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Me gustaría comprar todos los libros

Me gustaría comprar todos los libros de Tolstoi y de Dostoievski que ya leí pero que no tengo en mi biblioteca. También los de Daudet. Y los de Victor Hugo. A veces me pregunto qué hice con esos libros, cómo fui capaz de perderlos, en dónde los perdí. Otras veces me pregunto para qué quiero tenerlos si ya los leí, que es la forma de tenerlos para siempre. La única respuesta posible es que los quiero para mis hijos. Sé que es una respuesta tramposa: uno tiene que salir de casa a buscar los libros que lo esperan.

Roberto Bolaño

Sobreinformación

«La gente se imagina a veces que, por el mero hecho de tener acceso a tantos periódicos, radios y canales de televisión, obtendrá infinidad de opiniones diferentes. Luego descubren que las cosas son justo al revés: el poder de estos altavoces sólo amplifica la opinión predominante en un momento determinado, hasta el punto de tapar cualquier otra opinión.»

Amin Maalouf, El primer siglo después de Beatrice

Valor de los bibliotecarios en un mundo de desinformación generada por IA

«En una sociedad inundada de información, confusión generada por la inteligencia artificial, desinformación y noticias falsas, los bibliotecarios son la primera y mejor línea de defensa: navegantes de confianza que nos ayudan a encontrar el sentido, la relevancia, las pruebas y el conocimiento práctico a partir de fuentes fiables.»

Abram, Stephen. “Save the Librarians.” The Lens, 2024. https://stephenslighthouse.com/2025/04/22/academic-database-comparisons/

Stephen Abram es bibliotecario y director de Lighthouse Consulting Inc. y director ejecutivo de la Federación de Bibliotecas Públicas de Ontario.

Librarians: documental sobre la censura de libros y el ataque a las bibliotecas

Snyder, Kim A. Librarians. 2024. IMDb. https://www.imdb.com/es-es/title/tt34966678/

A través de las historias de bibliotecarios comprometidos y valientes, el documental ofrece una reflexión crucial sobre lo que está en juego cuando se intenta restringir el acceso al conocimiento, especialmente en una época en la que las discusiones sobre la libertad de expresión son más relevantes que nunca.

El documental Librarians de Kim A. Snyder aborda una de las cuestiones más controvertidas y actuales en la cultura estadounidense: la censura de libros y el ataque a las bibliotecas como centros de libre acceso a la información. El enfoque del documental es profundamente personal y humano, centrándose en los bibliotecarios que han estado en la primera línea de resistencia contra la prohibición de libros, un tema especialmente relevante en los últimos años, particularmente en el contexto de políticas educativas en varios estados de EE. UU.

La historia de Librarians se inicia en Texas, un estado que ha sido escenario de numerosas batallas en torno a la censura de libros, pero rápidamente se expande a Florida, donde las tensiones aumentaron en 2024 cuando se retiraron libros que trataban sobre diversidad de género de las estanterías de las bibliotecas de las escuelas, algunos de los cuales fueron incluso destruidos. En este contexto, el documental captura la valentía de los bibliotecarios que desafían estas restricciones, a menudo arriesgando sus empleos, y presenta un retrato profundo de su lucha por proteger la libertad de expresión y el derecho a la educación.

El documental es especialmente significativo debido a su ubicación en Florida, que se ha convertido en un punto caliente en el debate sobre la censura de libros. En 2024, la ciudad de Sarasota, donde se realizó parte de la proyección del documental, vivió una controversia relacionada con la eliminación de libros considerados «inapropiados» en las bibliotecas locales, lo que le dio un aire de ironía al hecho de que el documental fuera proyectado en una universidad que había experimentado tales eventos. Esta conexión no pasa desapercibida para los realizadores ni para el público, lo que le otorga al proyecto una dimensión crítica y reflexiva sobre los desafíos de la libertad de información.

Los bibliotecarios que aparecen en Librarians son presentados no solo como figuras de resistencia ante la censura, sino también como los defensores del acceso a los conocimientos diversos y del derecho a la educación. El documental destaca sus historias personales, que van desde aquellos que enfrentan cargos criminales por sus acciones hasta aquellos que simplemente no pueden permanecer en silencio ante la injusticia de los intentos por suprimir la literatura. A lo largo de la película, se expone la desconcertante paradoja de que, mientras que los bibliotecarios son vistos tradicionalmente como guardianes neutrales del saber, ahora se ven forzados a actuar como defensores activos de los derechos civiles en un clima cada vez más polarizado.

El mensaje principal del documental es el papel esencial que juegan las bibliotecas y sus empleados en la preservación de la democracia. Los jurados del festival de cine de Sarasota, al otorgar el Premio del Jurado al Mejor Documental a Librarians, declararon que, en un momento en que diversas instituciones como universidades, bufetes de abogados y medios de comunicación están cediendo ante presiones externas, los bibliotecarios se han erigido como «improbables primeros respondedores» en la defensa de la democracia y la libertad de leer. Esta afirmación subraya la relevancia del trabajo de los bibliotecarios en la defensa de los valores fundamentales de la libertad de expresión y el acceso a la información, incluso cuando esos valores se ven amenazados.

Dune de Frank Herbert y la inteligencia artificial: la verdadera amenaza no son las máquinas, sino quienes las controlan

«Una vez los hombres entregaron su pensamiento a las máquinas con la esperanza de que esto les liberaría. Pero eso sólo permitió que otros hombres con máquinas los esclavizaran».

