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La imagen de las bibliotecas y los bibliotecarios en el comic

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El popular Francisco Ibáñez, autor de comic clásicos como “Pepe Gotera y Otilio”, “Mortadelo y Filemón”, “Rompetechos” y la “Familia Trapisonda” en alguna ocasión también ha reseñado en sus tiras cómicas la imagen de los profesionales de las bibliotecas. Como apreciamos en estas viñetas correspondientes a los siempre tronchantes “Mortadelo y Filemón”, todo un símbolo para una generación de los que fuimos primeros lectores. En primer lugar, lo que se aprecia son los múltiples carteles con la palabra SILENCIO que aparecen colgados y en el mostrador de la bibliotecaria, por supuesto cumpliendo todos los tópicos: mujer poco agraciada, de edad madura, con moño y gafas. Que recibe a nuestros protagonistas con un contundente: “Chiiiiiiissssst!! “. Y un posterior contundente enojamiento porque le pide, y aquí el genial autor se hace un merecido autohomenaje las obras de Ibañez, pensando la bibliotecaria que son las obras de Blasco Ibañez, y al comentarle Mortadelo que no, que son las del autor de “pepe Gotera y Otilio”, esta de reprende con un gesto de desaprobación. lo que hace que Mortadelo le diga que si no se lee el “Diccionario Etrusco Astrogodo”

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Continúa la tira gráfica con un ataque de nervios de la bibliotecaria, ante los desatinos de tan excelsos usuarios, la biblioteca saltando por los aires, con la bibliotecaria completamente trastornada y desquiciada elogiando el ruido «Viva el ruido! Y los alaridos y las explosiones»

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En cuanto a la imagen de la biblioteca y el bibliotecario en el comic es muy recomendable y digno de reseñar el blog “Diario de lectura de cómic Jiro Taniguchi»  con reseñas de cómics que merece la pena leer e incorporar en bibliotecas públicas» de José Antonio Hernández Gómez.

 

La antipática bibliotecaria y el no menos delirante usuario de «Diario de un asesino melancólico»

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Francisco López Serrano. Diario de un asesino melancólico. Salamanca: ediciones del Viento, 2016

Premio de Novela ‘Ciudad de Salamanca’ 2017

Una novela fresca y deslumbrante llena de humor e ironía sobre un personaje obsesionado con que su mujer desea envenenarlo, por lo cual decide anticiparse a la supuesta misión de su esposa y buscar un veneno que no deje huella y no tenga contracepción. El protagonista se dirige a la biblioteca Nacional en busca de una referencia y se encuentra con una funcionaria que califica como antipática, aunque la actitud del usuario en este caso el protagonista también deja mucho que desear:

 

EXTRACTOS Y FRAGMENTOS

“Una mujer me dio la vida. Una mujer, me temo, ha de quitármela. Entre la primera y la última he padecido y convalecido de un número suficiente de ellas. Tengo por tanto motivos para adjudicarles la misma cualidad que los clásicos confirieron al tiempo y a sus letales horas: todas hieren, la última mata.”

«Como ya sugerí en una de mis anotaciones anteriores, en mi navegación de cabotaje por la web superficial había dado con una referencia interesante. Siguiendo esa sugestiva pista fui a la Biblioteca Nacional para consultar el Neopoliani Magioe Naturalis de Giovanni Battista della Porta, impreso en Nápoles en 1580, probablemente uno de los pocos libros que ;o solo hablan de la naturaleza y calidad de los venenos con la muy encomiable intención de neutralizarlos con sus respectivos antídotos, sino que explican la manera de utilizarlos, con el mayor éxito y aprovechamiento posibles, para los fines que yo me proponía. Me dirigí a la sección de raros, rellené la ficha pertinente y una antipática empleada que lo mismo podía haber manejado libros que substancias letales me dijo que cuando existía copia microfilmada, como era el caso, se empleaba ésta a fin de ‘Preservar el libro. Acérrimo detractor de cualquier sucedáneo, no me apetecía nada dejarme la vista en una de esas pantallas de videojuegos del neolítico que son los aparatos de visionado de microfilms, pero no me quedó otro remedio que claudicar. No parecía sino que en lugar de en una biblioteca me hallara en una apoteca y lo que pedía no fuera un tratado de toxicología sino los mismos venenos a los que el libro hacía referencia. A este paso los libros están llamados a convertirse con el tiempo en arquetípicos coranes que, en su cielo presurizado, solamente serán accesibles a una casta selecta de sacerdotes provistos de trajes espaciales y escafandras, en tanto los demás mortales nos veremos obligados a manejar, en una caverna de destellos subacuáticos, sus platónicas sombras.»

«La huraña empleada añadió que debía dirigirme a otra sala habilitada para la lectura de microfilms. Fui allí, rellené la preceptiva ficha y otra huraña empleada vestida con una bata blanca la envío al depósito de archivos a través de una vieja y esclerótica arteria. Tomé asiento junto a uno de esos odiosos aparatos y me distraje contemplando a los sesudos investigadores que se afanaban en aquellas rudimentarias herramientas de scriptorium steampunk. Al cabo de una media hora la mujer de bata blanca se me acercó y con rostro risueño me comunicó que los dos microfilms que existían en depósito de la obra que yo solicitaba, estaban siendo utilizados en ese preciso momento y, por tanto, tendría que esperar hasta que devolvieran uno u otro. Comencé a contemplar con recelo a los, a primera vista al menos, inocentes investigadores de la sala. Imaginé que, de todos aquellos tímidos estudiosos, al menos dos de ellos consultaban sus documentos con intenciones tan aviesas como las mías. 0, peor aún, acaso todos ellos escrutaban manuales similares con intenciones similares. Pero ¿a qué se debía mi inquietud? ¿Qué se me daba a mí que medio mundo planeara envenenar al otro medio? ¿Por qué somos tan condescendientes con nosotros mismos y tan intransigentes con nuestros semejantes? Desde que en Occidente el asesinato de ámbito doméstico se convirtió en un acto individual, íntimo y secreto, desapareció cualquier posibilidad de iniciativa corporativa o gremial; nadie se casa con nadie a la hora de asesinar cónyuges. No hay asesino que no se indigne ante la noticia de un asesinato ajeno.»

De pronto me acometió el temor de enfrentarme inesperadamente con mi propio secreto en el rostro de otro individuo. Así que le dije a la empleada que iría a dar una vuelta y regresaría al cabo de una prudencial ¿media hora? ¿Cuánto tarda un asesino en documentarse? Salí a tomar un refrigerio y luego me entretuve curioseando un poco algunas publicaciones en la sala de referencia. Cuando regresé, la empleada me había reservado el microfilm, así que todo lo más que podía quedar en la sala era un potencial asesino o asesina, o acaso fuera más acertado decir que la sala contaba con un asesino o asesina potencial menos. A regañadientes, la empleada tuvo que ayudarme a instalar la bobina en el lector de microfilms y darme además unas nociones elementales para pilotar la máquina. Cuando comencé a navegar por aquella pantalla del color de un legamoso fondo submarino, reparé en que el libro, como indicaba su título y como no podía ser de otro modo en una obra del siglo XVI con pretensiones eruditas, aunque con intenciones claramente censurables, estaba escrito en latino Mi conocimiento de esa lengua se reduce a cero.

Gabriela Mistral: El Libro y la Lectura

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Romero Buccicardi, C.  Gabriela Mistral: El Libro y la Lectura. Santiago de Chile, Universidad Tecnológica Metropolitana, 2011

Texto completo

Un texto exquisito sobre el valor del libro y de bibliotecario es el que aparece en el libro «Gabriela Mistral: El Libro y la Lectura» de Catalina Romero Buccicardi. Gabriela Mistral, fue el seudónimo de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, la poetisa, diplomática, feminista y pedagoga chilena que fue la primera mujer latinoamericana en ganar el premio Noble en 1957.

