Archivo de la etiqueta: PreTextos

Bibliotaxi: viaja cómodo disfrutando de un libro

 

B8hjH1rIcAA_Wcj

 

Bibliotaxi

https://www.bibliotaxi.com.mx/

 

Bibliotaxi es un concepto innovador que nace en 2012 como una oportunidad para contrarrestar los factores de la no-lectura en nuestra sociedad. El servicio de promoción de la lectura lúdica para oficinas corporativas e instituciones académicas tiene como objetivo llevar los libros a los espacios de trabajo (accesibilidad) como una prestación de la empresa (gratuidad) y con un servicio integral en donde se brinda orientación personalizada para proponer el mejor libro de acuerdo a gustos y preferencias (oferta y apoyo).

Diseñamos un concepto innovador para que las Empresas Socialmente Responsables e instituciones académicas se sumen al interés de fomentar la lectura entre todo su personal.

Para tener un buen sistema de promoción de la lectura, Bibliotaxi contempla:

  • Facilidad en el acceso a los libros, es decir, que los materiales de lectura se encuentren físicamente cerca de los lectores o futuros interesados en leer.

  • Asesoría o guía sobre la oferta en títulos, temas, autores y géneros. La gente quiere leer pero no sabe por dónde empezar, por ello es importante que exista una persona que facilite y guíe el proceso de selección de libros.

  • Gratuidad, de tal modo que el factor financiero no sea impedimento para quien busca la lectura como actividad lúdica.

Los monjes se convirtieron en los principales bibliotecarios de occidente

 

copista-medieval

 

A pesar de todo, las reglas monásticas exigen el ejercicio de la lectura, y eso bastó para poner en marcha una extraordinaria cadena de consecuenciacias. La lectura no era simplemente algo opcional o deseable o recomendable: la lectura era obligatoria. Y la lectura requería libros. Los libros que se abrian una y otra vez acababan deteriorándose, por mucho cuidado que se pusiera a la hora de manejarlos. Así pues, casi sin que nadie se diera cuenta, las reglas monásticas hicieron que los monjes se vieran obligados a conseguir una y otra vez libros. A lo largo de las violentas guerras góticas de mediados del siglo VI y durante el periodo todavía más funesto que vino después, los últimos talleres comerciales de producción de libros quebraron, y las huellas del mercado de textos escritos desaparecieron. De ese modo, y otra vez sin que casi nadie se diera cuenta, las reglas monásticas hicieron que los monjes se vieran obligados a preservar y a copiar minuciosamente los libros que ya poseen. Pero hacía mucho tiempo que había desaparecido todo el contacto con los fabricantes de papiros de Egipto y, por otro lado, a falta de un tráfico comercial de libros, la industria de la transformación de pieles de animales en superficies aptas para la escritura había caído en desuso. Por consiguiente, y de nuevo casi sin que nadie se diera cuenta, las reglas monásticas hicieron que los monjes se vieran obligados a aprender el laborioso arte de la fabricanción de pergaminos y a salvar de la destrucción los ya existentes. Sin querer emular a las elites paganas poniendo los libros o la escritura en el centro de la sociedad, sin afirmar en ningun momento la importancia de la retorica y la gramática, sin premiar la erudición y el debate, los monjes se convirtieron en los principales lectores bibliotecarios, conservadores y productores de libros del mundo occidental comprar o conseguir una y otra vez libros.

 

Stephen Greenblatt «El giro: de cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno»

 

Un libro que contiene en 10 páginas cien millones de millones de poemas

 

96

«El libro está más inspirado en el libro infantil Têtes de rechange que en los juegos surrealistas del exquisito género Cadavre que diseñé -y produje-, este pequeño libro permite a cualquiera componer a voluntad cien mil billones de sonetos, todos regulares por supuesto. Es, después de todo, una especie de máquina para hacer poemas, aunque en un número limitado; es cierto que este número, aunque limitado, proporciona lectura durante casi doscientos millones de años (leyendo las veinticuatro horas del día)».

Raymond Queneau.

