Las ventas de audiolibros en Harper Collins han superado por primera vez a las de libros electrónicos, según un reciente informe de ganancias. Este crecimiento no es un auge repentino, sino el resultado de varios factores, como el lanzamiento de la plataforma ACX de Amazon en 2011, que permitió a autores independientes publicar audiolibros, y el aumento del consumo de contenido de audio debido al auge del podcasting y la pandemia de COVID-19. Michele Cobb, de la Audio Publishers Association, señala que la industria ha evitado el ciclo de auge y caída del podcasting, ya que se basa en un modelo de ventas unitarias en lugar de publicidad. Sin embargo, hay preocupaciones sobre el impacto futuro de la inteligencia artificial y la entrada de Spotify en el mercado de audiolibros.
La audiencia de audiolibros también ha cambiado considerablemente. Si bien en el pasado los oyentes de audiolibros eran predominantemente personas mayores que escuchaban cintas de cassette, hoy en día, la mayoría de los oyentes son menores de 45 años. Además, estos adultos jóvenes están introduciendo a sus hijos en el mundo de los audiolibros, ampliando aún más el alcance del mercado.
A diferencia del podcasting, que ha experimentado altibajos debido a su dependencia de modelos de negocio basados en la publicidad, la industria de los audiolibros ha disfrutado de un crecimiento más estable. Esto se debe a que los audiolibros se venden como unidades individuales, al igual que los libros impresos, lo que proporciona una fuente de ingresos más constante y predecible.
A pesar del éxito reciente, la industria de los audiolibros enfrenta desafíos. Uno de los principales es el impacto potencial de la inteligencia artificial, que podría afectar la producción y el empleo en la narración de audiolibros. Además, la entrada de Spotify en el mercado de audiolibros a fines de 2023 genera tanto expectativas como preocupaciones. Aunque algunos editoriales reportan que esta incursión ha atraído a nuevos oyentes, también hay inquietudes sobre cómo este modelo de negocio podría afectar los ingresos de los autores.
Internet Archive, una biblioteca en línea que proporciona acceso gratuito a una vasta colección de libros, ha tenido que retirar aproximadamente 500.000 títulos después de una victoria legal obtenida por los editores. Esta decisión judicial, tomada el año pasado, obligó a Internet Archive a reducir drásticamente su oferta, lo que ha causado una «pérdida devastadora» para los lectores que dependen de esta plataforma para acceder a libros difíciles de conseguir o inexistentes en sus bibliotecas locales.
Internet Archive está apelando la decisión ante el Tribunal de Apelaciones del Segundo Circuito de EE. UU., argumentando que su modelo de préstamo digital controlado debería considerarse un uso justo bajo la ley de derechos de autor. La organización sostiene que los editores no han presentado pruebas de que su mercado de libros electrónicos haya sufrido daños a causa del préstamo de Internet Archive. Además, afirma que sus prácticas están alineadas con la tecnología estándar de la industria para evitar la descarga y redistribución no autorizada de los libros.
Chris Freeland, director de servicios de biblioteca de Internet Archive, ha expresado que los editores que han demandado a Internet Archive han impuesto restricciones que limitan gravemente el acceso a los libros, afectando a académicos, estudiantes y lectores en comunidades desfavorecidas. En respuesta, muchos usuarios de Internet Archive han firmado una carta abierta pidiendo a los editores que reconsideren y restauren los libros eliminados, subrayando el impacto negativo en la educación y el acceso a la información.
Los editores, representados por la Asociación de Editores Americanos (AAP), defienden las retiradas alegando que IA violó los derechos de autor al ofrecer acceso global a obras sin licencias adecuadas. La AAP no ha respondido a las preocupaciones sociales expresadas por los usuarios de IA.
En el caso de que la apelación no tenga éxito, Internet Archive planea seguir luchando en los tribunales para restablecer el acceso a los títulos afectados. Mientras tanto, la biblioteca sigue creciendo en otros aspectos, como la digitalización de libros para preservación y la oferta de libros fuera de circulación y de dominio público.
El resultado del caso podría tardar meses en resolverse, y los usuarios del Internet Archive, incluidos aquellos en comunidades rurales o con discapacidades, temen perder uno de los pocos recursos confiables para acceder a libros raros o difíciles de encontrar.