«El libro y la lectura adquieren un espacio central. Porque desde el gesto y la gesta de Gabriela Mistral, este texto nos lleva al espacio del libro: la biblioteca como sede y como soporte. Y desde la biblioteca como práctica y patrimonio surge una figura central y señera a la vez: el bibliotecario como una función que conduce a la lectura, que pluraliza el libro y lo dota de realidad y de espesor. Es el bibliotecario el que impide que la biblioteca se transforme en un simple depósito de libros, puesto que la destreza del profesional, moviliza y permite flujos de saber.»

Diamela Eltit. En: Catalina Romero Buccicardi «Gabriela Mistral: El Libro y la Lectura». Santiago de Chile: universidad Tecnológica Metropolitana, 2011

 

El libro como objeto material y simbólico también es transmisor de prestigio. Cuando en televisión u otro medio se entrevista a una personalidad de la vida cultura o científica existe una tendencia a situarlo para la fotografía o para el vídeo con una biblioteca de fondo con la finalidad de otorgarle el prestigio que confiere tener una bien nutrida biblioteca. Pero no solo valor intelectual, para ilustrar esta afirmación aquí recogemos una cita del libro de Catalina Romero Buccicardi, en el que se habla de cómo en el Santiago de entre los años 20 y 50 tener una biblioteca bien visible proporcionaba un cierto caché económico, y como posteriormente el lugar que ocupaba el libro comienza a ser sustituido por el automóvil.

“El libro es considerado como un objeto puro que no debe rebajarse a la masificación en serie. De hecho, el libro es considerado un objeto de lujo y la clase media lo utiliza para ganar estatus: históricamente, entre 1920 y 1950, cuando estos sectores vivían todavía en las proximidades de la Alameda, en Recoleta, en Ñuñoa o en La Cisterna, predominaba el primero de estos ámbitos. Los libros estaban presentes en el estante de todo living-comedor que se preciara. Después de 1950, cuando comienzan a trasladarse a Las Condes, Vitacura y La Florida, el lugar del libro lo ocupará el auto. Los libros, al ser objeto de lujo, son caros. Lejos entonces de su alcance, la clase popular sólo tiene acceso a los textos escolares entregados por el gobierno desde fines del siglo XIX. El estado, así, es quien dictamina qué deben y qué no deben leer las personas sin recursos para comprar libros a su elección”. pag. 53

Catalina Romero Buccicardi «Gabriela Mistral: El Libro y la Lectura». Santiago de Chile: universidad Tecnológica Metropolitana, 2011

Julio Alonso-Arévalo. El tercer grado bibliotecario

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El tercer grado bibliotecario

Con motivo de la campaña #bibliotízate y la celebración del Día de la Biblitoteca hemos adaptado al universo bibliotecario nuestra sección El tercer grado lector, el interrogatorio que hacemos a personas del mundo del libro y la lectura. Es una manera de rendir un pequeño y humilde tributo a las bibliotecas y, sobre todo, a los bibliotecarios, auténticos héroes cotidianos a los que queremos dar mayor visibilidad durante estos días

Más entrevistas

Fernando Juarez

Alicia Marínez

Gloria Pérez Salmeron

 Mª Antonia Carro Castro

Inmaculada García Fernández

Begoña Marlasca

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Uno de los motivos que hacen que las bibliotecas ejerzan sobre nosotros, los lectores, un efecto casi hipnótico, son las personas que trabajan en ellas. Bibliotecarios vocacionales que nos ayudan al otro lado del mostrador, que nos descubren algún libro maravilloso, que se rompen la cabeza para organizar actividades estupendas para todos los públicos, que con su esfuerzo y dedicación nos hacen sentir que estamos en nuestra casa…

Por eso nos hemos querido acercar a siete bibliotecarios que trabajan en diferentes bibliotecas y en distintas localidades para tener una visión más variada del mundo bibliotecario. Contamos con Begoña Marlasca, directora de la Biblioteca Pública del Estado de Cuenca; Julio Alonso Arévalo, bibliotecario de la Universidad de Salamanca; Glòria Pérez-Salmerón, presidenta electa de la IFLA y presidenta de FESABID; Inmaculada García Fernández, bibliotecaria de la Biblioteca para Jóvenes Cubit (Zaragoza); Mª Antonia Carro Castro, intrépida bibliotecaria del Biblobús 5 de la provincia León y ganadora de nuestra campaña del año pasado #vivalabiblio; Alicia Martínez, bibliotecaria que trabaja en la biblioteca del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid); y Fernando Juárez, responsable de la biblioteca municipal de Muskiz (Vizcaya).

Julio Alonso Arévalo: “Una biblioteca es lo mejor que puede tener un barrio, porque es más que un sitio al que acudir para llevar en préstamo un libro»

 

Julio Alonso Arévalo desempeña su trabajo en la Biblioteca de Traducción y Documentación de la Universidad de SalamancaLink externo desde hace más de un cuarto de siglo. Además es editor del repositorio E-LIS, coordinador de la lista InfoDoc, creador del blog Universo abiertoLink externo y autor de diferentes artículos en revistas especializadas.

También ha publicado númerosos libros, como Informe APEI sobre acceso abierto, Las nuevas fuentes de información: Información y búsqueda documental en el contexto de la web 2.0, junto con José Antonio Cordón-García, Raquel Gómez-Díaz y Jesús López-Lucas; o Gutenberg 2.0: la revolución de los libros electrónicos, con José Antonio Cordón-García

1. ¿Te acuerdas de cuándo acudiste por primera vez a una biblioteca?

No tengo una percepción muy clara del primer día que acudí a una biblioteca. Sobre todo porque fue un proceso natural en mi vida desde muy pequeño en un pequeño pueblo de la provincia de Ávila en el que nací, llamado Mingorría. Sí recuerdo haberlo hecho junto con mis hermanos mayores, que nos llevaban a mí y a mi hermano gemelo a la biblioteca, ellos conformaron parte de mi gusto como lector, a mi hermano Mario le encantaban los cómics del Jabato y el Capitán Trueno, en casa tenía toda la colección de los que se publicaban en una gran caja de cartón, junto con otros como Hazañas Bélicas, Roberto Alcázar y Pedrín o las novelas del oeste de Marcial Estefanía. Los cómics fueron lo que más influyó en mi primer gusto por la lectura, como a mucha otra gente de mi generación. Por ello considero que son un género mayor de la literatura.

2. ¿Qué recuerdo tienes de esa visita?

La biblioteca estaba en el ayuntamiento del pueblo y se encargaba de ella el secretario o el alguacil, no existía un bibliotecario, y el concepto que se tenía de biblioteca era el de un lugar estricto y silencioso. Por lo que cuando acudía la biblioteca, prefería llevar prestados los libros y cómics para leer bajo el árbol que había junto a la iglesia al lado de casa. Aún recuerdo vivamente pasar muy buenos ratos leyendo bajo la sombra de aquella acacia con mis hermanos y amigos. Aún hoy en día cuando voy al pueblo me saco el libro que estoy leyendo y me siento allí, es como si fuera una reconciliación con los días felices que viví en aquel lugar.

3. ¿Qué es lo más curioso que te ha pasado en una biblioteca?

