
Chartered Institute of Library and Information Professionals in Scotland (CILIPS). Tackling Misinformation and Disinformation for Scottish School Librarians Project Report. Liderado por Bruce Ryan, Edinburgh Napier University. CILIPS Research Fund, 2025
Los bibliotecarios escolares en Escocia ya realizan un esfuerzo significativo para abordar la desinformación, su capacidad para hacerlo de manera eficaz se ve seriamente limitada por carencias estructurales y de reconocimiento institucional. El informe insiste en que, para que puedan desempeñar plenamente su papel, es imprescindible darles apoyo sostenido, recursos adecuados, oportunidades de formación y un marco de colaboración estable con el resto de la comunidad educativa.
El estudio, realizado durante la primera mitad de 2025, examina las prácticas actuales, las barreras que encuentran los profesionales y las recomendaciones que podrían mejorar su labor en un contexto donde no existe una legislación específica que regule las bibliotecas escolares. Esta ausencia de normativa hace que la relevancia del bibliotecario dependa en gran medida de las decisiones de cada centro educativo, del apoyo del profesorado y del liderazgo institucional.
En cuanto a las prácticas que ya se llevan a cabo, los bibliotecarios intervienen tanto de forma directa, respondiendo a consultas puntuales sobre desinformación, como indirectamente, mediante clases, charlas y actividades de alfabetización informacional. Sin embargo, el informe señala que las peticiones explícitas de ayuda sobre desinformación no son frecuentes, y cuando aparecen provienen sobre todo de los estudiantes. Este hecho refuerza la idea de que, aunque existe un problema real de exposición a información falsa, todavía falta consolidar un marco educativo que reconozca y potencie el papel de los bibliotecarios como agentes clave en la formación crítica de los alumnos.
Las barreras identificadas se relacionan principalmente con la falta de tiempo, presupuesto y recursos, factores que impiden llevar a cabo de forma sistemática programas de educación en desinformación. A ello se suma la insuficiencia de apoyo por parte del liderazgo escolar y de los profesores, lo cual limita la integración de estas prácticas en el currículo oficial. En muchos casos, además, las propias instalaciones físicas de las bibliotecas escolares no son adecuadas para desempeñar las funciones de enseñanza, consulta y reflexión necesarias en este ámbito.
El informe destaca también el deseo de los bibliotecarios de recibir formación especializada que les permita actualizar sus competencias frente a la desinformación y la información errónea. Esta formación debería estar disponible tanto para bibliotecarios como para asistentes de biblioteca, y sería más efectiva si estuviera integrada dentro de los programas de desarrollo profesional docente. Asimismo, se plantea la necesidad de fortalecer la colaboración entre bibliotecarios y profesores, desde la etapa de formación inicial de estos últimos, de manera que la educación en torno a la desinformación no dependa de iniciativas aisladas sino que forme parte de la enseñanza sistemática.
Las recomendaciones apuntan a que se reconozca oficialmente que los estudiantes enfrentan problemas de desinformación y que los bibliotecarios poseen competencias valiosas para afrontarlos. Para ello es necesario otorgarles tiempo, presupuesto y un lugar claro en el marco educativo. Además, se sugiere mejorar las oportunidades de colaboración con los docentes, integrando a los bibliotecarios en las revisiones curriculares, y ampliar la oferta de formación continua en alfabetización mediática e informacional. También se subraya la importancia de mejorar las instalaciones físicas de las bibliotecas, con el fin de que puedan cumplir su función pedagógica y social de manera más efectiva.