A medida que más usuarios optan por el préstamo digital, las editoriales imponen contratos de licencia restrictivos y costosos a las bibliotecas, lo que limita la cantidad de copias disponibles y encarece el proceso.
A medida que la digitalización ha transformado la forma en que las personas acceden a la información, las bibliotecas han tenido que adaptarse, integrando colecciones digitales que incluyen no solo e-books, sino también audiolibros, música y otros contenidos. Esta transición, acelerada por la pandemia de COVID-19, ha permitido a las bibliotecas continuar su misión de prestar materiales a sus usuarios incluso durante los confinamientos, pero también ha planteado nuevos desafíos, especialmente en términos de costos y acceso.
Uno de los principales problemas que enfrentan las bibliotecas es el modelo de licenciamiento impuesto por las editoriales. A diferencia de los libros impresos, que las bibliotecas pueden comprar y prestar sin restricciones, los e-books están sujetos a licencias digitales que son mucho más costosas y restrictivas. Este modelo de «licenciamiento» ha sido descrito como el «modelo de Netflix» porque, en lugar de poseer los libros, las bibliotecas pagan por permisos temporales que les permiten prestar los e-books bajo condiciones específicas. Estas condiciones incluyen limitaciones en el número de préstamos que se pueden realizar, la cantidad de copias disponibles simultáneamente y el tiempo durante el cual la biblioteca puede ofrecer el e-book. Estas restricciones no solo elevan los costos para las bibliotecas, sino que también limitan su capacidad para cumplir con su misión de proporcionar acceso libre y equitativo a la información.
Además de los desafíos económicos, el artículo explora las crecientes tensiones legales entre las bibliotecas y las editoriales. Un caso destacado es la demanda presentada en 2020 por cuatro grandes editoriales contra Internet Archive, una organización sin fines de lucro que posee una de las mayores colecciones de materiales impresos y digitales en el mundo. Internet Archive ha utilizado un modelo de «préstamo digital controlado», en el cual escanean libros físicos para prestarlos en formato digital, argumentando que esto es crucial para la preservación y el acceso a largo plazo. Sin embargo, las editoriales consideran que esta práctica constituye una violación de los derechos de autor, ya que permite la distribución digital sin una compensación adecuada para los autores y editores. Este conflicto refleja una batalla más amplia sobre la propiedad de los contenidos en la era digital y plantea preguntas fundamentales sobre quién controla el acceso a la información.
El uso de la inteligencia artificial (IA) en la censura de contenidos es otro aspecto crítico destacado en el artículo. En algunos estados, como Iowa, las leyes recientes han prohibido libros que contienen representaciones de actos sexuales, y los distritos escolares han recurrido a herramientas de IA para cumplir con estas normativas. Por ejemplo, el distrito escolar de Mason City utilizó IA para revisar miles de libros y eliminar aquellos que no cumplían con la ley estatal. Aunque esta tecnología puede parecer una solución eficiente, los expertos advierten que la IA es inherentemente limitada y carece de la capacidad para entender el contexto y el matiz de los contenidos, lo que puede resultar en la censura indebida de materiales valiosos. Además, la variabilidad en los resultados de las herramientas de IA subraya su inadecuación para tomar decisiones tan delicadas como la prohibición de libros, especialmente cuando se trata de obras que representan a comunidades minoritarias.
Las implicaciones de estos conflictos son profundas y tienen el potencial de remodelar el futuro del acceso a la información. Por un lado, las editoriales están enfocadas en proteger sus derechos de autor y maximizar sus ingresos en un entorno cada vez más digitalizado. Por otro lado, las bibliotecas luchan por mantener su papel como guardianes del acceso libre al conocimiento y la cultura. Este enfrentamiento no solo afecta la economía del sector editorial, sino que también tiene repercusiones significativas en la educación, la equidad y la libertad de expresión. A medida que las tecnologías digitales y la inteligencia artificial continúan evolucionando, es probable que este debate se intensifique, con nuevos desafíos y oportunidades que surgirán en el camino.
En última instancia, el artículo de Biron subraya la necesidad de encontrar un equilibrio entre los derechos de los creadores y la misión educativa y cultural de las bibliotecas. Este equilibrio será esencial para garantizar que, en un mundo cada vez más digital, todos tengan acceso a la información y la cultura de manera justa y equitativa. Las batallas legales en curso, las crecientes restricciones de licenciamiento y el uso controvertido de la inteligencia artificial son solo algunas de las dinámicas que definirán este debate en los próximos años, y su resolución tendrá un impacto duradero en la forma en que accedemos y compartimos el conocimiento.
