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Imagen del bibliotecario en «Invisible» de Paul Auster

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Fragmento de la Novela «Invisble» de Paul Auster

«Un amigo acaba de marcharse de la ciudad a pasar el verano, y haces una solicitud para ocupar su puesto de ayudante en la Biblioteca Butler de la Universidad de Columbia. El salario no llega a la mitad de lo que gana tu hermana, pero te consuelas con la idea de que puedes ir andando al trabajo, lo que te evitará el suplicio de tener que meterte dos veces al día en un vagón de metro rebosante de sudorosos viajeros.

Te hacen una prueba antes de contratarte. La bibliotecaria titular te entrega un montón de fichas, unas ochenta o cien, quizás, cada una con el título de un libro, el nombre del autor, el año de publicación, y un número del sistema de clasificación decimal de Dewey que indica el estante y lugar en donde debe colocarse. La bibliotecaria es una mujer ceñuda de unos sesenta años, una tal señorita Greer, y ya parece recelar de ti, decidida a no transigir un ápice. Como acaba de conocerte y no puede saber cómo eres, te imaginas que desconfía de toda la gente joven –por cuestión de principios– y por tanto lo que ve en ti cuando te mira no eres tú, sino un guerrillero más en la lucha contra la autoridad, un indómito rebelde que no tiene ningún derecho a irrumpir en el santuario de su biblioteca para pedir trabajo. Ésa es la época en que vives, en la que vivís los dos. Te da instrucciones para que ordenes las fichas, y notas cómo ansía que te equivoques, lo contenta que se pondría rechazando tu solicitud, y como tú quieres conseguir el trabajo con las mismas ganas que ella tiene de no dártelo, te aseguras de no fallar. Quince minutos después, le entregas las fichas. Se sienta y se pone a examinarlas, una por una, una detrás de otra, de la primera a la última, y cuando vas viendo cómo la escéptica expresión de su rostro se disuelve en una especie de confusión, comprendes que lo has hecho bien. El rostro glacial esboza una tenue sonrisa. Dice: Nadie llega a hacerlo a la perfección. Es la primera vez que lo veo en treinta años.

Trabajas de diez de la mañana a cuatro de la tarde, de lunes a viernes. Acostumbras a llegar temprano, y entras en el vasto y pretencioso edificio neoclásico concebido por James Gamble Rogers con el almuerzo en una bolsa de papel marrón. Dejando aparte su pompa y solemnidad, el edificio nunca deja de impresionarte con sus volúmenes y grandiosidad, pero la palma de la idiotez, piensas, se la llevan, con el mayor de los bochornos, los nombres de los ilustres muertos cincelados en la fachada –Heródoto, Homero, Platón, junto con otros muchos–, y todas las mañanas te imaginas la diferente impresión que daría la biblioteca si estuviera decorada con otra serie de nombres: músicos de jazz, por ejemplo (Fats Waller, Charlie Parker, Benny Goodman), diosas del cine de los años cuarenta (Ingrid Bergman, Hedy Lamarr, Gene Tierney), poco conocidos y menos recordados jugadores de béisbol (Gus Zernial, Wayne Terwilliger, Clyde Kluttz), o, simplemente, los nombres de tus amigos. Y así empieza la jornada. Entras por la puerta principal, el pesado portón con sus brillantes accesorios de cobre, subes por la escalinata de mármol, echas un vistazo al retrato de Eisenhower (antiguo rector de la universidad, presidente luego del país durante tu infancia), y pasas a una pequeña sala a la derecha del mostrador central, en donde das los buenos días al señor Goines, tu jefe, un hombre menudo con gafas de búho y vientre prominente, que te indica el quehacer diario. En esencia, sólo hay dos tareas que realizar. O vuelves a colocar libros en los estantes o envías desde los pisos superiores al mostrador central las nuevas peticiones de libros con el montacargas. Cada trabajo tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y todos pueden ser realizados por cualquiera que posea la capacidad mental de una mosca de la fruta.
Al poner los libros en las estanterías, debes comprobar y después confirmar que el número decimal Dewey del libro que estás colocando en el estante sea un punto superior al del volumen que está a su izquierda y un punto inferior al de su derecha. Los libros se cargan en un carrito de madera provisto de cuatro ruedas, entre cincuenta y cien por cada sesión de colocación, y mientras diriges tu pequeño vehículo por el laberinto de estanterías, te encuentras solo, sempiterna e interminablemente solo, porque el recinto está prohibido a todo aquel que no sea empleado de la biblioteca, y la única persona a la que ves alguna vez es a uno de tus compañeros auxiliares, atendiendo el mostrador frente al montacargas. Cada una de las diversas plantas es idéntica a todas las demás: un inmenso espacio sin ventanas repleto de sucesivas filas de altísimas estanterías metálicas de color gris, todas ellas llenas de libros hasta el límite de su capacidad, miles de volúmenes, decenas de miles, centenares de miles, un millón, y en ocasiones hasta tú, aficionado a los libros como el que más, te quedas anonadado, angustiado, incluso asqueado al considerar cuántos miles de millones, cuántos billones de palabras contienen esos libros. Todos los días te quedas aislado del mundo durante horas, habitando lo que has dado en denominar una burbuja sin aire, aunque debe haberlo porque estás respirando, pero es aire muerto, aire quieto durante siglos, y en ese ambiente sofocante muchas veces te sientes soñoliento, narcotizado hasta el letargo, y tratas de que no te venza el deseo de echarte a dormir en el suelo.