Frank Herbert, Dune

Frank Herbert, autor de Dune, ofrece en su obra una advertencia que trasciende los tópicos habituales de la ciencia ficción sobre inteligencia artificial. En lugar de imaginar máquinas autoconscientes que se rebelan contra la humanidad —como ocurre en Terminator o con HAL 9000 en 2001: Odisea del espacio—, Herbert sitúa el verdadero peligro no en la IA en sí, sino en los seres humanos que la crean y la controlan. En una frase clave que aparece en la Biblia Católica Naranja, Paul Atreides recuerda: «Hubo un tiempo en que los hombres entregaron su pensamiento a las máquinas con la esperanza de que eso los liberara. Pero eso solo permitió que otros hombres, con máquinas, los esclavizaran.» (Dune, pág. 14). Esta línea condensa una advertencia profundamente política, filosófica y atemporal.

Herbert denuncia el acto de renunciar al pensamiento propio, de delegar en sistemas automáticos lo que debería seguir siendo responsabilidad humana: el juicio, la reflexión y la toma de decisiones. El problema, según él, no es que las máquinas adquieran conciencia o se vuelvan más inteligentes que nosotros, sino que permitimos que nos reemplacen en funciones esenciales para nuestra autonomía. En ese sentido, Dune no plantea un problema de control técnico de la IA, sino un dilema existencial y ético: al dejar de pensar por nosotros mismos, quedamos a merced de quienes programan, gestionan o se benefician de esos sistemas.

Esta crítica se hace visible en el universo de Dune a través de su solución radical: después de una guerra apocalíptica contra las máquinas pensantes (la Yihad Butleriana), la humanidad renuncia por completo al desarrollo de inteligencias artificiales. En su lugar, decide potenciar al máximo las capacidades humanas, dando lugar a figuras como los Mentats (calculadores lógicos), las Bene Gesserit (entrenadas en el autocontrol y la manipulación mental) y los Navegantes de la Cofradía (capaces de prever rutas del espacio-tiempo). Todo esto responde a una visión en la que la evolución humana debe basarse en la interioridad, no en la externalización tecnológica.

Mientras otros autores de ciencia ficción, como Isaac Asimov, proponían leyes para controlar a los robots, o mostraban futuros donde la IA se descontrola, Herbert plantea que la verdadera esclavitud surge cuando dejamos que otros piensen por nosotros, aunque sea a través de máquinas muy eficientes. Su mensaje sigue teniendo una vigencia asombrosa: en plena era de algoritmos que condicionan nuestras elecciones, desde lo que compramos hasta lo que votamos, el peligro no está en la inteligencia de la IA, sino en la pasividad de los usuarios y en el poder acumulado por quienes la manejan.

Lejos de ser un tecnófobo, Herbert fue un visionario que supo ver que el mayor riesgo no es la rebelión de las máquinas, sino la rendición del pensamiento humano. Su obra es una llamada a no entregar nuestras decisiones más importantes —ni nuestra libertad— a sistemas que prometen eficiencia a costa de autonomía. En ese sentido, Dune ofrece una advertencia más relevante que nunca en la era de la inteligencia artificial.

Los bibliotecarios deben intentar fomentar la lectura

«Siempre he pensado que los bibliotecarios deben intentar fomentar la lectura, no criticarla. Lo que interesa es proporcionarle a la gente una buena experiencia. ¿Quién eres tú para juzgar cuál debe ser esa experiencia?»


ALISON WHEELER, miembro de la Orden del Imperio británico, exdirectora general de las Bibliotecas de Suffolk, activista bibliotecaria y miembro del consejo de administración del Chartered Institute of Library and Information Professionals

Ella era digital

Ella era digital

A principios de los años 80, España fue testigo de uno de los congresos de lo que en ese entonces era DOCUMAT, hoy conocido como Fesabid. Durante un debate, una bibliotecaria de apariencia tradicional sorprendió a todos al expresar su preferencia por lo digital. A simple vista, era el prototipo de la bibliotecaria clásica: gafas de pasta, moño recogido, falda de tablas gris a cuadros y zapatos de monja con calcetines. Los asistentes la miraron con sorpresa, expectantes de su argumento.

Con calma, la bibliotecaria explicó que, en realidad, prefería los sistemas manuales de fichas a los catálogos automatizados, ya que disfrutaba «usando los dígitos» para buscar libros. Su preferencia no se refería al concepto de digitalización en términos tecnológicos, sino a la experiencia táctil del sistema tradicional: le gustaba sumergirse en la actividad de pasar las fichas con los dedos (digitus en latín), una tarea que para ella representaba la esencia misma del trabajo bibliotecario. En su caso, los «dígitos» eran los dedos, no los bytes, y ese gesto le confería una conexión más profunda con el proceso de búsqueda.

Este contraste entre lo digital y lo manual, aunque irónico, refleja una división generacional que aún hoy persiste en muchos ámbitos profesionales. Mientras que los sistemas de automatización han transformado las bibliotecas, algunas personas, como ella, siguen valorando lo tangible, lo que les permite sentir una relación más directa con el objeto de su trabajo. En su caso, la máquina no podría reemplazar la satisfacción de los dedos recorriendo las fichas, una acción que, para ella, era tan esencial como la información misma.