¿Cuáles son las principales razones para elegir un libro de vida real, lo-fi, analógico, en formato físico sobre la opción digital? El texto explica las razones principales por las cuales las personas eligen un libro físico, analógico y en formato impreso sobre la opción digital. Aquí están los puntos destacados basados en una encuesta reciente a 1,000 participantes:
SENSACIÓN 65%
La experiencia física: el peso del libro, las notas e inscripciones, los recuerdos marcados por las esquinas dobladas, las marcas de uso, como un antiguo boleto escondido en la página 56. Estas características proporcionan una experiencia táctil y personal que los libros digitales no pueden igualar.
APRENDIZAJE 61%
Herramientas de estudio: el uso de notas adhesivas, marcadores y la posibilidad de tener varios volúmenes abiertos al mismo tiempo facilitan el estudio y la investigación, algo que no es tan práctico en los libros electrónicos.
COMPARTIR 58%
Compartir y prestarse: los libros físicos se pueden prestar a amigos y seres queridos, permitiendo un intercambio tangible y la posibilidad de discutir y compartir experiencias literarias, lo cual es difícil de replicar con libros electrónicos.
VER 53%
Apreciación estética: los libros físicos suelen tener diseños atractivos, papeles de calidad, ilustraciones y bordes dorados, convirtiéndolos en objetos de arte visualmente agradables que añaden valor estético a una biblioteca personal.
REVENTA 45%
Derecho de propiedad: al comprar un libro físico, se obtiene la propiedad total del mismo, lo que permite venderlo o intercambiarlo según se desee, una opción que no está disponible para los libros electrónicos que a menudo están sujetos a restricciones de uso digital.
COLECCIONAR 44%
Coleccionismo: muchos disfrutan de la satisfacción de poseer libros antiguos, primeras ediciones o simplemente de tener una colección de libros en su estantería, lo cual es un aspecto significativo de la pasión por la lectura y el coleccionismo literario.
DAR 44%
Regalar: poner una cinta en un libro físico como regalo muestra un toque personal y afectivo que es difícil de lograr con descargas digitales, que carecen de la misma calidez y conexión emocional.
COMPRAR 42%
Experiencia de compra: explorar físicamente una librería, tocar y hojear libros entre los estantes ofrece una experiencia sensorial y una conexión con el entorno que no se puede replicar con la compra digital, que generalmente se realiza de manera solitaria desde casa.
POSAR 9%
Estética personal: tener un libro físico en las manos puede ser una expresión de estilo personal o un elemento de identidad cultural que es difícil de transmitir con un dispositivo electrónico.
OLER 11%
Experiencia sensorial: el olor de los libros físicos es valorado por muchos lectores, ya que evoca recuerdos y añade una dimensión sensorial a la experiencia de lectura que los libros electrónicos no pueden proporcionar.
Mientras la ley lucha por ponerse al día con la tecnología, el futuro de los libros está en juego. ¿Están los escritores condenados por «el mayor robo en la historia creativa» o podría la IA ofrecer nuevas formas de ganarse la vida?
Cuando la autora R.O. Kwon se enteró de que su primera novela, The Incendiaries, formaba parte del conjunto de datos Books3 utilizados para entrenar modelos de IA generativa, se sintió violada. Ella y otros autores expresaron su indignación en las redes sociales contra las empresas tecnológicas que habían «monitoreado» internet para obtener datos sin el consentimiento ni compensación para los creadores. Los libros, que llevaron años de trabajo, fueron utilizados para enseñar a los modelos de IA a crear «nuevo» contenido.
Douglas Preston, un autor de best-sellers, describe esto como «el mayor robo en la historia creativa» y es uno de los demandantes en una denuncia colectiva presentada contra Microsoft y OpenAI. Los escritores alegan que estas empresas violaron la ley de derechos de autor al utilizar sus libros para entrenar modelos de IA. Las empresas tecnológicas argumentan que entrenar sus modelos con contenido protegido por derechos de autor es similar a que una persona lea libros para mejorar su escritura. La decisión podría depender de la definición de «uso justo» en la ley.