Lo más curioso que me ha pasado en la biblioteca fue un hecho determinante en mi vida. Corría el año 1993 y cuando estaba atendiendo el préstamo en la biblioteca de Traducción y Documentación en la que aún sigo trabajando, se acercó una chica que estaba haciendo su memoria de grado. No sé si existen los flechazos, pero para mí aquello fue lo más parecido a saber que si volvía a ver a esa chica iba entrar muy dentro de mí. Al día siguiente volvió a buscar aquel diccionario, y precisamente yo estaba leyendo el libro El jinete polaco, de Antonio Muñoz Molina, con la coincidencia de que ella también lo estaba leyendo, así que fue el mejor modo de iniciar una conversación que 21 años después seguimos haciendo, porque es la persona que hoy en día es mi mujer y con quien tengo dos hijas.

4. ¿Cuál es tu lugar preferido de una biblioteca?

Me gusta siempre sentarme junto a un ventanal que me permite ver la calle. Leer es también levantar la mirada y leer la vida. Recuerdo que Marcelo Mastroianni hacía lo mismo porque allí discurre la vida, y mientras lees te conectas con el mundo, con las personas, y te imaginas sus historias, sus vidas. Ese es mi lugar preferido en una biblioteca o en un bar. Somos seres fundamentalmente sociales.

5. Tu reino… por qué biblioteca

Mi biblioteca preferida es la biblioteca de mi barrio, la Biblioteca Municipal Torrente Ballester de Salamanca. Los trabajadores de esta biblioteca hacen una gran labor en uno de los barrios más grandes y populosos de Salamanca como es el barrio Garrido. Programan actividades, cuentacuentos, cine de verano… y 1000 actividades más. Además, por lo general suelen tener un trato muy cariñoso con las personas, que va más allá de su oficio y es más una vocación. Tengo recuerdos muy gratos de cuando de pequeñas acudían mis hijas durante las tardes frías del invierno salmantino.

6. ¿Para qué sueles acudir a las bibliotecas cuando vas como usuario? (Coger libros u otros materiales en préstamo, participar en alguna actividad o taller, estudiar o consultar materiales, etc.)

Generalmente acudo para coger libros sobre música y también discos. Soy un gran aficionado a la música y leo muchas bibliografías de músicos. Incluso tengo un programa de radio sobre música en la Universidad de Salamanca. Cuando mis hijas eran pequeñas acudíamos entre semana a las actividades que programaban. Y también los sábados por la mañana. Y en verano a las emisiones de cine en la calle. Una biblioteca es lo mejor que puede tener un barrio, porque es más que un sitio al que acudir para llevar en préstamo un libro. Es un lugar en el que vivir ilusiones y experiencias, y de los lugares que más contribuyen a la igualdad de los ciudadanos y a la propia democracia, un auténtico resorte para mitigar cualquier deficiencia en la igualdad de las personas a la información y a la tecnología. Como manifiesta Dudley “las bibliotecas han dejado de ser importantes porque hemos olvidado lo importantes que son”.

7. ¿Cuál es la última biblioteca que has visitado como usuario?

La biblioteca de mi barrio.

8. ¿Qué es lo que más te gusta de las bibliotecas?

Me gusta que sean puntos de encuentro con las personas. Lugares no sólo para ir a buscar contenidos, sino lugares para socializarse, charlar con los amigos y colegas bibliotecarios o encontrarte algún amigo y entablar una conversación.

9. Algún descubrimiento reciente del mundo bibliotecario que quieras compartir con otros usuarios (Puede ser un libro, un autor, un blog, alguna actividad de fomento de la lectura, etc.)

El libro del escritor leonés Julio Llamazares Distintas formas de mirar el agua. Se trata de una visión coral de un mismo momento vivido por más de 30 personajes pertenecientes a una familia el día que van a enterrar al pantano que sumergió el pueblo al abuelo de la familia. Sorprende la capacidad del autor para meterse en la piel de 30 personajes que han tenido distinta relación con el fallecido, y como en función de ello viven esos 20 minutos que hay desde que aparcan los coches junto al pantano y depositan las cenizas.

10. Define con una sola palabra qué significa para ti la biblioteca

Vida.

La biblioteca de los libros rechazados

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David Foenkinos «La biblioteca de los libros rechazados». Madrid: Alfaguara, 2017

Un bibliotecario  muy particular es el de la novela «La biblioteca de los libros rechazados» de David Foenkinos (2017). La historia de un bibliotecario que consigue reunir todos los manuscritos de escritores que no ha querido publicar el mundo editorial, así comienza la historia de esta biblioteca antiposterioridad, en al que cada autor tiene que ir a dejar su obra y coloca el libro en la estantería que el elige…

 

Extractos

En 1971, el escritor norteamericano Richard Brautigan publicó The Abortion. Se trata de una intriga amorosa bastante peculiar entre un bibliotecario y una joven de cuerpo espectacular. Un cuerpo del que esta es víctima, por decirlo de alguna manera, como si la belleza estuviera maldita. Vida, que así se llama la protagonista, cuenta que un hombre se mató al volante por culpa suya; subyugado por aquella transeúnte pasmosa, sencillamente se olvidó de que iba conduciendo. Tras el batacazo, la joven echó a correr hacia el coche. Al conductor, ensangrentado y agonizante, solo le dio tiempo a decir, antes de morir: «Qué guapa es usted, señorita».

A decir verdad, la historia de Vida nos interesa menos que la del bibliotecario. Pues en él reside la peculiaridad de esta novela. El protagonista trabaja en una biblioteca que acepta todos los libros que han rechazado las editoriales. Se puede uno encontrar allí, por ejemplo, con un hombre que ha acudido a dejar un manuscrito tras haber padecido cientos de rechazos. Y de esa forma se van juntando ante los ojos del narrador libros de todo tipo. Se puede dar allí tanto con un ensayo como El cultivo de las flores a la luz de las velas en una habitación de hotel cuanto con un libro de cocina que recoge todas las recetas de los platos que aparecen en la obra de Dostoievski. Una gran ventaja de esta organización: es el autor quien elige el lugar que quiere en los estantes. Puede deambular entre las páginas de sus colegas malditos antes de localizar el sitio que le corresponde en esa forma de antiposteridad. En cambio, no se acepta ningún manuscrito que llegue por correo. Hay que ir en persona a dejar la obra que no ha querido nadie, como si esa acción simbolizara la voluntad postrera de abandonarla definitivamente.

Algunos años después, en 1984, el autor de The Abortion puso fin a sus días en Bolinas (California). Volveremos a hablar de la vida de Brautigan y de las circunstancias que lo condujeron al suicidio, pero, por ahora, quedémonos con esta biblioteca fruto de su imaginería. Muy a principios de la década de 1990, aquella idea suya tomó cuerpo. Un apasionado lector creó, para rendirle homenaje, la «biblioteca de los libros rechazados». Así fue como nació la Brautigan Library, que da acogida a todos los libros huérfanos de editorial que vieron la luz en los Estados Unidos. En la actualidad se halla en Vancouver, en el estado de Washington. La iniciativa de este entusiasta partidario suyo seguramente habría emocionado a Brautigan, pero ¿conocemos alguna vez de verdad los sentimientos de un muerto? Cuando se creó la biblioteca, la información fue pasando por muchos periódicos, y también se la mencionó en Francia. El bibliotecario de Crozon, en Bretaña, sintió deseos de hacer otro tanto. En octubre de 1992, concibió de este modo la versión francesa de la biblioteca de los libros rechazados.

Jean-Pierre Gourvec estaba orgulloso del letrerito que podía leerse en la entrada de su biblioteca. Un aforismo de Cioran, irónico para un hombre que no había salido nunca, como quien dice, de su Bretaña natal:

«París es el lugar ideal para fracasar en la vida.»

