Archivo de la etiqueta: Medio Ambiente

Google revela el costo ambiental de Gemini: menos energía por consulta, pero más emisiones globales

Crownhart, Casey. 2025.In a First, Google Has Released Data on How Much Energy an AI Prompt Uses.” MIT Technology Review, August 21, 2025. https://www.technologyreview.com/2025/08/21/1122288/google-gemini-ai-energy

Google ha publicado un informe técnico detallado sobre la huella ambiental de su modelo de IA Gemini, destacando métricas clave como energía, emisiones de carbono y consumo de agua por cada consulta de texto, algo poco común entre empresas del sector

Según este estudio, la consulta mediana de texto en Gemini utiliza aproximadamente 0,24 vatios-hora, una cifra equivalente a ver la televisión durante menos de nueve segundos. Además, la emisión de carbono por consulta es de 0,03 gramos de CO₂ equivalente, y el consumo de agua asciende a 0,26 ml, es decir, alrededor de cinco gotas.

Estos avances reflejan una mejora notable en eficiencia: en el último año, el consumo energético por consulta cayó 33 veces, mientras que la huella de carbono disminuyó 44 veces, todo esto mientras mejoraba la calidad de las respuestas de Gemini

Google atribuye estos logros a una estrategia integral que abarca desde el diseño de hardware y algoritmos más eficientes hasta mejoras en modelos y centro de datos alimentados por energías limpias .

No obstante, expertos han planteado críticas sobre el enfoque de Google, señalando que sus estimaciones podrían ser engañosas, ya que omiten impactos indirectos como el uso de agua adicional y una contabilización optimista de las emisiones de carbono (basada en el mercado).

Aun así, a pesar de la aparente eficiencia por consulta, el consumo total de energía y agua sigue siendo relevante, especialmente considerando la escala global del uso de IA

Finalmente, aunque la empresa ha avanzado en eficiencia y transparencia, su huella global de emisiones ha aumentado —un 51 % desde 2019— principalmente por la creciente demanda energética derivada del uso de IA y el crecimiento de sus centros de datos

La demanda de electricidad de los centros de datos por el auge de la inteligencia artificial (IA) se duplicará para 2030.

Melo, María Florencia. “La IA dispara el consumo energético global.Statista, 11 de abril de 2025. https://es.statista.com/grafico/34292/generacion-de-electricidad-para-abastecer-los-centros-de-datos-por-fuente-de-energia/.

Un informe reciente de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) advierte que la demanda de electricidad de los centros de datos —especialmente por el auge de la inteligencia artificial (IA)— se duplicará para 2030. Se espera que casi la mitad de esta energía provenga de fuentes renovables como la solar, eólica e hidráulica, aunque el gas natural, el carbón y la energía nuclear seguirán teniendo un papel importante.

La revolución tecnológica liderada por la inteligencia artificial (IA) está generando transformaciones profundas en el ámbito energético. Según un informe publicado por la Agencia Internacional de la Energía (IEA) en abril de 2025, la demanda eléctrica de los centros de datos —infraestructuras esenciales para el funcionamiento de la IA, la computación en la nube, el almacenamiento de datos y los servicios digitales— se duplicará con creces en los próximos cinco años.

El aumento de la demanda no será uniforme a nivel global. En países como Estados Unidos, Japón o Malasia, se prevé que los centros de datos representen entre una quinta parte y más de la mitad del incremento total en el consumo eléctrico.

El gráfico de Statista muestra que a nivel global el consumo de electricidad de los centros de datos aumentará notablemente entre 2025 y 2035. China seguirá dependiendo del carbón más que Estados Unidos, que recurrirá más al gas natural y reducirá su uso de carbón. Ambos países aumentarán considerablemente su generación a partir de fuentes solares y eólicas.

El aumento en el uso de energía trae consigo una consecuencia directa: las emisiones de carbono. Actualmente, los centros de datos emiten unas 180 millones de toneladas de CO₂ indirectamente, lo que representa un 0,5 % de todas las emisiones globales relacionadas con la combustión. Esta cifra podría aumentar si no se adoptan medidas correctoras.

No obstante, la IEA subraya que la IA no es solo parte del problema, sino también parte de la solución. Si se aplica correctamente, puede contribuir a optimizar redes eléctricas, reducir el consumo en industrias clave y acelerar el desarrollo de tecnologías limpias como baterías de alta capacidad o sistemas solares más eficientes.