La industria editorial ya está cambiando debido a la IA generativa. Aunque algunas voces en la industria creen que la IA podría ofrecer nuevas oportunidades para los escritores, también existe el temor de que pueda desplazar el trabajo humano. Mary Rasenberger, CEO de Authors Guild, señala que la IA que puede reproducir contenido similar al que ingirió representa una amenaza existencial para la profesión de escritor y la industria editorial.
La encuesta más reciente de Authors Guild encontró que el ingreso medio de los autores en 2022 fue de solo 20.000$, lo que subraya la precariedad de la profesión. La plataforma Kindle Direct Publishing de Amazon ha permitido un auge en la autoedición, pero también ha facilitado la proliferación de libros falsos y de baja calidad. En respuesta a esto, Amazon ha impuesto un límite diario de tres libros para los autores en su plataforma.
La creación de contenido con IA es barata porque las empresas no están pagando por las fuentes de datos de alta calidad, como los libros. El punto de las demandas contra OpenAI y Microsoft es asegurar una compensación para el uso de los libros que ya fueron ingeridos y para futuras contribuciones. Algunos proponen un sistema de licencias inspirado en la industria de la música, pero su ejecución aún no está clara.
Empresas como Inkitt y Galatea están utilizando IA generativa para identificar contenido atractivo y publicarlo en capítulos que los lectores compran individualmente. Aunque estas innovaciones están cambiando la forma en que se crean y distribuyen los libros, también plantean serias preguntas sobre la sostenibilidad para los escritores y la integridad del proceso creativo.
En 2013, Ali Albazaz fundó Inkitt como una plataforma para compartir escritos entre amigos. Para 2019, la compañía lanzó Galatea, una aplicación que presenta la ficción más popular de Inkitt, habiendo acumulado más de 100,000 autores y un millón de usuarios. Albazaz y su equipo utilizaron una IA tradicional (no generativa) para analizar el comportamiento de los usuarios y identificar el contenido más atractivo, publicando luego esas novelas en Galatea en capítulos que los lectores compran individualmente. Jane Friedman, ex CEO de HarperCollins, se unió a la junta de la compañía en 2021.
Empresas de capital de riesgo, como Kleiner Perkins, NEA y Khosla Ventures, han invertido más de cien millones de dólares en la compañía que Albazaz describe como «el Disney del siglo XXI». Cada tres a cuatro semanas, la compañía tiene un nuevo éxito, definido por Albazaz como una novela que genera un millón de dólares en ventas. Galatea se centra actualmente en novelas de romance y fantasía, con planes de expandirse a otros géneros apoyados por Inkitt.
Con IA generativa, Galatea puede ofrecer versiones en audio de las historias existentes y permitir a los lectores personalizar las historias a su gusto. Esto incluye cambiar nombres de personajes o añadir tramas, similar a la fanfiction. Los autores originales reciben regalías por estas adaptaciones.
La plataforma ofrece a los autores la posibilidad de ganar dinero mediante suscripciones de los lectores en Inkitt, y regalías si sus libros llegan a Galatea. Los autores más exitosos han ganado cantidades significativas, como 36.000 dólares en tres meses y hasta 115.000 dólares en un mes.
Por otro lado, Sudowrite, fundada por James Yu y Amit Gupta en 2020, también utiliza IA generativa para ayudar a los escritores a crear y revisar sus obras. Sudowrite ha atraído a unos 15.000 usuarios de pago, principalmente novelistas. La empresa utiliza diversos modelos de IA, incluyendo GPT-3, y está desarrollando uno que se ajuste específicamente a la voz de cada escritor.
Las obras generadas por IA existen en una zona legal gris: no son susceptibles de derechos de autor, pero las obras asistidas por IA pueden serlo. Amazon requiere que los autores indiquen si sus libros son generados por IA, pero no si son asistidos por IA. La regulación de este ámbito está aún en desarrollo.
Las grandes editoriales están explorando el uso de la IA para mejorar la productividad y crear audiolibros traducidos, pero todavía no se interesan por utilizarla para escribir libros completos. Sin embargo, existe preocupación entre los escritores de que la proliferación de contenido generado por IA y la falta de compensación adecuada por el uso de su trabajo para entrenar modelos de IA puedan dificultarles aún más la vida.
La Asociación de Agentes Literarios de América sugiere que los autores incluyan cláusulas en sus contratos para proteger su trabajo del uso sin consentimiento en el entrenamiento de IA. Sin embargo, estas cláusulas no siempre son aceptadas por las editoriales.