Era de esos hombres que prefieren la patria chica a la Patria, sin convertirse por eso en nacionalistas histéricos. Su apariencia se prestaba a presagiar lo contrario: tan largo y flaco, con las venas del cuello hinchadas y una intensa pigmentación rojiza, podía suponerse en el acto que la suya era la geografía física de un temperamento irascible. Pero tal cosa no era ni mucho menos cierta. Gourvec era una persona reflexiva y sensata para quien las palabras tenían sentido y destino. Bastaba con pasar pocos minutos en su compañía para dejar atrás esa primera y errónea impresión; aquel hombre daba la sensación de ser capaz de contemporizar consigo mismo.

Fue, pues, él quien modificó la disposición de sus estantes para dejarles sitio, al fondo de la biblioteca municipal, a todos los manuscritos que soñaban con encontrar un refugio. Un revuelo que le trajo a la memoria a Jorge Luis Borges, que dice que coger y dejar un libro en una biblioteca es cansar a los estantes. Hoy se han debido de quedar agotados, pensó Gourvec, sonriendo. Tenía un sentido del humor de erudito y más aún: de erudito solitario. Así era como se veía él, y era algo que se acercaba mucho a la verdad. Gourvec contaba con una dosis mínima de sociabilidad; no solía reírse de lo mismo que se reían los lugareños, pero sabía imponerse la obligación de escuchar un chiste. Iba incluso de vez en cuando a tomarse una cerveza a la taberna que había al final de la calle y a charlar de todo un poco con otros hombres: tan poco que es como si no fuera nada, pensaba; y en esos trascendentales momentos de exaltación colectiva era capaz de avenirse a una partida de cartas. No lo molestaba que pudieran tomarlo por un hombre como los demás.

Se sabía bastante poco de su vida, salvo que vivía solo. Había estado casado en la década de 1950, pero nadie sabía por qué su mujer lo había dejado al cabo de pocas semanas. Decían que la había conocido a través de un anuncio por palabras: se habían estado escribiendo mucho tiempo antes de conocerse en persona. ¿Era esa la razón de que el matrimonio hubiera fracasado? Gourvec era posiblemente el tipo de hombre cuyas declaraciones ardientes agradaba leer, por quien una era capaz de dejarlo todo, pero la realidad que estaba detrás de la belleza de las palabras era muy decepcionante. Otras malas lenguas habían andado cuchicheando por entonces que si su mujer se marchó tan pronto, fue porque él era impotente. Teoría que probablemente no era muy atinada, pero cuando la gente se encuentra con una psicología compleja, le gusta afianzarse en las cosas básicas. Así que, en lo tocante a ese episodio sentimental, el misterio seguía sin dilucidar.

Después de que se marchara su mujer, nadie supo de ninguna relación duradera, y no tuvo hijos. Resultaba difícil saber cuál había sido su vida sexual. No era imposible imaginárselo como amante de mujeres mal atendidas, con las Emma Bovary de su época. Algunas debían de haber buscado por los estantes algo más que satisfacer una ensoñación novelesca. Junto a ese hombre, que sabía escuchar puesto que sabía leer, era posible evadirse de una vida de autómata. Pero no hay prueba alguna de todo eso. Algo sí que es cierto: el entusiasmo y la pasión de Gourvec por su biblioteca nunca fueron a menos. Recibía con una atención específica a todos los lectores, esforzándose por estar al tanto y crearles un itinerario personal entre los libros expuestos. Según él, de lo que se trataba no era de que nos guste leer o nos deje de gustar, sino más bien de saber cómo hallar el libro que nos corresponde. A todo el mundo le puede encantar leer si se cumple la condición de tener en las manos la novela adecuada, la que nos va a gustar, la que nos va a decir algo y que no podremos soltar. Para lograr ese objetivo había desarrollado, pues, un sistema que casi podía parecer paranormal: al mirar en detalle la apariencia física de un lector era capaz de deducir qué escritor necesitaba.

La incesante energía que empleaba para tener una biblioteca dinámica lo obligó a ampliarla. Fue, desde su punto de vista, un triunfo gigantesco, como si los libros formasen un ejército cada vez más encanijado en el que todos y cada uno de los puntos de resistencia contra una desaparición programada cobrasen el sabor de una revolución intensa. El ayuntamiento de Crozon llegó incluso a aceptar que contratase a una ayudante. Puso, pues, un anuncio para la selección. A Gourvec le gustaba elegir los libros de los pedidos que hacía, organizar los estantes y dedicarse a otras muchas actividades, pero pensar en tomar una decisión que afectara a un ser humano lo aterraba. Sin embargo, soñaba con encontrar a alguien que fuese como un cómplice literario: una persona con quien pudiera intercambiar opiniones durante horas acerca del uso de los puntos suspensivos en la obra de Céline o mirar con lupa los motivos por los que se suicidó Thomas Bernhard. Un único obstáculo se oponía a esa ambición: sabía perfectamente que sería incapaz de decirle que no a alguien. Así que el asunto iba a ser muy sencillo. Contrataría a la primera persona que llegase. Así fue como Magali Croze se incorporó a la biblioteca pertrechada con esa virtud indiscutible: la rapidez en responder a una oferta de trabajo.

3.

A Magali no es que le gustase especialmente leer[3]; pero, como era madre de dos niños de corta edad, necesitaba encontrar trabajo enseguida. Más que nada porque su marido solo tenía un empleo de media jornada en los talleres de la Renault. Cada vez se fabricaban menos coches en Francia, y en aquel inicio de la década de 1990 la crisis se estaba instalando para quedarse. En el momento de firmar el contrato, Magali se acordó de las manos de su marido, de esas manos siempre sucias de grasa. Mientras se pasase todo el día manejando libros, ese era un inconveniente al que ella no tendría que arriesgarse. Iba a resultar una diferencia fundamental: en lo que a las manos se refería, cada cónyuge estaba tomando una dirección diametralmente opuesta.

En definitiva, a Gourvec le pareció bien trabajar con alguien para quien los libros no eran algo sagrado. Es posible llevarse bien con un compañero de trabajo sin necesidad de hablar de literatura alemana una mañana tras otra, reconoció. Él se ocupaba de asesorar a los usuarios y ella se hacía cargo de la logística; el dúo resultó perfectamente equilibrado. Magali no era de las que cuestionan las iniciativas del jefe, pero no pudo, sin embargo, por menos de expresar sus dudas en lo referido al asunto aquel de los libros rechazados.

—Pero ¿qué interés tiene almacenar unos libros que no quiere nadie?

—Es una idea americana.

—¿Y qué?

—Es en homenaje a Brautigan.

—¿Quién?

—Brautigan. ¿No ha leído Un detective en Babilonia?

—No. Pero da igual, es una idea muy rara. Y además, ¿de verdad quiere que vengan a dejar los libros aquí? Vamos a cargar con todos los psicópatas de la zona. Los escritores están fatal de la cabeza, todo el mundo lo sabe. Y los que no publican deben de ser peores aún.

—Por fin encontrarán un lugar. Considérelo como una obra de caridad.

—Ya lo entiendo: quiere que sea la Madre Teresa de los fracasados.

—Justo. Eso es más o menos.

—…

Magali fue aceptando poco a poco que podía ser una idea bonita e intentó organizar la avent …

Magia para lectores de Kelly Link. Un loco retrato del mundo de las bibliotecas y los bibliotecarios

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Kelly Link «Magia para lectores». Barcelona: Seis Barral, 2011

Si te gusto la película «Amanece que no es poco» de José Luis Cuerda, casi seguro que te gustará el libro «Magia para lectores» de Kelly Link es una de las novelas más imaginativas, gratificantes y locas que he leído en los últimos años, llena de lirismo y humor corrosivo, con el añadido de un componente profesional igualmente de irónico sobre el mundo de las bibliotecas y los bibliotecarios. Ha sido calificada como un lugar entre la fantasia de J.K. Rowling y la literatura de Alice Munro.

