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Como una novela: antimanual sobre la lectura

Como una novela / Daniel Pennac ; traducción de Joaquín Jordá
Pennac, Daniel
Barcelona : Anagrama, 1993
169 p

en la biblioteca de TRADUCCIÓN y DOCUMENTACIÓN

TD/028 PEN con

Esta obra insólita, un auténtico estímulo para la lectura, ha sido uno de los grandes fenómenos de la edición francesa reciente. Pennac, profesor de literatura en un instituto, se propone una tarea tan simple como necesaria en nuestros días: que el adolescente pierda el miedo a la lectura, que lea por placer, que se embarque en un libro como en una aventura personal y libremente elegida. Todo ello escrito como un monólogo desenfadado, de una alegría y entusiasmo contagiosos: «En realidad, no es un libro de reflexión sobre la lectura —dice el autor—, sino una tentativa de reconciliación con el libro».

Este antimanual de literatura concluye con un decálogo no de los deberes, sino de los derechos imprescindibles del lector (derecho a no terminar un libro, a releer, etc., incluso a no leer).

EXTRACTOS

El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo «amar»…, el verbo «soñar»… Claro que siempre se puede intentar. Adelante: «¡Ámame!» «¡Sueña!» «¡Lee!» «¡Lee! ¡Pero lee de una vez, te ordeno que leas, caramba!».

Es, en un principio, el buen lector que seguiría siendo si los adultos que lo rodean alimentaran su entusiasmo en lugar de poner a prueba su competencia, si estimularan su deseo de aprender en lugar de imponerle el deber de recitar, si le acompañaran en su esfuerzo sin contentarse con esperarle a la vuelta de la esquina, si consintieran en perder tardes en lugar de intentar ganar tiempo, si hicieran vibrar el presente sin blandir la amenaza del futuro, si se negaran a convertir en dura tarea lo que era un placer, si alimentaran este placer hasta que se transmutara en deber, si sustentaran este deber en la gratuidad de cualquier aprendizaje cultural, y recuperaran ellos mismos el placer de esta gratuidad.

Pero es, de manera más cotidiana, el refugio del libro contra la crepitación de la lluvia, el silencioso deslumbramiento de las páginas contra la cadencia del metro, la novela metida en el cajón de la secretaria, la breve lectura del profe cuando se largan los alumnos, y el alumno del fondo de la clase leyendo a escondidas, mientras espera a entregar el ejercicio en blanco.

Basta una condición para esta reconciliación con la lectura: no pedir nada a cambio. Absolutamente nada. No alzar ninguna muralla de conocimientos preliminares alrededor del libro. No plantear la más mínima pregunta. No encargar el más mínimo trabajo. No añadir ni una palabra a las de las páginas leídas. Ni juicio de valor, ni explicación de vocabulario, ni análisis de texto, ni indicación biográfica…

En los primeros días del año escolar, suelo pedir a mis alumnos que me describan una biblioteca. No una biblioteca municipal, no, sino el mueble, una librería. Aquella donde coloco mis libros. Y me describen un muro. Un acantilado del saber, rigurosamente ordenado, absolutamente impenetrable, una pared contra la que sólo se puede rebotar…

En materia de lectura, nosotros, «lectores», nos permitimos todos los derechos, comenzando por aquellos que negamos a los jóvenes a los que pretendemos iniciar en la lectura.

1) El derecho a no leer.
2) El derecho a saltamos las páginas.
3) El derecho a no terminar un libro.
4) El derecho a releer.
5) El derecho a leer cualquier cosa.
6) El derecho al bovarismo.
7) El derecho a leer en cualquier sitio.
8) El derecho a hojear.
9) El derecho a leer en voz alta.
10) El derecho a callamos.

Derechos del lector

Un recorrido fotográfico por la recién restaurada Biblioteca Viipuri de Alvar Aalto

Sala de lectura de la Biblioteca Viipuri de Alvar Aalto

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ver reportaje fotográfico

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Biblioteca Viipuri es una biblioteca situado en Vyborg (Finlandia), aunque estaba bajo dominio de Rusia cuando fue concebida por Alvar Aalto, -de ahí que también se le denomine Biblioteca Vyborg-. Se trata de unos de los proyectos arquitectónicos de bibliotecas más originales y que más influencia tuvo en la construcción de bibliotecas durante la segunda mitad el siglo XX. Las soluciones que propuso, hoy ya normales en cualquier biblioteca del mundo, pero fueron muy innovadoras en su tiempo; tanto el edificio como la concepción y distribución de los espacios, el mobiliario, decoración y el estudio de los condicionantes medioambientales.