El impacto de la IA generativa en el tipo de libros que se publican también es un tema de debate. La presión económica podría dificultar la inversión en obras más complejas y profundas, afectando no solo a los autores, sino también a los lectores y la cultura en general. La interpretación legal de «uso justo» y si estos modelos «transforman» el trabajo en el que se entrenan será crucial para el futuro de la IA en la literatura.
Debido a una demanda exitosa de los editores de libros contra Internet Archive , la biblioteca en línea gratuita ha tenido que eliminar aproximadamente 500.000 títulos. Internet Archive informó que esta medida provocó una «pérdida devastadora» para los lectores que dependen de su acceso.
Internet Archive está apelando la decisión del tribunal, esperando revertirla al argumentar que el préstamo digital controlado de sus libros físicos debería considerarse uso justo bajo la ley de derechos de autor. Chris Freeland, director de servicios bibliotecarios de Internet Archive, defendió que utilizan tecnología estándar de la industria para evitar la redistribución de los libros prestados y que los editores no han demostrado daño al mercado de libros electrónicos.
Los seguidores de Internet Archive han pedido a los editores que reconsideren y restauren el acceso a los libros eliminados. Argumentan que esta acción afecta negativamente a comunidades educativas y marginadas, limitando su acceso a materiales esenciales para el aprendizaje y la investigación.
Por su parte, la Asociación de Editores Americanos (AAP) defendió las solicitudes de eliminación, afirmando que Internet Archive estaba transmitiendo obras literarias a nivel mundial sin licenciar los derechos necesarios. Internet Archive continúa su lucha legal, destacando que su préstamo digital no comercial sirve a misiones bibliotecarias importantes y no perjudica el mercado.
La resolución del caso podría tardar meses o más de un año, mientras tanto, IA sigue ofreciendo otros servicios bibliotecarios y prestando libros fuera de impresión y de dominio público.
Google fue demandado el miércoles por los editores educativos Cengage, Macmillan Learning, McGraw Hill y Elsevier, acusando al gigante tecnológico de promover copias piratas de sus libros de texto.
Los editores dijeron al Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York que Google ha ignorado miles de avisos de infracción de derechos de autor y continúa lucrándose con la venta de versiones digitales pirateadas de libros de texto anunciados a través de su motor de búsqueda dominante.
Los representantes de Google no respondieron de inmediato a una solicitud de comentarios sobre la demanda. El abogado de los editores, Matt Oppenheim de Oppenheim + Zebrak, dijo a Reuters que Google se había convertido en una «guarida de ladrones» para los piratas de libros de texto.
La queja dijo que las búsquedas en Google de las obras de los editores muestran versiones pirateadas de libros electrónicos con grandes descuentos en la parte superior de los resultados.
«Las obras infractoras con precios artificialmente bajos ahogan las obras legítimas con precios regulares,» dijo la demanda. «Por supuesto, los vendedores piratas pueden vender sus obras infractoras a precios tan bajos porque no hicieron nada para crearlas o licenciarlas; simplemente hicieron copias digitales ilegales.»
Según la demanda, Google ha empeorado la piratería al restringir los anuncios de libros electrónicos licenciados.
«Como resultado, el mercado de libros de texto está al revés, ya que el mayor negocio de publicidad en línea del mundo anuncia ebooks para piratas pero rechaza anuncios de ebooks para vendedores legítimos,» dijo la demanda.
La demanda afirmó que los editores han estado quejándose a Google sobre los anuncios desde 2021 sin resultado. Acusaron a Google de infracción de derechos de autor y marcas registradas y prácticas comerciales engañosas, solicitando una cantidad no especificada de daños monetarios.
De la Introducción:
Párrafo 1:
Esta demanda busca abordar la publicidad sistemática y generalizada de Google de copias no autorizadas e infractoras de los libros de texto y obras educativas de los Editores. Durante años, Google ha facilitado y obtenido ganancias de la venta de obras infractoras a través de sitios web piratas que Google promociona. Los Editores han informado repetidamente sobre infracciones a Google, solo para que esos informes sean ignorados. Google ha seguido anunciando obras infractoras mientras restringe simultáneamente los anuncios de obras educativas auténticas, apoyando la piratería en lugar de la legitimidad. La conducta de Google viola la Ley de Derechos de Autor, la Ley Lanham y la Ley de Negocios Generales de Nueva York, causando un daño incalculable a los Demandantes. Ahora, ese daño debe ser remediado.
