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El alcance de las bibliotecas en comunidades vulnerables. Programas de extensión bibliotecaria para personas desfavorecidas

Community members of different ages and abilities engaging in learning and support activities in a library.
Volunteers assist diverse community members in a welcoming library space offering various support services.

WebJunction. (22 de mayo de 2026). Beyond the Branch: Lessons from Taking Library Outreach to Underserved Communities. OCLC WebJunction https://www.webjunction.org/news/webjunction/beyond-the-branch.html

Se presenta la experiencia de Arapahoe Libraries, en el estado de Colorado (EE. UU.), que ha desarrollado un programa de extensión bibliotecaria dirigido a comunidades hispanohablantes que, en muchos casos, nunca habían utilizado una biblioteca pública, ni en Estados Unidos ni en sus países de origen. La iniciativa parte de una idea fundamental: para reducir las barreras de acceso no basta con esperar a que las personas acudan a la biblioteca, sino que es necesario que la biblioteca salga al encuentro de la comunidad allí donde vive, trabaja y se reúne.

Uno de los aspectos más destacados del programa es la importancia de establecer relaciones de confianza antes de ofrecer servicios. Los bibliotecarios participan en eventos comunitarios, visitan escuelas, iglesias, mercados y organizaciones locales, colaboran con líderes comunitarios y mantienen una presencia continuada en los espacios frecuentados por la población hispanohablante. Este enfoque demuestra que la confianza no se construye mediante campañas puntuales, sino a través de una presencia constante y del compromiso con las necesidades reales de la comunidad.

El artículo subraya también la necesidad de adoptar una perspectiva de competencia cultural. El personal bibliotecario adapta tanto la comunicación como los servicios a las características lingüísticas y culturales de las personas a las que se dirige. Esto implica ofrecer información en español, comprender las circunstancias de las familias inmigrantes y evitar asumir que todos los usuarios conocen el funcionamiento de una biblioteca pública. Para muchas personas, obtener el carné de la biblioteca, acceder a recursos digitales o participar en actividades culturales constituye una experiencia completamente nueva.

Otro aprendizaje relevante consiste en la importancia de establecer alianzas con organizaciones locales. Las bibliotecas trabajan conjuntamente con escuelas, centros comunitarios, asociaciones sin ánimo de lucro y otras instituciones que ya cuentan con la confianza de la población destinataria. Estas colaboraciones permiten ampliar el alcance de los servicios bibliotecarios y responder de forma más eficaz a necesidades relacionadas con la alfabetización, el aprendizaje del inglés, la inclusión digital y el acceso a la información.

La experiencia demuestra asimismo que el éxito de las actividades de extensión no debe medirse únicamente por el número de nuevos carnés emitidos o por las estadísticas de asistencia. Los indicadores más valiosos son el fortalecimiento de las relaciones con la comunidad, el aumento de la confianza en la institución y la percepción de la biblioteca como un espacio acogedor e inclusivo. Estos resultados requieren tiempo, continuidad y una evaluación basada tanto en datos cuantitativos como en testimonios y experiencias de los propios participantes.

En conjunto, el artículo defiende un modelo de biblioteca comunitaria y proactiva, en el que la extensión bibliotecaria deja de ser una actividad complementaria para convertirse en un componente esencial del servicio público. La experiencia de Arapahoe Libraries muestra que acercar la biblioteca a las personas tradicionalmente alejadas de ella contribuye a reducir desigualdades, fomentar la inclusión social y reforzar el papel de las bibliotecas como instituciones comprometidas con el bienestar y la cohesión de sus comunidades.

Consejos para los programas de extensión bibliotecaria

  • Acércate a las personas allí donde están. Considera realizar las actividades fuera de la biblioteca. Elementos sencillos como pompas de jabón o música ayudan a atraer la atención y generan un ambiente dinámico.
  • Los folletos impresos son útiles, pero las conversaciones cara a cara funcionan mucho mejor. Utiliza un lenguaje sencillo, cercano y fácil de comprender.
  • Siempre que sea posible, prepara los materiales informativos en la lengua principal de la comunidad. Si son bilingües, todavía mejor.
  • Ten en cuenta factores como el tiempo, el calendario escolar, los días festivos y la hora del día al programar las actividades.
  • La extensión bibliotecaria no debe recaer en una sola persona. Implica al resto del personal de la biblioteca, especialmente a quienes ya mantienen relaciones con la comunidad por otros motivos.
  • Pregunta a los propios miembros de la comunidad qué tipo de obsequios o incentivos les resultarían realmente útiles. Su opinión es importante.
  • Generar confianza requiere tiempo. Hay que ser realista respecto al periodo necesario para establecer vínculos con la comunidad. En el caso de Quiroz y Gallegos, hicieron falta más de un año de promoción y de presencia constante en actividades comunitarias para construir relaciones sólidas.
  • Si el presupuesto interno es limitado, busca apoyo en empresas locales, organizaciones comunitarias, asociaciones de Amigos de la Biblioteca o personas voluntarias.
  • Colabora con líderes comunitarios de confianza. Ellos pueden ayudar a difundir las actividades y animar a la participación.
  • Da visibilidad a los recursos gratuitos que ofrece la biblioteca, como los puntos de acceso wifi portátiles, los ordenadores portátiles y otros servicios tecnológicos. Para muchas familias, la biblioteca todavía no forma parte de su vida cotidiana, por lo que es fundamental explicar con claridad qué servicios ofrece y cómo pueden beneficiarles.
  • Solicita siempre la opinión de los participantes y mantén una actitud abierta al cambio. Escuchar a la comunidad y adaptar las estrategias en función de sus necesidades es uno de los factores clave para el éxito de cualquier programa de extensión bibliotecaria.

Apoyar el bienestar emocional en los programas bibliotecarios sin convertirse en terapeuta

Group of people having a supportive discussion in a library emotional wellness program
A diverse group engages in a heartfelt discussion at a public library’s emotional wellness program.