«En Magia para lectores encontrarás infinidad de cosas: un bolso con un pueblo dentro, bibliotecarios que se baten en duelo, sofás probablemente carnívoros, un chico llamado Cebolla… Y es que todos estos cuentos esconden un tesoro. Son los cuentos que siempre has querido leer.»

Jeremy, el protagonista de esta novela, es hijo de una bibliotecaria y aficionado a una serie de televisión pirata titulada “La biblioteca”, en esta serie ocurren hechos insólitos, o no tan insolitos.

ESTRACTOS

«En la televisión, los lobos vagan por la tundra del piso cuarenta de La biblioteca del Mundo Árbol Popular Libre. Cae una fuerte nevada y las bibliotecarias queman libros para entrar en calor, pero únicamente las obras literarias más aburridas y edificantes.»

Es muy gracioso este pasaje de la obra “Magia para lectores” de Kelly Link, una novela en la que todo lo real se desvirtualiza en fantástico e irreal. En este mundo particular se identifican a los profesionales de las bibliotecas recurriendo al tópico femenino, son mujeres que yacen en ataúdes, como si fueran vampiresas dentro de un mundo de realismo mágico que se percibe a través de la televisión.

 

«En la televisión, en La biblioteca del Mundo Árbol Popular Libre es de noche. Todas las bibliotecarias están dormidas y arrebujadas dentro de sus ataúdes, vainas de espada, cámaras secretas para curas, ojales, bolsillos, armarios escondidos o entre las páginas de novelas encantadas. La luz de la luna se derrama a través de las altas ventanas arcuadas y entre los pasillos de librerías, hacia el parque. Fox está de rodillas, arañando la tierra embarrada con las manos. La estatua de George Washington está de rodillas junto a ella, ayudando…

En otro episodio, Fox les roba a las Norn un fármaco mágico (son un grupo de chicas de pop profético que encabeza el espectáculo del cabaré del entresuelo de La biblioteca del Mundo Árbol Popular Libre). Se lo inyecta por accidente, se queda embarazada y da a luz a un puñado de serpientes que la conducen exactamente hasta la estantería en la que las bibliotecarias renegadas habían colocado por error un antiquísimo y terrible libro de magia que nunca se había traducido, hasta que Fox pidió ayuda a las serpientes. Las serpientes se retorcieron y se enroscaron en el suelo formando palabras con el cuerpo, letra tras letra. Mientras traducían el libro para Fox, siseaban y soltaban vapor, hasta que se convirtieron en líneas de fuego y se quemaron por completo»

 

Una cosa casi no me cabe ninguna duda. La mayoría de los bibliotecarios que conozco, y como bibliotecario de futuros bibliotecarios, conozco muchos, por lo general somos profesionales muy vocacionales. A las pruebas me remito. Es muy frecuente entre los bibliotecarios que cuando visitamos una ciudad o un país nos acercamos a conocer sus bibliotecas y hacemos fotografías. Tal como aparece en la divertida compilación de cuentos de Kelly Link, en la que la madre del protagonista es bibliotecaria y cuando organiza un viajes hace un recorrido por las bibliotecas de los lugares que visita

 

«La madre de Jeremy organiza el itinerario para su viaje. Van a parar en bibliotecas de todo el país porque a su madre le encantan las bibliotecas, y también ha comprado una tienda de campaña nueva para dos personas, dos sacos de dormir y un hornillo portátil para poder acampar en caso de que Jeremy quiera acampar, incluso a pesar de que ella odia el campo…   He encontrado una biblioteca en Internet que quiero visitar. Está en Iowa. En la fachada hay un mosaico hecho con maíz en el que salen un montón de dioses y diosas desnudos bailando en un campo de mazorcas, y alguien quiere retirarlo. ¿Podemos ir a verlo antes de que lo quiten?»

La biblioteca infierno y el demonio bibliotecario

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Carlo Frabetti El libro Infierno Madrid: Lengua de Trapo, 2008

Como Dante, el protagonista de este libro tiene que recorrer nueve círculos infernales correspondientes a otros tantos pecados y penas. Pero en esta biblioteca infierno solo hay un demonio, el bibliotecario, y los condenados son los propios libros. Tan cerca del diálogo renacentista como de la narrativa más contemporánea, Carlo Frabetti nos introduce en su particular infierno, que es el de todo lector, en el que el plagio, la violencia, los pródigos en palabras y avaros en ideas son los pecados y pecadores que conforman esta biblioteca. El libro infierno es la primera parte de una trilogía que se completa con El cuarto purgatorio y El árbol paraíso.

En la divertida obra de Carlo Frabetti hay un capítulo llamado “El fichero perfecto. El libro toma como referente la bajada a los infiernos de Dante, en este caso la  condición que encomienda el el demonio-bibliotecario a su prisionero es catalogar la biblioteca infernal. La inmensa biblioteca carece de catálogo, y además debe de hacerlo lo más detallado y completamente posible.

EXTRACTOS

El infierno era un laberinto de libros. – De los muchos caminos por los que se puede ir de un libro a otro -me advirtió el bibliotecario- sólo podrás seguir el más obvio y directo: el de la mención explícita. Es decir, para salir del libro que estés leyendo (lo hayas terminado o no, eso es asunto tuyo: obligarte a leer en contra de tu voluntad sería un tormento excesivo incluso para el infierno) y pasar a otro, en el primero tiene que nombrarse el segundo. No basta una mera cita o una referencia a los personajes o al autor: se ha de mencionar el libro mismo para que sea posible acceder a él.

No me sorprendió que el infierno fuera una biblioteca. Subir la piedra de la ignorancia por una montaña de libros, sin alcanzar nunca la cima del conocimiento, es la más refinada versión del suplicio de Sísifo.

– La biblioteca es inmensa, como puedes ver -dijo el demonio-, y crece sin cesar; pero tiene un pequeño defecto: carece de fichero. Hacerlo será tu cometido.

– Eso es tarea del bibliotecario -objeté.

– Cierto. Y sólo el bibliotecario puede salir de aquí; por lo tanto, si quieres recobrar la libertad, tienes que asumir su función. Mejor dicho, tienes que consumarla. Deberás hacer fichas precisas y detalladas de todos los libros, lo más completas posible….

Empecé haciendo fichas convencionales: autor, título, editorial, año de edición, número de páginas… Pero estas fichas de bibliotecario resultaban demasiado áridas, y como la mera consignación de datos técnicos dejaba bastante espacio en blanco, empecé a añadir breves resúmenes del contenido de cada obra. Luego incluí también el índice y una selección de las frases más notables, lo que me obligó a utilizar varias fichas por libro.

– ¿Tantos plagios hay que tienes que ponerlos en doble fila? -le pregunté al bibliotecario.
– Hay muchos, desde luego, pero aquí abajo no tenemos problemas de espacio. Los libros que hay detrás son los que han sido saqueados por el plagiario -me explicó mientras introducía la nariz (alargada hasta convertirse en una flexible probóscide) en el hueco y extraía el libro en cuestión: Penrod and Sam, del injustamente olvidado (también por mí, debo admitirlo) Booth Tarkington

El siguiente pozo tenía unos cincuenta metros de diámetro, y no reinaba en él el silencio propio de las bibliotecas, pues muchos de los libros se revolvían en sus anaqueles con el sordo rumor del papel inquieto. Otros, por el contrario, permanecían lánguidamente inclinados o tumbados, como si les resultara fatigosa la posición vertical.