Párrafos 3-6:
Los Editores han estado enviando avisos de infracción al agente designado por Google para recibir dichos avisos. Cada aviso identifica cientos o miles de anuncios específicos de Google para obras infractoras, incluidos los URL de los anuncios, las obras con derechos de autor infringidos y los sitios web piratas a los que los anuncios contienen enlaces directos. Los Editores envían estos avisos a Google para que Google pueda tomar medidas para detener la piratería. Las respuestas de Google a estos avisos han sido un desastre de fallos. Google ha fallado en eliminar miles de anuncios de obras infractoras de manera oportuna, o en absoluto, y ha continuado haciendo negocios con piratas conocidos. Google incluso ha amenazado con dejar de revisar todos los avisos de los Editores por hasta seis meses simplemente porque los Editores volvieron a enviar apropiadamente avisos para obras infractoras que Google no actuó anteriormente.
Legalmente, cuando Google recibe los avisos de los Editores y se da cuenta específicamente de que está anunciando y dirigiendo a los usuarios de Google a sitios web infractores, Google tiene la obligación de hacer algo al respecto. Continuar anunciando y obteniendo ganancias de actividades infractoras conocidas y continuar haciendo negocios con infractores reincidentes viola la ley.
Públicamente, Google afirma que quiere proteger la propiedad intelectual, jactándose de ser «un líder en la erradicación y expulsión de sitios fraudulentos» de sus servicios publicitarios. Pero las acciones de Google no coinciden con sus palabras. No solo Google no ha «erradicado y expulsado» de manera independiente a los piratas reincidentes, sino que ha ignorado los avisos de infracción que identifican claramente estos «sitios fraudulentos.» Los Demandantes han intentado repetidamente discutir estos problemas con Google, pero Google se niega a tomar medidas básicas para resolverlos. Así, a pesar de los esfuerzos de los Demandantes, el sitio de Google sigue plagado de anuncios de obras infractoras.
Párrafos 7-10:
Para empeorar las cosas, al usar imágenes no autorizadas de los libros de texto de los Editores, que a menudo contienen marcas registradas, Google engaña a los consumidores haciéndoles creer que están obteniendo un producto legítimo a un precio de ganga, cuando en realidad están comprando un producto ilícito. Por lo tanto, además de sus violaciones de derechos de autor, las prácticas publicitarias de Google violan la Ley Lanham.
Además, Google se niega a permitir que vendedores legítimos como los Editores anuncien libros digitales independientes en la plataforma de compras de Google, pero permite tales anuncios de vendedores piratas. Como resultado, el mercado de libros de texto está al revés, ya que el mayor negocio de publicidad en línea del mundo anuncia ebooks para piratas pero rechaza anuncios de ebooks para vendedores legítimos. Las prácticas de Google dañan a los consumidores, que son dirigidos a productos ilegales e inferiores. Las prácticas de Google también dañan a los Editores, cuyas ventas disminuyen, mientras que las ventas de los piratas aumentan. Esta práctica comercial engañosa viola la ley de Nueva York.
Sin la intervención del tribunal, Google continuará infringiendo deliberadamente los derechos de autor de los Editores y las marcas registradas de los Demandantes de Marcas Registradas y violando la ley de Nueva York. Para abordar y remediar la persistente y dañina conducta de Google, los Demandantes presentan esta acción.
Los bibliotecarios están librando una feroz batalla, estado por estado, contra los elevados precios que pagan por suministrar libros electrónicos a sus usuarios. La disputa en curso amenaza el acceso de los usuarios de las bibliotecas a los libros electrónicos.
¿Cuál es la situación? Los editores suelen exigir a las bibliotecas que renueven la licencia de cada libro electrónico cada dos años, o después de 26 préstamos. Esto restringe el número de libros electrónicos -especialmente los más vendidos- que pueden prestar a los usuarios, que se muestran enfadados y desconcertados por las limitaciones.
A los lectores les encantan las aplicaciones gratuitas (para ellos) que les permiten tomar prestados innumerables libros electrónicos y audiolibros: Libby (la dominante, gestionada por OverDrive) y Hoopla. Pero algunas bibliotecas dicen que el coste de renovar sus contratos con OverDrive y hoopla es prohibitivo, así que están abandonando las aplicaciones, hoopla en particular.
