
Las manifestaciones en contra de los nuevos medios digitales no cesan de aparecer, bien con carácter beligerante, bien mediante prevenciones sibilinas que, tras la aceptación de la innovación, introducen el caballo de Troya de la objeción fundamentada. Sería preciso hacer, ahora que las hemerotecas de los medios y las bases de datos bibliográficas y repositorios permiten rastrear pistas desde muy antiguo, la cartografía de las objeciones, las posiciones numantinas y las equidistantes, con objeto de datar la evolución del cambio.
Como bien expone Eva Moll de Alba «El fenómeno de la digitalización y de internet ha dado lugar a una de las grandes revoluciones tecnológicas de nuestro tiempo y, al igual que ocurrió con la escritura, la imprenta y el audiovisual, su irrupción ha arrastrado críticas y temores. Hoy en día nos sorprende que Sócrates opinase que la escritura destruía la memoria y debilitaba el pensamiento o que el clero plantease dudas sobre la duración del papel impreso y su falta de estética. Sin contar con el coste de los libros antes de Gutenberg, que se calcula en un equivalente a día de hoy de unos 20.000 dólares por libro.»
En relación con los libros, que es el tema que nos ocupa, son muchos los estudios desarrollados sobre la receptividad y penetración de los mismos en los usuarios (Fernández, Cordón, Alonso, Gómez, 2014), pero de entre todos ellos resulta curiosa la acertada la clasificación que hace un artículo de Messner y Revelle que clasifica a los usuarios en relación al libro en cuatro categorías en función de su aptitud: – Amantes del libro: Aquellos que manifiestan una afinidad inherente por el formato impreso – Tecnófilos: Aquellos interesados en las posibilidades de las nuevas tecnologías asociadas al libro – Impresores: Prefieren los libros impresos pero se diferencian de los amantes de libro por tener dificultades especiales con el manejo de los libros electrónicos. – Pragmáticos. Serian los más neutrales de las cuatro categorías, ya que están más interesados en el contenido que en la forma
Amantes del libro: Aquellos que manifiestan una afinidad inherente por el formato impreso –
Tecnófilos: Aquellos interesados en las posibilidades de las nuevas tecnologías asociadas al libro –
Impresores: Prefieren los libros impresos pero se diferencian de los amantes de libro por tener dificultades especiales con el manejo de los libros electrónicos. –
Pragmáticos. Serian los más neutrales de las cuatro categorías, ya que están más interesados en el contenido que en la forma
Los amantes del libro (impreso) como parece ser evidente tienen una afinidad inherente por el formato impreso, mientras que los tecnófilos están principalmente interesados en las posibilidades de las nuevas tecnologías y en el incremento de prestaciones que proporciona el libro digital. Los pragmáticos son los más neutrales de los cuatro grupos estudiados, ya que son los más interesados en el contenido y por lo tanto son capaces de ver pros y contras en uno y otro formato. Los tecnófobos evidentemente prefieren los libros impresos, pero se distinguen de los amantes del libro en que su rechazo al libro electrónico no tiene que ver tanto con el formato, y si más con las dificultades tecnológicas respecto a su capacidad de uso de los dispositivos de lectura.

Tipos de usuarios
En el estudio participaron 735 encuestados totalmente caracterizados y los resultados indicaron que los amantes de libro constituyen el 34% (249), tecnófilos 23% (168), pragmáticos el 17% (126), y tecnófobos el 26% (192) de la muestra identificada.El estudio es de septiembbre de 2012, y se ha avanzado en cuanto a la percepción, tecnología y usabilidad. Sería deseable que se hiciera un segundo estudio para ver en que medida se han modificado las percepciones.
En cuanto a género, el 32% de las mujeres se identifican como aficionadas a los libros, de las cuales el 32% se identifican con el grupo de los tecnófobos. En comparación con el 37% de los hombres que se identificaron como aficionados a los libros, pero sólo el 16% se identifican como tecnófobos. Una explicación podría ser que los hombres están más definidos en las preferencias de tipo medio (un 37% prefieren los libros impresos, y un 27% se identifican como tecnófilos), mientras que las mujeres parecen estar más centradas en la preferencia por el formato impreso, pero se dividen en partes iguales entre quienes prefieren los libros impresos originales frente a aquellos que optan por versiones electrónicas.