Brownley, Jessica (2026). Supporting Emotional Wellness in Library Programs (Without Being a Therapist). ALSC Blog, Association for Library Service to Children (American Library Association), 6 de mayo de 2026. Disponible en: ALSC Blog – American Library Association.

El artículo aborda una cuestión cada vez más relevante en el trabajo bibliotecario contemporáneo: el papel de las bibliotecas, especialmente las públicas e infantiles, como espacios que no solo ofrecen acceso a la información y actividades culturales, sino que también se han convertido en lugares donde afloran necesidades emocionales, sociales y psicológicas de niños, adolescentes y familias. En este nuevo contexto, muchos profesionales de bibliotecas se encuentran gestionando situaciones de ansiedad, frustración, tristeza o conflictos emocionales entre los usuarios, sin contar necesariamente con formación clínica o psicológica especializada.

La autora plantea que los bibliotecarios, aunque no sean terapeutas, sí pueden desempeñar un papel importante en la creación de entornos emocionalmente seguros y acogedores. La idea central del texto es que la biblioteca puede contribuir al bienestar emocional comunitario mediante prácticas cotidianas que favorezcan la escucha, la empatía, el respeto y la construcción de relaciones positivas, sin invadir ámbitos profesionales reservados a especialistas en salud mental. Esto implica reconocer que la labor bibliotecaria actual se sitúa cada vez más en la intersección entre educación, mediación social y acompañamiento humano.

Uno de los argumentos más importantes del artículo es la necesidad de entender claramente los límites profesionales. La autora advierte que apoyar emocionalmente a un niño o a una familia no significa asumir responsabilidades terapéuticas ni intentar resolver problemas psicológicos complejos. El papel del bibliotecario consiste más bien en generar espacios donde las personas se sientan escuchadas, respetadas y seguras. En situaciones difíciles, el profesional debe saber acompañar desde la empatía, pero también reconocer cuándo es necesario derivar la situación a trabajadores sociales, orientadores o profesionales sanitarios capacitados para intervenir de manera adecuada.

El texto ofrece estrategias concretas para incorporar este enfoque en la programación bibliotecaria. Entre ellas destaca el diseño de actividades que fomenten la expresión emocional y la autorregulación, como sesiones de lectura en voz alta centradas en emociones, actividades creativas relacionadas con la expresión de sentimientos, espacios tranquilos para reducir la sobreestimulación sensorial, dinámicas cooperativas o programas que promuevan habilidades socioemocionales como la empatía, la escucha activa y la resolución pacífica de conflictos. La biblioteca deja así de ser únicamente un espacio de préstamo o consulta para convertirse en un entorno que favorece el desarrollo integral de la persona.

Otro aspecto fundamental es la importancia de la observación y la sensibilidad profesional. La autora explica que los bibliotecarios trabajan con frecuencia con niños que llegan a las actividades con situaciones familiares complejas, estrés escolar, dificultades conductuales o necesidades emocionales que pueden manifestarse durante un taller o una actividad grupal. Frente a ello, se propone desarrollar una actitud basada en la paciencia, la flexibilidad y la capacidad de adaptar las dinámicas cuando un participante necesita más tiempo, contención o un trato diferenciado. No se trata de diagnosticar ni interpretar conductas, sino de responder de manera humana y respetuosa a las necesidades del momento.

También se insiste en la importancia de cuidar al propio personal bibliotecario. La creciente dimensión social y emocional del trabajo en bibliotecas ha incrementado lo que se conoce como trabajo emocional: el esfuerzo constante que realizan los profesionales al gestionar no solo información y servicios, sino también relaciones humanas complejas. Esta realidad puede generar desgaste, fatiga emocional e incluso agotamiento profesional si las instituciones no reconocen estas nuevas exigencias laborales. Por ello, la autora subraya la necesidad de establecer límites claros, fomentar el autocuidado y ofrecer formación específica para que el personal pueda gestionar estas situaciones sin asumir cargas que excedan sus competencias.

El texto refleja una transformación profunda del papel social de las bibliotecas en el siglo XXI. Las bibliotecas aparecen como infraestructuras comunitarias donde el acceso a la información convive con nuevas funciones relacionadas con la inclusión social, la educación emocional y el bienestar colectivo. El mensaje final es que los bibliotecarios no necesitan ser terapeutas para contribuir positivamente a la salud emocional de sus comunidades: basta con diseñar espacios seguros, ejercer una escucha empática, actuar con sensibilidad y comprender que, en muchos casos, una experiencia bibliotecaria respetuosa y acogedora puede convertirse en un importante factor de apoyo emocional para quienes la necesitan.

¿Por qué las librerías de Seúl se están convirtiendo en los lugares de moda para ligar?

1000 Libraries. (2026). Why Bookstores in Seoul Are Becoming the Hottest New Dating Spots.

Artículo original

Se analiza un fenómeno social emergente en Seúl: la transformación de las librerías y grandes espacios de libros en puntos de encuentro romántico y social. Lo que tradicionalmente eran lugares silenciosos de lectura y compra de libros se han convertido, especialmente entre jóvenes, en escenarios donde se producen interacciones personales, aproximaciones y, en algunos casos, citas espontáneas. Este cambio refleja una evolución en la forma en que los espacios culturales se integran en la vida social contemporánea.

El artículo describe una tendencia reciente en Seúl en la que las librerías han pasado de ser espacios tradicionales de lectura a convertirse en lugares informales de encuentro romántico entre jóvenes, especialmente de la generación Z. Este fenómeno surge en un contexto en el que los modelos habituales de citas —aplicaciones móviles, encuentros a través de amigos o actividades organizadas— están siendo sustituidos o complementados por nuevas formas de interacción más espontáneas y presenciales. Las librerías, con su atmósfera tranquila, estética cuidada y ambiente cultural, se han convertido en un escenario inesperado para el flirteo.

