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La IA está haciendo que leer libros parezca obsoleto y los estudiantes tienen mucho que perder

Baron, Naomi S. – “AI Is Making Reading Books Feel Obsolete – and Students Have a Lot to Lose.The Conversation, August 14, 2023. https://theconversation.com/ai-is-making-reading-books-feel-obsolete-and-students-have-a-lot-to-lose-262680

El artículo aborda cómo la inteligencia artificial está cambiando la forma en que los estudiantes interactúan con la lectura y el aprendizaje.

«Se está gestando una tormenta perfecta para la lectura. La inteligencia artificial (IA) ha llegado en un momento en el que tanto los niños como los adultos ya dedicaban menos tiempo a leer libros que en un pasado no muy lejano. Como lingüista, estudio cómo la tecnología influye en la forma en que las personas leen, escriben y piensan. Esto incluye el impacto de la IA, que está cambiando drásticamente la forma en que las personas se relacionan con los libros u otros tipos de escritos, ya sea por obligación, para investigar o por placer. Me preocupa que la IA esté acelerando un cambio continuo en el valor que las personas otorgan a la lectura como actividad humana».

Naomi S. Barón

La autora, profesora y experta en educación, señala que las herramientas de IA, como los resúmenes automáticos y los asistentes de escritura, están reduciendo la necesidad de leer libros completos. Esto puede llevar a una comprensión superficial de los contenidos y a una pérdida de habilidades críticas como el análisis profundo y la reflexión personal.

Además, se destaca que la dependencia de la IA para tareas académicas puede disminuir la capacidad de los estudiantes para desarrollar habilidades cognitivas esenciales, como la concentración sostenida y el pensamiento crítico. La autora advierte que esta tendencia podría tener consecuencias a largo plazo en la formación intelectual de las nuevas generaciones.

Por último, se sugiere que, aunque la IA puede ser una herramienta útil, no debe reemplazar la experiencia de lectura profunda y reflexiva que los libros ofrecen. Se hace un llamado a equilibrar el uso de la tecnología con métodos tradicionales de aprendizaje para preservar el desarrollo cognitivo integral de los estudiantes.

Este análisis invita a reflexionar sobre cómo la tecnología está transformando la educación y la importancia de mantener prácticas que fomenten el pensamiento crítico y la comprensión profunda.

Cualquier biblioteca no es más que el registro de momentos efímeros

«La mayor parte de cualquier biblioteca no es más que el registro de semejantes momentos efímeros en las vidas de hombres, mujeres y burros. Toda literatura, cuando envejece, tiene su pila de desperdicios, su registro de momentos desvanecidos y vidas olvidadas contadas con acentos débiles y entrecortados que han perecido. Pero si nos abandonamos al placer de leer desperdicios quedaremos sorprendidos, es más, sobrecogidos por las reliquias de vida humana que se han desechado para que se pudran.»

VIRGINIA WOOLF
El lector común (1925)

Crece la venta de libros físicos entre los jóvenes motivado en parte por el deseo de muchas personas de alejarse de las pantallas.

Butler, Sarah. “Waterstones Opens 10 New Stores a Year as Younger Adults Embrace Reading.” The Guardian, 17 de agosto de 2025. https://www.theguardian.com/books/2025/aug/17/waterstones-strong-sales-younger-adults-book-buying

La cadena de librerías Waterstone’s, considerada una de las más grandes del mundo y cuyo grupo matriz es también propietario de Barnes & Noble, está llevando a cabo una expansión en Estados Unidos y el Reino Unido. Este crecimiento responde a un renovado interés por la lectura en formato físico, motivado en parte por el deseo de muchas personas de alejarse de las pantallas.

La cadena de librerías Waterstones está registrando un notable crecimiento en medio de un panorama desfavorable para el comercio minorista en el Reino Unido. A pesar de las dificultades que enfrentan muchas tiendas físicas, la compañía, que cuenta con 320 librerías bajo su marca y también con Foyles, Hatchards y Blackwell’s, ha visto cómo las ventas totales aumentaron un 5 %

Según el CEO James Daunt, aproximadamente la mitad de ese crecimiento responde a un ajuste en los precios, mientras que la otra mitad se debe a un incremento en el volumen de ventas de libros. Este repunte se explica en gran medida por el resurgimiento del interés en la lectura entre los jóvenes, quienes encuentran en los libros una opción valiosa para desconectarse de las pantallas. Elementos como las tendencias en TikTok —más conocido como BookTok— y los clubes de lectura presenciales han sido factores clave en esta revitalización del hábito de lectura.

