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El enemigo conoce el sistema: Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención

 

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Peirano, Marta. El enemigo conoce el sistema: Manipulación de ideas, personas e influencias después de la economía de la atención. Debate, 2019

 

Los ingenieros del aroma son magos que operan sobre la mente con material invisible y el efecto puede ser devastador. No trabajan solos. Sus creaciones nos llegan reforzadas por un envoltorio, un branding, una campaña de marketing y un contexto diseñados por otros laboratorios llenos de magos expertos en otra clase de química. Los que saben que se vende más merluza si la llamas «lenguado chileno»; que el chocolate es más dulce y cremoso si tiene los bordes redondos o que el mismo filete de carne parece más salado, grasiento, correoso y mal hecho si la etiqueta dice «granja intensiva» en lugar de «orgánico» o «criado en libertad». Y que la música alta, rápida y en clave mayor («Girls Just Wanna Have Fun» de Cindy Lauper) te hace comer y comprar más deprisa, pero que la música sutil, suave y en clave menor («Time After Time») te hace quedarte más tiempo en la tienda y comprar más cosas.

 

Hay cuatro empresas en el mundo que producen los olores y sabores de todas las cosas que compramos: Givaudan, Firmenich, International Flavors & Fragrances (IFF) y Symrise. Se reparten una industria de más de veinticinco mil millones de dólares al año y su cartera de clientes incluye fabricantes de refrescos y sopas, suavizantes, tabaco, helados, desodorantes, tapicería de coches, cosméticos, medicamentos, pintura, artículos de oficina, desinfectantes, dildos, chucherías y juguetes. Su contribución al producto final suele oscilar entre un 1 y un 5 por ciento, pero es la parte que lo cambia todo. Los saborizantes y aromatizantes que aparecen mencionados genéricamente en las etiquetas de los recipientes son los responsables de transformar el producto en otro completamente distinto, cambiando el sabor, el olor y hasta su textura sin alterar uno solo de los ingredientes ni el proceso de elaboración. La más veterana y prestigiosa es Givaudan, su sede está en Suiza.

Como casi todas las industrias que dominan el mundo en el que vivimos, la imagen de la empresa es muy diferente al producto que ofrece. La industria del aroma viene envuelta en el aura de la perfumería antigua con la que empezó, hace poco más de un siglo. Todos los anuncios y la mayoría de los documentales sobre ella muestran recolectores de rosas en Grasse, de bergamota en Calabria y otras fuentes certificadas y sostenibles de las que
obtienen vainilla, vetiver o ylang-ylang, antes de procesarlas de manera artesana y delicada en tornos de madera y bidones llenos de aceite. Sus «narices» son entrevistados de manera rutinaria en fascinantes artículos y documentales donde explican cómo analizar las moléculas odoríferas de una violeta salvaje con un espectrómetro de masas o que la sustancia más codiciada de la alta perfumería es el vómito de cachalote al que llaman «ambergris». Pero su negocio está en otro sitio. «Todo el mundo come, bebe, se ducha y limpia su casa. Esto es el 80 por ciento de nuestro negocio — explicaba en 2012 el jefe de inversiones de Givaudan, Peter Wullschleger, en una revista—. La única parte cíclica del negocio es la perfumería de lujo. Por eso las crisis no nos afectan demasiado.» La firma más grande de este mercado es International Flavors & Fragrances y está en Nueva York. Sus fórmulas millonarias son capaces de invocar el aroma de un melocotón perfecto en una gominola hecha de nudillos de cerdo hervidos, o sacar la magdalena de Proust de un bizcocho hecho con azúcar refinado, aceite de palma y harina blanqueada en un polvoriento polígono industrial. Su objetivo no es el estómago sino el cerebro, para el que producen recreaciones volátiles  de los sabores que más nos intoxican, que son los que huelen a nuestra infancia y, por lo tanto, al amor. Son distintos para cada cultura: el caldo de pollo en Asia, los canelones en Italia, el bife con chimichurri en Argentina o el guiso de carne, verdura y legumbres que preparaban las abuelas europeas sobre una cocina económica, mezclando sus deliciosos olores con el de la leña, y los recuerdos del lugar caliente y bullicioso donde se juntan las familias a comer, beber y compartir su vida. Y los plantan en los lugares más inesperados, con la ayuda de equipos que incluyen nóbeles de química, prestigiosos investigadores de sociología y jefes del Departamento de Neurobiología de instituciones como la Max Plank.