Todo ser humano es, cuando menos, un libro electrónico, un e-book grabado en el disco blando (ma non troppo) de sus propios circuitos neuronales. Y en el caso del homo legens, ese biolibro crece al amor (o al odio) de otros libros, lucha y se funde con ellos, y a veces esta (con)fusión resulta fecunda… Esse est legere –concluyó el demonio indicándome con un gesto El Libro Infierno.

La imagen de la biblioteca en el cine (1928-2015).

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Andrio Esteban, M. R.. [e-Book] La imagen de la biblioteca en el cine (1928-2015). Salamanca, Universidad de Salamanca, 2016

Texto completo

El objetivo del presente trabajo ha sido configurar el perfil de elementos visuales, actividades de usuarios y tareas profesionales que los cineastas han elegido para representar a las bibliotecas públicas a lo largo de su etapa sonora. Para ello, se obtuvo un listado de 855 películas entre 1928 y 2015 (60% fueron norteamericanas y un 7% españolas) en las que se identificaron 1.642 escenas con biblioteca. Un análisis descriptivo permitió detectar 1.220 bibliotecarios y cerca de 9.000 usuarios realizando diversas actividades. Los resultados muestran que la imagen de la biblioteca se configura en la mayoría de los filmes con pocos elementos. Libros, estanterías, tejuelos, etiquetas de materia y algunos ornamentos son suficientes. Por otra parte, el bibliotecario posee en general una imagen más estereotipada que las bibliotecarias, que apenas muestran los rasgos clásicamente asociados ,especialmente si son protagonistas. Sus tareas más frecuentes son la atención al usuario y el trabajo técnico, ordenar el fondo, mantener el orden y el préstamo, labores más próximas al auxiliar que al experto. Para los cineastas la mayoría de los usuarios son varones y se dedican a hablar entre ellos, consultar, leer y estudiar. Desde un punto de vista profesional, para el cine hay dos tipos principales de bibliotecas: la pública y la académica. Sus funciones relacionadas son el apoyo a la educación formal y como lugar de reunión social como imágenes más cinemáticas. En conjunto, la representación de la biblioteca en el cine ha variado relativamente poco desde hace 90 años, a pesar de los grandes avances tecnológicos de la profesión

Galería de bibliotecarios famosos

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Buscando información acerca de los famosos que ejercieron como bibliotecarios en algún momento de su vida, encontré este interesante artículo de Francisco Gómez, bibliotecario mexicano, en http://solobibliotecarios.blogspot.com/2007/07/bibliotecarios-famosos.htm y que a continuación reproduzco, junto con otras aportaciones propias

Bibliotecarios famosos

A continuación comparto con ustedes los nombres de algunos personajes famosos de la historia que, además de la faceta (escritores, inventores, papas, políticos, etc.) por la que son mundialmente conocidos, fueron bibliotecarios.

En algunos casos sorprende conocer este hecho, en otros, se confirma lo que ya se sabía de ellos:

Eratóstenes (276 a.C. – 195 a.C.)

Eratóstenes de Cirene fue un matemático, geógrafo, poeta, astrónomo y teórico musical griego. Eratóstenes fue también el bibliotecario jefe de la Gran Biblioteca de Alejandría.

Nicolás V, Papa (1397-1455)

Nicolás V (Tommaso Parentucelli) fue papa entre los años 1447 y 1455. Nació en Sargana, Génova, el 15 de noviembre de 1397 y murió en Roma el 24 de marzo de 1455. El Obispo Niccolò Albergati estaba tan impresionado por sus capacidades, que Parentucelli pasó a formar parte de su servicio como bibliotecario, y se le dio la oportunidad de continuar sus estudios, al enviarlo en una viaje por Alemania, Francia e Inglaterra. En aquella travesía inicio la recolección de libros, por los cuales poseía una gran pasión, dondequiera que iba. Algunos de ellos sobreviven hasta nuestros días con sus anotaciones marginales.

Gottfried Wilhelm Leibniz 1646 – 1716

Gottfried Wilhelm von Leibniz era un matemático y filósofo alemán. Leibniz sirvió a tres gobernantes consecutivos de la Casa de Brunswick como historiador, asesor político, y como bibliotecario de la biblioteca ducal.

Benjamin Franklin (1706-1790).

Estadista norteamericano, padre de la patria, científico, inventor, filósofo, músico, periodista, impresor y bibliotecario.

David Hume (1711-1776)

Historiador y filósofo escocés. Hume fue nombrado bibliotecario de la Biblioteca de Abogados.

Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832).

Novelista, dramaturgo, poeta, humanista, científico, filósofo, bibliotecario y ministro de la Corte de Weimar, Gloria Nacional de las Letras Germanas. Princesa Anna Amalia de Weimar, a la que dotó (a la biblioteca, no a la princesa) con la mejor colección mundial de obras de Goethe. Esta biblioteca ardió la noche del 2 de septiembre de 2004.

Charles Nodier (1780-1844),

Inventor de lo que se ha dado en llamar «literatura frenética», fue autoridad suprema y oracular en la bibliofilia y en encuadernaciones de lujo, bibliotecario de prestigio universal, entomólogo, herborista, filósofo, conversador infatigable, opiómano y uno de los responsables de introducir el romanticismo y la literatura fantástica en Francia a través de su célebre tertulia de la biblioteca de El Arsenal, por donde desfiló la flor y nata de las letras de la época.

Jacob Grimm (1785 – 1863)

Jacob Ludwig Carl Grimm era un filólogo, jurista y mitólogo alemán. Es más conocido como uno de los hermanos Grimm, como editor de Cuentos de hadas de Grimm. Jacob Grimm trabajó como bibliotecario en Kasel, después de graduarse como abogado.

Adam Mickiewicz (1798-1855)

Adam Mickiewicz fue un poeta nacional polaco, ensayista, traductor, publicista y escritor político. Primer representante del romanticismo polaco, es uno de los tres barones de ese país y el mayor poeta de toda la literatura polaca. En 1852 fue nombrado bibliotecario en la Bibliothèque de l’Arsenal de París.

Hector Berlioz (1803-1869)

Compositor romántico francés, más conocido por sus composiciones «Symphonie fantastique» y el réquien Grande messe des morts» . En 1850 fue nombrado bibliotecario jefe del Conservatorio de París Hector Berlioz 1803 -1869.

Lewis Carroll (1832-1898)

El autor de «Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas». creció en Cheshire y Yorkshire, Inglaterra, después de graduarse de Oxford con una licenciatura en matemáticas, se convirtió en subbibliotecario de Christ Church allí.

Rubén Darío (1832–1898)

Fue un poeta, periodista y diplomático nicaragüense, máximo representante del modernismo literario en lengua española. Es, tal vez, el poeta que ha tenido mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispánico. Es llamado príncipe de las letras castellanas.Trabajo de bibliotecario ne la Biblioteca Nacional de Managua

Anatole Francia (1844-1924)

Anatole France – fue poeta, periodista y novelista francés. Fue miembro de la Académie française y recibió el Premio Nobel de Literatura en reconocimiento a sus logros literarios. En 1876 fue nombrado bibliotecario del Senado francés.

Marcelino Menéndez Pelayo (1856–1912)

Menéndez Pelayo fue un escritor, filólogo, crítico literario e historiador de las ideas español.Consagrado fundamentalmente y con extraordinaria erudición reconstructiva a la historia de las ideas, la interpretación crítica y la historiografía de la estética, la literatura española e hispanoamericana y a la filología hispánica en general, aunque también fue político, cultivó la poesía, la traducción y la filosofía. Hermano del escritor Enrique Menéndez Pelayo. Fue nominado al Premio Nobel de Literatura. Miembro de número de la Real Academia de la Historia desde el 13 de mayo de 1883. En esta institución fue bibliotecario desde 1892 y director desde 1910.