La preferencia se centra en la ficción, con un impulso notable en géneros como el romance, la fantasía romántica (romantasy) y la fantasía tradicional. La Asociación de Editores del Reino Unido reportó un aumento del 12,2 % en las ventas de ficción, compensando caídas del 2,8 % en libros infantiles y en el segmento de no ficción, lo que provocó una contracción global del 1 % en el mercado de libros impresos. El formato digital, por su parte, continúa creciendo: registra un incremento del 17 %, aunque las librerías físicas siguen sosteniendo el interés del público.

Waterstones también está mejorando la experiencia en sus establecimientos: incluyen cafeterías y recomendaciones seleccionadas cuidadosamente por el personal, creando un ambiente más atractivo para los lectores. Además, la cadena planea abrir 10 nuevas tiendas cada año, incluso dentro de grandes almacenes como John Lewis y Next, y en regiones menos atendidas como Irlanda del Norte y Escocia

Esta expansión se ve favorecida en parte por la reducción de la competencia, producto del cierre de librerías rivales como Eason en Irlanda del Norte y la retirada de WH Smith del comercio tradicional, concentrándose ahora en zonas como aeropuertos El

En resumen: Waterstones está capitalizando una ola de entusiasmo por la lectura entre los jóvenes, impulsado por redes sociales como BookTok y una oferta física más acogedora. Esto, junto a sus estrategias de expansión y a la disminución de competidores, le permite crecer y afianzarse en un mercado desafiante.

La biblioteca de cabecera de Eduardo Halfon

No hace mucho murió un amigo de Brooklyn, un norteamericano radicado en Guatemala desde los años setenta, llamado Bruno Sanders. Era un viejo bestial, en todo sentido. Vivía al límite. Fumaba sin parar (Salem mentolados), bebía demasiado (Stolichnaya con hielo), tartamudeaba con elocuencia y solo cuando le convenía. Y, claro: devoraba libros.

Su casa de madera, tipo cabaña, estaba en Santa Cruz, un pueblo pintoresco a orillas del lago Atitlán. La primera vez que lo visité, me había invitado a desayunar. Salí muy temprano de la capital, dejé mi coche en Panajachel (la carretera no llega hasta Santa Cruz) y tomé una lancha pública que, tras cruzar medio lago y veinte minutos de viaje, me dejó en el viejo muelle frente a su cabaña.

Recuerdo que preparó café, pan tostado, huevos revueltos con cebolla caramelizada y queso gruyer. Fumamos. Sanders me habló de su infancia en Brooklyn, de su hija y de sus dos pintores favoritos. Degas, dijo, solía comprar sus propios cuadros para seguir trabajándolos. Bonnard, contó, una vez entró con un amigo al Museo de Luxemburgo y le pidió que distrajera al guardia unos minutos, mientras él sacaba crayones y retocaba un lienzo suyo que llevaba años colgado allí.

Luego, sonriendo, me preguntó si quería conocer su biblioteca. Salimos de la cocina.

Aunque inmensa, su biblioteca se parecía a cualquier otra. En un dormitorio, la literatura en lengua germana; en otro, más grande, la de lengua española; en las paredes alrededor del comedor, la francesa; en la sala, mezcladas, la norteamericana, inglesa e irlandesa; a lo largo de un pasillo, la eslava; en otro, más breve, la italiana; y en una estantería del baño de visitas, frente al inodoro, su colección de haikú y bunraku japonés. Todo más o menos normal —aunque, como decía Borges, el orden de una biblioteca es una manera silenciosa de ejercer el arte de la crítica—, hasta que llegamos a su dormitorio.

Detrás de la cama, sobre una especie de mesa larga que también hacía de cabecera, vi una fila de libros idénticos, encuadernados en cuero marrón con finas letras doradas. Pensé que eran tomos de una enciclopedia. Pero al acercarme leí que el primero era de un autor cuyo nombre me resultaba lejanamente familiar: Launcelot Canning. El título también me sonaba: El loco Tryst. Le pedí a Sanders que me dejara verlo (ya estaba casi encima de su cama) y él, con una mirada brillosa que debió advertirme, me dijo que adelante.