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58 tragaluces de la sala de lectura.

Durante casi veinte años, El Comité finlandés para la Restauración de la Biblioteca Viipuri trabajó para restaurar el proyecto original de biblioteca desarrollado por Alvar Aalto, que ahora ha sido fotografiada exhaustivamente por Denis Esakov.

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Exterior de la biblioteca Vilpuri

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Las formas rectilíneas completamente blancas del exterior se contraponen por una serie de elementos elípticos, curvilíneas, a partir de los 58 tragaluces de la sala de lectura, que crea un elegante barrido de luz sobre la mesa de circulación y las escaleras centrales que van ascendiendo gradualmente.

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Mostrador de circulación

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La biblioteca también cuenta con un auditorio, con muebles originales, con un techo de madera ondulada muy en el gusto nórdico.

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Auditorio

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Construida en la era pre-digital, la biblioteca ha conservado algunas de las características de ahorro de espacio proyectadas en aquel tiempo, incluyendo estanterías móviles que se pueden ajustar con una palanca de rotación. Entonces una solución innovadora que ya es casi común para cualquier deposito de biblioteca.

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Estanterías móviles para ahorrar espacio

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Quien esté interesado en conocer más sobre este tema, hace unos años se publicó un excelente artículo en la revista Anales de Documentación que os dejo en esta página.

Fuentes Romero, J. J. “El edificio de la Biblioteca de Viipuri : Alvar Aalto, el humanismo innovador de un hacedor de bibliotecas.” Anales de documentación vol. 3, n. (2000).  pp. 67-79.http://www.um.es/ojs/index.php/analesdoc/article/view/2491

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Uso de la tecnología para romper las barreras de la velocidad de lectura

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Using Technology to Break the Speed Barrier of Reading: New research suggests that one of humanity’s most important inventions can be improved By Matthew H. Schneps | Scientific American September 8, 2015

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Los científicos están empezando a comprender que las decisiones sobre el diseño de una obra tienen su influencia en la forma en que el cerebro procesa la información visual. ¿Por qué algo tan simple como acortar las líneas de texto hace que sea posible leer más fácilmente? La teoría se basa en el estudio de seguimiento de los ojos, ya que las líneas más cortas ayudan a algunas personas que de otra manera tendrían serías dificultades de lectura, porque sirven para poner mayor atención y por tanto una mejor asimilación durante la lectura, ya que de este modo promueven un mayor interés en el seguimiento del texto.

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El libro como invención tecnológica, es un objeto de ingeniería cuya importancia y perdurabilidad a lo largo de los siglos le ha convertido en unas de las piezas mejor concebidas. Sin embargo, debido a la necesidad de una lectura nuclear (lineal) no es más que una herramienta diseñada en torno a un conjunto de compromisos y limitaciones que está lejos de ser perfecta en relación a las nuevas posibilidades tecnológicas.

El sistema de la lectura actual, -heredado de los antiguos escribas-, se ha perpetuado fundamentalmente debido a estas limitaciones de ingeniería que fueron relevantes en los siglos pasados, pero que ya no apropiadas en nuestra era de la información. Cuando los libros eran escasos, y pocas personas sabían leer, el hecho de que tuvieran alguna falla inherente en el diseño que pudiera dificultar la lectura no era motivo de preocupación. Pero hoy, en la era de los ordenadores -donde es posible descargar al instante prácticamente cualquier libro que haya sido publicada y leerlo en un dispositivo que llevamos en nuestra bolsillos- lo que limita nuestra lectura es la capacidad del cerebro para absorber el contenido disponible. El problema de nuestro milenio es que no es posible obtener en nuestras mentes suficientemente rápido toda la información que precisamos  para satisfacer nuestras necesidades.