Papa Pío XI 1857-1939

Papa Pío XI – Nacido Ambrogio Damiano Achille Ratti, este futuro papa pasó de ser el bibliotecario jefe del seminario de Milán a ser viceprefecto de la Biblioteca Vaticana. Incluso desarrolló su propio sistema de clasificación.

Nadezhda Krupskaya (1869-1939).

Fue la esposa del revolucionario bolchevique Vladimir Ilich Ulianov Lenin, además de una reconocida figura del Partido Comunista Ruso. Nacida en el 26 de febrero de 1869 en San Petersburgo, contrajo matrimonio con el líder del Partido Bolchevique en 1894 y murió en Moscú en 1939, creó el sistema educativo soviético y fue pionera del desarrollo de las bibliotecas rusas.

Marcel Proust 1871-1922

Uno de los novelistas y críticos más célebres y oscuros de todos los tiempos, Marcel Proust decidió una vez ir a la escuela para convertirse en bibliotecario. Su obra más famosa, fue «En busca del tiempo perdido»

León Felipe (1884-1968)

León Felipe, poeta español, a veces se le adscribe a la nómina de los poetas de la Generación del 27. Trabajó como bibliotecario en Veracruz y como profesor de literatura española en la Universidad Cornell, Estados Unidos.

Marcel Duchamp (1887-1968)

Marcel Duchamp fue un pintor, escultor y escritor franco-americano cuya obra está asociada al cubismo y al dadaísmo. Hacia 1912, Duchamp se cansó de pintar y trabajó como bibliotecario en la Biblioteca Sainte-Genvieve.

Fernando Pessoa (1888-1935)

Fernando Pessoa intenta acceder a la plaza de conservador-bibliotecario en el Museo Condes de Castro Guimarães en Cascais, para ello envía un escrito al Ayuntamiento de la localidad justificando su idoneidad para el puesto, en el que también añade que la competencia y la idoneidad no son susceptibles de ser justificadas mediante documentos….. (Ver más)
Golda Meir (1898-1978)

Fue una política, diplomática y, como estadista, la quinta primera ministra de Israel.1​ Fue la primera mujer en Israel2​ y segunda en el mundo en asumir tan alto cargo. Su política intransigente y su estilo de liderazgo le valió el apodo de «Dama de Hierro». trabajó en la biblioteca pública de Milwaukee

Jorge Luis Borges  (1899-1986).

Mención aparte merece este escritor argentino y hombre universal, que con sus obras (cuentos, poesía y ensayo) contribuyó a la expansión de la lengua española y de la literatura latinoamericana. Mucho se ha escrito sobre él y sus obras, basta con revisar los libros y revistas especializadas en literatura para encontrar páginas y páginas sobre su trabajo y las distintas interpretaciones que se han hecho de su pensamiento. Es ampliamente conocida y referida su trayectoria como bibliotecario, no agregaré nada al respecto, sólo este pequeño estracto obtenido de Winkipedia: En 1946 Juan Domingo Perón es elegido presidente, venciendo así a la Unión Democrática. Borges, que había apoyado a ésta última, se manifestaba abiertamente en contra del nuevo gobierno, lo que provocó que debiera abandonar su función de bibliotecario, y se negase a aceptar el cargo de “inspector de aves y conejos”.

Mao Tse-tung (1893-1976).

Trabajó en la Universidad de Pekín como bibliotecario ayudante y leyó, entre otros, a Bakunin y Kropotkin, además de tomar contacto con dos hombres clave de la que habría de ser la revolución socialista china : Li Dazhao y Chen Duxiu.

John Edgar Hoover (1895-1972)

John Edgar Hoover, fue el primer Director de la Oficina Federal de Investigación de los Estados Unidos, más conocida como FBI. Nombrado Director de la Oficina de Investigación, predecesora del FBI, en 1924, Edgar Hoover jugó un papel decisivo en la fundación del FBI en 1935, donde permaneció como su director durante treinta y siete años hasta su muerte en 1972 a la edad de 77 años. A Hoover se le atribuye la modernización del FBI con el uso de nuevas tecnologías para labores policiales, haber creado archivos de huellas digitales y laboratorios forenses. Trabajó en la Biblioteca del Congreso durante un lustro.

Maria Moliner  (1900 –1981) 

Maria Moliner, fue bibliotecaria, filologa y lexicóloga, autora del “Diccionario de uso del español” más conocido por el nombre de la autora, después de formarse en la Institución Libre de enseñanza, donde tiene a profesores del renombre de Américo Castro, aprueba las oposiciones al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, ejerciendo como bibliotecaria y conservadora  en en Simancas (Valladolid), Murcia y Valencia. Con la llegada de la II República Maria Moliner se implica en la política bibliotecaria nacional escribiendo varios artículos sobre la importancia de las bibliotecas rurales y escolares. (Ver más)

Gloria Fuertes (1917-1998)

Gloria Fuertes fue una poeta​ española, ligada al movimiento literario de la Primera generación de posguerra que la crítica ha unido a la Generación del 50​​ y al movimiento poético denominado postismo. En 1950 publica Pirulí. (Versos para párvulos) y organiza la primera Biblioteca Infantil ambulante por pequeños pueblos, llevando libros adonde éstos no llegan por falta de dinero o por el analfabetismo que todavía existía en España.

Madeleine L’Engle (1918-2007)

Escritora de libros infantiles con experiencia como bibliotecario: La escritora de «Una arruga en el tiempo» trabajó como bibliotecaria de la Iglesia Catedral de San Juan el Divino de Nueva York por más de 40 años. La escritora de «Una arruga en el tiempo» trabajó como bibliotecaria de la Iglesia Catedral de San Juan el Divino de Nueva York por más de 40 años. L’Engle trabajó como bibliotecaria de la Iglesia Catedral de San Juan el Divino de Nueva York por más de 40 años.

Bud Spencer (1929-2016)

Actor de las películas de humor en pareja con Tercence Hill- En Buenos Aires (Argentina) fue bibliotecario; en Montevideo (Uruguay) ejerció como bibliotecario durante años, y trabajó en el consulado italiano local.

Audre Lorde (1934-1992)

La legendaria poeta, pensadora y activista de los derechos civiles Audre Lorde se formó como bibliotecaria a principios de los años 60. Trabajó en la Biblioteca Pública de Mount Vernon y en la Biblioteca de la Escuela Municipal de la ciudad de Nueva York.

Mario Vargas Llosa (1936- )

El reconocido escritor peruano cuenta también con la nacionalidad española desde 1993, ejerció la profesión de bibliotecario en el Club Nacional de Lima entre los años 1955 a 1958.

Mohammad Jatamí (1943– )

Sayid Mohamed Jatamí es un ulema duodecimano, intelectual, filósofo y político iraní. Fue presidente de Irán entre el 2 de agosto de 1997 y el 2 de agosto de 2005 y es uno de los referentes principales del movimiento reformista iraní.Fue director de la Biblioteca Nacional de Irán de 1992 a 1997.

Laura Bush. Ex-Primera Dama de Estados Unidos (1946-)

Laura Bush -mujer del expresidente de EEUU Georges W.Bush. Antes de que su marido accediera a la Casa Blanca era bibliotecaria escolar.

Stephen King (1947- ).

