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La bibliotecaria de Auschwitz

 

Iturbe, Antonio G. La bibliotecaria de Auschwitz.

«abrir un libro es como subirte a un tren que te lleva de vacaciones».

El verdadero nombre de la bibliotecaria del bloque 31, cuya vida ha inspirado estas páginas, era —de soltera— Dita Polachova, y el profesor Ota Keller de la novela está inspirado en el que sería su marido, el profesor Ota Kraus era una de las gestoras de la biblioteca. Sobrevivió a Auschwitz, sigue con vida y reside en Netanya (Israel).

Mientras duró, el bloque 31 (en el campo de exterminio de Auschwitz) albergó a quinientos niños junto con varios prisioneros que habían sido nombrados «consejeros» y, a pesar de la estrecha vigilancia a que estaba sometido, contó, contra todo pronóstico, con una biblioteca infantil clandestina. Era minúscula: consistía en ocho libros, entre ellos la Breve historia del mundo de H. G. Wells, un libro de texto ruso y otro de geometría analítica […]. Al final de cada día, los libros, junto con otros tesoros, tales como medicinas o algunos alimentos, se encomendaban a una de las niñas de más edad cuya tarea consistía en ocultarlos cada noche en un lugar diferente.

Sobre el fango negro de Auschwitz que todo lo engulle, Fredy Hirsch ha levantado en secreto una escuela. En un lugar donde los libros están prohibidos, la joven Dita esconde bajo su vestido los frágiles volúmenes de la biblioteca pública más pequeña, recóndita y clandestina que haya existido nunca.

En medio del horror, Dita nos da una maravillosa lección de coraje: no se rinde y nunca pierde las ganas de vivir ni de leer porque, incluso en ese terrible campo de exterminio, «abrir un libro es como subirte a un tren que te lleva de vacaciones».

Una emocionante novela basada en hechos reales que rescata del olvido una de las más conmovedoras historias de heroísmo cultural.

Extractos

“La maestra de Brno ve con asombro cómo se planta delante de ella, jadeante, la joven bibliotecaria. Sin tiempo ni resuello para decir nada, Dita le arrebata el libro de las manos y la maestra se siente repentinamente liviana. Cuando un instante después reacciona para darle las gracias, Dita ya está a varias zancadas de allí. Quedan sólo unos segundos para que los nazis lleguen.”

“Y en ese momento cierra los ojos y aprieta muy fuerte los libros. Sabe lo que ha sabido desde el principio: que no va a hacerlo. Ella es la bibliotecaria del 31. No va a fallarle a Fredy Hirsch porque ella misma le pidió, casi le exigió, que confiara en ella. Y él lo hizo, le mostró los ocho ejemplares clandestinos y le dijo: «Ésta es tu biblioteca.»

“El cuarto tiene un suelo de tablas y una de ellas, en una esquina, es de quita y pon. Debajo se excavó la tierra suficiente para crear un hueco donde depositar la pequeña biblioteca. Los libros caben con una exactitud tan milimétrica que, aunque la tabla se pise o se golpee con los nudillos, no suena hueca y nada hace sospechar que debajo haya un minúsculo escondrijo. Dita hace tan sólo unos días que es la bibliotecaria, pero parecen semanas o meses. En Auschwitz el tiempo no corre, se arrastra. Gira a una velocidad infinitamente más lenta que en el resto del mundo. Unos días en Auschwitz convierten a un novato en un veterano. También pueden transformar a un joven en un viejo o a una persona robusta en un ser decrépito.”

“Hirsch no admitían réplica. Él no dirigía un barracón, dirigía un ejército… y le dijo: «Tú eres bibliotecaria.»Aunque también añadió: —Pero es peligroso. Muy peligroso. Manejar libros aquí no es un juego. Si los SS cogieran a alguien con libros, lo ejecutarían.”·

“No era una biblioteca extensa. En realidad, estaba formada por ocho libros, y alguno de ellos en mal estado. Pero eran libros. En ese lugar tan oscuro donde la humanidad había llegado a alcanzar a su propia sombra, la presencia de los libros era un vestigio de tiempos menos lúgubres, más benignos, cuando las palabras sonaban más fuerte que las ametralladoras. Una época extinguida. Dita fue tomando en sus manos los volúmenes de uno en uno con el mismo cuidado con el que se sostiene a un recién nacido.”