Sin embargo, en tus tareas de archivar libros a veces te encuentras con hallazgos inesperados, y la nube de aburrimiento que te envuelve se levanta momentáneamente. No es que estés especialmente a disgusto con tu trabajo en la biblioteca, pero a medida que pasa el tiempo y se van acumulando las horas, te resulta cada vez más difícil mantener la concentración en lo que estás haciendo, por mecánicas que puedan ser tus tareas. Una sensación de irrealidad te invade cada vez que pones el pie en ese recinto de silenciosas estanterías, la impresión de que no te encuentras realmente allí, de que estás atrapado en un cuerpo que ha dejado de pertenecerte. Y así sucede que una tarde, sólo dos semanas después de haber merecido el trabajo de ayudante con la única prueba perfecta en los anales de la biblioteca, al encontrarte en un pasillo de historia medieval alemana realizando otra incursión en las estanterías, te llevas un susto de muerte cuando alguien te da unos golpecitos en el hombro por detrás. Te vuelves instintivamente para encararte con la persona que te ha tocado –sin duda alguien que se ha colado de forma inadvertida en esa zona restringida para asaltar o robar a la primera víctima que pueda encontrar– y entonces, con gran alivio, ves al señor Goines, que te está mirando con una compungida expresión en el rostro. Sin decir palabra, alza la mano derecha, dobla el dedo índice en tu dirección, y con gesto impaciente, moviéndolo repetidas veces, te indica que vayas tras él. El hombrecillo echa a andar como un pato por el pasillo, tuerce a la derecha al llegar al corredor, pasa por una fila de estanterías, luego por otra, y vuelve a desviarse a la derecha por un pasillo de historia medieval francesa. Has estado allí con el carro no hace ni veinte minutos, colocando varios libros sobre la vida cotidiana en la Normandía del siglo X, y efectivamente el señor Goines va derecho al sitio en que has estado trabajando. Señala el estante y dice: Fíjate en esto, de modo que te agachas y miras. Al principio no observas nada fuera de lo corriente, pero entonces el señor Goines saca dos libros de la estantería, dos volúmenes separados por una distancia de unos treinta centímetros, con otros tres o cuatro libros entre medias. Tu jefe te pone los dos libros cerca de la cara, indicándote claramente que quiere que leas el número decimal Dewey pegado en el lomo, y sólo entonces te das cuenta de tu error. Has invertido la colocación de los volúmenes, poniendo el primero en el lugar del segundo y dejando el segundo en donde debía estar el primero. Por favor, dice el señor Goines, con voz un tanto desdeñosa, no lo vuelvas a hacer. Si un libro se coloca donde no le corresponde, puede estar perdido durante veinte años o más, quizá para siempre.