El consumo de energía de la inteligencia artificial se dispara junto con la huella climática

Metz, Cade. “Artificial Intelligence’s Energy Use Is Skyrocketing — Along with Its Climate Footprint.” MIT Technology Review, May 20, 2025. https://www.technologyreview.com/2025/05/20/1116327/ai-energy-usage-climate-footprint-big-tech/.

La inteligencia artificial está generando una demanda energética descomunal. A medida que los modelos se vuelven más grandes y se utilizan con mayor frecuencia, los centros de datos necesitan más electricidad que nunca.

En 2022, consumieron alrededor de 460 teravatios-hora (TWh), pero se estima que esa cifra superará los 1.000 TWh para 2026, lo cual equivale al consumo eléctrico anual de un país como Japón. En la actualidad, la IA representa ya hasta el 20 % del uso energético de los centros de datos, y se prevé que alcance el 50 % antes de que termine el año.

Además de la electricidad, el enfriamiento de los centros de datos exige enormes cantidades de agua. Muchos de ellos utilizan sistemas de refrigeración por evaporación que requieren cientos de miles de litros diarios. Se calcula que el uso de agua asociado a la IA podría ascender a entre 4.200 y 6.600 millones de metros cúbicos anuales para 2027, más que el consumo total del Reino Unido. En 2022, solo Google, Meta y Microsoft usaron en conjunto más de 2.200 millones de metros cúbicos de agua, a menudo en zonas propensas a la sequía.

El impacto climático también es preocupante. Entrenar grandes modelos de IA, como GPT-3, puede emitir tanto CO₂ como varios cientos de vuelos de larga distancia. Aunque las empresas tecnológicas han prometido usar fuentes renovables o incluso energía nuclear, las emisiones totales siguen aumentando. Por ejemplo, las emisiones de Google aumentaron un 48 % entre 2019 y 2023 debido en gran parte al crecimiento de la IA y de sus centros de datos.

Si bien se están logrando mejoras en la eficiencia de los chips y en la gestión de los centros de datos, existe el riesgo de un “efecto rebote”: si hacer cada tarea es más barato y rápido, se hacen muchas más, lo que termina aumentando el consumo global. Por otro lado, la IA también podría contribuir a combatir el cambio climático si se aplica a la optimización de redes eléctricas, energías renovables o captura de carbono. Sin embargo, estos beneficios podrían quedar neutralizados por los altos costes energéticos de su implementación.

Finalmente, tanto los gobiernos como las organizaciones internacionales están comenzando a exigir más transparencia sobre el uso de energía y agua por parte de los modelos de IA. Empresas como Microsoft están invirtiendo en energías alternativas, incluyendo reactores nucleares para alimentar sus centros de datos. Pero el artículo advierte que, sin regulación y prácticas sostenibles, el impacto ambiental de la IA podría eclipsar sus promesas tecnológicas.

¿Es sostenible el consumo energético de la inteligencia artificial?

Rajkumar, Radhika, y Sabrina Ortiz. «How Much Energy Does AI Really Use? The Answer Is Surprising — and a Little ComplicatedZDNet. Última modificación marzo 27, 2024. https://www.zdnet.com/article/how-much-energy-does-ai-really-use-the-answer-is-surprising-and-a-little-complicated/

La inteligencia artificial (IA) se ha consolidado como una tecnología esencial en múltiples sectores, pero su desarrollo y operación requieren un consumo energético considerable que plantea importantes retos ambientales. El gasto de energía asociado a la IA no es uniforme, sino que varía según las etapas de su ciclo de vida, principalmente el entrenamiento de modelos y la fase de inferencia o uso.

Durante el entrenamiento, que consiste en “enseñar” a los modelos de IA a partir de grandes cantidades de datos, se utiliza una enorme potencia computacional. Esta etapa es la más intensiva en consumo energético, ya que involucra grandes centros de procesamiento que pueden consumir decenas de megavatios durante días o semanas. Entrenar un solo modelo avanzado puede requerir tanta energía como la que consumen varias viviendas durante un año. Esto refleja la escala y complejidad del esfuerzo necesario para desarrollar IA de última generación.

Por otro lado, la fase de inferencia, en la que el modelo responde a consultas o realiza tareas específicas, consume mucha menos energía por operación individual. Sin embargo, dado el incremento exponencial en la demanda de estas herramientas, el consumo acumulado también es considerable. Además, la infraestructura de soporte, como los centros de datos que albergan los equipos y los sistemas de refrigeración, representa un porcentaje importante del gasto energético total.