“Supo que Edita cuidaría esmeradamente la biblioteca. Tenía ese vínculo que une a algunas personas con los libros. Una complicidad que él mismo no poseía, demasiado activo para dejarse atrapar por líneas y líneas impresas en páginas. Fredy prefería la acción, el ejercicio, las canciones, el discurso… Pero se dio cuenta de que Dita tenía esa empatía que hace que ciertas personas conviertan un puñado de hojas en un mundo entero para ellas solas.”

“Y el octavo libro era una novela en checo en un estado cochambroso, un puñado de hojas frágilmente sostenidas por unos cuantos hilos en el lomo. Antes de que pudiera tomarla entre sus manos, Fredy Hirsch la cogió. Ella lo miró con gesto de bibliotecaria contrariada. Le habría gustado tener unas gafas de concha para mirarlo por encima de ellas, como hacían las bibliotecarias serias.”

“Cuando va a entregar el siguiente libro ve que otros profesores le hacen señales indicándole que les gustaría disponer de alguno de los ejemplares. Un profesor del grupo de al lado estira el cuello y dice que también estaría interesado, y después el de más allá. Al cruzarse con el subdirector Lichtenstern, ella le comenta su extrañeza.—No sé qué ha pasado. De repente se han desbordado las peticiones de libros…—Se han dado cuenta de que el servicio bibliotecario funciona.”

“Cuando Mengele la amenazó, ella dudó si debía decírselo a la dirección del bloque 31. Si lo hacía, la relevarían de su responsabilidad para que no corriera riesgos. Si eso sucedía, todos pensarían que ella había pedido dejar su puesto porque tenía miedo. Por eso ha hecho todo lo contrario: que la biblioteca sea más accesible y también más visible. Ha arriesgado más, para que nadie tenga ni la más mínima duda de que Dita Adlerova no se asusta ante ningún nazi.”

“Les contó que había en esa biblioteca cerca de sesenta mil volúmenes, procedentes del desmantelamiento y expolio que habían hecho los nazis de cientos de bibliotecas públicas y particulares de la comunidad judía. También les explicó que no disponían todavía de una sala de lectura y que por eso la biblioteca era móvil: iban con los libros por los pabellones y los ofrecían en préstamo. Petr le preguntó si era verdad que había sido amigo de Franz Kafka. Y él asintió.”

Como convertirse en un bibliotecario «Full-Stack»

 

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Como convertirse en un bibliotecario «Full-Stack» DESIDERATA – Nº 3 – Año I – julio, agosto, septiembre 2016. pg 45-46

Desiderata

No es una novedad ver en algunas ofertas de trabajo para desarrolladores y perfiles técnicos el requisito de ser un «full-stack developer», pero ¿Qué es realmente un Full-Stack? Se trata de personas capaces de asumir tareas de diferente índole y estar preparados para al menos, no manejar, pero sí conocer las diferentes partes técnicas de un proyecto. Según Chris Messina un full-stack es un individuo con formación generalista que posee una poderosa combinación de habilidades que les hacen muy valiosos para las organizaciones. En resumen, un «full-stack» es un profesional con un perfil técnico muy completo que conoce bien  lo referente a como se maneja un sistema y sabe entenderlo. 

 

En términos procede del mundo de la ingeniería, full-stack describe a alguien que está familiarizado con cada capa de la tecnología de software. Un bibliotecario por lo general utiliza toda la gama de recursos disponibles para posicionar la biblioteca como una tecnología educativa y forma en habilidades de instrucción en el uso de la tecnología. Estos individuos exploran y evalúan diferentes herramientas y técnicas que pueden orientar a los educadores sobre las mejor tecnología para el desarrollo de avances de apoyo al aprendizaje del estudiante. También conocen cuando hay mejores soluciones que la última tecnología educativa utilizada. En resumen, un «full-stack» es un profesional con un perfil técnico muy completo que conoce bien  lo referente a como se maneja un sistemas y sabe entenderlo.