El texto explica que este fenómeno, conocido informalmente como “flirteo en librerías”, se ha viralizado en redes sociales, donde circulan vídeos de jóvenes que acuden a estos espacios no solo a leer, sino también a conocer posibles parejas. En grandes librerías de Seúl, como Kyobo Book Centre, se han identificado incluso “zonas calientes” simbólicas asociadas a determinados tipos de lectores, como las secciones de filosofía o literatura, que funcionan como indicadores de personalidad e intereses. Los libros, en este contexto, se convierten en señales sociales que permiten inferir valores, sensibilidad o estilo de vida.

Uno de los factores que explican la popularidad de este fenómeno es el desgaste emocional asociado a las aplicaciones de citas, percibidas por muchos jóvenes como superficiales, agotadoras y poco satisfactorias. Frente a ello, las librerías ofrecen una alternativa más lenta y orgánica, donde la afinidad puede surgir a partir de intereses compartidos visibles en tiempo real. Ver a alguien leyendo un libro concreto o explorando una sección específica permite interpretar posibles compatibilidades de forma más inmediata y menos artificial que en el entorno digital.

El artículo también destaca que las librerías contemporáneas en Corea del Sur ya no son solo espacios de venta de libros, sino grandes centros culturales híbridos que incluyen cafeterías, zonas de descanso, papelerías y espacios de ocio. Esta transformación las convierte en lugares ideales para la interacción social casual, ya que permiten pasar largos periodos de tiempo sin la presión de un entorno exclusivamente comercial o de ocio nocturno. En este contexto, la interacción entre desconocidos se vuelve más natural.

Sin embargo, el fenómeno no está exento de críticas. Algunos visitantes habituales consideran que esta tendencia está alterando la naturaleza tradicional de las librerías como espacios de silencio, concentración y lectura. La presencia de personas que acuden con la intención de socializar o de crear contenido para redes sociales ha generado incomodidad en ciertos usuarios, que perciben una pérdida de intimidad y tranquilidad. Incluso se han reportado situaciones en las que intentos de aproximación romántica han resultado invasivos o incómodos.

A pesar de estas tensiones, el artículo señala un efecto positivo inesperado: el aumento del interés por la lectura entre los jóvenes. En un contexto de preocupación por la caída de los hábitos lectores en Corea del Sur, los datos recientes indican un repunte en la franja de edad de 20 a 29 años. Las librerías independientes y los grandes centros culturales están experimentando una revitalización, impulsados por su papel como espacios sociales además de culturales.

El texto interpreta este fenómeno como parte de una transformación cultural más amplia en la que los espacios de lectura se integran en la vida social contemporánea y en la estética digital. La idea de un romance que surge entre estanterías de libros conecta con una narrativa romántica profundamente arraigada en la cultura popular, donde la lectura y la afinidad intelectual funcionan como base idealizada del amor. En este sentido, las librerías de Seúl se consolidan como espacios híbridos donde convergen cultura, identidad, consumo y relaciones sociales.

El futuro de la IA está en las personas, no en los algoritmos

Simons, Bright. “The Social Edge of Intelligence”. The Ideas Letter, 16 de abril de 2026

La IA no es realmente inteligente por sí misma, sino que funciona como un espejo estadístico que reproduce la inteligencia colectiva generada por las sociedades humanas. Según el autor, los modelos de lenguaje como ChatGPT no “piensan” de manera autónoma, sino que aprenden de enormes cantidades de lenguaje producido históricamente por interacciones humanas complejas. El verdadero peligro, sostiene, es que el uso excesivo de la IA podría erosionar precisamente las condiciones sociales que hicieron posible su desarrollo.

Simons parte de una observación central: el progreso de la inteligencia artificial se alimenta del conocimiento acumulado por generaciones humanas. Para demostrarlo, propone un experimento mental en el que imagina entrenar distintos modelos de IA con textos de diversas épocas históricas: el antiguo Egipto, la Grecia clásica, Roma, Bagdad medieval, el Renacimiento italiano y el mundo contemporáneo. La conclusión es clara: aunque la arquitectura tecnológica fuera idéntica, cada modelo sería más “inteligente” en la medida en que la civilización que produjo los textos fuera socialmente más compleja. Esto sugiere que la inteligencia artificial no depende únicamente del cómputo o de los algoritmos, sino fundamentalmente de la riqueza cultural, institucional y social de las comunidades humanas que generan el lenguaje con el que aprende.

Uno de los argumentos más fuertes del ensayo se relaciona con el fenómeno conocido como colapso del modelo. Simons recupera investigaciones publicadas en Nature que muestran que cuando una IA comienza a entrenarse con contenido generado por otras inteligencias artificiales, su calidad cognitiva empieza a degradarse progresivamente. Desaparecen perspectivas minoritarias, formulaciones poco comunes, ideas originales y conocimientos marginales. El resultado es un sistema que sigue siendo fluido y convincente, pero intelectualmente más pobre y homogéneo. El autor interpreta este problema técnico como una manifestación de un problema social más profundo: la reducción de la diversidad intelectual humana a medida que delegamos cada vez más tareas cognitivas a las máquinas.

El ensayo también examina investigaciones recientes sobre creatividad asistida por IA. Un estudio realizado en el Reino Unido con alrededor de 300 escritores mostró que quienes utilizaron modelos como GPT-4 produjeron relatos que los evaluadores consideraron más creativos a nivel individual. Sin embargo, cuando se analizó el conjunto de relatos apareció un efecto inesperado: todos los textos empezaban a parecerse demasiado entre sí. Cada individuo mejoraba su rendimiento, pero el colectivo perdía diversidad creativa. Simons denomina este fenómeno una especie de “tragedia de los comunes cognitiva”: la ganancia individual inmediata produce una pérdida colectiva a largo plazo porque empobrece la variedad intelectual del ecosistema cultural.