Las proyecciones a futuro señalan que el consumo energético de la IA seguirá aumentando drásticamente. Para 2030, se estima que los centros de datos dedicados a IA podrían representar hasta el 17% del consumo eléctrico total de Estados Unidos, una cifra que subraya la necesidad urgente de soluciones para hacer más sostenible esta tecnología. Esta demanda creciente está impulsando la construcción y expansión de centros de datos, que requieren cada vez más fuentes de energía.

Como admitió recientemente en un artículo de opinión la doctora Sasha Luccioni, responsable de IA y clima en la plataforma de desarrollo Hugging Face, todavía no sabemos realmente cuánta energía consume la IA, porque muy pocas empresas publican datos sobre su uso. Sin embargo, varios estudios indican que el consumo de energía va en aumento, impulsado por la creciente demanda de IA. Un análisis de 2024 Berkeley Lab descubrió que el consumo de electricidad ha crecido exponencialmente a la par que la IA en los últimos años.

Los servidores acelerados por GPU -hardware utilizado específicamente para IA- se multiplicaron en 2017; un año después, los centros de datos representaban casi el 2% del consumo anual total de electricidad en Estados Unidos, y esa cifra crecía anualmente un 7%. En 2023, esa tasa de crecimiento se había disparado hasta el 18%, y se prevé que alcance el 27% en 2028. Aunque no podamos empalmar cuánta energía de los centros de datos se gasta en IA, la tendencia entre más consumo y expansión de la IA es clara. Boston Consulting Group estima que los centros de datos representarán el 7,5% de todo el consumo eléctrico de Estados Unidos en 2030, o el equivalente a 40 millones de hogares estadounidenses.

En respuesta a estos desafíos, la industria tecnológica está invirtiendo en mejorar la eficiencia energética mediante el desarrollo de hardware más eficiente y la optimización de los modelos de IA para reducir su necesidad computacional. Paralelamente, se promueve el uso de fuentes de energía renovables, como la solar y la eólica, e incluso la energía nuclear, para alimentar estas instalaciones con un menor impacto ambiental. Donald Trump anunció el Proyecto Stargate, una iniciativa de 500.000 millones de dólares apoyada por empresas como OpenAI, Softbank y Oracle para construir «colosales» centros de datos de 500.000 metros cuadrados. Estas empresas son conocidas como hiperescaladores, un grupo pequeño pero dominante de corporaciones como Microsoft, Google, Meta y AWS que están construyendo la mayor parte de la infraestructura.

Finalmente, el consumo energético de la IA no es solo un asunto técnico, sino también ético y social. Es imprescindible balancear la huella de carbono con los beneficios sociales y económicos que ofrece la inteligencia artificial. Asimismo, es fundamental fomentar la transparencia y la responsabilidad en el uso y desarrollo de estas tecnologías para asegurar que sean sostenibles y beneficiosas para la sociedad en su conjunto.

Datos clave sobre el consumo energético de la IA

  • Crecimiento acelerado:
    • En 2018, los centros de datos representaban casi el 2% del consumo eléctrico anual de EE. UU.
    • Para 2023, ese crecimiento se aceleró al 18% anual
    • Se proyecta que alcance hasta un 27% anual para 2028
  • Infraestructura intensiva:
    • La IA requiere chips potentes, múltiples GPUs y centros de datos masivos
    • Entrenar modelos de IA consume mucho más que tareas informáticas tradicionales
  • Impacto de una sola consulta:
    • Una simple pregunta a un chatbot puede consumir tanta energía como una bombilla LED encendida durante 45 minutos
  • El “cloud” no es etéreo:
    • Lo que llamamos “la nube” son en realidad centros físicos de datos que consumen grandes cantidades de electricidad para almacenar y procesar datos
  • Tendencia a la expansión:
    • A medida que la IA se vuelve más accesible y barata, la demanda de estos centros de datos crece exponencialmente

El dilema energético de la IA: ¿pueden las GPU seguir el ritmo de la creciente demanda?

Sanjana B. (2025, junio). AI’s energy dilemma: Can GPUs keep up with the rising demand? BusinessLine

Ver completo

En un contexto donde el desarrollo de modelos de inteligencia artificial (IA) crece a un ritmo vertiginoso, el artículo de BusinessLine analiza el desafío energético que esto representa, centrándose en el uso intensivo de GPUs. Las unidades de procesamiento gráfico, que han sido forzadas a evolucionar para dar soporte a estos modelos complejos, operan normalmente entre 300 y 700 W cada una, generando enormes cantidades de calor y exigiendo mayores recursos para su refrigeración .