Es un asunto de poca importancia, quizás, pero te sientes humillado por tu negligencia. No es que los dos libros en cuestión fueran a perderse (se encontraban en el mismo estante, al fin y al cabo, a sólo unos centímetros uno de otro), pero entiendes lo que el señor Goines trata de decir, y aunque te irrita el tono condescendiente que adopta contigo, te disculpas y prometes prestar más atención en el futuro. Piensas: ¡Veinte años! ¡Para siempre! Esa idea te deja pasmado. Pon algo donde no le corresponde, y aunque siga estando ahí –prácticamente delante de tus narices– puede desaparecer hasta el fin de los tiempos.

Vuelves al carro y sigues colocando libros de historia medieval alemana. Hasta ahora no has sabido que te estaban espiando. Eso te deja mal sabor de boca, y te dices que debes tener cuidado, mantenerte alerta, no dar nunca nada por sentado, ni siquiera en el afable y soporífero recinto de una biblioteca universitaria.

Las expediciones a las estanterías consumen aproximadamente media jornada. Pasas la otra mitad sentado detrás de un pequeño escritorio en los pisos superiores, esperando que de las entrañas del edificio surja un tubo neumático con una papeleta de préstamo que te ordena buscar este o aquel libro para el estudiante o profesor que acaba de pedirlo abajo.»

La casa estaba llena de libros

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«Gracias al tío amante de la lectura, la casa estaba llena de libros que se amontonaban por todas partes, crecían como una flora indomable y se reproducían en el secreto de la noche. Nadie censuraba o guiaba mis lecturas; así, leí al Marqués de Sade a los nueve años, pero sus textos eran demasiados avanzados para mi edad, ya que el autor daba por sabidas cosas que yo ignoraba por completo, me faltaban referencias elementales»

«Amor» de Isabel Allende

Encuentro casual leyendo el mismo libro

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“Se llama Pilar Sanchez y la conoció seis meses atrás en un parque, un encuentro puramente casual a última hora de la tarde de un día de mediados de mayo, el encuentro más inverosímil que quepa imaginar. Ella sentada en el césped, leyendo un libro, y él también sobre la hierba con otro libro en la mano, que por casualidad era el mismo que ella tenía, en la misma edición de bolsillo, con idéntica portada, El gran Gatsby, que él leía por tercera vez desde que su padre se lo regaló al cumplir dieciséis años. Llevaba allí veinte o treinta minutos, enfrascado en la lectura y por tanto ajeno a todo lo que le rodeaba, cuando oyó que alguien reía. Se volvió y, en aquella primera y fatal visión, mientras ella le sonreía allí sentada señalando el título de su libro, él calculó que aún no había cumplido los dieciséis, sólo una niña, en realidad, y de poca estatura además, una adolescente menuda que llevaba vaqueros muy cortos y ajustados, sandalias y una brevísima camiseta, el mismo atuendo de cualquier otra chica medianamente atractiva de la parte baja de aquella Florida destellante de sol. Casi una criatura, se dijo, y sin embargo ahí estaba con los tersos miembros desnudos y un rostro despierto y sonriente, y él, que rara vez sonríe a nada o a nadie, la miró a los ojos negros y vivaces y le devolvió la sonrisa.”

“Sunset Park” de Paul Auster

 

Dewey Decimal and the Librarians

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Dewey Decimal and the Librarians era una banda de pop de St Paul en Minesota que se formó en el año 1963, poco más se sabe de esta banda que grabó un disco en el aó 1963-64 y poco después desapareció. Afortunadamente hay un vídeo de la banda tocando ‘Winkin, Cegaton y Nod «en el 25 aniversario del curso del 1964 en Macalester College.

Los miembros de la banda era Dave Howard (bass vocals), Pete Malen (tenor vocals), Bob Stimson (guitar, banjo, baritone vocals), Don McKenzie (guitar, baritone vocals), Bruce Norback (bass), Dave Bloom (bass), Dave Campbell (drums)

Dewey Decimal and the Librarians. «Daddy Roll ‘Em»

 

 

 

 

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’

 

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«¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida».

Fragmento del discurso de Federico García Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo, Fuentevaqueros (septiembre de 1931).