Lo que pudo haber parecido una buena idea de diseño para la lectura de hace un milenio, no puede ser una buena idea hoy. Tomemos, por ejemplo, la forma y el espaciamiento de las letras. En los siglos antes de la invención de la imprenta, los escribas dedicaban una cantidad excesiva de tiempo para escribir un libro. Por lo tanto, la necesidad de trabajar de forma rápida probablemente influyó en el diseño de las formas de las letras que conocemos actualmente, ya que estas se formaron para hacer su dibujo a mano tan fluido y rápido como fuera posible. Otras restricciones de diseño que heredamos del pasado, que ya no son relevantes hoy en día, se relacionan con el alto costo de los materiales. El pergamino era caro. Esto llevó a que los símbolos utilizados en las primearas formas de escritura se comprimieran con el objeto de  meter más símbolos en una página – tanto es así que el espaciamiento e incluso la puntuación llegó a ser omitida y tuvo que ser introducida de nuevo en el siglo XII para facilitar la lectura.

Esta forma de juntar más las letras para ahorrar espacio fue en su día fue una brillante manera de ahorrar pergamino; si bien actualmente los científicos están empezando a comprender que esta decisión de diseño entra en conflicto con la forma en que el cerebro procesa la información visual. En 1970 Herman Bouma demostró que cuando los objetos están agrupados muy juntos -como el caso de las letras en los pergaminos-, esta agrupación interfiere con la capacidad del cerebro para discernir cada uno de los elementos de la agrupación, un fenómeno conocido como “hacinamiento”. Este fenómeno limita el número de letras que somos capaces de percibir a simple vista, tal como demostró en una investigación de Denis Pelli en 2007 en la que concluía que el hacinamiento limita la velocidad de lectura.

Reconociendo que ahora puede ser el momento de reconsiderar el diseño tradicional de la lectura, una grupo de investigación llamado Guttenbergs – compuesto por científicos y tecnólogos de todo el mundo – están empezando a buscar soluciones de ingeniería innovadoras destinadas a hacer la lectura más eficiente y eficaz para más personas. Su objetivo final es volver a inventar la lectura en función de que ya no estamos limitados por las restricciones de diseño anacrónicas impuestas por la pluma y el lápiz, para idear una nueva forma de lectura limitada sólo por la capacidad del cerebro humano.

En 2013 la Fundación Nacional para la Ciencia, llevó a cabo una investigación con una pequeña muestra de más de 100 estudiantes de secundaria con dislexia, utilizando técnicas que incluyeron el seguimiento de los ojos, que pudo confirmar que los formatos en línea más cortos producen beneficio en las personas con problemas con la lectura.

Aunque los teléfonos inteligentes aún no se habían inventado cuando Gadi Geiger y Gerome Lettvin en el MIT, junto a Keith Rayner y sus colegas de la Universidad de Massachusetts Amherst hicieron una investigación en la década de 1980, sobre casos de individuos cuyos problemas con la lectura fueron mejoradas al restringir el lapso de texto procesado durante la misma. Y más tarde, ya en la era de los ordenadores, teléfonos inteligentes y lectores electrónicos, más gente comenzó a notar este efecto, tal como demostró David Knight que creo un sistemas web para ayudar a las personas a acortar líneas, que él llamó “tipo amable”. También Marco Zorzi y sus colegas en Italia y Francia demostraron en 2012 que cuando se incrementa el espaciado entre letras para reducir el hacinamiento, los niños con dislexia leen con mayor eficacia.

En la actualidad las posibilidades que ofrece el formato digital hace posible que podamos rediseñar el formato, espaciado, tipología de letra, márgenes y hasta cabeceras a nuestro gusto, lo que hace posible poder leer en pantallas pequeñas como las de un teléfono inteligentes sin grandes dificultades.

¿Por qué algo tan simple como acortar las líneas de texto hace que sea posible leer más fácilmente? La teoría se basa en el estudio de seguimiento de los ojos, ya que las líneas más cortas ayudan a algunas personas que de otra manera tendrían serías dificultades de lectura, y esto ocurre sobre todo porque sirven para que el lector ponga mayor atención y por tanto una mejor asimilación durante la lectura, lo que a su vez promueve un mayor interés en el seguimiento del texto por parte del sujeto lector.