Otro eje importante del artículo se centra en cómo la automatización está transformando el trabajo intelectual. El autor cita casos de empresas como IBM, Duolingo, Klarna y Atlassian, que han reducido o replanteado parte de sus plantillas al incorporar inteligencia artificial. El problema, argumenta Simons, es que muchas compañías ven la IA únicamente como una herramienta para sustituir trabajadores y reducir costes. Sin embargo, eliminar puestos junior o funciones de aprendizaje interno significa destruir los espacios donde se genera el conocimiento tácito, la experiencia acumulada y la formación de futuros expertos. Es decir, al automatizar excesivamente se debilita el proceso social mediante el cual se produce nuevo conocimiento humano, que es precisamente el combustible de futuras generaciones de inteligencia artificial.

Simons recupera además estudios de Nicholas Carr y otros investigadores que muestran que las personas tienden a reducir su esfuerzo cognitivo cuando confían en sistemas automatizados. Igual que ocurrió con los buscadores como Google —que llevaron a muchas personas a memorizar menos información— la IA generativa podría producir un fenómeno más profundo: la externalización del pensamiento mismo. Un estudio realizado por investigadores de Microsoft y Carnegie Mellon University encontró que en un 40% de tareas asistidas por IA los trabajadores dejaron de ejercer pensamiento crítico, especialmente cuando confiaban plenamente en las respuestas producidas por el sistema. Para Simons, esto supone un riesgo sistémico: una humanidad cada vez más eficiente individualmente, pero colectivamente menos capaz de generar conocimiento nuevo.

El núcleo conceptual del ensayo aparece en lo que Simons llama “Social Edge Framework” (Marco del Borde Social). Su argumento es que la inteligencia humana siempre ha sido un fenómeno profundamente colectivo. Retoma ideas del psicólogo soviético Lev Vygotsky, quien sostenía que el pensamiento emerge del lenguaje social, y del antropólogo cognitivo Edwin Hutchins, que demostró cómo muchos procesos mentales no ocurren dentro del cerebro individual sino distribuidos en grupos, instituciones y herramientas culturales. Desde esta perspectiva, la IA no aprende de individuos aislados, sino de millones de conversaciones, debates, negociaciones y conflictos sociales acumulados durante siglos. Cada “token” de entrenamiento es, en cierto modo, un fósil de interacción humana.

En la parte final del texto, Simons critica a figuras influyentes del sector tecnológico como Sam Altman, Dario Amodei y Leopold Aschenbrenner, a quienes acusa de centrarse casi exclusivamente en variables técnicas como potencia computacional, escalado de datos y arquitectura de modelos, sin prestar suficiente atención a la dimensión social del conocimiento. Según Simons, la gran paradoja es que cuanto más se use la IA para reemplazar interacciones humanas —reuniones, debates, aprendizaje entre compañeros, puestos de entrada al mercado laboral, escritura original o pensamiento crítico— más se debilitará el ecosistema intelectual del que depende el progreso futuro de la propia inteligencia artificial.

La conclusión del ensayo es contundente: las organizaciones más exitosas en la próxima década no serán necesariamente aquellas que más automaticen, sino aquellas que comprendan que el verdadero valor de la IA no reside en sustituir personas, sino en potenciar formas más ricas de colaboración humana. La inteligencia artificial es, en última instancia, una herencia construida por siglos de interacción social compleja. Si esa herencia se consume sin reinvertir en creatividad, debate, educación, pensamiento crítico y trabajo colaborativo, acabará agotándose. Para Simons, el futuro de la IA no depende solamente de máquinas más poderosas, sino de preservar y fortalecer la riqueza intelectual de la sociedad que alimenta esas máquinas.

El ensayo constituye una crítica profunda a la visión tecnocrática dominante sobre la IA. Frente a la narrativa habitual centrada en eficiencia y automatización, Bright Simons recuerda que la inteligencia —humana y artificial— no surge en el aislamiento, sino en la conversación, el desacuerdo, la cooperación y la complejidad social. La verdadera frontera tecnológica, concluye, no está en los algoritmos, sino en nuestra capacidad de seguir pensando juntos.

Cuando la nevera piensa por ti: Samsung da un paso decisivo hacia una inteligencia artificial realmente útil en el hogar

Rutherford, Sam. “Samsung’s Bespoke Update Is Big Step Towards A Useful AI For Your Fridge.” Engadget, 10 de mayo de 2026.

Se analiza una importante actualización de software lanzada por Samsung Electronics para su línea de frigoríficos inteligentes Samsung Bespoke AI Refrigerator, un movimiento que representa uno de los avances más significativos hasta ahora en la incorporación de inteligencia artificial realmente funcional dentro del entorno doméstico.

Aunque la idea de actualizar el software de un frigorífico sigue pareciendo extraña para muchos consumidores, el autor sostiene que esta actualización marca un punto de inflexión en la evolución de los electrodomésticos inteligentes, especialmente porque por primera vez la IA parece aportar utilidades concretas y no simples funciones llamativas con escaso valor práctico.

Hasta este momento, los frigoríficos inteligentes de Samsung ya incorporaban sistemas de reconocimiento visual capaces de identificar alimentos almacenados en su interior. Sin embargo, las versiones anteriores resultaban bastante limitadas: el sistema apenas reconocía alrededor de sesenta tipos de alimentos frescos y aproximadamente cincuenta productos envasados. Además, requería que el usuario introdujera manualmente información adicional, como cantidades o fechas de incorporación, algo que terminaba haciendo la experiencia tediosa y reduciendo considerablemente la utilidad real de la tecnología. Según el análisis, el usuario terminaba dedicando demasiado tiempo a alimentar al sistema, lo que contradecía precisamente la promesa de automatización inteligente que la IA debería ofrecer.