 

Versión interactiva en inglés y francés

Cien mil millones de poemas o Cien millones de millones de poemas (título original en francés: Cent mille milliards de poèmes) es un libro de Raymond Queneau, publicado en 1961. El libro tiene ‘sólo’ 10 páginas, cada una cortada en 14 franjas horizontales que representan los 14 versos de un soneto. Como los diez sonetos tienen no sólo el mismo esquema rítmico sino también los mismos sonidos rítmicos, cualquier línea de un soneto puede combinarse con cualquiera de los otros nueve, permitiendo 1014 (= 100.000.000.000.000) poemas diferentes. Cuando Queneau tuvo problemas para crear el libro, solicitó la ayuda del matemático François Le Lionnais, y en el proceso iniciaron Oulipo.

El propio autor calculaba que «Contando 45 segundos para leer un soneto y 15 segundos para cambiar las persianas durante 8 horas al día, 200 días al año, tendríamos más de un millón de siglos de lectura, y si leyéramos todos los días, los 365 días del año, tardaríamos 190.258.751 años (sin tener en cuenta los años bisiestos y otros detalles)».

La versión original francesa del libro fue diseñada por Robert Massin. Se han publicado dos traducciones completas al inglés, las de John Crombie y Stanley Chapman. La traducción de Beverley Charles Rowe, que utiliza los mismos sonidos de rima, se ha publicado en línea. En 1984, la Edition Zweitausendeins de Frankfurt a.M. publicó una traducción alemana de Ludwig Harig.

En 1997, una decisión judicial francesa prohibió la publicación del poema original en Internet, citando el derecho moral exclusivo de Queneau y la editorial Gallimard.

Raymond Queneau nació en Le Havre el 21 de febrero de 1903, Raymond Queneau fue novelista, poeta, dramaturgo y matemático. Estudió en el Lycée du Havre y luego en la Facultad de Letras de París. Después de asistir al grupo surrealista, cuya influencia le influyó, se incorporó a las Éditions Gallimard en 1938 donde fue lector, traductor de inglés y luego miembro del comité de lectura. Cofundador del OuLiPo, miembro de la Académie Concourt desde 1951, también dirigió la Enciclopedia de la Pléiade. Entre sus muchas obras se encuentran Exercices de style, Zazie dans le métro, Les Fleurs bleues. Murió en París el 25 de octubre de 1976. Fundador del OuLiPo (Ouvroir de littérature potentielle) junto con François le Lionnais, Raymond Queneau se apasionó por la dimensión formalista y lúdica del lenguaje, como se muestra en «Exercices de style», «Les Fleurs bleues» y «Cent mille milliards de poèmes».

 

El niño de color al que le negaron el préstamo de dos libros de la biblioteca y después se convirtió en héroe nacional

 

ronald_erwin_mcnair

 

En 1958 un niño de color se dirigió hasta el mostrador de préstamo de la Biblioteca Pública de St. Lake City con dos libros bajo el brazo entre las miradas de asombro de la gente.  En ese tiempo en Estados Unidos no estaba permitido que las personas de color fueran a determinados lugares que frecuentaban los blancos. Ronald E. McNair, que así  se llamaba el niño, entonces tenía sólo 9 años, y una enorme curiosidad de aprender de los libros sobre ciencia avanzada y cálculo, pero la bibliotecaria no se los prestó. «No préstamos libros a los negros», le dijo.

Los usuarios de la biblioteca se rieron del comportamiento de McNair, y el bibliotecario amenazó con llamar a la policía y a su madre, Pearl.

McNair no se movió. Se subió al mostrador, con sus piernas delgadas colgando, y esperó, porque dijo que no se iría sin los libros. Cuando llegó la policías, los agentes determinaron que McNair no estaba causando disturbios públicos, y cuando Pearl dijo que pagaría los libros si McNair no los traía de vuelta, el bibliotecario accedió a prestárselos.

«Gracias, señora», dijo McNair, antes de salir de la biblioteca. McNair, siempre fue un estudiante extraordinario, y con el tiempo se convirtió en astronauta y héroe de su ciudad natal …

Ya que pasados 26 años de aquel episodio, Ronald McNair, fue el segundo afroamericano en el espacio, murió a los 35 años en la explosión del Challenger el 28 de enero de 1986. Se trata de una historia asombrosa, y en la cirta, pero importante vida de Ronald cambiaron muchas cosas. Obviamente, la biblioteca pública fue una gran parte de la vida de Ronald.