Perfume para libros electrónicos

 

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Smell of Books

Smell of Books

Una de las cosas que frecuentemente se dicen de los libros electrónicos por parte de aquellas personas más afines a los formatos impresos, es que se pierde esa  sensación material del libro, el tacto y el olor. Hace ya unos años apareció esta noticia donde una empresa denominada «Smell of Books» había ideado unas fragancias para que tuvieramso lo mejor de ambos mundo, la ventaja de lo digital y el olor que tiene un libro. La empresa anunciaba este producto como

 «¿No lees libros electrónicos porque les falta el olor? ¿Su Kindle deja la sensación que hay algo que falta en su experiencia de lectura? Si eres reacio a leer en un dispositivo de lectura electrónico no estás solo… amantes de los libros de todo el mundo se han resistido a los libros digitales, ya que todavía no pueden llegar a compararse con la experiencia de leer un buen libro de papel antiguo. Pero todo esto está cambiando gracias «Smell of Books» ™, un nuevo y revolucionario aerosol  potenciador del olor de los libros electrónicos. Por fin puedes disfrutar de la lectura de libros electrónicos, sin renunciar al olor que tanto amas. Con «Smell of Books» puedes tener lo mejor de ambos mundos, las ventajas de leer en un libro electrónico y el olor de su libro de papel favorito.»Smell of Books» es compatible con una amplia gama de dispositivos de lectura electrónica y formatos de libros electrónicos y es 100% compatible con DRM. Ya puede leer sus libros electrónicos en un Kindle, Tablet o teléfono inteligente utilizando su aplicación favorita de lectura, «Smell of Books»

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Además proponía diversos olores

Classic Musty Scent (‘Clásica fragancia a moho’): Para los que extrañan la agradable sensación de estornudar a cada vuelta de página. Literalmente “es como tener las obras completas de Shakespeare en una lata”. No apto para alérgicos.

Crunchy Bacon Scent (‘Fragancia a bacon crujiente’): “Una alternativa baja en colesterol para la lectura durante el desayuno”. No recomendada para vegetarianos. Además nos advierten que no está aceptada por la ley judía (nokosher).

Eau, You Have Cats (‘Fragancia, Usted tiene gatos’): Diseñada a partir del aroma concentrado de 20.000 libros de segunda mano. Para los que aman los libros y los animales por igual: “como tomar prestado un libro de la casa de la abuela”. Eso sí, para uso en lugares bien ventilados y, ojo, porque los gatos macho pueden reaccionar mal.

New Book Smell (‘Olor a libro nuevo’): Para los que disfrutan con el olor a libro recién salido de la imprenta, es decir, fragancia de papel, tinta y pegamento. Menos mal que nos advierten de que inhalar pegamento puede producir mareos y otros efectos secundaros…

Scent of Sensibility (‘Fragancia a sensibilidad’): ¿Eres un apasionado o, mejor, apasionada de las novelas de Jane Austen? Pues ésta es tu fragancia (especialmente dirigida a mujeres): una brisa con olor a violetas, caballos y popurrí. Para sentarse a leer junto al fuego con una taza de té caliente. Atentos a las recomendaciones de uso: para libros femeninos de ficción, no debe utilizarse con libros de no ficción como los de James Bond o Hunter S. Thompson.

Evidentemente esto era una broma «Un fake», pero lejos de esto lo que si es una realidad es el dispositivo Smell-o-phone diseñado por David Edwards, un profesor de la Universidad de Harvard que conecta olores y canciones para libros  digitales.  El artilugio de su compañía «oPhone» contiene todas las fichas de olor destinados a ser mezclado hasta que coincida con el olor específico indicado por el archivo del libro. Para que esto funcione el eBook viene con «etiquetas de olor», y siempre y cuando se está accediendo a los archivos en un dispositivo inteligente conectado al oPhone, el artefacto puede desprender los olores indicados por esas etiquetas (por ejemplo el aroma de las frutas o flores) Es sin duda un gadget de nicho, pero tiene cierto atractivo seriamente futurista.

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Bibliotecarios detenidos – desaparecidos: Presentes!!.