Si te sientes más seguro volando con British Airways, podría ser porque en sus aviones se dispersa un aroma diseñado para «estimular la recolección de buenos recuerdos durante el vuelo» y quitar la ansiedad del viaje. Es el mismo aroma que Singapore Airlines pone en sus toallitas calientes. Se llama Stefan Floridian Waters y cumple la misma función. Las cápsulas de Nespresso integran un aroma que se volatiliza durante el preparado para que sientas que estás «haciendo» café. Es el olor de las cafeterías que tuestan su propio grano. El olor de coche nuevo está pensado para que notes que conduces un coche más caro, hecho en otra época, con otros materiales. Lo encargó RollsRoyce Motor Cars cuando cambió elementos de su famosa tapicería de cuero y madera por otros de plástico y las ventas bajaron de golpe; el coche no olía igual. Irónicamente, hoy los coches que más huelen a lujo son los más baratos, y el café que más huele a café de barista es lo menos parecido a un café. Cada año, la Unión Europea prohíbe el uso de ciertas moléculas olfativas basándose en su potencial alergénico, pero no hay leyes que prohíban a una empresa lanzar al mercado un producto que recree imágenes de cosas que no tiene. Como la autenticidad.

Gran parte de los deliciosos aromas a café, pan recién hecho y bizcocho de chocolate que desprenden las cafeterías salen de un difusor. Lo usan porque aumenta las ventas un 300 por ciento. Un estudio de la Universidad de Washington descubrió que el olor cítrico aumenta las ventas un 20 por ciento. Nike se dio cuenta que perfumando sus tiendas con un aroma sintético diseñado ad hoc disparaba las suyas un 84 por ciento. Los difusores de Muji no solo venden difusores, aumentan las ventas de todo lo demás. Puedes oler una tienda de Lush a varias calles de distancia, un oasis de limpieza en mitad de la polución urbana. Hasta las galerías de arte (y sus galeristas) huelen a algo muy específico: Comme des Garçons 2.

Los ingenieros del aroma son magos que operan sobre la mente con material invisible y el efecto puede ser devastador. No trabajan solos. Sus creaciones nos llegan reforzadas por un envoltorio, un branding, una campaña de marketing y un contexto diseñados por otros laboratorios llenos de magos expertos en otra clase de química. Los que saben que se vende más merluza si la llamas «lenguado chileno»; que el chocolate es más dulce y cremoso si tiene los bordes redondos o que el mismo filete de carne parece más salado, grasiento, correoso y mal hecho si la etiqueta dice «granja intensiva» en lugar de «orgánico» o «criado en libertad». Y que la música alta, rápida y en clave mayor («Girls Just Wanna Have Fun» de Cindy Lauper) te hace comer y comprar más deprisa, pero que la música sutil, suave y en clave menor («Time After Time») te hace quedarte más tiempo en la tienda y comprar más cosas.