En las manos, el libro parecía nuevo, intacto, recién encuadernado. Pero al abrirlo descubrí que el primer centenar de páginas estaba escrito a mano, en una caligrafía negra, perfecta y simétrica. Avancé hasta que, hacia la mitad, la tinta se detenía. El resto de las hojas estaba en blanco, como si fuera un libro abandonado o en proceso. No entendí. Murmuré algo, pero Sanders solo sonrió, incitándome a seguir.

Dejé el libro y tomé el siguiente: El monitor de los bípedos, de Cósimo Piovasco de Rondò. Otra vez el nombre me resultaba familiar. Otra vez, todas las páginas estaban escritas a mano con la misma caligrafía negra. Al final, también a mano, un índice: «El canto del mirlo», «El picamadero que llama», «Los diálogos de los búhos», «La gaceta de las urracas».

Lo miré, buscando una explicación, pero él estaba distraído, mirando hacia el lago, tal vez siguiendo con la vista a un anciano que, a lo lejos, pescaba de pie en un cayuco de madera.

Tomé otro tomo: Caminatas matutinas de un sinólogo, de Peter Kien. Y entonces, como si alguien hubiera encendido un candil, empecé a comprender. Un cuarto libro confirmó mi sospecha: Abril marzo, de Herbert Quain, con sus trece capítulos, nuevamente escritos a mano y en la misma tinta negra.

Herbert Quain es un personaje de Borges, autor, según él, de la «novela regresiva, ramificada» Abril marzo. Peter Kien, protagonista de Auto de fe, de Canetti, escribía un libro que recogía su «colección de estupideces humanas» durante sus caminatas matutinas, y pensaba titularlo Caminatas matutinas de un sinólogo. Cósimo Piovasco de Rondò, más conocido como «el barón rampante» de Italo Calvino, escribió —siempre según Calvino— un libro compuesto en un «período de demencia» vivido entre ramas de árboles, titulado El monitor de los bípedos. Launcelot Canning es personaje de La caída de la casa Usher, de Poe, y, según ese cuento, autor de El loco Tryst.

Si la memoria no me falla, en esa misma fila había otros tomos —empezados, por empezar o tal vez ya concluidos— firmados por Ceferino Piriz, Kilgore Trout, Eusebius Chubb o Clare Quilty.

Bruno Sanders estaba escribiendo los libros inexistentes de autores ficticios. Estaba, en definitiva, construyendo él mismo su biblioteca de cabecera.

Halfon, Eduardo. Biblioteca bizarra. Editado por Andrea Naranjo. Ecuador: USFO especificada], 2021. ISBN 978-9978-68-193-0

La biblioteca felina de Eduardo Halfon

En el prefacio que escribió para el libro A Passion for Books, Ray Bradbury cuenta que los egipcios, al llegar la hora de su muerte, con frecuencia pedían embalsamar a sus gatos favoritos para, durante ese próximo y eterno viaje, poder abrigar un poco sus pies.

Bradbury, entonces, imagina su propio equipaje para la eternidad: pide que, dentro de su ataúd, le coloquen una breve biblioteca para acompañarlo y guiarlo en el viaje. Shakespeare como almohada, Pope bajo un codo, Yeats bajo el otro y Shaw para calentarle los dedos de los pies.

Buena compañía, dice Bradbury, para los viajes largos.

De: Halfon, Eduardo. Biblioteca bizarra. Editado por Andrea Naranjo. Ecuador: USFO especificada], 2021. ISBN 978-9978-68-193-0

La biblioteca peruana de Eduardo Halfon

Halfon, Eduardo. Biblioteca bizarra. Editado por Andrea Naranjo. Ecuador: USFO especificada], 2021. ISBN 978-9978-68-193-0

Una amiga peruana —no diré su nombre para protegerla— tiene en su despacho de Lima una asombrosa biblioteca de libros pirata. No libros sobre piratas, sino libros pirata: libros pirateados, ilegales. Me dijo que lleva años coleccionándolos; que los compra en las calles de Lima, en Vía Expresa, en Aramburú, en Grau, en el mercado Amazonas; que posee algunas joyas anómalas de Julio Ramón Ribeyro y de Mario Vargas Llosa, por ejemplo, incluyendo un ejemplar de La palabra del mudo, de Ribeyro, con cubierta de Vargas Llosa —para despistar, sospecho, aunque no sé si a las autoridades o al mal lector—.

