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Veo tu inteligencia cuando pasas las hojas de un libro

 

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INTELIGENCIA

Veo tu inteligencia cuando pasas las hojas
de un libro, y un destello te ilumina;
cuando frunces los labios para atrapar la idea,
mariposa en la punta de un florete.
Cuando te hago observar la línea de los cuerpos
de Prud’hon, de Guérin y de Bronzino,
y entiendes que hay en ti la misma gloria.
Cuando si vacilar me tomas la cabeza
para llevarme hasta el lugar exacto,
y después de ascender y de tensarte
como se abraza al viento una cometa,
de subir y bajar por la montaña rusa,
das un salto redondo en la noria del aire
y tomas tierra, ardiendo las mejillas,
abres los ojos y me dicen “¡Hola!”,
con un gesto tranquilo de la mano.

Guillermo Carnero

Léeme el alma: la imagen profesional del bibliotecario entre el recato y la pasión

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“Léeme el alma” de Agatha Berner. Alvira, 2015

“Léeme el alma· de Agatha Berner, (cuyo nombre real es María José del Cacho, ya que utiliza el seudónimo Agatha Berner) relata la historia pasional de Rebeca, una bibliotecaria taciturna, triste y aburrida que descubre el amor, la pasión y la felicidad de la mano de una aventura clandestina con un hombre casado en una sociedad ultraconservadora. Erotismo literario cien por cien. Otra vez la imagen estereotipada del profesional de las bibliotecas con los parámetros más conservadores, balanceándose entre dos imágenes extermas que han caracterizado el imaginario más conservador de nuestra profesión: la pudorosa bibliotecaria y el morbo en torno a la seducción de la recatada bibliotecaria. Quien da más!!

“Nunca tuve novio, ni ilusión por la vida, yo nací para leer. Fui un ratoncillo de biblioteca desde la infancia; aprendí a leer antes que a hablar. Adoro el tacto de las hojas y ese característico olor de los libros nuevos, y también el de los libros viejos. Adoro el olor de las librerías y de las bibliotecas. Incluso adoro ese olor húmedo y mohoso de los sótanos, en los que, por supuesto, siempre se esconde algún libro abandonado, triste, gris y apergaminado, como yo. Creo que en otra vida, mucho más dichosa, debí ser libro, eso sí, un libro de teología, o algún tratado sobre patología anatómica. Me hubiera gustado ser un libro erótico y generar fantasías en las personas solitarias, excitar las mentes libres y escandalizar las mentes censuradas… Me hubiera gustado ser “Justine” del Marques de Sade o Emmanuelle para hacer el amor a todas horas, en cualquier circunstancia y con quien sea que me gustara. Dar placer a los demás es algo que sólo sé hacer con un libro en las manos. Soy única para saber lo que una persona necesita leer con sólo mirarle a los ojos, con sólo observar sus gestos, sus movimientos, con el simple sonido de su respiración… Es… una especie de don…

… No, no soy divertida, pero eso es algo que nunca me ha preocupado, lo he asumido desde siempre, desde pequeña, cuando mi madre me miraba a los ojos y me decía que tenía que cambiar de actitud, porque le recordaba todo lo deprimente de este mundo. Yo no quería entenderla, pero la entendía a la perfección con sólo intuir mi reflejo en cualquier cristal o mi sombra en las paredes. No era más que eso, una sombra, algo oscuro e inerte a lo que no merece la pena prestar atención y lo peor es que no quería remediarlo. En el fondo adoraba ese aspecto siniestro que provocaba el efecto deseado, que todos me dejaran en paz.

… Tampoco me ha importado la escasez de amistades. En el colegio, me cansaba verlas correr o entretenerse jubilosas en sus absurdos juegos. Yo prefería sentarme bajo un árbol a leer y a soñar… Fantaseaba con la idea de ser yo algún día quien escribiera esos maravillosos libros. Entonces, todas aquellas niñas que se burlaban de mí y aquellas otras que me miraban con una mezcla de recelo y curiosidad, disfrutarían con ellos, me envidiarían por ser capaz de hacer algo que ellas jamás conseguirían llevar a cabo y querrían ser mis amigas. Entonces, yo absorta en mis historias no me percataría de su insignificante existencia… No, nunca me ha importado no tener amigas ni perderme todas las fiestas de cumpleaños o de fin de curso… Esas son tonterías que todo el mundo hace y yo no soy como todo el mundo. Yo soy un ser especial o, mejor dicho, especialmente aburrido, y me encanta. Me gusta mi soledad y me gustan mis libros. Lo que no he tenido nunca muy claro es si realmente alguna vez me ha gustado Edgar.