Su trabajo es engañar a nuestro cerebro a través de los sentidos, para que crea que nos estamos comiendo algo muy diferente a lo que en realidad nos hemos metido en la boca. Consiguen hacernos comer cosas que no nos alimentan, y sobre todo mucha más cantidad de la que nos conviene. No es un trabajo tan difícil: la oferta resulta irresistible. No lo podemos evitar. A lo largo de miles de años, el ser humano ha desarrollado herramientas para gestionar la escasez, no la abundancia. Lo natural, cuando hay exceso de comida, es comérsela, porque antes de que se inventaran las neveras no era comestible durante mucho tiempo y uno nunca sabía cuándo habría más. Nuestro mediador principal entre la comida y nosotros es precisamente el olfato, que tiene línea directa con la central. Cuando saboreamos un plato, se liberan moléculas volátiles que ascienden hasta el epitelio olfativo, una capa de células sensoriales ubicada en la base de la nariz, entre los ojos. Es la parte que duele cuando comes mucho wasabi. El resto de los sentidos son procesados por el tálamo, pero el del olfato le habla de manera profunda a
nuestro cerebro. Conecta con el sistema límbico, una estructura que evolucionó a partir del tejido que procesaba información olfativa. Nuestra capacidad para percibir compuestos químicos volátiles fue la primera manifestación sensorial que apareció cuando éramos organismos unicelulares. La necesitamos para comprender nuestro entorno, reproducirnos y encontrar alimento. Lleva mucho tiempo diciéndonos lo que se puede comer y lo que no.

Hasta hace poco, el código estaba claro. El dulce suele indicar la presencia de hidratos de carbono, que son nuestra principal fuente de energía, y que el objeto de deseo está listo para ser engullido. A los niños les gusta lo dulce porque las plantas comestibles son dulces, mientras que rechazan lo ácido y lo amargo porque las frutas ácidas no están maduras y las carnes ácidas indican la presencia de bacterias, levaduras y moho (dicho de otra forma: están podridas). Las plantas y bayas amargas suelen ser venenosas. El olor sulfúrico de un huevo podrido nos resulta tan alarmante que se le añade al gas butano para que notemos si hay una fuga. Toda esta experiencia evolutiva ha hecho que nuestro cerebro premie el consumo de azúcar estimulando la vía mesolímbica de la dopamina, la misma ruta neuronal que se activa con el sexo y las drogas. La liberación de dopamina nos hace sentir tan bien que, cuando aparece, el córtex prefrontal le dice al cerebro: vamos a acordarnos de esto que hemos comido para comer más en cuanto podamos.

Pero ahora podemos hacerlo todo el tiempo y no sabemos parar. Cuando el cerebro libera demasiada dopamina, acaba suprimiendo su producción normal. La abstinencia nos produce ansiedad y nerviosismo, que intentamos mitigar consumiendo más cosas que nos hagan liberar dopamina. De hecho, cualquier persona en el primer mundo está rodeada de un sinfín de alimentos con azúcar, solo que no los identificamos: la mayor parte del azúcar que comemos está escondido en productos aparentemente salados como sopas,salsas, patés, hamburguesas, patatas fritas, vinagretas o pan. A partir de los sesenta, las grandes cuentas del negocio de la industria de los aromas habían dejado de ser Guerlain, Chanel o L’Oréal para convertirse en los gigantes de alimentos procesados: Procter & Gamble, Unilever, Nestlé, Danone, Coca-Cola y Mars. Si la base del negocio original habían sido las esencias de rosa, jazmín, bergamota y sándalo, después de la guerra pasaron a ser el azúcar, la grasa y la sal.

Cómo pueden aprovechar las bibliotecas la popularidad de los vídeos para compartir información y mejorar sus esfuerzos de marketing

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King, David Lee “Video in Libraries,” Library Technology Reports (vol. 54, no. 7), 2018

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En este número de Library Technology Reports (vol. 54, nº 7), “Video in Libraries”, David Lee King explora cómo las bibliotecas pueden aprovechar la popularidad de los vídeos para compartir información y mejorar sus esfuerzos de marketing. Explica por qué las bibliotecas deberían realizar y publicar vídeos y estrategias para crear contenido de vídeo. A lo largo de este informe, King cubre diversos aspectos de la creación y el uso compartido de vídeos, desde las mejores prácticas hasta la creación de contenidos de vídeo, pasando por los tipos de equipos, herramientas y recursos de personal que necesitará para empezar a incorporar el vídeo en la difusión y el marketing de su biblioteca.