La gran novedad de esta actualización reside en la integración de Google Gemini, el modelo de inteligencia artificial generativa desarrollado por Google, que ahora complementa el sistema de reconocimiento visual propio de Samsung. Gracias a esta combinación entre procesamiento local y capacidades de computación en la nube, la capacidad de identificación del frigorífico se multiplica enormemente: pasa de reconocer poco más de un centenar de productos a ser capaz de identificar más de 2.000 tipos diferentes de alimentos. Esto supone un salto enorme en términos de funcionalidad práctica, ya que el sistema comienza a comportarse más como un verdadero asistente doméstico capaz de comprender el contenido real del frigorífico.

Uno de los aspectos que más destaca el autor del artículo es la mejora en el reconocimiento de productos específicos y marcas concretas. El sistema no solo identifica alimentos genéricos, sino que puede distinguir entre variantes muy concretas de un mismo producto, por ejemplo diferenciando entre una lata de Coca-Cola Zero y una Diet Coke, algo que requiere un nivel considerablemente más avanzado de visión computacional. Incluso ingredientes poco comunes o especializados, como determinadas salsas asiáticas de escasa presencia en mercados occidentales, fueron reconocidos correctamente durante las pruebas realizadas. Esta precisión transforma el frigorífico en una especie de inventario automatizado que monitoriza de manera casi autónoma el estado de los alimentos disponibles.

Otra función especialmente interesante es la capacidad del sistema para realizar seguimiento temporal de los productos almacenados. El frigorífico puede registrar cuánto tiempo lleva un alimento dentro del electrodoméstico y emitir alertas cuando detecta que ciertos productos están próximos a caducar o podrían deteriorarse pronto. Esto introduce una dimensión preventiva muy relevante, ya que permite reducir el desperdicio alimentario, un problema doméstico y medioambiental considerable. La inteligencia artificial deja de ser un mero asistente pasivo para convertirse en un sistema capaz de intervenir activamente en la gestión eficiente del consumo alimentario familiar.

Samsung también ha incorporado nuevas funciones relacionadas con el mantenimiento técnico del aparato mediante lo que denomina Repairability AI. El frigorífico monitoriza constantemente métricas internas de funcionamiento y puede detectar potenciales averías antes de que se produzca un fallo crítico. Con autorización explícita del propietario, esta información puede compartirse con técnicos de reparación, permitiendo que el servicio técnico llegue con un diagnóstico previo y pueda solucionar incidencias de manera más rápida y eficiente. Este enfoque introduce una nueva filosofía en la industria: electrodomésticos cuyo valor evoluciona mediante software incluso después de haber sido comprados, algo similar a lo que ocurre actualmente con automóviles eléctricos o smartphones.

Sin embargo, el artículo también deja entrever algunas dudas y preocupaciones. El crecimiento de la inteligencia artificial integrada en dispositivos domésticos plantea interrogantes sobre privacidad, dependencia tecnológica y posibles problemas de fiabilidad. Algunos sectores críticos han cuestionado si realmente resulta necesario incorporar IA avanzada a electrodomésticos tradicionalmente simples como un frigorífico. Durante el Consumer Electronics Show 2026 (CES 2026) incluso aparecieron críticas hacia este tipo de productos por considerar que representan un ejemplo de sobreingeniería tecnológica: añadir complejidad innecesaria a dispositivos cuya función básica históricamente ha sido sencilla y robusta. También existen preocupaciones sobre la recopilación constante de datos domésticos y sobre la dificultad futura de reparación si el software falla o queda obsoleto.

Esta actualización del ecosistema Samsung Bespoke AI Family Hub muestra un escenario diferente: una tecnología capaz de reconocer alimentos, organizar inventarios, sugerir recetas, reducir desperdicios, anticipar averías y personalizar información para cada miembro del hogar. Aunque persisten desafíos importantes relacionados con privacidad, mantenimiento y confianza del consumidor, el artículo plantea que quizás estamos viendo el inicio de una nueva generación de hogares donde la inteligencia artificial deja de ser experimental y empieza a convertirse en una infraestructura invisible integrada en la vida cotidiana

¿Sustituirá la IA a los trabajadores? nuevas perspectivas sobre automatización y empleo

Karma, Rogé. “Three Ways to Think About AI and Jobs.” The Atlantic, 11 de junio de 2026. Publicado en la sección Economy. The Atlantic

Se aborda una de las grandes preguntas que atraviesan el debate contemporáneo sobre inteligencia artificial: si esta tecnología terminará desplazando masivamente a los trabajadores humanos o si, por el contrario, transformará el empleo de maneras más complejas y menos lineales de lo que habitualmente se piensa.

Frente a discursos alarmistas que anuncian la desaparición de millones de puestos de trabajo, el autor plantea que el impacto de la IA no depende únicamente del grado de sofisticación tecnológica alcanzado, sino de la naturaleza concreta de cada profesión, de la estructura económica en la que esa profesión opera y del modo en que la tecnología interactúa con la experiencia humana.

Para introducir esta reflexión, Karma recurre al caso de la radiología, un ejemplo especialmente revelador. Hace una década, investigadores como Geoffrey Hinton afirmaban que los radiólogos desaparecerían rápidamente porque los sistemas de aprendizaje profundo serían capaces de interpretar imágenes médicas con mayor precisión que los especialistas humanos. En parte esto ocurrió: actualmente existen más de mil herramientas de IA aprobadas por organismos regulatorios para analizar imágenes clínicas. Sin embargo, lejos de desaparecer, la profesión de radiólogo ha aumentado su demanda, creció el número de profesionales en ejercicio y sus salarios se han incrementado significativamente. Este caso sirve al autor para demostrar que la automatización no conduce necesariamente a la sustitución laboral.

