Archivo de la etiqueta: Lectura

Me gustaría comprar todos los libros

Me gustaría comprar todos los libros de Tolstoi y de Dostoievski que ya leí pero que no tengo en mi biblioteca. También los de Daudet. Y los de Victor Hugo. A veces me pregunto qué hice con esos libros, cómo fui capaz de perderlos, en dónde los perdí. Otras veces me pregunto para qué quiero tenerlos si ya los leí, que es la forma de tenerlos para siempre. La única respuesta posible es que los quiero para mis hijos. Sé que es una respuesta tramposa: uno tiene que salir de casa a buscar los libros que lo esperan.

Roberto Bolaño

Lo que una ama. Pensar la palabra, vivir la lectura. Entrevista a Miren Billelabeitia. Planeta Biblioteca 2025/04/24

Lo que una ama. Pensar la palabra, vivir la lectura. Entrevista a Miren Billelabeitia.

Planeta Biblioteca 2025/04/24

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Lo que una ama. Pensar la palabra, vivir la lectura es un ensayo de Miren Billelabeitia que recoge más de treinta años de experiencia docente en torno a la lectura compartida. A través de tertulias literarias y una cuidada selección de textos clásicos y contemporáneos, la autora muestra cómo los adolescentes sí leen cuando se les invita a dialogar con sentido. El libro reivindica la literatura como herramienta de transformación personal y social, y defiende el valor de las lenguas minorizadas, como el euskera, en la construcción de comunidades lectoras. Con una mirada honesta y cercana, Billelabeitia reflexiona sobre el papel del docente como aprendiz y acompañante. Su obra se presenta como una guía inspiradora para educadores comprometidos con la palabra.

Bibliotecas y lecturas de mujeres


Pedro M. Cátedra y Anastasio Rojo Vega, Bibliotecas y lecturas de mujeres (siglo XVI). Madrid: Instituto de Historia del Libro y de la Lectura,

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Este libro aborda la escasez de inventarios publicados sobre bibliotecas de mujeres en el siglo XVI y la necesidad de estudiar el fenómeno de la lectura desde una perspectiva de género. Los autores analizan la fiabilidad de los inventarios como fuente histórica y destacan la falta de homogeneidad en estos documentos. Además, sitúan su investigación en el contexto de los estudios sobre la historia del libro y la lectura, resaltando la importancia de la recepción y posesión del libro en la historia cultural.

El estudio se centra en bibliotecas femeninas de un ámbito urbano específico dentro de un marco cronológico acotado, lo que permite extraer conclusiones más fiables sobre la lectura femenina en el Antiguo Régimen. Los autores señalan que la ausencia de bibliotecas de mujeres en repertorios previos no se debe a una falta de ejemplares, sino a la escasa atención que han recibido por pertenecer a grupos con menor influencia cultural y económica. En los últimos años, se ha avanzado en la corrección de esta distorsión historiográfica, ampliando el estudio de la posesión del libro y la identidad de los lectores reales, más allá de los grandes nombres de la nobleza y la élite cultural.

El libro busca ofrecer un corpus significativo de inventarios de bibliotecas femeninas del siglo XVI, proporcionando datos que permitan conocer mejor los hábitos de lectura de las mujeres de la época y su relación con los libros.

Sustituye el tiempo que pasas en las redes sociales por la lectura, los beneficios son numerosos

Silberling, Amanda. “How to Stop Doomscrolling.” TechCrunch, March 17, 2025. https://techcrunch.com/2025/03/17/how-to-stop-doomscrolling/

Cómo dejar de hacer doomscrolling

El mundo puede ser un lugar difícil, y en muchas ocasiones, las noticias que consumimos pueden hacernos sentir aún peor. Sin embargo, este impacto negativo se intensifica cuando pasamos el día mirando sin parar la pantalla de nuestro móvil, sumergidos en un flujo interminable de información preocupante. Esta práctica, conocida como doomscrolling, nos mantiene atrapados en un ciclo de ansiedad donde alternamos entre videos virales y titulares alarmantes de redes sociales como X, Bluesky o TikTok.

La atracción que ejercen los teléfonos móviles es muy fuerte. Su diseño compacto y ligero nos permite llevarlos a todas partes, y muchas personas incluso sienten la necesidad de dormir con ellos en la mesilla de noche. En un mundo hiperconectado, parece imposible resistirse a revisar el móvil una y otra vez a lo largo del día. Sin embargo, esta constante exposición a noticias negativas y contenido diseñado para captar nuestra atención está afectando nuestra salud mental y nuestra capacidad de concentración.

No es tu culpa

Es importante entender que no somos los culpables de esta situación. La verdadera raíz del problema radica en cómo las compañías tecnológicas han diseñado sus productos para maximizar el tiempo que pasamos en ellos. Cada vez que usamos un servicio digital, estamos contribuyendo al modelo de negocio de estas empresas, cuyo objetivo es mantenernos conectados el mayor tiempo posible para aumentar sus ingresos a través de la publicidad y los datos.