… En pocos segundos sentí el significado de morir y nacer de nuevo, de sentirse uno con el universo. Mis neuronas dejaron de funcionar, quedando temporalmente adormecidas. Mis ojos dejaron de identificar imágenes y una fugaz apnea dio paso a un profundo alarido de puro placer que, nacido en lo más recóndito de mis entrañas, recorrió cada célula de mi cuerpo a la velocidad de la luz, como un torrente de energía que encontró salida a través de mi tráquea, desembocando en un voluptuoso clamor que fui incapaz de reprimir. Después… el vacío, la nada, el remordimiento … la triste bibliotecaria afligida por el recuerdo de la mujer formal, estrecha, conservadora y sensata, que fue antaño, y el torrente de agua caliente corriendo por un lascivo y exhausto cuerpo, aún preso del abandono que secunda al éxtasis…. No me reconocía. Había logrado descubrir a una Rebeca que yacía muerta en mi interior y que había despertado con una fogosidad inusitada, con una libertad, un entusiasmo y una explicita inmoralidad propia de las más impúdicas novelas de Pierre de Brantôme. Soñaba con que Mario me poseyera salvajemente sobre los libros, ante los numerosos lectores que acudían a mi biblioteca en busca del silencio que no lograban en sus hogares. Y esos lujuriosos pensamientos me hacían sentir avergonzada y sucia.”

“Léeme el alma” de Agatha Berner. Zaragoza: Alvira, 2015

La bibliotecaria de Logan Belle: las 50 sombras de Grey del mundo de las bibliotecas

 

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Belle, Logan. La bibliotecaria. Barcelona; Planeta, 2013

ISBN 9788408038528

 

Regina Finch, un brillante ratón de biblioteca, ha conseguido ascender hasta su trabajo soñado a como bibliotecaria en la Biblioteca pública de Nueva York. Pero el descubrimiento de las sórdidas aventuras sexuales de un disoluto joven millonario entre los santos pasillos y los sagrados montones de libros de la biblioteca desata una confusa mezcla de repulsión y deseo que amenaza con consumirla. Solo gracias a su introducción a la obra de Bettie Page, la ingenua convertida en modelo fetiche más popular del mundo, y el propio despertar sexual de Page, Regina esperan descubrir su destreza sexual y seducir al hombre al que ama.

La nueva novela de Logan Belle explora la transformación de la bibliotecaria Regina Finch de ingenua a objeto de deseo irresistible de un hombre poderoso.

Regina es una chica joven que ha llegado a Nueva York ha cumplir su sueño, trabajar en la biblioteca pública. Cuando llega allí, se da cuenta de que el trabajo que va a desempeñar no es el que ella pensaba y para el que está cualificada, sino que va a estar en la sección de préstamos, para lo cual tendrá que tomar los datos de la persona, pasar estos datos a otra persona, que será la encargada de traer los libros.

No entiende que hace en ese sitio, pero se conforma, primero porque es lo que ha hecho toda su vida, y segundo porque está dentro de la biblioteca y eso es lo que ella deseaba. Mientras pasa el tiempo que tiene entre la biblioteca y su casa, donde vive con una chica, que es dueña del piso. Ahí pasa su tiempo, mientras escucha como su compañera tiene relaciones sexuales día tras otro.

Mientras va pasando los días en su trabajo, hasta que un día entra en una sala y ve a un hombre y a una mujer haciéndolo allí dentro. Se queda paralizada, y aunque quiere moverse, sus piernas y su cuerpo no la responden. Hasta que el hombre la mira a los ojos, se da cuenta de que le conoce y sale corriendo.