La primera gran pregunta que plantea el artículo es si una profesión constituye lo que algunos economistas llaman un “paquete fuerte” (strong bundle) o un “paquete débil” (weak bundle). Según esta idea, desarrollada por el economista Luis Garicano, muchos empleos combinan tareas “limpias” y tareas “desordenadas”. Las tareas limpias son rutinarias, estructuradas, repetitivas y fácilmente codificables, como rellenar hojas de cálculo o procesar formularios. Las tareas desordenadas implican juicio contextual, improvisación, relaciones humanas, negociación o toma de decisiones ambiguas. Cuando ambas dimensiones están estrechamente integradas —como ocurre con abogados litigantes, médicos o periodistas— resulta difícil delegar solo una parte a la IA sin afectar la calidad global del trabajo. En cambio, en profesiones donde las tareas automatizables pueden separarse del resto —como selección de currículums o parte de la programación informática— la automatización puede ser mucho más profunda.

La segunda cuestión que analiza el artículo tiene relación con la economía de la demanda. Karma recuerda un principio económico clásico: cuando la automatización abarata enormemente la producción de un bien o servicio, muchas veces la demanda aumenta tanto que el empleo termina creciendo en lugar de reducirse. Para explicar este fenómeno recurre al ejemplo histórico de la industria automovilística cuando Henry Ford implantó la cadena de montaje en 1913. Aunque fabricar cada coche requería menos trabajadores, la caída del precio permitió vender muchos más automóviles, generando finalmente más empleo en todo el sector. Lo mismo ocurrió históricamente con cajeros bancarios tras la llegada de los cajeros automáticos, con la industria textil tras los telares mecánicos o con contables después de la aparición de las hojas de cálculo digitales.

Este fenómeno económico se conoce como la paradoja de Jevons, formulada por el economista británico William Stanley Jevons en el siglo XIX. La idea central es que cuando una tecnología aumenta radicalmente la eficiencia en el uso de un recurso, en ocasiones el consumo total de ese recurso no disminuye, sino que aumenta. Aplicado a la inteligencia artificial, esto significa que si determinados servicios —jurídicos, financieros, sanitarios o tecnológicos— se abaratan considerablemente gracias a la automatización, podría producirse un incremento tan fuerte en la demanda que termine generándose más empleo en lugar de menos. El artículo menciona evidencias tempranas de este fenómeno en sectores como la contratación de personal, la ingeniería de software o los centros de atención al cliente.

La tercera pregunta fundamental del texto es si la inteligencia artificial reemplaza la parte experta del trabajo o simplemente automatiza tareas secundarias. Aquí el autor recurre a investigaciones de los economistas del Massachusetts Institute of Technology David Autor y Neil Thompson, quienes estudiaron cómo la informatización afectó a más de trescientas ocupaciones durante las últimas décadas. Descubrieron que cuando una tecnología sustituye tareas rutinarias pero deja intactas las competencias especializadas del trabajador, el empleo suele evolucionar hacia funciones de mayor valor añadido y mejores salarios. Sin embargo, cuando la tecnología reemplaza precisamente el núcleo experto del trabajo, los salarios tienden a caer y la profesión pierde prestigio y autonomía.

Un ejemplo que aparece en el artículo es el contraste entre empleados de inventario y auxiliares contables durante la informatización de oficinas en las décadas finales del siglo XX. En el caso de los contables, los ordenadores asumieron tareas repetitivas, permitiendo que los profesionales se concentraran en labores analíticas más complejas. En cambio, en los trabajadores de inventario, los sistemas digitales sustituyeron justamente el conocimiento especializado que poseían sobre almacenes y logística, reduciendo así el valor diferencial de su trabajo. El paralelismo con la IA resulta evidente: en algunas profesiones la inteligencia artificial amplificará el conocimiento humano, mientras que en otras podría banalizarlo.

En la parte final, el autor aplica este marco teórico al periodismo, su propia profesión. Reconoce que en el caso de la escritura profesional el panorama es ambiguo. Algunas tareas, como resumir documentos, analizar grandes cantidades de información o localizar patrones, pueden ser realizadas eficazmente por sistemas de IA. Sin embargo, otras dimensiones fundamentales del trabajo periodístico —entrevistar, interpretar matices, construir narrativas originales, desarrollar criterio editorial o generar confianza con las fuentes— siguen dependiendo profundamente de capacidades humanas difíciles de automatizar. Esto convierte al periodismo, al menos de momento, en una profesión relativamente resistente al reemplazo directo.

La conclusión general del artículo es que resulta simplista pensar que la inteligencia artificial eliminará automáticamente empleos de forma masiva e inmediata. La historia económica demuestra que el impacto tecnológico sobre el trabajo es altamente impredecible. Más que preguntarse si la IA es capaz de realizar una tarea concreta, conviene analizar cómo está estructurado cada trabajo, si la automatización genera nueva demanda económica y qué parte del conocimiento experto humano está siendo sustituida o reforzada. El futuro laboral no dependerá solamente de máquinas cada vez más inteligentes, sino del modo en que sociedades, empresas y profesiones reorganicen la relación entre automatización y capacidades humanas. Como señala el autor, las transformaciones más profundas de una revolución tecnológica rara vez son las que inicialmente se anticipan.

El coste de recortar personal de las bibliotecas: por qué eliminar bibliotecas sale caro

Hannah Rosborough. The Legal Cost of Cutting Librarians. Publicado en la revista jurídica canadiense Slaw, 2 de junio de 2026.

El artículo analiza las consecuencias legales, educativas y sociales derivadas de la reducción de personal bibliotecario en instituciones públicas, tomando como punto de partida los recortes anunciados por el sistema de colegios comunitarios de Nueva Escocia (NSCC), que eliminó decenas de puestos de trabajo debido a un importante déficit presupuestario provocado por la reducción de la financiación pública provincial. Entre los puestos afectados se encuentran numerosos bibliotecarios y profesionales de la información.

La autora sostiene que, cuando los responsables políticos y administrativos buscan equilibrar presupuestos, las bibliotecas suelen ser consideradas servicios secundarios o prescindibles. Sin embargo, esta percepción ignora el papel fundamental que desempeñan los bibliotecarios en la garantía del acceso a la información, la alfabetización informacional y el apoyo al aprendizaje. El recorte de estos profesionales no solo tiene efectos educativos inmediatos, sino que puede generar importantes riesgos jurídicos e institucionales a medio y largo plazo.