Y es que, en el Perú —me explicó—, la industria editorial pirata emplea a más gente que la industria editorial legítima. Mi amiga, además de lectora y coleccionista, es abogada.

¿Quién decide qué se lee en Goodreads? intereses comerciales, algoritmos opacos y estructuras de poder

Hu, Yuerong, Jana Diesner, Ted Underwood, Zoe LeBlanc, Glen Layne-Worthey, y John Stephen Downie. “Who Decides What Is Read on Goodreads? Uncovering Sponsorship and Its Implications for Scholarly Research.” Big Data & Society, vol. 12, no. 3 (julio–septiembre 2025): 1–17. https://doi.org/10.1177/20539517251359229.

Se analiza críticamente el papel de las reseñas incentivadas en Goodreads y su impacto tanto en la comprensión académica del comportamiento lector como en la dinámica cultural y económica de la crítica literaria en línea. Los autores parten de la premisa de que las reseñas en redes sociales de libros no son simples reflejos espontáneos de lectores amateurs, sino artefactos sociotécnicos moldeados por intereses comerciales, algoritmos opacos y estructuras de poder dentro de la industria editorial y las plataformas digitales.

A partir de un corpus histórico de más de 7,8 millones de reseñas (2006–2017), el estudio identifica 331.211 reseñas explícitamente incentivadas mediante un enfoque de diccionario de palabras clave relacionadas con patrocinios. Este método revela que, aunque representan un porcentaje reducido (alrededor del 4,23 % del total), su presencia ha crecido exponencialmente desde 2007, con picos notables en géneros altamente rentables como romance, misterio/thriller y fantasía. El análisis vincula el incremento a la adquisición de Goodreads por Amazon en 2013, lo que habría intensificado la comercialización de la visibilidad de los libros.

Los resultados muestran una concentración extrema: el 80 % de las reseñas incentivadas provienen de solo el 13,66 % de los usuarios que publican este tipo de contenido, y se concentran en libros de un 27 % de autores y un 10 % de editoriales. Asimismo, las redes de patrocinadores revelan que empresas como NetGalley, Amazon y Goodreads ocupan posiciones centrales, colaborando frecuentemente en co-patrocinios. NetGalley, por sí sola, está presente en un tercio de las reseñas incentivadas identificadas.

El trabajo discute cómo esta concentración reproduce desigualdades preexistentes del mundo editorial tradicional, limitando la diversidad de géneros y la representación de autores independientes. Además, se alerta sobre el uso de reseñas como herramienta de marketing —incluso cuando no son positivas— para aumentar visibilidad y ventas, y sobre la dificultad de distinguir entre reseñas auténticas, pagadas o generadas por IA. Los autores subrayan la necesidad de un análisis crítico de los datos culturales de plataformas sociales, dado el acceso restringido y las limitaciones metodológicas impuestas por algoritmos propietarios.

En sus conclusiones, el estudio señala que las reseñas incentivadas no deben tratarse como meros registros de opinión pública, sino como productos de un ecosistema que combina intereses corporativos, dinámicas algorítmicas y estrategias de autopromoción. Recomienda que investigadores, desarrolladores de IA y lectores aborden estos datos con cautela, considerando su contexto sociotécnico, para evitar interpretaciones distorsionadas y perpetuación de sesgos estructurales.

La biblioteca salvaje de Eduardo Halfon

Halfon, Eduardo. Biblioteca bizarra. Editado por Andrea Naranjo. Ecuador: USFO especificada], 2021. ISBN 978-9978-68-193-0

Prefiero los libros de viejo. Me gustan precisamente por el aire de imperfección y misterio que los envuelve: las páginas manchadas o dobladas por los dedos de otro; las frases subrayadas o párrafos marcados en amarillo que le dijeron algo a alguien más; las curiosas anotaciones y reflexiones en los márgenes; la eventual dedicatoria en la primera página —a veces enigmática, a veces absurda, a veces del mismo autor—. Decía Virginia Woolf que los libros de viejo son libros salvajes, libros sin casa, y tienen un encanto del que carecen los volúmenes domesticados de una biblioteca.