Se señala que los centros de datos dedicados al entrenamiento de IA ya demandan niveles de energía comparables a países pequeños, con la posibilidad de superar pronto a naciones como Japón si no se implementan mejoras sustanciales. Esta situación ha llevado a que responsables técnicos, incluidos altos directivos como el CEO de OpenAI, advirtieran que las GPUs están alcanzando temperaturas críticas, lo que incrementa el riesgo de fallos y eleva los costes operacionales

Frente a este panorama, el texto propone varias líneas de respuesta: por un lado, mejorar la eficiencia técnica mediante optimizaciones de software, como la poda de modelos o la cuantización, y el desarrollo de nuevos algoritmos y chips más eficientes; por otro, introducir mejoras en los sistemas de refrigeración, desde soluciones líquidas en centros muy exigidos hasta la adopción de IA directamente en dispositivos (on‑device AI), lo que reduce considerablemente la energía consumida por la transmisión de datos al ‘cloud’ .

A su vez, expertos advierten sobre los costes ambientales adicionales: la fabricación de GPUs involucra extracción de materiales escasos y procesos contaminantes, mientras que la energía —aún dependiente en gran parte de combustibles fósiles— aumenta la huella de carbono de estos centros de datos . Innovaciones como hardware neuromórfico podrían ofrecer eficiencia energética a gran escala, aunque aún no están maduras para el entorno comercial

Por último, el artículo resalta la necesidad de abordar el problema desde una perspectiva sistémica. No basta con aumentar el número de GPUs, pues sin infraestructuras eléctricas robustas y energía limpia la expansión de la IA será insostenible. Países como Singapur o Irlanda ya han limitado la construcción de nuevos centros de datos, y se espera que las regulaciones evolucionen para incluir métricas de eficiencia y emisiones.

Las bibliotecas impulsan la educación para el desarrollo sostenible

IFLA. “Call for Book Chapters — ‘Libraries Driving Education for Sustainable Development’.” IFLA News, 20 de agosto de 2023

Descargar

Las bibliotecas, especialmente las bibliotecas verdes y sostenibles, merecen un reconocimiento destacado como instituciones de aprendizaje y socios impulsores activos de la Educación para el Desarrollo Sostenible y que apoyan los esfuerzos de sostenibilidad de sus gobiernos.

El libro hace referencia al programa educativo EDS para 2030 de la UNESCO. En línea con la Declaración de Berlín sobre la EDS y el programa de la UNESCO, el libro se centra en enfoques innovadores y proyectos de educación informal, creados e impartidos por bibliotecas verdes y sostenibles. Las bibliotecas impulsan la Educación para el Desarrollo Sostenible

El proyecto está alineado con el Programa de Educación para el Desarrollo Sostenible de la UNESCO y busca visibilizar el papel de las bibliotecas—públicas, escolares, académicas, etc.—como actoras fundamentales en la educación para la sostenibilidad. A través de experiencias e iniciativas innovadoras, se quiere demostrar cómo las bibliotecas contribuyen directamente a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU .

El volumen recolectará capítulos que analicen distintos ámbitos:

  1. El papel transformador de las bibliotecas en el entorno educativo sostenible.
  2. Proyectos de educación ambiental, cambio climático, economía circular y ciudadanía científica.
  3. Servicios educativos dedicados a grupos vulnerables: infancia, mujeres, minorías, etc.
  4. Espacios seguros e inclusivos para la formación en competencias útiles para combatir la pobreza

Las bibliotecas impulsan la educación para el desarrollo sostenible

Hauke, P., Mocatta, A., & Pun, P. N. I. (Eds.). Libraries Driving Education for Sustainable Development. De Gruyter, 2025

Texto completo

El libro hace referencia al programa de Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS) para 2030 de la UNESCO, destacando su importancia como marco global que promueve la integración de los principios del desarrollo sostenible en todos los niveles y contextos educativos. En este sentido, se subraya el papel fundamental que desempeñan las bibliotecas —y en particular las bibliotecas verdes y sostenibles— como instituciones clave de aprendizaje a lo largo de la vida y como aliadas estratégicas en la implementación de dicha agenda.

Las bibliotecas no solo proporcionan acceso a la información, sino que también actúan como centros de participación comunitaria, reflexión crítica y acción transformadora en favor de la sostenibilidad. Por ello, el texto apoya que merecen un reconocimiento destacado como espacios educativos no formales que contribuyen activamente a los objetivos de desarrollo sostenible y respaldan las políticas de sostenibilidad impulsadas por los gobiernos nacionales y locales.