 

Marketing en la red. Conversando en el lenguaje de los mercados

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Rodríguez Canfranc, Pablo. Marketing en la red. Conversando en el lenguaje de los mercados. Madrid: Fundación Telefónica, 2019

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Desde su llegada a mediados de la década de los noventa, Internet se fue convirtiendo en un canal de comunicación y publicidad para las empresas. Al principio, las páginas web corporativas no eran más que catálogos estáticos de los productos y servicios, aunque con el tiempo la actividad online de las compañías se fue sofisticando y convirtiendo en lo que hoy es el comercio electrónico, es decir, el uso de las redes como canal de ventas.

Marketing en la red. Conversando en el lenguaje de los mercados

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Rodríguez Canfranc, Pablo. “Marketing en la red. Conversando en el lenguaje de los mercados“. Madrid: Fundación Telefónica, 2019

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Desde su llegada a mediados de la década de los noventa, Internet se fue convirtiendo en un canal de comunicación y publicidad para las empresas. Al principio, las páginas web corporativas no eran más que catálogos estáticos de los productos y servicios, aunque con el tiempo la actividad online de las compañías se fue sofisticando y convirtiendo en lo que hoy es el comercio electrónico, es decir, el uso de las redes como canal de ventas.

PROFESIONES DIGITALES es una colección de monográficos de Fundación Telefónica que pretende dar a conocer aquellos perfiles profesionales más demandados por la economía digital.

Con un lenguaje sencillo y divulgativo, cada número acerca al lector una disciplina en la que desarrollan su actividad los trabajadores con los puestos más vanguardistas, ofreciendo de esta manera una breve orientación sobre nuevas áreas laborales.

El gran libro de los carteles publicitarios de los años 20

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The Big Book of Vintage Advertising Posters – Volume One: A Kindle Coffee Table Book Kindle Edition

GRATIS en AMAZON

 

Este libro de mesa de café Kindle es el primer volumen de un conjunto de tres volúmenes de carteles publicitarios vintage pintados a mano. La serie completa consta de más de 500 imágenes de alta resolución que han sido mejoradas digitalmente para darles el máximo impacto. La mayoría de los carteles son de finales del siglo XIX y principios del XX. A los amantes del arte les encantarán estos impresionantes carteles vintage!

Érase una vez la publicidad hecha arte. Antes de que la radio y la televisión se convirtieran en los principales medios para los anunciantes a mediados del siglo XX, los carteles dominaban el panorama publicitario en todo el mundo. Hermosos carteles pintados a mano fueron creados por algunos de los artistas más prominentes del mundo – nombres como Alphonse Mucha y Jules Charet produjeron en masa miles de coloridos carteles que invitaban a los consumidores a comprar una amplia variedad de bienes y servicios, asistir a eventos especiales o viajar a lugares exóticos.

La litografía, el proceso de impresión que permitía producir carteles en masa, se inventó en 1798, pero no fue hasta 1880 que el proceso fue capaz de producir carteles de forma fiable, rápida y barata. Este avance se debió a un innovador proceso creado por Jules Charet llamado proceso litográfico de piedra, que permitió a los artistas lograr todos los colores del arco iris. De repente, los artistas pudieron utilizar su magnífico arte y su notable artesanía para crear económicamente magníficas obras de arte en carteles de papel y así nació una nueva forma de arte.

Cuando la moda de los carteles explotó en todo el mundo en la década de 1890, los artistas aprovecharon la oportunidad para celebrar las instituciones culturales únicas de su propio país en su arte. Así, por ejemplo, los carteles franceses mostraban muchos cafés y cabarets, mientras que los carteles italianos se centraban en la ópera y la moda.

El Art Nouveau, el elegante estilo de arte que floreció en el período de 20 años de 1890 a 1910 y que fue popularizado por los carteles de Alphonse Mucha, finalmente perdió su brillo con el vacío que llenaba un joven artista italiano llamado Leonetto Cappiello. En lugar de utilizar el trabajo finamente detallado que caracterizaba al Art Nouveau, Cappiello se centró en crear una sola imagen, generalmente humorística o un tanto extraña. Quería crear una imagen que captara rápidamente la atención de una persona mientras caminaba por una calle muy concurrida. Su innovación en el diseño de carteles fue tan importante que hoy en día se le conoce como “el padre de la publicidad moderna”.