César Sánchez, amigo, editor y también coleccionista de libros usados, se vanagloria de un ejemplar que compró en una librería de viejo a finales de los años noventa: Cielos e inviernos, del poeta español Ramón Irigoyen. Un libro publicado por Hiperión, cuando —se jacta mi amigo— Hiperión aún publicaba en offset mate sin plastificar. En la primera página, Irigoyen escribió: «A Manuel Vicent, por tantas horas de lectura dichosa». La dedicatoria al famoso escritor Manuel Vicent le había pasado inadvertida al vendedor de Madrid —me explica César, con expresión de cazador en el rostro y su hermosa presa en las manos— porque el libro estaba intonso.

A otro amigo, Raúl Eguizábal, le gusta buscar libros de viejo los domingos por la mañana en el Rastro de Madrid. Allí, un domingo, descubrió una edición antigua de la novela Un adolescente, de Dostoievski. Me contó que no se decidía a comprarla porque el vendedor solo tenía el primero de dos tomos, pero que la decisión se le hizo muy fácil al descubrir que, en la portada interior, estaba la firma del gran poeta español Vicente Aleixandre y, debajo, en su misma letra, el año 1928.

—No sé si tendrá algo que ver —me dijo en su casa de Madrid—, pero ese libro de Dostoievski me recordó a un poema de Aleixandre titulado “Adolescencia”, el único que se sabía de memoria de todos los que escribió.

Luego, aún de pie mientras liaba hebras de tabaco, me contó que aquel domingo, unas horas más tarde, en la Cuesta de Moyano, encontró y compró el segundo tomo de la novela.

(En la biblioteca de Eguizábal, en medio y enfrente de tantos libros, abundan antiguos afiches y carteles publicitarios, la mayoría también encontrados los domingos por la mañana en el Rastro. De toda su colección, mi favorito es un calendario del jabón facial marca John H. Woodbury —«pronúnciese udbery», recomienda abajo, en mayúsculas—, pero es mi favorito no por el calendario en sí, sino por el texto escrito a mano, en letra perfectamente legible, en la parte trasera. Dice así: «Ángel apostó 50 pesetas a que tarda la guerra en terminar por lo menos seis meses; o sea, hasta fin de abril no se termina. Yo aposté 5 pesetas a que se termina antes de los seis meses. Hoy 1 de noviembre de 1937». Eguizábal, al mostrármelo, acotó: «Los dos perdieron; todos perdimos»).

Cuando visité la casa de un reconocido editor en Valencia, me enseñó un antiguo libro de poemas de Rainer Maria Rilke titulado Duineser Elegien —en alemán—, Elegías de Duino en español. Una primera edición, creo recordar. Cuando el editor lo compró, por un precio bastante módico, en una librería de viejo de Berlín, el libro no tenía dedicatoria alguna. Pero, con el paso del tiempo, en la primera página de aquel ejemplar fue surgiendo —«aflorando», me dijo— el autógrafo, oscuro pero legible, del mismo Rilke. Como por arte de magia. O como firmado un siglo tarde por el fantasma de Rilke. O como si lo hubiese rubricado con una tinta invisible, activada por el paso del tiempo, por el roce de los dedos de un editor o, acaso, por la húmeda y cítrica brisa valenciana.

Mantengo cerca —a veces sobre mi mesa de trabajo, a veces sobre mi mesa de noche— un gastado libro color púrpura que me obsequió un librero de viejo que, a ratos, también es rabino: Encuentro en Praga, de Juan Gómez Saavedra, II Premio Alfambra.

No tengo idea de quién es Juan Gómez Saavedra, y jamás he leído su cuento “Encuentro en Praga”. Pero en la parte inferior de la cubierta, justo debajo de una fotografía redonda y borrosa del rostro de Kafka, se lee en pequeñas letras negras: «Con cuentos de Antonio Di Benedetto, Ricardo Orozco, Roberto Bolaño, Carlos Pérez Merinero y Margarita Martínez Blanco».