En palabras de Steven Bell «Si los bibliotecarios quieren cambiar la percepción que tiene la comunidad académica de que las bibliotecas son algo más que libros y contenidos, tienen que centrarse más en la forma en que la biblioteca es compatible con el aprendizaje del estudiante y el éxito académico. Se requerirá más que un cambio incremental. Para ello algo tiene que ocurrir primero. Tenemos que cambiar nosotros mismos»

Educadores y administradores deben repensar la biblioteca universitaria como parte de una tecnología educativa. Pero este cambio en la percepción sólo puede suceder si los bibliotecarios están de acuerdo, se comprometen y se especializan en el manejo e instrucción de los servicios y recursos que proporcionan. Así se convierten en bibliotecarios «full-stack» con el objetivo de enriquecer el valor de la biblioteca para estudiantes, profesores y administradores.

Para la mayoría de las bibliotecas universitarias, la tecnología educativa es considerada periférica a su trabajo como educadores. El bibliotecario full-stack tiene como tarea identificar las tecnologías educativas nuevas y potencialmente valiosas, y luego experimentar con ellas, y comunicarlas a tavés de la formación.

Steven Bell en «5 Ways to Become a ‘Full-Stack’ Librarian»  habla de 5 maneras diferentes para que el bibliotecario se convierta en un buen full-Stack.

  1. Búsqueda de información. Enseñar cómo utilizar las bases de datos de investigación que posee la biblioteca y de otros recursos y fuentes de interés. Los bibliotecarios no sólo saben hacerlo, si no también saben comunicarlo mejor que la mayoría de los docentes o investigadores.
  2. Blended Librarianship’ esfuerzos para integrar la biblioteca en el proceso de enseñanza y aprendizaje en la educación superior, a través de la adopción de una mezcla de biblioteconomía, tecnologías de la información, pedagogía y habilidades de diseño.
  3. Comprometerse con la formación tecnológica. Los bibliotecarios full-stack necesitan explorar y experimentar con distintas tecnologías. El logro de los resultados en el aprendizaje requiere más elementos que conocimientos disciplinarios y recursos, exige curiosidad sobre nuevas técnicas que intensifican el compromiso con el aprendizaje activo. La clave es experimentar e identificar tecnologías para relacionarlas y aplicarlas con un nuevo potencial educativo.
  4. Mantenerse al día con las tendencias requiere una estrategia de desarrollo profesional reflexivo. El reto para los bibliotecarios full-stack es la elección de las fuentes de información que mejor se adapten a sus necesidades para mantenerse en alerta respecto a los últimos avances.
  5. Pedir ayuda. Colaboración entre profesionales y cooperación con el educador sobre el uso de la nueva tecnología

El entorno educativo se está expandiendo rápidamente y las habilidades de análisis y evaluación que posee el profesional de las bibliotecas se adaptan perfectamente a la tarea de apoyar la labor de los educadores en un camino que conduce al descubrimiento, la experimentación y la adopción y aplicación reflexiva de las mejores tecnologías para el aprendizaje.

Ver:

What to Expect From a ‘Full Stack’ Librarian | EdSurge News

Are you a full-stack librarian? A helpful flow chart | Derangement

Five ways to become a full-stack librarian | American Libraries Magazine

Blended Librarian or Full-Stack Librarian

Las Hermanas Page a la reconquista de la Gran Biblioteca

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JACK OF FABLES #46
Guión por Bill Willingham y Matthew Sturges
Arte de Tony Akins y Andrew Pepoy
Portada de Brian Bolland

Las Hermanas Page finalmente encuentran un nuevo propósito en su vida: restaurar la Gran Biblioteca. Y el único lugar donde no quieres estar es entre ellas y uno de los libros que ellas quieren. Mientras tanto, Jack Frost se acaba de lanzar a la mayor búsuqeda en una larga y distinguida carrera de largas búsquedas, todas las cuales han sido grandes y… rebuscadas. Además, Jack aún es un dragón.