La otra parte: La Asociación de Editores Estadounidenses argumenta que debe proteger los derechos de los titulares de derechos de autor -es decir, los autores- a recibir una compensación justa por su trabajo.
Un proyecto de ley de Connecticut para aumentar el poder de negociación de las bibliotecas en las negociaciones sobre libros electrónicos fue presentado la semana pasada tras un debate de tres horas en la Cámara de Representantes del estado. En Massachusetts y Rhode Island se están estudiando proyectos similares.
Según Kyle Courtney, abogado y bibliotecario de Harvard que ha elaborado un modelo de legislación sobre libros electrónicos para los estados, este año han sido siete los estados que han abordado esta cuestión, y alrededor de una docena están interesados en hacerlo el año que viene.
Las bibliotecas tienen una «misión pública única y determinante» que debería darles derecho a condiciones de compra de libros electrónicos más favorables cuando utilizan fondos públicos, dice Courtney a Axios.
«Se trata de contratos no negociables, y las bibliotecas llevan años intentando llegar a un acuerdo», afirma Courtney, cofundadora de Library Futures, una organización sin ánimo de lucro que defiende los derechos digitales de las bibliotecas. «Necesitamos el poder coercitivo del Estado sentado detrás de nosotros en la mesa diciendo: “Necesitamos un trozo especial del pastel”».
Una ley de Maryland habría obligado a los editores a suministrar libros electrónicos a las bibliotecas en «condiciones razonables». Sin embargo, un tribunal federal declaró la ley «inconstitucional e inaplicable» tras un recurso interpuesto por la Asociación de Editores Estadounidenses por motivos de libre mercado e inaplicación de los derechos de autor.
La impugnación de Maryland llevó a la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, a vetar una medida similar que había sido aprobada por la asamblea legislativa del estado prácticamente sin oposición.
Cada editor establece sus propias condiciones económicas para cada título de libro electrónico, de modo que las «cinco grandes» editoriales pueden tomar sus propias decisiones. A partir de ahí, OverDrive y Hoopla se llevan su margen de beneficio. La rama editorial de Amazon ha sido especialmente tacaña a la hora de poner sus libros electrónicos a disposición de las bibliotecas.
Según la American Library Association, «las bibliotecas suelen pagar 55 dólares por una copia que caduca a los dos años (o 550 dólares por una copia durante 20 años)». «Mientras tanto, un consumidor pagará unos 15 dólares por el uso perpetuo». «En comparación, las bibliotecas pueden comprar libros de tapa dura por unos 18-20 dólares». Cada libro electrónico sólo puede prestarse a una persona cada vez, lo que provoca largas esperas a los usuarios.
OverDrive intenta ayudar a las bibliotecas a dividir sus colecciones para ofrecer el máximo número de libros electrónicos al menor coste. hoopla ofrece un programa de análisis que ayuda a las bibliotecas a estirar el dinero que invierten en libros electrónicos, además de nuevas funciones como BingePass, que permite a los usuarios ver en streaming un gran número de películas y libros electrónicos.
«Sí, todavía nos queda mucho por hacer» en cuanto a precios para bibliotecas, «pero hemos cumplido», dice a Axios Steve Potash, fundador y consejero delegado de OverDrive.
«Siempre encontraremos oportunidades para educar y defender a los editores, autores y agentes de que sus mejores intereses se sirven dando a todas las instituciones oportunidades justas y flexibles para adquirir libros digitales».
Señaló que OverDrive se convirtió en una corporación B certificada en 2017 – y con eso, dice, «tenemos que ser defensores de las bibliotecas para obtener la mejor propuesta de valor.»
Los bibliotecarios están desarrollando alternativas de código abierto a Libby y hoopla y probando «experimentos con editores que no implican licencias restrictivas», dice Jennie Rose Halperin, directora de Library Futures. El Proyecto Palace es una incipiente plataforma de distribución de libros electrónicos para bibliotecas respaldada por la Fundación James L. Knight, una organización sin ánimo de lucro llamada Lyrasis y la Digital Public Library of America. La Biblioteca Pública de Nueva York tiene una iniciativa de código abierto llamada SimplyE. Briet, una colaboración de bibliotecas para libros electrónicos, acaba de despegar.