Al final del libro, en la última página, ya amarillenta por el paso de los años, el índice explica que, en aquel certamen literario de 1983, Antonio Di Benedetto ganó el primer accésit con su cuento “Intensa mirada filial”, y Roberto Bolaño, el tercer accésit con “El contorno del ojo”. Ese certamen provinciano fue el detonante o punto de partida para el cuento magistral “Sensini” de Bolaño, en el cual un joven escritor exiliado en las afueras de Girona, llamado Arturo Belano (Bolaño), establece contacto epistolar con el gran escritor argentino Luis Antonio Sensini (Di Benedetto) tras recibir por correo postal aquel libro color púrpura —este libro color púrpura— y descubrir que, entre los demás finalistas, también estaba el cuento de uno de los más grandes escritores latinoamericanos.

Años después, desde su casa en Blanes, Bolaño dijo del cuento:

«Como muchos otros latinoamericanos, participábamos para ganar dinero y supongo que aceptábamos estoicamente las reglas. Para mí fue una época casi feliz. Lo monstruoso era que Di Benedetto ya era, digamos, un clásico de nuestras letras (Zama es una de las novelas más notables que he leído), y ahí estaba, batiéndose el cobre como los más jóvenes. Que participara en aquellos concursos de provincia era como una bomba de relojería. Se puede argüir que todo, en la realidad, es como una bomba de relojería. Pero esas bombas no suelen explotar. Y las vidas de los escritores, en cambio, sí que explotan».

A veces, cuando mis palabras se estancan, cuando pierdo la fe en la ficción —lo cual ocurre a menudo—, alcanzo el viejo y gastado libro color púrpura y lo sostengo entre las manos durante un rato… y todo vuelve a tener sentido.

Orientaciones pedagógicas para alfabetizadores: alfabetización en lectura y escritura.

Zárate Camargo, María Antonia, y Luis Carlos Vargas Rodríguez. Orientaciones pedagógicas para alfabetizadores: alfabetización en lectura y escritura. Bogotá: Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte; Dirección de Lectura y Bibliotecas; Sistema de Bibliotecas de Bogotá (SiBiBo), 2023.

Texto completo

«Orientaciones pedagógicas para alfabetizadores: alfabetización en lectura y escritura» es una publicación del Sistema de Bibliotecas de Bogotá (SiBiBo) que se centra en las dimensiones metodológica y conceptual del proceso de alfabetización en lectura y escritura. La publicación, que hace parte de la serie «Orientaciones pedagógicas para alfabetizadores», ofrece reflexiones que median entre los enfoques que brindan instrucciones detalladas y aquellos que se centran en principios generales. Sus autores proponen recomendaciones abstractas y concretas sobre asuntos como la dimensión ética de la alfabetización, buscando un equilibrio entre la teoría y las experiencias prácticas en entornos bibliotecarios y escolares en Colombia y para el siglo XXI. El texto, además, invita a un encuentro entre generaciones de alfabetizadores y destaca la importancia del diálogo y la reflexión constante sobre esta práctica. Finalmente, la obra mantiene abierta la pregunta sobre cómo alfabetizar en diferentes contextos.

Libros con poderes

«Que los libros de esta biblioteca tienen poderes muy extraños, y cada vez que se abre un libro de Mogador, en algún otro lugar del universo explota una estrella o comienza en el norte de Canadá la extraña migración de doscientos millones de mariposas que cruzarán cinco mil kilómetros para pasar el invierno entre volcanes apagados de México. O los mares se retiran, o todas las cabras se suben a los arganos: esos árboles mogadorianos que pacientes vigilan la entrada del Sahara. O un genio en algún desván insospechado de Bosnia Herzegovina compone una sinfonía dedicada a la bellísima biblioteca de Sarajevo, destruida en la guerra. O, tal vez, en un estudio de Nueva York, un fértil escultor anglomexicano y catalán engendra en bronce bichos singulares: una nueva especie inesperada de esos intrigantes cangrejos herradura que son descritos por los científicos como “fósiles vivos” y que, desafiando abiertamente las leyes de Darwin, sin cambiar y sin adaptarse desde hace doscientos millones de años, se reproducen cada primavera en las playas de Nueva Inglaterra y de la península de Yucatán.»

Alberto Ruy Sánchez «Nueve veces el asombro»