Por ejemplo, cuando usamos un smartwatch para medir nuestra actividad física, terminamos viendo notificaciones de mensajes que nos distraen. Si entramos en Spotify solo para escuchar un álbum específico, nos bombardean con sugerencias de contenido que no pedimos. Incluso si descargamos Snapchat solo para un grupo de amigos, acabamos expuestos a anuncios y notificaciones adicionales que buscan captar nuestra atención.

Aunque entendamos cómo funciona este modelo, sigue siendo difícil evitar caer en sus trampas. Es fácil abrir Instagram con la intención de revisar un mensaje de un amigo y, sin darnos cuenta, haber pasado diez minutos viendo reels. Es un patrón que afecta a millones de personas en todo el mundo, pero existen maneras de reducir nuestra dependencia del móvil.

Usa límites de tiempo en pantalla

Una de las estrategias más efectivas para reducir el doomscrolling es establecer límites de tiempo en el uso de ciertas aplicaciones. Apple, por ejemplo, ofrece la función Screen Time, que permite visualizar el tiempo de uso del móvil y establecer restricciones para evitar el consumo excesivo.

Dentro de esta herramienta, existen varias opciones para controlar el tiempo de pantalla:

  • Tiempo de inactividad: Permite bloquear aplicaciones en determinados horarios, como antes de dormir o durante el horario laboral.
  • Límites de apps: Permite establecer un tiempo máximo diario para redes sociales y otras aplicaciones que generan distracción.
  • Excepciones: Puedes seleccionar aplicaciones que siempre estarán disponibles, como WhatsApp si tienes familiares en el extranjero o una app de audiolibros si la usas para dormir.

Sin embargo, estas herramientas pueden ser fáciles de ignorar. Cuando aparece la notificación de que nuestro tiempo en una app ha terminado, muchas veces pulsamos el botón que nos permite extender el uso unos minutos más, volviendo a caer en el mismo hábito.

Para quienes buscan opciones más estrictas, existen aplicaciones de terceros que ayudan a controlar mejor el tiempo de pantalla:

  • ScreenZen: Disponible en iOS y Android, muestra un aviso antes de abrir ciertas aplicaciones, preguntándote si realmente necesitas hacerlo. También permite ejercicios de respiración antes de usar el móvil y ofrece seguimiento de rachas de días sin doomscrolling.
  • Opal: Diseñada para aumentar la productividad en el trabajo o la escuela, permite limitar no solo el tiempo de uso de una aplicación, sino también la cantidad de veces que se abre al día.
  • Roots: Se enfoca en mejorar la calidad del tiempo de pantalla en lugar de solo reducirlo. Su función “Monk Mode” impide desactivar los límites, aunque elimines la aplicación. También permite desbloquear días de uso libre como recompensa si cumples con tus objetivos.
  • Touch Grass: Esta aplicación tiene un enfoque más radical: si quieres desbloquear apps bloqueadas, debes salir al exterior y tomar una foto de césped real. No sirve una planta de interior, y si no quieres hacerlo, puedes pagar una pequeña cantidad que se destina a proyectos de reforestación.

Además de estas herramientas digitales, también existen dispositivos físicos que pueden ayudar a reducir el uso del móvil, como cajas con temporizadores que bloquean el acceso al teléfono durante ciertos periodos de tiempo.

Sustituye el doomscrolling por otras actividades

Uno de los mayores desafíos al dejar de hacer doomscrolling es que, cuando bloqueamos las redes sociales, nos encontramos con un vacío. Muchas veces revisamos el móvil de manera automática, ya sea mientras esperamos en una fila o durante un descanso. En un mundo ideal, podríamos simplemente aceptar estos momentos de inactividad, pero la realidad es que estamos acostumbrados a la estimulación constante.

Para evitar caer nuevamente en el doomscrolling, podemos reemplazarlo por actividades más saludables que se puedan realizar desde el teléfono:

  • Leer un libro: Aplicaciones como Kindle o iBooks permiten cambiar la configuración para desplazarse en lugar de pasar página por página, imitando la sensación de hacer scroll.
  • Acceder a libros gratuitos: La app Libby permite conectarse con una tarjeta de biblioteca para descargar libros electrónicos y audiolibros sin costo.
  • Jugar juegos breves: Juegos como Wordle, mini crucigramas o Strands ofrecen una distracción rápida sin la negatividad de las redes sociales.
  • Explorar juegos en LinkedIn: Aunque parezca sorprendente, la plataforma ha lanzado juegos como Tango, que pueden ser una alternativa entretenida sin las distracciones habituales de otras redes.