En consonancia con la Declaración de Berlín sobre Educación para el Desarrollo Sostenible y el programa EDS 2030 de la UNESCO, el libro pone especial atención en enfoques pedagógicos innovadores y en proyectos educativos informales desarrollados y ofrecidos por bibliotecas verdes. Estas iniciativas abarcan desde talleres de sensibilización medioambiental hasta programas de alfabetización ecológica, pasando por acciones de co-creación con la comunidad orientadas a promover prácticas sostenibles. De este modo, se evidencia cómo las bibliotecas pueden ser agentes de cambio en la construcción de sociedades más justas, resilientes y comprometidas con el futuro del planeta.

Los líderes en sostenibilidad en bibliotecas hablan sobre papel clave de las bibliotecas en la sostenibilidad y la resiliencia comunitaria ante el cambio climático

American Libraries Magazine. «Sustaining for the FutureAmerican Libraries, 3 de marzo de 2025. https://americanlibrariesmagazine.org/2025/03/03/sustaining-for-the-future/

Con el aceleramiento del cambio climático provocado por el ser humano, las bibliotecas están desempeñando un papel cada vez más importante en ayudar a sus comunidades a navegar a través de calamidades ambientales.

La biblioteca pública del centro de Asheville, Carolina del Norte, por ejemplo, fue un faro de conectividad después de que las inundaciones del huracán Helene interrumpieran el servicio de Wi-Fi en la zona en septiembre de 2024. Y durante los incendios forestales del sur de California en enero, los residentes encontraron recursos en las bibliotecas del área de Los Ángeles, donde podían acceder a internet, estaciones de carga, agua y baños.

Pero proporcionar acceso a tecnología, refugio e información después de eventos climáticos extremos es solo una de las formas en que las bibliotecas están lidiando con la sostenibilidad. Muchas también están guiando a las comunidades con información para abordar amenazas ecológicas urgentes y emergentes, como la contaminación del aire y el agua, la inseguridad alimentaria y el agotamiento de los recursos naturales, así como las interrupciones económicas, políticas y sociales.

Las bibliotecas también están trabajando para preservar sus colecciones frente a desastres, proteger la cultura comunitaria y reducir el impacto ambiental de sus edificios y operaciones. Muchas bibliotecas están abordando estos desafíos de maneras diversas, permitiendo múltiples puntos de entrada.

“Las pequeñas cosas suman,” dice René Tanner, bibliotecario de ciencias y jefe de los servicios de investigación en Rollins College en Winter Park, Florida. “Algunas cosas llevarán tiempo y un cambio cultural, pero puedes empezar donde estés y en el nivel que tenga sentido para tu biblioteca.”

En 2019, la Asociación Americana de Bibliotecas (ALA) adoptó la sostenibilidad como uno de los valores fundamentales de la bibliotecología para ayudar a guiar a sus miembros en el desarrollo de instituciones más sostenibles. El Comité de Sostenibilidad de la ALA (Sustain-RT), la Guía de Sostenibilidad de la ALA y un informe de sostenibilidad de 2022 son algunas de las acciones en curso para proporcionar apoyo a estos esfuerzos.

American Libraries contactó a cinco trabajadores de bibliotecas que lideran iniciativas y investigaciones sobre sostenibilidad en la profesión. Ellos discuten cómo los miembros del personal pueden implementar esfuerzos sostenibles, qué marcos ayudan a impulsar este trabajo y qué obstáculos pueden surgir.

A medida que el cambio climático trae nuevas amenazas para las bibliotecas y las comunidades a las que sirven, ¿qué adaptaciones son necesarias para mitigar los desastres?

García-Febo: Las bibliotecas deben fortalecer su infraestructura para resistir eventos climáticos extremos, implementar planes de recuperación ante desastres, digitalizar colecciones para su preservación y colaborar con agencias locales para la resiliencia comunitaria. Además, incorporar diseños de edificios conscientes del clima y prácticas sostenibles ayudará a mitigar riesgos futuros. Las asociaciones con agencias gubernamentales locales pueden ayudar con los planes de recuperación.

Tanner: Una reciente encuesta nacional, que se publicará en febrero en Electronic Green Journal de UCLA Library, encontró que aproximadamente la mitad de las bibliotecas tienen un plan de gestión de desastres. Por lo tanto, existe una necesidad urgente de que las bibliotecas en general se preparen. La geografía juega un papel importante; los planes deben desarrollarse con los eventos climáticos más probables para tu área en mente. La ALA tiene una guía de recursos dedicada a la preparación de bibliotecas y la respuesta ante desastres. Si tu biblioteca tiene un plan, discútelo con tus colegas para asegurarte de que todos estén al tanto. Estos planes deben revisarse y discutirse anualmente. Si tu biblioteca no tiene un plan de gestión de desastres, es un buen momento para desarrollarlo.