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Cancino, Norma Viviana and Franco, Miriam and Kuschevatzky, José and Solari, Tomás. Bibliotecarios detenidos – desaparecidos: Presentes!!.  Bibliotecarios y trabajadores de bibliotecas detenidos-desaparecidos en Argentina., 2012 [Preprint]

Texto completo

Pensar en bibliotecarios con militancia político-partidaria, resulta difícil ya que nuestra formación académica se encarga de evitar toda posible asociación con una práctica de tipo política, sea esta, partidaria o social. Casi de manera indeleble la práctica profesional se promueve alejada de todo tipo de participación. Aún, cuando todos reconocemos el innegable impacto social de las bibliotecas, los libros, la cultura, desconocemos o disimulamos su dimensión política. Mucho más la que involucra al profesional bibliotecario. Creemos que reconstruir y recuperar la militancia de los compañeros bibliotecarios -desaparecidos o sobrevivientes-, su compromiso social y profesional, nos ayuda a recuperar -a su vez- la profesión como una cuestión de compromiso social y político con la historia que nos toque en suerte, a darnos cuenta que no podemos ser espectadores asépticos. Y que aún podemos -los bibliotecarios- ser también activos protagonistas y promover en los futuros profesionales un cambio de actitud frente a nuestro tiempo histórico.

Ver página web en el blog Utopía

Su otra esposa: Una película sobre la profesión de documentalista

Su otra esposa. (1957) Género: Comedia – Nacionalidad: USA – Director: Walter Lang- Actores: Spencer Tracy, Katharine Hepburn, Tit. Orriginal Desk set

Una película sobre la profesión de documentalista

Argumento: En un importante canal de televisión se ha puesto en marcha un plan de informatización al servicio de documentación, cuya responsable es la señorita Bunny, una mujer eficaz que de forma manual es capaz de memorizar y obtener cualquier tipo de información que se le solicite. El encargado de modernizar el sistema es el ingeniero Richard Summer, un hombre de fuerte personalidad que infravalora el sistema antiguo de Bunny, resaltando los valores del ordenador.

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El papel de la biblioteca como librería y medio de visibilidad de libros y autores

 

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Tienda de libros usados en Fruitville Public Library (USA)

 

«Para sobrevivir en la era digital, las bibliotecas deberían ser más como librerías, creando un entorno acogedor y pausado, y las librerías deberían parecerse más a las bibliotecas, que ofrecen espacios y programas comunitarios. Ambos deben pensar creativamente sobre cómo proporcionar las cosas que los vendedores en línea no pueden ofrecer.»

Muchael Scott

 

Todo tipo de bibliotecas están experimentando cambios en la forma en que son percibidas por sus comunidades y la sociedad en general. Además de promover el amor por el libro y la lectura, las bibliotecas fomentan un fuerte sentido comunitario, que los bibliotecarios enriquecen ofreciendo ayuda práctica en multitud de temas, como talleres para ayudan a los ciudadanos a rellenar formularios sobre impuestos, contratar un seguro privado o el aprendizaje de habilidades informáticas. Frente a la necesidad de competir por la reducción de los presupuestos y con ánimo de remarcar su valor en la era digital, las bibliotecas están decididas a demostrar que pueden responder rápidamente a las necesidades de los contribuyentes para mantenerse relevantes. De este modo las bibliotecas se están reinventando a sí mismas como lugares  vibrantes de sus ciudades, proporcionando las bases como centros de formación tecnológica y de apoyo a la sostenibilidad de la economía local. En consonancia con ello, los bibliotecarios están redefiniendo cual es su tarea y responsabilidades en la era digital, por lo cual muchas bibliotecas públicas están viendo una oportunidad para llenar el vacío creado por la pérdida de las librerías tradicionales, proporcionando talleres de escritura, maquetación, marketing  y edición digital  a los futuros autores, asumiendo el servicio de librería en el ámbito local adaptando cada vez más sus colecciones y servicios a las demandas de los usuarios, a los que ahora incluso algunos expertos definen como clientes.