En la librería “Gulyanda”

 

415d4a068c829784c841cfbe70a6b64dj

Poesía de poeta kazajo Erlan Zhunis dedicada a la librería de Gulyanda en Kazajistán 

 

EN LA LIBRERIA «GULYANDA»

Almatý
Septiembre.
Ya es de noche.
Una tienda de libros…
«Dueño, no mire el reloj!»
Entiendo que en tu casa
Te están esperando,
Pero no tengo ninguna razón para irme.
En la ciudad de los sentimientos
Se celebran las fiestas,
Pero las flores no tienen olor urbano.
Al otro lado,
Están los gritos de los ruidosos sabelotodo.
En este lugar reside la mansa sabiduría.
Y otras sabidurias,
Orgullosas y soberbias
Que están dentro de los libros.
Ya aburridos de sí mismos.
Y mañana, tal vez, yo también vendré aqui
En un libro como este,
lo presiento
Dueño,
Yo sé que voy a venir de todos modos,
Así que entiendeme y permiteme estar aqui.
Oh, entonces podrás venderme caro
A todas las jóvenes lectoras.
¡Por tu bondad de hoy
Mi madre te va a bendecir!
Las estanterias de libros
Son como las cinturas de bellas mujeres.
Flexibles.
Aguantan el peso
Los ancianos encuadernados
Mis manos son como las novias educadas.
No mojan los dedos en el nectar
No manchan los puros sueños y deseos,
Sólo acarician los lomos y sienten
El aliento de cada palabra
La palpitación
Del corazón, en el cual se asientan
ceras derretidas de la literatura,
Tan calientes en los pensamientos
De un solitario ciudadano
Escondido en la multitud,
La sabiduria es
El silencio.
Solo las páginas de los libros gritan,
Los soberbios ancianos juegan conmigo:
Este joven necio no se tranquiliza
Quiere estar con nosotros!»
Y Luego ellos se encogen de hombros,
Como si estuvieran respondiendo
A sus propios pensamientos.
No pueden sacar a nadie de su cueva,
Porque se habían convertido
En una caverna platónica
Ellos mismos.
Oh, ancianos, os quiero,
Aunque vosotros no sabéis querer,
Quiero aprender de vosotros
Cómo no perecer en este mundo:
¡Cómo morir, ya lo se!
Tengo pocos coetáneos
Yo, nacido del padre Pensamiento
Y de la madre Tristeza.
Almatý.
Septiembre
Ya es de noche.
Una tienda de libros…
Cierro la puerta desde fuera,
Porque en la calle
Me espera mi soledad
Y soy su único amigo

Erlan Zhunis, un poeta kazajo, nació en 1984. En 2007 se graduó de la facultad de idiomas del mundo de la universidad estatal MHDulati en Taraz.

Un libro que creíamos perdido

 

849ba080e58eaa1a066e6c419321894a

 

 

Shinto

Cuando nos anonada la desdicha,
durante un segundo nos salvan
las aventuras ínfimas
de la atención o de la memoria:
el sabor de una fruta, el sabor del agua,
esa cara que un sueño nos devuelve,
los primeros jazmines de noviembre,
el anhelo infinito de la brújula,
un libro que creíamos perdido,
el pulso de un hexámetro,
la breve llave que nos abre una casa,
el olor de una biblioteca o del sándalo,
el nombre antiguo de una calle,
los colores de un mapa,
una etimología imprevista,
la lisura de la uña limada,
la fecha que buscábamos,
contar las doce campanadas oscuras,
un brusco dolor físico.
Ocho millones son las divinidades del Shinto
que viajan por la tierra, secretas.
Esos modestos númenes nos tocan,
nos tocan y nos dejan.