¿Cómo pueden las bibliotecas y los trabajadores de bibliotecas también preparar a nuestras comunidades?

Witzig: Para las personas, las bibliotecas pueden priorizar la enseñanza y proporcionar recursos para aprender habilidades de vida, artes creativas y prácticas sostenibles, ya que los desastres naturales son a menudo consecuencia del impacto humano en el planeta. Y una triste realidad es que la preparación ante desastres es una de esas habilidades que todos deben tener.

Las bibliotecas pueden seguir vinculando a los individuos con organizaciones comunitarias que ofrezcan apoyo en diversas áreas y a diferentes comunidades. Pueden compartir información para que las comunidades puedan abogar colectivamente por políticas y servicios gubernamentales que beneficien a todos y a la Tierra.

Además, las bibliotecas pueden enfatizar una relación con la tierra que habitamos; esto se puede hacer creando jardines comunitarios para modelar el cuidado de la tierra, proporcionando y comprando alimentos y productos locales, y estando en buenas relaciones con las comunidades que tienen conocimiento de la tierra desde tiempos inmemoriales.

¿Cómo se ha involucrado tu institución en prácticas sostenibles?

Bollerman: La Biblioteca Pública de Hauppauge (Nueva York) completó el programa de certificación de la Iniciativa de Bibliotecas Sostenibles (SLI). Hicimos un análisis profundo de la forma en que tomamos decisiones e intentamos centrarlas en ser más sostenibles: ecológicamente responsables, socialmente equitativas y económicamente viables. SLI ha estado trabajando durante casi 10 años para proporcionar a los líderes de bibliotecas un camino comprobado para co-crear bibliotecas y comunidades que prosperen en los próximos años.

Tanner: Tenemos muchos programas y prácticas bibliotecarias que destacan la sostenibilidad. Una iniciativa popular es nuestro programa de préstamo de bicicletas. A través del programa, los estudiantes pueden alquilar una bicicleta durante el semestre por $50 o 10 horas de trabajo voluntario. También estamos colaborando con la Alianza de Agua Dulce de Rollins [un programa en la universidad] para ampliar la conciencia sobre el valor y la importancia del agua dulce más allá de su utilidad. En cuanto a promover el compartir, eliminamos un desincentivo para el préstamo de recursos y ya no cobramos multas por devoluciones tardías. También tenemos una estación de llenado de agua sin contacto en la biblioteca, lo que fomenta el uso de botellas de agua reutilizables.

¿Cuáles son algunas formas cotidianas en que las bibliotecas pueden ser ecológicas?

Bollerman: Repensar, rechazar, reducir, reutilizar, reparar, regalar y reciclar. Las bibliotecas ya son líderes en sus comunidades en la reducción del consumo—compartimos. Además, también somos excelentes en reutilizar objetos, especialmente para manualidades. Ampliar nuestro pensamiento para hacer preguntas básicas como “¿Necesitamos esto?” comienza a abrir conversaciones tanto a nivel personal como profesional sobre cómo consumimos. Tratamos de dar el ejemplo. Hemos eliminado nuestros artículos de catering de un solo uso, incluidos los manteles, a casi cero. Organizamos eventos para promover la reutilización y reparación de bienes.

Filar Williams: Lo que necesitamos hacer es tanto adaptarnos como mitigar. Las bibliotecas pueden trabajar en reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. La Estrategia Nacional de Acción Climática recomienda una meta para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 43% respecto a los niveles de 2015 para 2030 y lograr emisiones netas cero para 2050. Algunas formas de mitigar incluyen realizar una auditoría energética y establecer un punto de referencia para las emisiones de gases de efecto invernadero para encontrar formas de reducir o cambiar el uso de energía, incluyendo el cambio a energías renovables. Analizar los costos de transporte, crear diseños pasivos en los edificios, realizar una auditoría del agua. Establecer estos procesos permitirá articular y comunicar cuán sostenible es la biblioteca y permitirá comprender sus desafíos y encontrar oportunidades para mejorar.

¿Cómo pueden las bibliotecas abordar la sostenibilidad de una manera interseccional y justa?