En resumen: Los bibliotecarios ya están en primera línea de los problemas sociales del país, y les va a resultar difícil enfrentarse simultáneamente a la industria editorial y salir victoriosos.
Craveiro, Gisele, Jorge Machado, y Pablo Ortellado. El Mercado de libros técnicos y científicos en Brasil. Portal de Livros Abertos da USP. Portal de Livros Abertos da USP, 2020.
El gobierno brasileño viene fomentando a través de sus instituciones una serie de medidas para la promoción del acceso al conocimiento. Algunos ejemplos son las iniciativas del Instituto Brasileño de Información en Ciencia y Tecnología (IBICT) de promoción del “acceso abierto” o “libre” a la producción científica; el Portal Dominio Público del Ministerio de Educación (MEC) que coloca a disposición textos en dominio público, además de tesis académicas; la política de la Coordinaduría de Perfeccionamiento de Enseñanza Superior (CAPES) de tornar disponibles en la Internet todas las nuevas tesis y disertaciones brasileñas; y el incentivo al uso de “licencias libres” en diversos tipos de contenidos fomentados por el Ministerio de Cultura (MinC).Sin embargo, tales medidas todavía son puntuales dadas las potencialidades del objetivo de la acción gubernamental. Ellas son mucho más el resultado de esfuerzos aislados de agencias públicas que fruto de una política nacional articulada. El potencial para la promoción de acceso a la información y al conocimiento es muy grande considerando la posibilidad de extender tales políticas a todos los ministerios y secretarías de gobierno y sus agencias, así como a las administraciones estaduales y municipales. Investigaciones, estudios, informes técnicos, datos primarios en áreas diversas como la ambiental y la aeroespacial son apenas algunos ejemplos de información que podrían ser colocados a disposición del público sin las restricciones del licenciamiento tradicional de los derechos de autor.
El 30 de abril de 2024, «Crafty Birds» de Kristy Conlin se convirtió en el título número cuatro mil millones prestado a través de OverDrive y sus aplicaciones, Libby y Sora. Este logro es un testimonio de los bibliotecarios y educadores que promueven la lectura digital todos los días (así como el usuario de la Biblioteca Pública de Calgary que tomó prestado el título!).
El primer préstamo de un libro electrónico a través de OverDrive en una biblioteca ocurrió en 2003 y tomó cuatro años alcanzar el primer millón en 2007 y otros cinco para llegar a los 100 millones en 2012. A medida que el apoyo de las bibliotecas a la lectura digital creció, los préstamos totales de OverDrive alcanzaron los 1000 millones en marzo de 2018. Para diciembre de 2020, los préstamos digitales a través de OverDrive, Libby y Sora, superaron los 2000 millones. En dos años, ese número había alcanzado los 3000 millones.
Gracias a su compromiso y dedicación, los préstamos ahora han superado los 4000 millones. Más personas que nunca están descubriendo la alegría de tomar prestados libros electrónicos, audiolibros, revistas, cómics de su biblioteca digital y estamos agradecidos de servir a todos los usuarios que se benefician del acceso a contenido digital.
Las bibliotecas públicas impulsan el compromiso comunitario a través de la innovación y la inspiración
Un impulsor importante del logro de los cuatro mil millones de préstamos de libros digitales son las iniciativas de las bibliotecas locales que se centran en aumentar la conciencia y la participación dentro de sus comunidades. Algunos ejemplos de estas iniciativas:
La Biblioteca Pública de Los Ángeles, la biblioteca digital con mayor circulación en los Estados Unidos, se convirtió en la primera biblioteca en alcanzar los doce millones de préstamos digitales en un año calendario.
La Biblioteca Pública del Condado de Harris (TX) está empoderando la democracia al proporcionar guías de votantes locales en Libby.
Los más de 2,1 millones de usuarios que utilizan la colección de libros digitales de su biblioteca pública con una Tarjeta Digital Instantánea.
La Biblioteca Pública de Tinley Park (IL) elimina las barreras para la lectura al asociarse con el distrito escolar local utilizando Public Library CONNECT.
Mirando hacia el próximo billón, OverDrive continuará su misión de crear una experiencia de lectura inclusiva y accesible para todos, mientras apoya a las 92.000 bibliotecas, escuelas, colegios y organizaciones en 115 países que utilizan contenido digital para llegar a más de sus comunidades.