Muchas ciudades y pueblos pequeños no disponen de librerías, pero la mayoría si tienen una biblioteca. Los autores están tomando conciencia del valor y los beneficios que tienen las bibliotecas como mecanismos de visibilidad de sus obras. Algunos datos apuntan a que un 25 de toda la producción editorial la absorben las bibliotecas. Por ello los autores  están teniendo en cuenta la importancia de estar presentes en las bibliotecas y hacer que sus libros estén a disposición de la gente. Especialmente aquellos autores que publican sin la mediación de una editorial y sin los potentes mecanismos de marketing que ofrecen las grandes editoriales.

Librerías y bibliotecas han jugado un papel importante en la educación a lo largo de muchas décadas, con la llegada de la digitalización se está produciendo un reposicionamiento de los agentes implicados en el ecosistema del libro, ya que con el nuevo formato, los libros no necesitan de un espacio físico, y por otro lado los escritores sobre todo aquellos que publican de forma independiente necesitan canales para la visibilidad a través de diversos puntos de venta. Uno de ellos puede ser la biblioteca, ya muchos de las plataformas que ofrecen sus servicios en bibliotecas permiten incorporar en el catálogo un botón de compra denominado «Buy now» (Comprar ahora) para que los lectores puedan adquirir  el libro que están consultando, bien porque desean leerlo inmediatamente y en ese momento no está disponible para el préstamo y e, o bien porque lo han leído y quieren comprarlo. De esta manera las bibliotecas pueden servir de apoyo a la visibilidad y promoción de los autores locales, ofreciendo un servicio adicional, que además contribuye al apoyo a la economía de su comunidad y a la sostenibilidad de la biblioteca, ya que parte de el ingreso de la venta -normalmente el 10%- repercute en la biblioteca para poder poder adquirir nuevos materiales. Pero este fenómeno no se circunscribe  únicamente al entorno digital.

Según Muchael Scott, para sobrevivir en la era digital, las bibliotecas deberían ser más como librerías, creando un entorno acogedor y pausado, y las librerías deberían parecerse más  a las bibliotecas, que ofrecen espacios y programas comunitarios. Ambos deben pensar creativamente sobre cómo proporcionar las cosas que los vendedores en línea no pueden ofrecer.

La librería de los Amigos de la Biblioteca Pública de Fruitville, es asistida por voluntarios y vende libros usados en buen estado y otros productos como rompecabezas que están disponibles para su compra a precios sorprendentemente bajos. El único propósito de la institución es proporcionar apoyo y mejorar la calidad de los servicios de biblioteca al público. Cada biblioteca en el Sistema de Bibliotecas del Condado de Sarasota cuenta con un grupo de amigos de la biblioteca y todos ellos funcionan de forma similar.

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Friends of the library Bookstore en Selby Public Library

La librería de Selby library, invita a entrar y navegar entre los miles de libros de todos los géneros, permitiendo a los usuarios a abastecerse de su lectura de verano, buscar libros de cocina interesantes, clásicos fuera de imprenta y títulos únicos que desafían un género establecido a precios bajos. La biblioteca además también vende otros artículos donados que no son libros como joyas, arte, accesorios y materiales cerámicos.

En la biblioteca pública Arlington Heights, se puede pedir una copia adicional de cualquier libro de los que están disponibles en el catálogo. Con esta política se pretende eliminar la frustración propia de las largas esperas. La librería de la biblioteca ocupa parte del primer piso, y está equipada con asientos cómodos , máquinas expendedoras y, sobre todo, una gran cantidad de productos en venta.La biblioteca también vende libros usados, estos provienen en su mayoría de bestseller expurgados que tuvieron una alta demanda, y de los cuales la biblioteca disponía de varios ejemplares que cuya demanda declinó después de un 1 año o año y medio de una fuerte demanda como suele ocurrir con este tipo de libros, es el caso de libros como «Cincuenta sombras de Grey», de los que la biblioteca poseía 36 ejemplares que ahora están a la venta en la librería de la biblioteca, junto a otros que han tenido baja circularon, materiales donados y libros  que ya cumplieron su ciclo de demanda. «Una biblioteca tiene un espacio limitado, por lo que casi hay  que pensar en ella como una tienda, y lo que tengamos en las estanterías debe ser aquello que la gente quiere», dijo Jason Kuhl, el director ejecutivo de la Biblioteca de Arlington Heights.