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Imagen del bibliotecario en «Invisible» de Paul Auster

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Fragmento de la Novela «Invisble» de Paul Auster

«Un amigo acaba de marcharse de la ciudad a pasar el verano, y haces una solicitud para ocupar su puesto de ayudante en la Biblioteca Butler de la Universidad de Columbia. El salario no llega a la mitad de lo que gana tu hermana, pero te consuelas con la idea de que puedes ir andando al trabajo, lo que te evitará el suplicio de tener que meterte dos veces al día en un vagón de metro rebosante de sudorosos viajeros.

Te hacen una prueba antes de contratarte. La bibliotecaria titular te entrega un montón de fichas, unas ochenta o cien, quizás, cada una con el título de un libro, el nombre del autor, el año de publicación, y un número del sistema de clasificación decimal de Dewey que indica el estante y lugar en donde debe colocarse. La bibliotecaria es una mujer ceñuda de unos sesenta años, una tal señorita Greer, y ya parece recelar de ti, decidida a no transigir un ápice. Como acaba de conocerte y no puede saber cómo eres, te imaginas que desconfía de toda la gente joven –por cuestión de principios– y por tanto lo que ve en ti cuando te mira no eres tú, sino un guerrillero más en la lucha contra la autoridad, un indómito rebelde que no tiene ningún derecho a irrumpir en el santuario de su biblioteca para pedir trabajo. Ésa es la época en que vives, en la que vivís los dos. Te da instrucciones para que ordenes las fichas, y notas cómo ansía que te equivoques, lo contenta que se pondría rechazando tu solicitud, y como tú quieres conseguir el trabajo con las mismas ganas que ella tiene de no dártelo, te aseguras de no fallar. Quince minutos después, le entregas las fichas. Se sienta y se pone a examinarlas, una por una, una detrás de otra, de la primera a la última, y cuando vas viendo cómo la escéptica expresión de su rostro se disuelve en una especie de confusión, comprendes que lo has hecho bien. El rostro glacial esboza una tenue sonrisa. Dice: Nadie llega a hacerlo a la perfección. Es la primera vez que lo veo en treinta años.

Trabajas de diez de la mañana a cuatro de la tarde, de lunes a viernes. Acostumbras a llegar temprano, y entras en el vasto y pretencioso edificio neoclásico concebido por James Gamble Rogers con el almuerzo en una bolsa de papel marrón. Dejando aparte su pompa y solemnidad, el edificio nunca deja de impresionarte con sus volúmenes y grandiosidad, pero la palma de la idiotez, piensas, se la llevan, con el mayor de los bochornos, los nombres de los ilustres muertos cincelados en la fachada –Heródoto, Homero, Platón, junto con otros muchos–, y todas las mañanas te imaginas la diferente impresión que daría la biblioteca si estuviera decorada con otra serie de nombres: músicos de jazz, por ejemplo (Fats Waller, Charlie Parker, Benny Goodman), diosas del cine de los años cuarenta (Ingrid Bergman, Hedy Lamarr, Gene Tierney), poco conocidos y menos recordados jugadores de béisbol (Gus Zernial, Wayne Terwilliger, Clyde Kluttz), o, simplemente, los nombres de tus amigos. Y así empieza la jornada. Entras por la puerta principal, el pesado portón con sus brillantes accesorios de cobre, subes por la escalinata de mármol, echas un vistazo al retrato de Eisenhower (antiguo rector de la universidad, presidente luego del país durante tu infancia), y pasas a una pequeña sala a la derecha del mostrador central, en donde das los buenos días al señor Goines, tu jefe, un hombre menudo con gafas de búho y vientre prominente, que te indica el quehacer diario. En esencia, sólo hay dos tareas que realizar. O vuelves a colocar libros en los estantes o envías desde los pisos superiores al mostrador central las nuevas peticiones de libros con el montacargas. Cada trabajo tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y todos pueden ser realizados por cualquiera que posea la capacidad mental de una mosca de la fruta.
Al poner los libros en las estanterías, debes comprobar y después confirmar que el número decimal Dewey del libro que estás colocando en el estante sea un punto superior al del volumen que está a su izquierda y un punto inferior al de su derecha. Los libros se cargan en un carrito de madera provisto de cuatro ruedas, entre cincuenta y cien por cada sesión de colocación, y mientras diriges tu pequeño vehículo por el laberinto de estanterías, te encuentras solo, sempiterna e interminablemente solo, porque el recinto está prohibido a todo aquel que no sea empleado de la biblioteca, y la única persona a la que ves alguna vez es a uno de tus compañeros auxiliares, atendiendo el mostrador frente al montacargas. Cada una de las diversas plantas es idéntica a todas las demás: un inmenso espacio sin ventanas repleto de sucesivas filas de altísimas estanterías metálicas de color gris, todas ellas llenas de libros hasta el límite de su capacidad, miles de volúmenes, decenas de miles, centenares de miles, un millón, y en ocasiones hasta tú, aficionado a los libros como el que más, te quedas anonadado, angustiado, incluso asqueado al considerar cuántos miles de millones, cuántos billones de palabras contienen esos libros. Todos los días te quedas aislado del mundo durante horas, habitando lo que has dado en denominar una burbuja sin aire, aunque debe haberlo porque estás respirando, pero es aire muerto, aire quieto durante siglos, y en ese ambiente sofocante muchas veces te sientes soñoliento, narcotizado hasta el letargo, y tratas de que no te venza el deseo de echarte a dormir en el suelo.

