartos para ojear sus libros a escondidas.

Se masturbarían una y otra vez mientras pasan sus páginas excitados por el morbo que tiene lo prohibido.

En un mundo en el que leer fuera ilegal, habría bibliotecas clandestinas con puertas traseras donde jóvenes rebeldes e inadaptados se reunirían para calmar su mono de lectura.

Imagínalo, cierra los ojos por un momento e imagina una sociedad que persiguiera a sus lectores.

Qué bonito sería sentarnos tú y yo con un buen libro en mitad de la carretera desafiando al mundo, o que la policía viniera hasta nuestra casa golpeando la puerta a patadas mientras nos metemos unas buenas rayas de Kafka, Poe o Hemingway.

Imagina un mundo en el que leer fuera un acto de rebeldía hacia un sistema que persigue a jóvenes que se niegan a ser copias de copias de otras copias que aparecen en televisión… ¿Un acto de rebeldía? ¡Qué estupidez! Como si en este mundo en el que vivimos ya de por sí leer no fuera una maldita declaración de guerra.

Carlos Kaballero