«Ajeno a la gota de lluvia que aún lleva en el pelo, el rey (Asurbanipal) sigue caminando. Con paso enérgico cruza cámaras de suntuoso mobiliario y llega a una puerta tallada con recargados motivos. Es su lugar favorito del palacio: la biblioteca. No es una simple colección aleatoria de textos, sino su mayor creación, su orgullo, la ambición de toda su vida, un logro de alcance y escala inigualables. Más que cualquiera de sus otras hazañas, más importante aún que sus conquistas militares y sus victorias políticas, este será su legado para las generaciones futuras: un monumento intelectual como nunca se ha visto. »
«Estoy convencido de que el hábito de leer novelas, y de educarse crítica y fervorosamente en el ejercicio de la lectura, nos puede iluminar sobre nosotros mismos y sobre los otros, no sin olvidar su cualidad de entretenimiento saludable y barato..
… Este mundo de ahora, que parece regalarnos perspectivas ilimitadas sobre todas las cosas, nos encierra en el caparazón de lo semejante y lo tribal: tu identidad sexual, tu catecismo ideológico, tu generación con su mayúscula clasificatoria. Una buena novela te educa en los matices infinitos de lo particular y lo irreductible, y en la fraternidad profunda que puede unirlo a uno con quien parecería más ajeno, personas de otra época y otro sexo, de otra clase y de otro idioma, en las que de golpe te reconoces con una identificación que rara vez encuentras en tus contemporáneos, en los miembros del grupo en el que te ves incluido, por voluntad propia, o por conformidad, o a la fuerza»
“ …. recordar una historia de copistas en México: la de Juan Rulfo y Augusto Monterroso, que durante años fueron escribientes en una tenebrosa oficina en la que, según mis noticias, se comportaban siempre como puros bartlebys, le tenían miedo al jefe porque éste tenía la manía de estrechar la mano de sus empleados cada día al terminar la jornada. Rulfo y Monterroso, copistas en Ciudad de México, se escondían muchas veces detrás de una columna porque pensaban que el jefe no quería despedirse de ellos sino despedirles para siempre.”
Enrique Villa-Matas. “Bartleby y compañía”
En Bartleby y compañía, Enrique Villa-Matas habla de aquellos que dejan de escribir, y hace alusión a los motivos de Juan Rulfo. El nombre de la novela “Bartleby y compañía” procede de un cuento del escritor estadounidense Herman Melville titulado “Bartleby, el escribiente”, un escribano que trabaja con títulos de propiedad, hipotecas y obligaciones de hombres ricos. Un día Bartleby decide no escribir más, por lo que es despedido, pero se niega a irse de la oficina. Sobre el porqué deja de escribir es todo un enigma, se ha hablado de esquizofrenia o de autismo, pero la verdadera razón como escribió el filósofo francés Gilles Deleuzees en un ensayo sobre la obra titulado en «Bartleby o la fórmula»: «Bartleby no es un enfermo, sino el médico de una América enferma».
«Por fin encuentro un antro abierto una ergástula de placeres solitarios el peep-show oculto entre los árboles: una librería abierta toda la noche donde revolcarme entre los libros gozar con versos de otros y al fin, llegar al orgasmo con un poema autodestructivo de Allen Ginsberg.»
«Aunque parezca extraño, los libros no se deben leer: se deben releer. Un buen lector, un lector de primera, un lector activo y creador, es un «relector». Y os diré por qué. Cuando leemos un libro por primera vez, la operación de mover laboriosamente los ojos de izquierda a derecha, línea tras línea, página tras página, actividad que supone un complicado trabajo físico con el libro, el proceso mismo de averiguar en el espacio y en el tiempo de qué trata, todo esto se interpone entre nosotros y la apreciación artística».
«Los lectores siempre se cuentan a sí mismo, de una forma o de otra, en un libro. Leer es un estímulo completamente egoísta. Buscamos inconscientemente lo que nos dice algo. Por muy estrambóticas o improbables que sean las historias que los escritores crean, siempre habrá lectores que les dirán: “¡Increíble! ¡Ha escrito usted mi vida!”
«Cuando yo abro un libro, lo abro como puedo abrir un paquete de chocolate, o entrar en el cine, o llegar por primera vez a la cama de una mujer que deseo; es decir, es una sensación de esperanza, de felicidad anticipada, de que todo va a ser bello, de que todo va a ser hermoso».