Jorge Luis Borges

Lucas Corso, el bibliofilo del Club Dumas de Arturo Pérez Reverte

 

btbat1qs_400x400

 

Párrafo tomado del libro

Los libros, la lectura y los lectores – de Julio Alonso Arévalo en Alfagrama ediciones

Ver

 

Un bibliófilo es aquella persona que ama los libros, tanto como objeto físico como por ser el objeto portador de un mensaje, que le gusta adquirirlos, leerlos y que generalmente posee una colección importante. La bibliofilia no debe confundirse como a veces se hace con la bibliomanía, un síntoma potencial de un trastorno obsesivo-compulsivo que implica una posesión desaforada y enfermiza por la posesión de libros, y al que el mero hecho de poseer el objeto físico es superior al valor que le concede al libro en sí mismo.

Así, nos aparece la figura del bibliófilo en el “Club Dumas” de Arturo Pérez Reverte. La historia de un cazador de libros que recibe el encargo de autentificar un manuscrito de “Los tres mosqueteros”, y a la búsqueda de un extraño manuscrito quemado en 1667. Ello llevará al protagonista a una arriesgada y desesperada misión para encontrar el objeto de deseo. Solamente una frase del libro define claramente que es la bibliofilia “… se ingresa en bibliofilia como en religión: para toda la vida”.

 

«Era uno de esos lectores compulsivos que devoran papel impreso desde la más tierna infancia; en el caso -poco probable- de que en algún momento la infancia de Corso mereciera calificarse de tierna… Conocí a Lucas Corso cuando vino a verme con el vino de Anjou bajo el brazo. Corso era un mercenario de la bibliofilia; un cazador de libros por cuenta ajena. Eso incluye los dedos sucios y el verbo fácil, buenos reflejos, paciencia y mucha suerte. También una memoria prodigiosa, capaz de recordar en qué rincón polvoriento de una tienda de viejo duerme ese ejemplar por el que pagan una fortuna. Su clientela era selecta y reducida: una veintena de libreros de Milán, París, Londres, Barcelona o Lausana, de los que sólo venden por catálogo, invierten sobre seguro y nunca manejan más de medio centenar de títulos a la vez; aristócratas del incunable para quienes pergamino en lugar de vitela, o tres centímetros más en el margen de página, suponen miles de dólares. Chacales de Gutenberg, pirañas de las ferias de anticuario, sanguijuelas de almoneda, son capaces de vender a su madre por una edición príncipe; pero reciben a los clientes en salones con sofá de cuero, vistas al Duomo o al lago Constanza, y nunca se manchan las manos, ni la conciencia. Para eso están los tipos como Corso… Y mientras le cobraba afición al negocio, descubrí algo: hay libros para vender y libros para guardar. En cuanto a estos últimos, se ingresa en bibliofilia como en religión: para toda la vida.»

Arturo Pérez Reverte. “El club Dumas o La sombra de Richelieu”. Madrid: Alfaguara, 1990

 

 

 

En México rehabilitan un avión para convertirlo en biblioteca

 

1145

 

 

Un Boeing 737 es el primer Biblio-Avión en la alcaldía de Iztapalapa (México). Fue instalado para funcionar como una biblioteca moderna y cuenta con equipo tecnológico para fomentar el aprendizaje de niños y jóvenes.

 

Iztapalapa es un distrito con gran densidad de población en el montañoso parque nacional del cerro de la Estrella coronado por la pirámide del Fuego Nuevo, pero la gran novedad es la inauguración de un avión biblioteca en una nave abandonada de la compañía Mexicana de Aviación, Boeing 737-200 que dejó de funcionar en 2009, ubicado y re adaptado en la Plaza de la Colonia Álvaro, El proyecto se ha denominado » Volando a la Utopía». El avión-biblioteca cuenta con 29 espacios para la lectura, una cabina con simulador de vuelo semiprofesional, con dos asientos; además de 26 ordenadores que con Wi-Fi gratuita, tendrán 15 libros electrónicos precargados. También cuenta con audiolibros, elevador para personas con discapacidad y diversos recursos para el acceso a bibliotecas digitales, En toraltendrr 100 títulos a perpetuidad en modalidad de multiusuarios con contenidos de novela, literatura infantil y juvenil; un repositorio digital open access en formato pdf; 15 títulos precargados y 20 audiolibros en línea y 10 en CD..