Witzig: Las bibliotecas pueden y deben diversificar las perspectivas en el campo de la información. Desde un solo punto de vista, es posible ver solo una fracción de la verdad. Si las instituciones invitan y comprometen proactivamente diversas perspectivas, pueden ver con una profundidad y amplitud que antes era imposible. Ya existen iniciativas beneficiosas para tratar de elevar las voces marginadas, pero crear un ecosistema verdaderamente sostenible requiere un nivel de introspección que, en nuestro sistema actual insostenible, se ha perdido, ignorado o desafiado abiertamente.

Los individuos tienen la responsabilidad con sus comunidades de interrogar sus propios prejuicios y entender qué privilegios les han sido otorgados. Este trabajo interior es un requisito previo para la creación de una comunidad de práctica donde otros puedan ser invitados a la conversación sobre sostenibilidad. Las instituciones tienen la responsabilidad de crear espacio para estas conversaciones y apoyar materialmente las acciones que resulten de ellas. Las organizaciones tienen la responsabilidad de evaluar constantemente el equilibrio entre el beneficio

Bibliotecas que se iluminan con el sol: hacia la autosuficiencia energética

Balzer, Cass. 2025. «The Net-Zero Revolution: Libraries Strive to Generate as Much Energy as They ConsumeAmerican Libraries, March 3, 2025. https://americanlibrariesmagazine.org/2025/03/03/the-net-zero-revolution/

La Biblioteca Pública de Medford (Massachusetts), construida originalmente en 1960, estaba lejos de ser eficiente: su sistema de calefacción era anticuado, el techo plano se inundaba con cada tormenta y la iluminación era mínima, encendida o apagada sin más opciones. Sin embargo, en 2017, gracias a un presupuesto municipal y al fuerte apoyo ciudadano, se aprobó la construcción de un nuevo edificio moderno y ecológico. Esta renovación culminó en un diseño de energía neta cero: un edificio capaz de generar tanta energía como la que consume.

Una nueva biblioteca sustentable y eficiente

El nuevo edificio de la biblioteca de Medford, diseñado por la firma Schwartz/Silver Architects, incorpora 700 paneles solares en su techo, que generan anualmente unos 340.000 kilovatios, suficiente para alimentar un coche eléctrico durante 1 millón de millas. Además, se construyó parcialmente incrustado en una colina para aprovechar el aislamiento natural y se instalaron ventanas clerestorias para aprovechar la luz natural, reduciendo así el consumo eléctrico.

Según la directora de la biblioteca, Barbara Kerr, los costes anuales de energía del antiguo edificio eran de 60.000 dólares. Hoy, no solo se han eliminado esos gastos, sino que la biblioteca recibe pagos por la energía excedente que devuelve a la red, con cheques de hasta 2.000 dólares en los meses de verano.

Pequeños pasos que también suman

No todas las bibliotecas tienen que iniciar una construcción desde cero para avanzar hacia la sostenibilidad. La biblioteca Daybreak, en el condado de Salt Lake (Utah), logró la certificación de energía neta cero en 2024 realizando pequeños ajustes en su edificio, inaugurado en 2022 y ya con certificación LEED Gold.

Su directora, Leslie Schow, adoptó medidas prácticas: apagar luces innecesarias, monitores de ordenador cuando no se usan, y reducir el uso de calefactores individuales. Combinadas con tecnologías existentes como tubos solares para iluminación natural y un sistema geotérmico bajo el aparcamiento, estas acciones sumaron una diferencia significativa.

Arquitectura que educa

En la Biblioteca Stevens del colegio Sacred Heart, en California, el diseño sustentable no solo es funcional, sino que también enseña. Desde su apertura en 2012, y certificación neta cero en 2015, el edificio incorpora elementos como recolección de aguas pluviales, bioswales para filtrar el agua de lluvia, y jardineras de bajo consumo hídrico. Estos elementos están señalizados para concienciar a estudiantes y personal sobre la importancia del ahorro de agua.

Incluso con la adición de un makerspace (espacio creativo con herramientas electrónicas y carpintería), el sistema solar de la biblioteca ha soportado la carga, permitiendo que actividades escolares como la fabricación de topes de puerta se integren dentro de un entorno de sostenibilidad.

Progresos graduales hacia el futuro

Para bibliotecas que desean mejorar su sostenibilidad, las auditorías energéticas son clave, señala Dillon Buchberg, gestor de energía de la Biblioteca Pública de Brooklyn (BPL). Estas permiten identificar los edificios menos eficientes y priorizar intervenciones.