Sin embargo, en tus tareas de archivar libros a veces te encuentras con hallazgos inesperados, y la nube de aburrimiento que te envuelve se levanta momentáneamente. No es que estés especialmente a disgusto con tu trabajo en la biblioteca, pero a medida que pasa el tiempo y se van acumulando las horas, te resulta cada vez más difícil mantener la concentración en lo que estás haciendo, por mecánicas que puedan ser tus tareas. Una sensación de irrealidad te invade cada vez que pones el pie en ese recinto de silenciosas estanterías, la impresión de que no te encuentras realmente allí, de que estás atrapado en un cuerpo que ha dejado de pertenecerte. Y así sucede que una tarde, sólo dos semanas después de haber merecido el trabajo de ayudante con la única prueba perfecta en los anales de la biblioteca, al encontrarte en un pasillo de historia medieval alemana realizando otra incursión en las estanterías, te llevas un susto de muerte cuando alguien te da unos golpecitos en el hombro por detrás. Te vuelves instintivamente para encararte con la persona que te ha tocado –sin duda alguien que se ha colado de forma inadvertida en esa zona restringida para asaltar o robar a la primera víctima que pueda encontrar– y entonces, con gran alivio, ves al señor Goines, que te está mirando con una compungida expresión en el rostro. Sin decir palabra, alza la mano derecha, dobla el dedo índice en tu dirección, y con gesto impaciente, moviéndolo repetidas veces, te indica que vayas tras él. El hombrecillo echa a andar como un pato por el pasillo, tuerce a la derecha al llegar al corredor, pasa por una fila de estanterías, luego por otra, y vuelve a desviarse a la derecha por un pasillo de historia medieval francesa. Has estado allí con el carro no hace ni veinte minutos, colocando varios libros sobre la vida cotidiana en la Normandía del siglo X, y efectivamente el señor Goines va derecho al sitio en que has estado trabajando. Señala el estante y dice: Fíjate en esto, de modo que te agachas y miras. Al principio no observas nada fuera de lo corriente, pero entonces el señor Goines saca dos libros de la estantería, dos volúmenes separados por una distancia de unos treinta centímetros, con otros tres o cuatro libros entre medias. Tu jefe te pone los dos libros cerca de la cara, indicándote claramente que quiere que leas el número decimal Dewey pegado en el lomo, y sólo entonces te das cuenta de tu error. Has invertido la colocación de los volúmenes, poniendo el primero en el lugar del segundo y dejando el segundo en donde debía estar el primero. Por favor, dice el señor Goines, con voz un tanto desdeñosa, no lo vuelvas a hacer. Si un libro se coloca donde no le corresponde, puede estar perdido durante veinte años o más, quizá para siempre.

Es un asunto de poca importancia, quizás, pero te sientes humillado por tu negligencia. No es que los dos libros en cuestión fueran a perderse (se encontraban en el mismo estante, al fin y al cabo, a sólo unos centímetros uno de otro), pero entiendes lo que el señor Goines trata de decir, y aunque te irrita el tono condescendiente que adopta contigo, te disculpas y prometes prestar más atención en el futuro. Piensas: ¡Veinte años! ¡Para siempre! Esa idea te deja pasmado. Pon algo donde no le corresponde, y aunque siga estando ahí –prácticamente delante de tus narices– puede desaparecer hasta el fin de los tiempos.