También las bibliotecas tiene por lo menos un club de lectura, si no dos o más, y lo que cualquier autor quiere es promover su libro en la mayor cantidad posible de los clubes de lectura. De este modo las bibliotecas están asumiendo su responsabilidad de proporcionar la oportunidad de descubrir las obras literarias de mérito, ya sea los clásicos, o las novelas de ficción más recientes.

Mientras que los libros impresos, tanto de ficción y no ficción, todavía constituyen la mayor parte de las colecciones de la biblioteca. Los planes de renovación del edificio rara vez incluyen la ampliación del espacio para productos impresos. En lugar de ello, muchas bibliotecas están sacrificando sus colecciones y adaptando su espacio para dar cabida  programas de formación tecnológica, así como salas versátiles para conferencias, espacios para usos privados para el emprendimiento y la generación de nuevas ideas, lugares tranquilos frecuentemente solicitados por los diferentes colectivos de usuarios que necesitan un espacio para definir sus propuestas. El sentido de comunidad en las bibliotecas significa que los lectores van allí por una variedad de razones,  no sólo a buscar libros.  Según Michael Scott «Cada vez más, estos lugares también están llenando otra necesidad crítica en nuestras comunidades, proporcionando un refugio para aquellos que buscan una conexión comunal en un mundo cada vez más aislado»

Gretchen Caserotti, el director adjunto de los servicios públicos en la biblioteca pública en Darien, Connecticut., Dijo: «Estamos tremendamente emocionados con el cambio radical en las bibliotecas que permite repensar nuestro modelo en un mundo nuevo. La biblioteca debe ser como se suele decir, un tercer lugar – usted tiene su casa, el trabajo o la escuela, y luego la biblioteca,  que es el centro y el corazón de la comunidad», además apostilló «Nuestro personal está comprometido al 100 por ciento con la hospitalidad, el servicio al cliente y es gente tan acogedora que es como si ellos les invitaran a su propia casa». El término «Tercer lugar fue acuñado por Ray Oldenburg, autor del libro The Great Good Place, para describir cualquier entorno exterior de la casa y el lugar de trabajo (primer y segundo lugares, respectivamente), donde la gente se reúne para una conexión interpersonal más profunda. Terceros lugares incluyen, por ejemplo, lugares de culto, centros comunitarios, o bibliotecas. los terceros lugares, de acuerdo con Oldenburg, son de vital importancia para fortalecer el tejido social en las comunidades, ya que facilitan el intercambio saludable de ideas y proporcionan un lugar público para el debate y participación de la comunidad. Todo ello representa la convergencia que se está llevando a cabo entre el papel tradicional que las bibliotecas han desempeñado durante mucho tiempo y el que están desarrollando en el mundo virtual.

Bibliografía consultada

Are Libraries the New Bookstores? Winter und Boxed June 7, 2016 By Guest

How Libraries and Bookstores Became the New Community Centers newgeography by Michael Scott 01/30/2012

Libraries See Opening as Bookstores Close The New York Times By Karen ann AREN ANN Culloitadec. 27, 2012

The Future of Libraries and Bookstores lies in their own Past «Big think by KristenN Winkler

Alonso Arévalo, Julio. Vázquez Vázquez, Marta. “La biblioteca como editora de contenidos”. En: Métodos de información (MEI), II Época, Vol. 6, nº 11 2015, pp. 201-213. DOI:http://dx.doi.org/10.5557/IIMEI6-N11-201213 Texto completo

Alonso Arévalo, Julio (2016). «La biblioteca en proceso de cambio». BiD: textos universitaris de biblioteconomia i documentació, núm. 36 (juny) . <http://bid.ub.edu/es/36/arevalo.htm>. DOI: http://dx.doi.org/10.1344/BiD2016.36.12 [Consulta: 16-06-2016].

Okerson, A. and A. Holzman (eds). [e-Book] The Once and Future Publishing LibraryWashington, Council on Library and Information Resources, 2015. Texto completo