Radiografía de la desinformación global: la información se ha convertido en un campo de batalla estratégico

Las 10 principales plataformas por volumen de observables

European External Action Service (EEAS). 4th EEAS Report on Foreign Information Manipulation and Interference (FIMI) Threats. Brussels: EEAS, March 2026. Disponible en: https://euvsdisinfo.eu/uploads/2026/03/EEAS-4th-Threat-Report_web-version.pdf

El 4º informe anual del Servicio Europeo de Acción Exterior (EEAS) sobre amenazas de manipulación e interferencia informativa extranjera (FIMI) ofrece una radiografía detallada del ecosistema global de desinformación en 2025 y principios de 2026. El documento confirma que la información se ha convertido en un campo de batalla estratégico central, integrado en dinámicas híbridas que combinan ciberataques, presión política, guerra cognitiva y operaciones de influencia digital.

Uno de los principales hallazgos del informe es el incremento de la escala, sofisticación y automatización de las operaciones FIMI. Durante 2025, el EEAS documentó 540 incidentes globales, con una concentración de ataques especialmente significativa contra Ucrania, Francia, Moldavia y Alemania. El informe subraya que estas campañas no son episodios aislados, sino operaciones continuas, coordinadas y adaptativas, integradas en estrategias geopolíticas más amplias.

El informe identifica además un ecosistema masivo de infraestructura de influencia: aproximadamente 10.500 canales digitales y sitios web fueron utilizados para producir o amplificar contenido manipulado. De estos, una gran mayoría opera como redes encubiertas o inauténticas, mientras que solo una minoría está directamente vinculada a actores estatales visibles. Esto refleja la creciente dependencia de redes proxy, intermediarios y estructuras opacas que permiten negar atribución directa y aumentar la resiliencia de las campañas.

Otro eje central del informe es el papel de la inteligencia artificial (IA). El EEAS señala un salto cualitativo: en 2025, aproximadamente uno de cada cuatro incidentes FIMI implicó herramientas de IA, y el uso de estas tecnologías ha pasado de ser experimental a convertirse en un recurso rutinario. La IA se emplea para generar texto, imágenes, audio y vídeo sintético, así como para traducir y amplificar contenidos en múltiples idiomas, lo que permite una producción masiva, barata y altamente escalable de desinformación.

El informe dedica especial atención a los actores estatales, destacando principalmente a Rusia y China como principales impulsores de campañas FIMI. Estas operaciones muestran patrones comunes: creación de medios falsos, uso de cuentas coordinadas en redes sociales, manipulación de narrativas políticas y explotación de crisis internacionales o procesos electorales. El informe también señala que estas campañas se dirigen no solo a gobiernos, sino también a organizaciones internacionales, medios de comunicación, ONG y figuras públicas.

En el plano conceptual, el EEAS introduce un cambio importante: pasar de la simple evaluación del riesgo a la lógica de la disuasión (deterrence). El informe propone el llamado “FIMI Deterrence Playbook”, un marco operativo destinado a aumentar los costes de estas operaciones y reducir su rentabilidad estratégica. Este enfoque busca actuar sobre toda la cadena de suministro de la desinformación: desde financiadores y organizadores hasta intermediarios tecnológicos y plataformas digitales.

Asimismo, el informe enfatiza la necesidad de una respuesta multinivel y coordinada, que combine sanciones, regulación digital (incluida la Digital Services Act), cooperación judicial y policial, y estrategias de resiliencia social como la alfabetización mediática. La lógica es pasar de una respuesta reactiva a una estrategia anticipatoria y estructural, capaz de desmantelar las infraestructuras que sostienen la manipulación informativa.

En su dimensión política, el informe advierte que la FIMI forma parte de un entorno de competencia geopolítica creciente, donde la información se utiliza como instrumento de poder para influir en elecciones, erosionar la confianza en instituciones democráticas y debilitar la cohesión social dentro de la Unión Europea y sus países socios.

El documento concluye que la FIMI ya no puede entenderse como un problema comunicacional o mediático, sino como un problema de seguridad estratégica y estabilidad democrática. El reto principal para la UE es transformar la comprensión analítica del fenómeno en capacidad operativa de disuasión efectiva, haciendo que estas actividades sean más costosas, menos eficaces y progresivamente inviables.