Vuelves al carro y sigues colocando libros de historia medieval alemana. Hasta ahora no has sabido que te estaban espiando. Eso te deja mal sabor de boca, y te dices que debes tener cuidado, mantenerte alerta, no dar nunca nada por sentado, ni siquiera en el afable y soporífero recinto de una biblioteca universitaria.

Las expediciones a las estanterías consumen aproximadamente media jornada. Pasas la otra mitad sentado detrás de un pequeño escritorio en los pisos superiores, esperando que de las entrañas del edificio surja un tubo neumático con una papeleta de préstamo que te ordena buscar este o aquel libro para el estudiante o profesor que acaba de pedirlo abajo.»

Dewey Decimal and the Librarians

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Dewey Decimal and the Librarians era una banda de pop de St Paul en Minesota que se formó en el año 1963, poco más se sabe de esta banda que grabó un disco en el aó 1963-64 y poco después desapareció. Afortunadamente hay un vídeo de la banda tocando ‘Winkin, Cegaton y Nod «en el 25 aniversario del curso del 1964 en Macalester College.

Los miembros de la banda era Dave Howard (bass vocals), Pete Malen (tenor vocals), Bob Stimson (guitar, banjo, baritone vocals), Don McKenzie (guitar, baritone vocals), Bruce Norback (bass), Dave Bloom (bass), Dave Campbell (drums)

Dewey Decimal and the Librarians. «Daddy Roll ‘Em»

 

 

 

 

Bibliotecarios detenidos – desaparecidos: Presentes!!.

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Cancino, Norma Viviana and Franco, Miriam and Kuschevatzky, José and Solari, Tomás. Bibliotecarios detenidos – desaparecidos: Presentes!!.  Bibliotecarios y trabajadores de bibliotecas detenidos-desaparecidos en Argentina., 2012 [Preprint]

Texto completo

Pensar en bibliotecarios con militancia político-partidaria, resulta difícil ya que nuestra formación académica se encarga de evitar toda posible asociación con una práctica de tipo política, sea esta, partidaria o social. Casi de manera indeleble la práctica profesional se promueve alejada de todo tipo de participación. Aún, cuando todos reconocemos el innegable impacto social de las bibliotecas, los libros, la cultura, desconocemos o disimulamos su dimensión política. Mucho más la que involucra al profesional bibliotecario. Creemos que reconstruir y recuperar la militancia de los compañeros bibliotecarios -desaparecidos o sobrevivientes-, su compromiso social y profesional, nos ayuda a recuperar -a su vez- la profesión como una cuestión de compromiso social y político con la historia que nos toque en suerte, a darnos cuenta que no podemos ser espectadores asépticos. Y que aún podemos -los bibliotecarios- ser también activos protagonistas y promover en los futuros profesionales un cambio de actitud frente a nuestro tiempo histórico.

Ver página web en el blog Utopía

Chat en los Servicios de referencia de bibliotecas universitarias

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Devine, C., E. B. Paladino, et al. «Chat Reference Training After One Decade: The Results of a National Survey of Academic Libraries.» The Journal of Academic Librarianship vol. 37, n. 3 (2011). pp. 197-206.

Texto completo bajo suscripción

Primera encuesta nacional completa a todas las bibliotecas universitarias de Estados Unidos que realizan servicio de chat de referencia para determinar: ¿Qué prácticas se utilizaban para preparar al personal para el chat del servicio de referencia , ¿Qué competencias se les enseñaba, cómo y por qué las prácticas de formación han cambiado con el tiempo, y cuales son las prácticas que se prevén en el futuro.

A la cuestión de cuantas bibliotecas usan chat en los servicios de referencia, una gran mayoría (85%) de los encuestados informó que su biblioteca proporcionaron chat de referencia. Por otro lado, la participación fue significativamente menor en relación con el chat a través de servicios cooperativos de bibliotecas, ya que sólo el 26,8% de los encuestados dijo que proporcionaban servicios de esa manera.