 

las bibliotecas hacen mucho con recursos limitados y sus esfuerzos aumentan la conciencia de la comunidad sobre su importancia

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Public Libraries: Marketing and Communications Landscape. Dublin, OH: OCLC, 2018

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Para obtener información sobre cómo se comunican las bibliotecas públicas, OCLC llevó a cabo una encuesta entre las bibliotecas públicas de los Estados Unidos en la que se hicieron preguntas generales sobre sus esfuerzos de participación activa. Las preguntas se orientaron en torno a preocupaciones y barreras de marketing, canales de comunicación, cómo usan el correo electrónico para las tareas de marketing, y otros temas.

Este informe proporciona una visión general de cómo se comunican las bibliotecas públicas de EE.UU. con sus usuarios y con la comunidad en general. Los resultados confirman que las bibliotecas hacen mucho con recursos limitados, con un enfoque hacia los medios sociales, y que los esfuerzos aumentan exitosamente la conciencia de la comunidad acerca de la biblioteca.

 

 

 

 

Tendencias en Marketing y Comunicación Digital para 2019

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“Tendencias en Marketing y Comunicación Digital para 2019: la generación que transforma la tecnología” Best, 2018

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Por sexto año consecutivo, la agencia de comunicación Best, asociada de Agencias Digitales (DIG), lanza un nuevo ebook con las “Tendencias en Marketing y Comunicación Digital para 2019: la generación que transforma la tecnología”. Continuando el espíritu crítico y reflexivo de sus anteriores ediciones, en esta ocasión han participado más de una quincena de profesionales del sector.


La redacción de este ebook cuenta con el análisis de 17 tendencias en las que los autores han aportado su visión y experiencia para visibilizar los próximos pasos del sector en el futuro más cercano. Joan Costa, Doctor honoris causa por la Universidad Jaume I, firma el prólogo de esta obra que se divide en los siguientes diez puntos clave que marcarán la agenda del marketing y la comunicación digital a lo largo de 2019:

  1. Las empresas optarán por un lenguaje multidimensional, y sus dircoms tendrán que aprender a convivir con los social bots alimentados por la inteligencia artificial.
  2. Nos centraremos en el uso responsable de la tecnología, e incluso la inteligencia artificial vivirá su propio proceso de humanización.
  3. Pero la tecnología cederá parte del protagonismo a los valores de lo que comunicamos -con los millennials de trasfondo, que se hacen mayores-.
  4. Para captar la atención del público será esencial descubrir nuevas fórmulas con un común denominador: entretener.
  5. Habrá espacio para tratar el futuro de las apps que perderán su hegemonía ante el avance de los Mini Programs de WeChat y PWA (Progressive Web Apps).
  6. Se hablará de feminismo y del compromiso social de las marcas o el mero oportunismo.
  7. La comunicación tendrá que ser inmediata -o no será-, y a las fake news les plantará cara el lado más amable de la red.
  8. Se introducirá el big data en la organización de eventos, pero su análisis y aplicación en la creación de contenidos seguirá necesitando del criterio humano.
  9. Los micro-momentos serán la pieza fundamental para atraer a los usuarios al consumo de macro-contenidos.
  10. Ante la pérdida de confianza en las grandes corporaciones por parte de los usuarios nos preguntaremos cómo la recuperarán, con una solución tan dadaísta como partir de cero a la hora de crear y comunicar.

Estos diez bloques temáticos completan un detallado documento que, además, se enmarca dentro de los actos que sirven para celebrar el 20 aniversario de Best. Atreviéndose una vez más a pronosticar las tendencias que guiarán al sector del marketing y la comunicación digital el próximo año.