Reducir el doomscrolling no significa desconectarse por completo de la tecnología, sino ser más conscientes del tiempo que pasamos en nuestras pantallas y encontrar alternativas que nos ayuden a equilibrar nuestro bienestar digital. Con pequeños cambios en nuestros hábitos diarios, podemos recuperar el control sobre nuestra atención y mejorar nuestra salud mental.

Ex-Libris

Cuando pude comenzar a comprarme libros, los marqué de muchas maneras. Mandé a hacer un sello con mi nombre y apellido. Lo tatuaba en la primera página, la que está en blanco, la del respeto. Sobre todo, para poder prestarlos sin odio. Me pareció un gesto de biblioteca pública: “recibir este libro es una cortesía, pero recuerda que no es tuyo”. Subrayar con pluma, con indeleble, con lápices y lapiceros de colores. En las mismas páginas, la doble marca, también con papelitos. Philip Roth decía: “Uno subraya todo lo que dice yo”. A veces he subrayado una página completa. ¿Y qué?


Katya Adaui «Palabras que quiero usar alguna vez»

Presentación del libro «Suya era la noche» de Maria Ovelar. Planeta biblioteca 2025/03/26

Presentación del libro «Suya era la noche» de Maria Ovelar.

Planeta biblioteca 2025/03/26

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María Ovelar, escritora, periodista y traductora, da el salto a la narrativa con Suya era la noche, su primera novela, tras una consolidada trayectoria en poesía y relatos. La obra se enmarca en un contexto social de gran relevancia, influenciado por el movimiento #MeToo y el caso de la manada en España, dos hitos que han marcado el debate sobre la violencia de género y el consentimiento. A través de su protagonista, Victoria, la novela aborda cuestiones como el deseo, la culpa y las relaciones tóxicas, ofreciendo una mirada compleja y matizada sobre estas temáticas.

En nuestra conversación con María Ovelar, exploramos el proceso de creación de Suya era la noche, el papel del lenguaje en la construcción del relato y la influencia del contexto ideológico en la historia. Hablamos también sobre la literatura como herramienta de exploración personal y social, así como sobre la evolución de los personajes dentro de la trama. La escritora reflexiona sobre la convivencia de las facetas de Victoria como poeta e influencer, la importancia de Madrid y su vida nocturna en la ambientación de la novela, y el impacto de las redes sociales en la construcción de la identidad y las relaciones interpersonales. Además, nos adelanta cómo su experiencia en periodismo, literatura y traducción ha modelado su voz narrativa y comparte sus próximos proyectos literarios.

El club de lectura de los que odian los libros

Anthony, Gretchen. El club de lectura de los que odian los libros. HarperCollins, 2021. https://www.amazon.es/club-lectura-odian-libros-HarperCollins/dp/8491399755

Solo se necesita escoger el libro adecuado para convertir a alguien que los odia en un amante de los libros… Eso era lo que creía Elliot, el copropietario de su amada librería Over the Rainbow, antes de su prematura muerte. Siempre tenía la sugerencia de lectura perfecta para los autoproclamados haters de los libros. Ahora su socia, Irma, afligida por el dolor, quiere vender la acogedora Over the Rainbow a alguna empresa inmobiliaria.

Pero otros no abandonarán la librería sin luchar. Cuando Irma les da la noticia a sus hijas, Bree y Laney, y a la pareja de Elliot, Thom, todos se horrorizan. Over the Rainbow ha sido el refugio de la infancia de Bree y Laney, y Thom haría cualquier cosa para preservar el legado de Elliot. Juntos conspirarán para salvar la librería, incluso si necesitan un poco de fisgoneo y algún que otro acto de sabotaje menor.

Desbordante de humor, travesuras familiares y recomendaciones de lectura, El club de lectura de los que odian los libros es ideal para sentirse bien y una carta de amor a nuestros héroes cotidianos: los libreros y bibliotecarios dedicados a poner los libros adecuados en las manos correctas todos los días.

Fragmentos

«Nosotros, los amantes de los libros, podemos ser horribles, arrogantes snobs. ¿Por qué una romántica deliciosa es menos digna del amor de un lector que el último queridísimo literario de Nueva York? Yo digo que si un tipo de libro no es tu cóctel preferido, querido, simplemente deja el vaso y pide algo nuevo. No tienes que actuar como si te hubieran envenenado.» — Gretchen Anthony (El club de lectura de los que odian los libros)

La voz de los libros: una historia de la lectura, desde los escribas hasta los audiolibros

Riaza, Maribel. La voz de los libros: Una historia de la lectura, desde los escribas hasta los audiolibros. Madrid: Ediciones B, 2024. https://www.goodreads.com/book/show/207629292-la-voz-de-los-libros

¿Por qué se leía en voz alta?¿Cuándo y por qué pasamos a hacerlo en silencio? ¿Tiene sentido leer en alto en el s.XXI? ¿Cómo han aprendido a leer las máquinas y cómo leeremos en el futuro?. Maribel Riaza intenta dar respuesta a todas estas preguntas en este libro ameno, divulgativo y lleno de curiosidades que nos lleva a conocer mejor cómo eran los lectores que nos han precedido y cómo se ha disfrutado de la literatura a través de este noble arte de leer.