Uno de los argumentos centrales del texto es que las bibliotecas constituyen una infraestructura esencial para el acceso equitativo al conocimiento. Los bibliotecarios ayudan a estudiantes, investigadores y ciudadanos a localizar información fiable, evaluar fuentes, comprender derechos de autor, acceder a recursos especializados y desarrollar competencias críticas para desenvolverse en una sociedad saturada de información. Cuando desaparecen estos servicios, aumentan las desigualdades entre quienes poseen recursos y habilidades para acceder a la información por sí mismos y quienes dependen de la mediación profesional para hacerlo.

Desde una perspectiva jurídica, el artículo advierte que la pérdida de personal bibliotecario puede afectar al cumplimiento de obligaciones legales relacionadas con la accesibilidad, la igualdad de oportunidades educativas y la preservación documental. Las instituciones públicas tienen responsabilidades específicas en materia de acceso a la información, apoyo a personas con discapacidad, conservación de registros y garantía de servicios educativos adecuados. La reducción de bibliotecarios puede dificultar el cumplimiento de estas obligaciones y aumentar el riesgo de litigios, reclamaciones administrativas o cuestionamientos regulatorios.

La autora también destaca que los bibliotecarios son profesionales especializados en la gestión de riesgos informativos. Su trabajo contribuye a evitar errores derivados del uso de información inexacta, obsoleta o poco fiable. En ámbitos como la educación superior, la investigación científica o el asesoramiento jurídico, la ausencia de este apoyo profesional puede traducirse en decisiones deficientes, problemas de cumplimiento normativo y costes institucionales mucho mayores que el ahorro obtenido mediante los despidos.

Otro aspecto relevante es la función de las bibliotecas como espacios de inclusión social y participación democrática. Más allá de la gestión de colecciones, los bibliotecarios facilitan el acceso a servicios digitales, apoyan a usuarios vulnerables, promueven la alfabetización mediática y ayudan a combatir la desinformación. Reducir estos servicios puede debilitar la capacidad de las instituciones para atender a comunidades diversas y responder a las necesidades informativas de la ciudadanía.

El artículo concluye que los recortes en bibliotecas suelen presentarse como medidas de ahorro económico, pero en realidad pueden generar costes ocultos muy elevados. La pérdida de acceso a la información, el incremento de las desigualdades educativas, los riesgos de incumplimiento legal y la erosión de la capacidad institucional para servir al público representan consecuencias que a menudo superan ampliamente los beneficios presupuestarios inmediatos. En este sentido, la autora defiende que los bibliotecarios deben ser considerados una inversión estratégica y no un gasto prescindible

Sesgo algorítmico en el empleo: cuando la IA favorece su propio estilo de escritura

Xu, Jiannan, Gujie Li y Jane Yi Jiang. 2025. AI Self-preferencing in Algorithmic Hiring: Empirical Evidence and Insights. Proceedings of the AAAI/ACM Conference on AI, Ethics, and Society (AIES), vol. 8, no. 3, 2757–2758. https://doi.org/10.1609/aies.v8i3.36755

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Un nuevo estudio sugiere que los sistemas de contratación basados ​​en IA podrían favorecer los currículos redactados por los mismos modelos de IA que los evalúan, lo que plantea interrogantes urgentes para las escuelas, los bibliotecarios y el futuro de la preparación del mercado laboral.

El artículo analiza un estudio reciente sobre el uso de sistemas de inteligencia artificial en procesos de selección de personal y sus implicaciones educativas y sociales. La investigación, titulada AI Self-preferencing in Algorithmic Hiring, muestra que los modelos de IA utilizados en contratación pueden mostrar una forma de sesgo inesperado: tienden a favorecer los currículums generados por el mismo modelo de IA que los evalúa, en comparación con los redactados por humanos o por otros modelos.

En experimentos con más de 2.200 currículums reales y versiones generadas por modelos como GPT-4o, LLaMA, DeepSeek o Mistral, se observó que los candidatos cuyas solicitudes estaban “alineadas estilísticamente” con el sistema evaluador tenían entre un 23% y un 60% más de probabilidades de ser preseleccionados, aun cuando las cualificaciones eran idénticas. Esto sugiere la existencia de un nuevo tipo de sesgo algorítmico, no basado en variables tradicionales como género o raza, sino en la afinidad lingüística y estilística con el propio sistema.

El artículo denomina este fenómeno “sesgo interaccional”, donde la IA favorece patrones de escritura similares a los que ella misma genera. Esto plantea una preocupación estructural: la supuesta neutralidad de los algoritmos se debilita, ya que estos sistemas no solo procesan información, sino que también pueden reproducir preferencias hacia su propio “estilo de lenguaje”.

A partir de estos hallazgos, el texto advierte sobre un cambio profundo en el ámbito educativo. Los estudiantes ya no solo compiten en un entorno donde la escritura es evaluada por humanos, sino en uno donde la primera criba puede ser realizada por sistemas automatizados. Esto transforma la alfabetización informacional en alfabetización algorítmica, obligando a las instituciones educativas a preparar al alumnado para interactuar con sistemas de evaluación basados en IA.

El artículo también introduce el concepto de nueva brecha digital: los estudiantes con acceso a herramientas de IA, formación en “prompting” o apoyo tecnológico podrían tener ventajas sistemáticas frente a otros con menos recursos. Esto podría ampliar desigualdades educativas y laborales preexistentes.

Se plantea una reflexión crítica sobre el futuro de la escritura y la comunicación. Si los sistemas automatizados comienzan a premiar estilos de redacción propios de la IA, existe el riesgo de que las personas adapten su escritura para satisfacer algoritmos en lugar de comunicarse con otros seres humanos, afectando la creatividad, la diversidad lingüística y la expresión cultural.