Además de ser un avión de lectura, entre sus mejores actividades está el simulador semiprofesional de vuelo, instalado en la aeronave para que los usuarios aprendan a manejarla. Es totalmente gratuito y tendrá adiestramiento específico sobre el despegue, el viaje y el aterrizaje.

 

notasavion2-bdbadf2d93a7214a0e83657179607028-1200x0-1

 

El proyecto tenía como objetivo rehabilitar áreas que eran inseguras y que por ello los ciudadanos no visitaban. El avión estaba en e cementerio de del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. En el interior el avión está adaptado a las necesidades de la biblioteca,para ello se retiraron los asientos originales, que cambiaron por asientos con ordenadores y una biblioteca. En los ordenadores hay instalados programas y juegos didácticos que permiten a los niños aprender, hacer sus tareas, programar y   divertirse par que desde pequeñitos tengan una formación que les permita poder encontrar un empleo digno. El avión biblioteca funciona de lunes a domingo en su servicio de biblioteca, y de martes a domingo el resto de actividades, desde las 09:00 horas hasta las 19:00.

82387300_2691911517570226_1275166620427223040_n

 

 

Notas al margen

 

bergman-marlenedietrichsmarginalia_03

 

Notas al margen (Marginalia)

A veces las notas son feroces,
escaramuzas contra el autor
propagándose a lo largo de los márgenes de cada página
en minúsculas letras negras.
Si pudiera ponerte las manos encima,
Kierkegaard, o Conor Cruise O’Brien,
parecen decir,
cerraría la puerta y metería algo de lógica en tu cabeza.

Otros comentarios son más improvisados, despectivos-
‘Disparates.’ ‘¡Por favor!’ ‘¡Ja!’
ese tipo de cosas.
Recuerdo una vez al levantar la vista de la lectura,
mi pulgar como señalador,
tratando de imaginar cómo sería la persona,
por qué escribió ‘No seas tonto’
junto a un párrafo en La vida de Emily Dickinson.

Los estudiantes son más modestos
solo necesitan dejar sus huellas esparcidas
a lo largo del margen de la página.
Uno garabatea ‘Metáfora’ junto a una estrofa de Eliot.
Otra marca la presencia de ‘Ironía’
cincuenta veces fuera de los párrafos de Una modesta proposición.

O son fanáticos que animan desde las gradas vacías,
manos ahuecadas alrededor de sus bocas.
“Totalmente”, gritan
a Duns Scotus y a James Baldwin.
‘Sí.’ ‘Obejtivo’ ‘¡Mi hombre!’
Tildes, asteriscos y signos de exclamación
llueven por las líneas marginales.

Y si lograste graduarte de la universidad
sin haber escrito ‘Hombre contra la Naturaleza’
en un margen, tal vez ahora
sea el momento de dar un paso adelante.

Todos hemos nos hemos apoderado del perímetro blanco como nuestro
y solo buscamos una lapicera para demostrar
que no nos quedamos en un sillón cambiando de página;
presionamos un pensamiento en el camino,
clavamos una marca en el margen.

Incluso los monjes irlandeses en sus fríos escritorios
anotaron en los márgenes de los Evangelios
breves comentarios sobre el dolor de copiar,
un pájaro firma cerca de sus ventanas,
o la luz del sol que iluminaba su página-
hombres anónimos atrapados en el futuro
en un barco más perdurable que ellos mismos.

Y no has leído a Joshua Reynolds,
dicen, hasta que lo hayas leído
rodeado por los furiosos garabatos de Blake.

Sin embargo, en la que pienso con más seguido,
y cuelga de mí como un relicario,
estaba escrito en la copia de El cazador oculto
que tomé prestada de la biblioteca local
en un verano largo y caluroso.
Yo recién empezaba la secundaria,
leyendo libros en un sofá en el living de mis padres,
no puedo decirte
cuánto se ahondó mi soledad,
qué conmovedor y amplificado parecía el mundo ante mí,
cuando encontré en una página

unas pocas manchas de aspecto grasoso
y junto a ellas, escrito en lápiz blando-
por una hermosa niña, a quien
puedo decir nunca conoceré-
‘Disculpe las manchas de ensalada de huevo, pero estoy enamorada’.

Billy Collins, Manhattan, 1941