Respecto al tamaño de las bibliotecas que proporcionan este servicio. Las bibliotecas que proporcionan servicio chat cooperativo son por lo general aquellas que tienen menos personal, mientras las bibliotecas de mayor tamaño utilizan un servicio propio (independiente). En general, se encontró que las instituciones que imparten cursos doctorado son las que más proporcionan y con más intensidad servicios de chat de referencia. Además, el 11,5% de los encuestados de las instituciones que imparten estudios avanzados disponen de este servicio de referencia desde hace más de 8 años.

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QuestionPoint

Cuando se llevó a cabo el estuidio, la mayoría de los encuestados indicaron que estaban usando el software de mensajería instantánea con Meebo. Meebo es un cliente de mensajería instantánea ejecutable dentro de un navegador web que integraba múltiples servicios de mensajería instantánea simultáneamente (incluyendo Yahoo! Messenger, Windows Live Messenger, AIM, ICQ, Jabber/XMPP y Google Talk). Meebo hace a los servicios de mensajería instantánea más accesibles a los usuarios que no pueden o no deseaban descargar el software necesario para ejecutarlos. En 2012 este producto fue adquirido por Google por 100 millones de dólares.Y está en proceso de reconfiguraión.

Otros productos que utilizan para este servicio son Docutek, QuestionPoint, Tutor.com, Trillian, Plugoo, LibraryH31p, LivePerson, Pidgin, QuestionPoint fue el programa más utilizado para servicios de chat por parte de los sistemas cooperativos (62,4% del total),

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Chat de Fama. universidad de Sevilla

Detrás de las cifras, las observaciones generales de los encuestados indicaron diferencias significativas de las actitudes con respecto a la naturaleza esencial de chat de referencia. Hay una tendencia a tratar de referencia virtual como una  comunicación informal, utilizando las abreviaturas de mensajería instantánea, y se hace hincapié en que este servicio debe ser de al menos el equivalente a una sesión de referencia de cara a cara. Se destaca la importancia de ciertos aspectos de la referencia virtual, por ejemplo, cómo se envían enlaces, consejos específicos que se producen en la entrevista de referencia por medio de chat.

En cuanto a la formación y capacitación del personal, generalmente se destina al servicio de referencia mediante chat a una persona experimentada con una persona nueva para que aprenda a través de la experiencia de su compañero. También se proporcionan sesiones específicas de formación que se ofrecen a todo el personal. La formación abarca cómo utilizar el cliente, cómo llevar a cabo una entrevista de referencia y el conocimiento de las normas para el servicio de referencia en el entorno de mensajería instantánea. Por otro lado, algunos de los encuestados consideraron que la naturaleza minimalista de software de mensajería instantánea hace superflua la formación.

El reto es proporcionar una adecuada «calidad» del servicio de chat de referencia similar y complementaria a los servicios de referencia cara a cara, pero en estos casos en los que no estamos directamente frente al usuario, requiere la integración efectiva de múltiples factores concurrentes donde tenemos que tener en cuenta algunas cuestiones específicas: capacidad del software adecuado, fuerte apoyo técnico, personal comprometido y motivado, gestión eficaz y la programación adecuada.

Al igual que todos los servicios de referencia, el chat de referencia debe ser evaluado por el nivel de satisfacción que proporciona a las personas que lo utilizan. Los resultados de este estudio revelan que, después de 10 años, el servicio chat de referencia, este representa una mezcla de las relativamente viejas y nuevas tecnologías, y los métodos de formación han de basarse en el desarrollo de las mejores prácticas y competencias. Las sesiones estructuradas de formación formales que se han descrito en la literatura más temprana siguen siendo utilizadas con frecuencia por parte de quienes proporcionan formación a los profesionales. Todas las técnicas y las materias de instrucción que formaron la base de la formación a principios de la década todavía se utilizan en un grado muy significativo y no ha habido una expansión para incluir nuevos temas tales como lecciones de abreviaturas  y sintaxis de mensajería instantánea y orientaciones para tratar con clientes en situaciones críticas.