¿Por qué se leía en voz alta?

La lectura en voz alta ha sido, durante gran parte de la historia, la forma predominante de acceder a los textos. En la Antigüedad y la Edad Media, esta práctica se justificaba por diversas razones. En primer lugar, los materiales de escritura eran costosos y escasos, ya que los libros eran manuscritos copiados a mano y reservados para unas pocas personas. Leer en voz alta permitía compartir el conocimiento con quienes no tenían acceso a los textos. Además, la estructura del lenguaje escrito en esa época hacía difícil la lectura silenciosa, pues muchos textos antiguos, como los manuscritos latinos y griegos, se escribían en scriptio continua (sin espacios entre palabras), lo que dificultaba la segmentación y comprensión del contenido. Por otro lado, la lectura en voz alta cumplía una función social y educativa en monasterios, cortes y universidades, donde se utilizaba para la enseñanza, la liturgia y la transmisión oral del conocimiento.

¿Cuándo y por qué pasamos a hacerlo en silencio?

El paso a la lectura silenciosa se produjo gradualmente, gracias a cambios en la disponibilidad de los textos y en su forma de escritura. En el siglo IV d.C., San Agustín describió con asombro cómo San Ambrosio leía en silencio, lo que indica que esta práctica era poco común en su época. En la Edad Media tardía, la incorporación de espacios entre palabras y signos de puntuación facilitó la lectura fluida y privada. Posteriormente, la invención de la imprenta de Gutenberg en el siglo XV multiplicó la disponibilidad de libros, lo que permitió la lectura individual. Ya en los siglos XVIII y XIX, con la expansión de la educación y el aumento de la alfabetización, la lectura silenciosa se convirtió en la norma en la mayoría de las sociedades occidentales.

¿Tiene sentido leer en alto en el s.XXI?

A pesar de la preeminencia de la lectura silenciosa en la actualidad, la lectura en voz alta sigue teniendo sentido en el siglo XXI. En el ámbito educativo, esta práctica mejora la comprensión lectora y ayuda a los niños a desarrollar vocabulario y habilidades lingüísticas. También es fundamental en disciplinas como la oratoria y la declamación, donde actores, políticos y conferenciantes practican la lectura en voz alta para mejorar su dicción y expresividad. Además, en términos de accesibilidad, las personas con dificultades visuales o dislexia se benefician de la lectura en voz alta a través de audiolibros y asistentes de voz.

¿Cómo han aprendido a leer las máquinas?

Las máquinas han aprendido a leer gracias a los avances en inteligencia artificial y procesamiento del lenguaje natural. El reconocimiento óptico de caracteres (OCR) permite a las computadoras interpretar textos en imágenes y digitalizarlos. La síntesis de voz (Text-to-Speech, TTS) convierte el texto escrito en habla, una tecnología utilizada en asistentes virtuales como Siri, Alexa o Google Assistant. Por otro lado, el procesamiento del lenguaje natural (PLN) ha permitido que herramientas como ChatGPT analicen y generen textos de manera similar a los humanos, facilitando la lectura automática y la generación de contenido.

¿Cómo leeremos en el futuro?

En el futuro, la forma en que leemos podría transformarse radicalmente. La realidad aumentada y los dispositivos hápticos podrían ofrecer una experiencia de lectura más inmersiva, proyectando textos en el entorno del lector. Asimismo, las interfaces cerebro-máquina podrían permitir la lectura sin necesidad de visualizar el texto, transmitiéndolo directamente al cerebro. Además, la inteligencia artificial personalizada podría adaptar la lectura a cada usuario, ajustando el contenido y la velocidad en función de sus necesidades.

A pesar de estos avances, es probable que la lectura en voz alta y en silencio sigan coexistiendo, cada una con su propósito y contexto. Mientras que la tecnología facilita nuevas formas de acceso al conocimiento, la tradición de la lectura en voz alta conserva su valor educativo, comunicativo y social en el mundo moderno.

Amaba el libro, pero el libro espontáneamente elegido

«Amaba el libro, pero el libro espontáneamente elegido. Ella entendía que el vicio o la virtud de leer dependían del primer libro. Aquel que llegaba a interesarse por un libro se convertía inevitablemente en esclavo de la lectura. Un libro te remitía a otro libro, un autor a otro autor, porque, en contra de lo que solía decirse, los libros nunca te resolvían problemas sino que te los creaban, de modo que la curiosidad del lector siempre quedaba insatisfecha.»

Miguel Delibes, Señora de rojo sobre fondo gris