El objetivo de BPL es lograr emisiones netas cero en 2050, en línea con un mandato municipal. Su primera sucursal con energía neta cero, en Red Hook, abrirá en 2025. Mientras tanto, ya se han hecho mejoras como sustitución de iluminación, sistemas de control energético y climatización eficiente. Una vez reducida al mínimo la demanda energética, planean invertir en tecnologías renovables.

Además, la red de bibliotecas ha invertido en resiliencia ante desastres: tras el huracán Sandy, cuatro sucursales recibieron paneles solares con baterías de respaldo, que permiten que dos de ellas funcionen como centros de emergencia y distribución. Las otras dos disponen de tomas de corriente accesibles desde el exterior para que la comunidad pueda cargar dispositivos en caso de emergencia.

Inspirando cambios sostenibles

En palabras de Leslie Schow, cuando una biblioteca se convierte en un edificio eficiente energéticamente, también se convierte en un ejemplo para la comunidad, demostrando lo que se puede lograr a nivel individual y colectivo. Así, estas instituciones no solo ahorran energía, sino que también promueven una cultura de sostenibilidad que se irradia más allá de sus paredes.

Un estudio del MIT confirma la recuperación de la capa de ozono de la antártida gracias a la reducción global de CFCs

Chu, Jennifer. «Study: The Ozone Hole Is Healing, Thanks to Global Reduction of CFCsMIT News, March 5, 2025. https://news.mit.edu/2025/study-healing-ozone-hole-global-reduction-cfcs-0305

Un estudio reciente liderado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha confirmado que la capa de ozono sobre la Antártida está mostrando signos claros de recuperación, un fenómeno atribuido directamente a los esfuerzos globales para reducir las sustancias que agotan el ozono. Publicado en la prestigiosa revista Nature, este avance científico muestra con un 95% de confianza que la recuperación observada en la capa de ozono es consecuencia de la disminución de los clorofluorocarbonos (CFC), que son los principales responsables de la destrucción de esta capa protectora.

El equipo de investigación utilizó simulaciones avanzadas de la atmósfera y el innovador método de «huella digital», desarrollado originalmente en el contexto del cambio climático para identificar la influencia humana, con el objetivo de detectar patrones específicos que podrían atribuirse a las actividades humanas y a la reducción de los CFC. Para ello, los científicos generaron múltiples «mundos paralelos» a través de simulaciones que replicaban diferentes condiciones atmosféricas, con y sin la presencia de CFC y gases de efecto invernadero. Compararon estos modelos con datos observacionales provenientes de satélites, que se han recogido desde 2005, y encontraron que las tendencias de recuperación del ozono en la Antártida coincidían de forma significativa con los patrones predichos por los modelos basados en la reducción de los CFC.

El estudio confirma que, tras 15 años de observación, la evidencia indica que el agujero de ozono se está cerrando de manera sostenida y que este proceso es principalmente atribuible a las políticas internacionales implementadas para reducir la emisión de sustancias dañinas, como los CFC. Este hallazgo representa un paso crucial en la validación de la efectividad del Protocolo de Montreal, un tratado internacional firmado en 1987, cuyo objetivo es eliminar gradualmente la producción y el uso de estas sustancias.

Los resultados de esta investigación no solo subrayan la importancia de los acuerdos globales para mitigar el daño ambiental, sino que también ofrecen un mensaje de esperanza. Si la tendencia continúa, los científicos anticipan que, para el año 2035, la capa de ozono podría estar completamente restaurada, eliminando la amenaza del agujero de ozono que ha estado afectando la región antártica durante más de tres décadas.

Además, el estudio proporciona un mensaje optimista sobre la capacidad de la humanidad para abordar y resolver problemas ambientales globales cuando se implementan soluciones coordinadas y basadas en la ciencia. La recuperación de la capa de ozono es un ejemplo tangible de cómo las políticas ambientales internacionales pueden ser efectivas en la protección del planeta, y los científicos esperan que este éxito inspire esfuerzos similares en otros frentes, como el cambio climático y la preservación de la biodiversidad.

Este trabajo también resalta la necesidad de seguir monitoreando y cumpliendo con los compromisos establecidos por el Protocolo de Montreal, para garantizar que el progreso logrado no se vea revertido por la reaparición de sustancias dañinas o la expansión de otras actividades que puedan perjudicar la atmósfera. Con el apoyo continuo de investigaciones científicas y el compromiso global con la sostenibilidad, la restauración completa de la capa de ozono es ahora una meta alcanzable y representa un hito en la lucha por la preservación del medio ambiente global.