Escritor estadounidense de gran éxito, autor de muchas novelas de género fantástico, sobre todo historias de terror, que cuenta en su haber con más de 100 millones de libros vendidos. Es inmensamente millonario. Tiene al menos un relato de terror bibliotecario. ‘Mis libros son el equivalente literario a un Big Mac con una gran ración de patatas’ dijo en una ocasión Stephen King. En 1969 trabajó en la Biblioteca de la Universidad de Maine.

Núria Amat (Barcelona, 1950) 

Escritora española en lengua castellana y catalanaEs licenciada en Filosofía y Letras, y doctora en Ciencias de la Información. Ha sido introductora de los estudios en Ciencias y Tecnologías de la Documentación y profesora en la Escuela de Biblioteconomía de la Universidad de Barcelona. Ha colaborado en prensa nacional y extranjera. Obra: Narciso y Armonía, 1982. El ladrón de libros, 1988 Amor Breve, 1990. Monstruos, 1991. Todos somos Kafka, 1993. Viajar es muy difícil, 1995. La intimidad, 1997. El país del alma, 1999. El siglo de las mujeres, 2000. Reina de América, 2001. Deja que la vida llueva sobre mí, 2007. Amor i guerra, 2011. «Amor y Guerra». 2012. Es licenciada en Filosofía y Letras, y doctora en Ciencias de la Información. Ha sido introductora de los estudios en Ciencias y Tecnologías de la Documentación y profesora en la Escuela de Biblioteconomía de la Universidad de Barcelona. Ha colaborado en prensa nacional y extranjera. Obra: Narciso y Armonía, 1982. El ladrón de libros, 1988 Amor Breve, 1990. Monstruos, 1991. Todos somos Kafka, 1993. Viajar es muy difícil, 1995. La intimidad, 1997. El país del alma, 1999. El siglo de las mujeres, 2000. Reina de América, 2001. Deja que la vida llueva sobre mí, 2007. Amor i guerra, 2011. «Amor y Guerra». 2012

Beverly Cleary 1955 –

Bevery Cleary antes de convertirse en autora de libros infantiles a tiempo completo, trabajó como bibliotecaria de niños en Yakima, WA. También se desempeñó como bibliotecaria en el Hospital del Ejército de los Estados Unidos en Oakland, California, durante cinco años.

Hilda Guevara (1956-1995).

La hija mayor del “Ché” Guevara. Fue bibliotecaria de la Casa de las Américas en La Habana (Cuba).

Ana Iturgaiz (1965- ) Escritora

Trabaja de escritora y reside en Madrid desde los años 90. Es licenciada en Historia, pero su ámbito laboral ha estado vinculado a las bibliotecas y los archivos. Ha editado varios cuentos, todos ellos en varias antologías que pueden verse en su blog. Bajo las estrellas (2012). Es por ti (2012). Acordes de seda (2013).Tu nombre al trasluz (2014). Arriésgate por mí (2014).

Jim Morrison, cantante de The Doors (1943-1971)

Jim trabajó de auxiliar en la Biblioteca de Artes Escénicas de la Universidad de UCLA, colocando libros en los estantes y reclamando devoluciones atrasadas, por un dólar veinticinco la hora. Era un trabajo sencillo, pero fue incapaz de conservarlo. En octubre llegó un nuevo bibliotecario que despidió a Jim cuando se hizo evidente que este no tenía ningún interés en llegar puntual al trabajo.

Mike Tyson (1966- )

Boxeador estadounidense de peso pesado, campeón mundial indiscutible desde agosto de 1987 hasta febrero de 1990. Ganó el título de peso pesado del Consejo Mundial de Boxeo (WBC) en 1986 cuando venció a Trevor Berbick y se convirtió en el campeón mundial de peso pesado más joven de la historia. Durante su estancia en prisión por agresión ejerció como bibliotecario para reducir condena.

María José Serrano «Jose», cantante de las Chinas y Kiki de Aki

María José Serrano, una leonesa que compaginaba su profesión como bibliotecaria con su afición por la música, siendo componente de grupos y proyectos artísticos que fueron lo mejor del pop de los ochenta. María Jose fue retratada por Juan Carlos de Laiglesia en su libro “Ángeles de Neón” (Espasa, 2003) como “la dulce bibliotecaria que, se peinaba como Amélie y vestía colores pop cuando cantaba con Las Chinas” o “ligera y tierna, Kikí atesoraba celosamente las impresiones de su adolescencia hasta convertirlas en lema resistente de irreductible perdedora”. Ver más

Felipe Zapico, poeta y cantante de Los Deicidas de León

Un personaje sin igual, de la movida, en este caso leonesa, – hubo una móvida periférica, aunque siempre se hable de la movida madrileña – es el gran Felipe Zapico, que junto a Antonio Pajares “Pajaro” formaron el grupo Deicidadas [1]. El grupo se formó en León en 1983. Los Deicidas grabaron varios discos y singles, que hoy día son objeto de coleccionistas. Felipe Zapico es profesor de Documentación de la Universidad de Extremadura, y también se dedica con cuerpo y alma a la poesía y a la fotografía. [1] Deicidas – Landrú Se Divierte https://www.youtube.com/watch?v=h3d1_MTj_Xw

Pilar Sánchez Vicente. Escritora

Desde 1987 trabaja en el Principado de Asturias, donde obtuvo plaza de documentalista. Hasta 2004 desempeñó sus funciones en el Centro Regional de Información y Documentación Juvenil, para posteriormente ser nombrada Jefa del Servicio de Publicaciones, Archivos Administrativos y Documentación, donde abordó proyectos punteros como el Sistema de Información Documental en Red de Asturias (SIDRA), la Memoria Digital de Asturias, o la conversión del Boletín Oficial del Principado de Asturias en boletín electrónico, eBOPA (suprimiendo su formato en papel tras 175 años). Hasta la fecha es archivera del Tribunal Superior de Justicia del Principado de Asturias. La Diosa contra Roma. Barcelona, Roca Editorial, 2008. Operación Drácula. Oviedo, KRK, 2010. Y bailaré sobre su tumba, en Una noche de verano, Luciérnagas en la Memoria, l fantásticu viaxe de Selene

La discreta belleza de la bibliotecaria de la canción «The Librarian» de Hefner

Ver además

Canciones sobre bibliotecas y bibliotecarios.

La imagen social del bibliotecario en el pop y en el rock

 

El tema de un grupo británico de «rock urbano» llamado Hefner formado en el este de Londres en 1995. El tema “The Librarian» pertenece al albún Breaking God’s Heart, y trata sobre un chico que se enamora de una bibliotecaria, y va a pedir en préstamo sesudos libros en préstamo que nunca lee, con el objetivo de que la bibliotecaria se fije en él. Tiene ensoñaciones eróticas con ella, piensa que se la lleva a su casa, que hacen el amor, Pero la realidad es que la chica no se fija en el chico y se olvida de él chico transcurridos diez minutos. Se trata de una amor platónico hacia una bibliotecaria de un discreto atractivo que atrae poderosamente a nuestro protagonista.

Comenzó a cortejarla a la bibliotecaria del vestido gris
de una manera muy peculiar
Pidió en préstamo libros que nunca leería
Quería que se fijara en él
llevando libros de alto contenido intelectual

Planeó llevarla a su casa algún día
Soñaba con la suavidad de su piel mientras se amaban
Pero ambos sabían que mientras soñaba aquello
Ella se iba a olvidar de todo en tan sólo diez minutos

Posee una belleza nada común que aún nadie descubrió
Que esconde tras de sus ojos cansados
Alguna vez le cae una lágrima
Que seca con la manga de su camisa
Se hizo el silencio al saber que sus esfuerzos eran en vano
que nunca le besará los párpados

Hefner. The Librarian, 1995