Su otra esposa: Una película sobre la profesión de documentalista

Su otra esposa. (1957) Género: Comedia – Nacionalidad: USA – Director: Walter Lang- Actores: Spencer Tracy, Katharine Hepburn, Tit. Orriginal Desk set

Una película sobre la profesión de documentalista

Argumento: En un importante canal de televisión se ha puesto en marcha un plan de informatización al servicio de documentación, cuya responsable es la señorita Bunny, una mujer eficaz que de forma manual es capaz de memorizar y obtener cualquier tipo de información que se le solicite. El encargado de modernizar el sistema es el ingeniero Richard Summer, un hombre de fuerte personalidad que infravalora el sistema antiguo de Bunny, resaltando los valores del ordenador.

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Los bibliotecarios debemos ser vistos como asesores de confianza en nuestras comunidades

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Podemos afirmar sin miedo a confundirnos que la comunidad está en el corazón de los planes de la nueva biblioteca. Los bibliotecarios han comenzado a identificar que la razón fundamental para la supervivencia institucional se basa en los beneficios públicos que proporcionan los profesionales a sus comunidades. Es así como nace la sinergia que fortalece la colaboración y refuerzan los lazos entre las comunidades. La gente y la tecnología se encuentran en la biblioteca. Las bibliotecas proporcionan espacios públicos donde las personas puede congregarse, compartir su patrimonio cultural y científico, y crear conocimiento compartido, según Cassie Guthrie directora de la Greece Public Library “La biblioteca del presente se parece más a una cocina, mientras que en los tiempos pasados la biblioteca era más una tienda de comestibles”. Y en este marco el profesional de la biblioteca que construye relaciones y capacita a los usuarios en la formación y/o les orienta acerca de los recursos digitales que tienen a su disposición es quien hoy por hoy proporciona un valor a la biblioteca.

«El reposicionamiento del profesional de la biblioteca como un recurso educativo para una comunidad más interconectada describe con mayor precisión el trabajo del bibliotecario en la actualidad. Apelar a los intereses de aquellos que disfrutan de trabajar con la gente resolviendo problemas futuros y cotidianos, diseñando nuevos enfoques innovadores y desafiantes será crucial para el futuro de la profesión.”

Hallie Rich.

Fundamentalmente los profesionales de las bibliotecas tenemos que SER VISTOS COMO ASESORES DE CONFIANZA, pero la confianza crece sólo cuando construimos relaciones con nuestros usuarios. Y como las funciones de la biblioteca cambian y se expanden, el personal de la biblioteca se ve AVOCADO A EXTENDER Y AMPLIAR SUS CAPACIDADES PARA SATISFACER LAS NUEVAS NECESIDADES. En estos espacios los bibliotecarios actúan como convocantes, auténticos mediadores sociales, filtros colaborativos, siendo de este modos el alma de una sociedad inclusiva, informada y comprometida con sus ciudadanos.

De este modo la biblioteca actúa y se convierte en una plataforma, entendida como un ESPACIO FÍSICO, y a la vez como un ESPACIO VIRTUAL accesible desde cualquier lugar 24 horas diarias los 7 días de la semana (24/7). Una entidad objetiva que opera en torno a los intereses de sus usuarios, en contraste con las plataformas comerciales que desdibujan la línea entre el usuario y los intereses comerciales.

El reposicionamiento del profesional de la biblioteca como un recurso educativo para una comunidad más interconectada describe con mayor precisión el trabajo del profesional de la biblioteca de la actualidad. Por eso ahora ahora es el momento dentro de la profesión bibliotecaria para la redefinición de la imagen de los profesionales de la biblioteca. No se trata de sustituir moños y gafas por pelo teñido de rosa y tatuajes; se trata de demostrar que los profesionales de la biblioteca sirven a sus comunidades ayudando y formando a los los usuarios en todos aquellos aspectos que necesitan. Esta distinción es importante porque destaca el valor de los profesionales de la biblioteca siendo la mejor de las manera de asegurar nuestra viabilidad futura. Apelar a los intereses de aquellos que disfrutan de trabajar con la gente resolviendo problemas futuros y cotidianos, diseñando nuevos enfoques innovadores y desafiantes será crucial para el futuro de la profesión.