En el texto subraya que la inteligencia artificial no es neutral y que su creciente uso en la contratación y evaluación laboral exige una respuesta educativa urgente basada en la alfabetización en IA, la transparencia algorítmica y la equidad en el acceso a estas tecnologías.

Los héroes silenciosos que mantienen en pie las bibliotecas en condiciones precarias de Katmandú

Khadka, Prabina. “The Quiet Heroes Holding Kathmandu’s Crumbling Libraries Together.” 1000 Libraries Magazine, 2026, https://magazine.1000libraries.com/the-quiet-heroes-holding-kathmandus-crumbling-libraries-together/.

Se presenta un retrato profundamente humano de las bibliotecas de Katmandú (Nepal) y, sobre todo, de las personas que las sostienen en condiciones precarias. A través de varios testimonios de bibliotecarios y responsables de centros documentales, se muestra cómo estas instituciones culturales sobreviven pese a la falta de financiación, la fragilidad estructural de los edificios y la escasa prioridad que reciben por parte del Estado.

Las bibliotecas descritas no son solo espacios de conservación del conocimiento, sino también refugios sociales donde estudiantes, opositores y investigadores encuentran un lugar de estudio y concentración. Sin embargo, muchas de ellas funcionan en edificios deteriorados, con infraestructuras insuficientes, escaso personal y problemas persistentes de mantenimiento. La falta de inversión pública tras el terremoto de 2015 agravó aún más una situación ya frágil, dejando a varias bibliotecas en estado casi de supervivencia.

El texto subraya especialmente el papel de los bibliotecarios, quienes aparecen como verdaderos “guardianes” del conocimiento. Lejos de la imagen tradicional de un trabajo pasivo, se enfatiza que realizan múltiples tareas: catalogación, gestión de colecciones, atención a usuarios, preservación de fondos y adaptación a recursos limitados. Muchos de ellos no comenzaron su carrera con formación específica en biblioteconomía, sino que llegaron al oficio de manera casual o por necesidad, desarrollando después un fuerte vínculo con la profesión.

Otro eje central es la dimensión comunitaria de las bibliotecas. A pesar de las dificultades, siguen siendo espacios esenciales de igualdad de acceso al conocimiento, especialmente para jóvenes que se preparan para exámenes o buscan oportunidades educativas. El artículo también destaca la ausencia de una política pública sólida que reconozca el valor estratégico de estas instituciones culturales.

El texto construye una narrativa de resistencia silenciosa: bibliotecas que “se mantienen en pie” no gracias a sistemas robustos, sino gracias al compromiso cotidiano de bibliotecarios que trabajan en condiciones adversas. La conclusión es clara: si estas bibliotecas siguen existiendo, es por la dedicación de personas que, más que ejercer un empleo, sostienen un servicio público esencial para la educación y la memoria cultural del país.

Deepfakes al asalto de tu cuenta bancaria: la nueva frontera del fraude con imágenes

The Atlantic. “Deepfakes Are Coming for Your Bank Account.” The Atlantic, mayo de 2026. https://www.theatlantic.com/technology/2026/05/chatgpt-images-deepfakes-fraud/687023/

El artículo analiza cómo los nuevos modelos de generación de imágenes mediante inteligencia artificial están transformando el fraude digital. Según The Atlantic, la amenaza ya no se limita a los tradicionales deepfakes de celebridades o líderes políticos, sino que se desplaza hacia falsificaciones mucho más cotidianas y peligrosas: alertas bancarias falsas, transferencias simuladas, documentos médicos, recetas, identificaciones oficiales, facturas o capturas de pantalla aparentemente auténticas. Estas imágenes resultan especialmente convincentes porque las herramientas actuales han mejorado notablemente en la reproducción de texto legible y diseño visual realista.

El reportaje pone el foco en la facilidad con la que un usuario puede generar material fraudulento. El autor explica que logró producir más de cien imágenes engañosas con poco esfuerzo, demostrando que la barrera técnica para cometer este tipo de delitos se ha reducido drásticamente. Antes, elaborar falsificaciones sofisticadas requería conocimientos avanzados de edición gráfica; ahora basta con introducir instrucciones en lenguaje natural. Esto democratiza el fraude y multiplica los riesgos para particulares, empresas e instituciones.

Uno de los aspectos más preocupantes es el uso de estas imágenes en estafas personalizadas. Una persona podría recibir un supuesto recibo de Uber, una alerta de Chase Bank o una confirmación de transferencia inexistente acompañada de un enlace malicioso. Al tratarse de documentos visualmente creíbles, la víctima puede reaccionar con rapidez y caer en ataques de phishing. El problema no es solo la calidad técnica de la imagen, sino la capacidad de combinarla con ingeniería social para manipular emociones como la urgencia, el miedo o la confusión.

El texto también cuestiona la eficacia de las salvaguardas implantadas por las empresas tecnológicas. Aunque OpenAI y Google incorporan políticas de uso, marcas de agua o metadatos para identificar imágenes generadas por IA, estas medidas pueden eliminarse fácilmente mediante capturas de pantalla, recortes o nuevas conversiones de archivo. En la práctica, los mecanismos de seguridad van por detrás de la rapidez con la que evolucionan las herramientas de generación visual.

Para concluir, el artículo sostiene que el mayor peligro no reside en los grandes engaños mediáticos, sino en los “microdeepfakes”: falsificaciones dirigidas a personas concretas para vaciar cuentas, obtener datos personales o engañar a familiares. En lugar de alterar elecciones o provocar crisis geopolíticas, estos fraudes erosionan la confianza diaria en mensajes, imágenes y comunicaciones digitales. La conclusión es clara: el desafío ya no es futurista, sino inmediato, y exige respuestas coordinadas entre tecnológicas, bancos, reguladores y ciudadanía.