Diiferencias por género
Según un estudio de Ramdon House, los consumidores de libros electrónicos se diferencian de los consumidores habituales de libros impresos por una serie de pautas y actitudes. Como lógicamente se puede intuir, los consumidores de libros electrónicos tienen 2,5 veces más probabilidades de poseer una tableta que los consumidores no electrónicos, son más proclives al consumo de libros electrónicos en línea, y más sensibles a las recomendaciones de tu a tu. Otros datos complementarios los aporta la encuesta realizada por el Centro de Investigación Pew, que dice que los lectores digitales tienen mejores conocimientos tecnológicos que la población general, tienen más probabilidades de obtener recomendaciones de librerías en línea u otros sitios web (con un 56% frente a un 34% por ciento para la población), y en comparación con todos los estadounidenses mayores de dieciséis años, se fían más de las recomendaciones de amigos o conocidos (un 81% frente a un 64%)
El lector digital arriesga más a la hora de comprar libros de autores poco conocidos a precios inferiores a 5 dólares; como vemos en la gráfica de arriba un 38% de ellos compró un libro electrónico por menos de ese precio, y sólo un 18% en el caso de los libros impresos. Estas cifras se constatan a través de la comparación de las listas de los más vendidos en uno y otro formato, por ejemplo en Amazon encontramos que buena parte de los libros más vendidos en digital corresponden a autores autopublicados que venden a precios bajos (0,99 a 2.99$)
Entre los datos distintivos del lector de libros electrónicos está que se siente más comprometido con la lectura, que la lectura es una parte importante de su vida, que frecuentemente habla de libros con sus familiares y amigos; y está más informado sobre novedades editoriales.Tal como muestra un estudio llevado a cabo hace poco por Nielsen en Estado Unidos, y que ratifica los resultados de otros estudios. El lector digital es un lector más intensivo, es un “superlector”, que lee de media más libros que los lectores que lo hacen sólo en formato analógico (22,5 frente a 16 que leídos por el lector en papel), es un lector multiformato, ya que transita sin complejo de uno a otro formato, y que también compra más libros en todos los formatos (exactamente el doble 14 frente a 7). Y contrariamente a lo que se pudiera pensar son los adultos los más dados a leer en formato digital, ya que el 54% de ellos leen en este medio.
De acuerdo con la Unión Internacional de Editores, Estados Unidos representa el 30% del mercado mundial de la edición de libros. En otras palabras, 3 dólares de cada 10 que se gastan en libros de cualquier parte del mundo y formato proceden de EE.UU.. Y más de la mitad de esos 3$ corresponden a libros comprados en línea – las dos terceras partes de es cifra en la librería Amazon.com – donde, sobre todo, durante los últimos años, la mayoría de los libros comprados han sido ebooks. Después de EE.UU., los siguientes cuatro países – China, Alemania, Japón y el Reino Unido – en combinación constituyen otro 30% del mercado editorial mundial: China tiene un 10%, Alemania un 9%, Japón el 7%, y el Reino Unido algomenos del 4%. El resto con un 15% del total corresponde A Francia con un 4%, Italia con el 3%, España con un 3%, Brasil con el 2%, e India con el 2%. Así estos 10 países representan el 75% de las ventas globales de libros de todos los formatos.
Las estadísticas publicadas sobre lectura digital en España muestran una progresión evidente de esta en los últimos años. Las ventas de dispositivos electrónicos, tanto los de tinta electrónica como las tabletas, también siguen un ritmo de crecimiento regular. Por otra parte, cada vez son más las iniciativas provenientes del sector editorial, tanto en el desarrollo de colecciones como en el de modelos de negocio exclusivamente digitales. Los resultados de la última edición del estudio Comercio Interior del Libro en España constatan nuevamente la tendencia ascendente del canal de venta de libro electrónico, cuya cifra de facturación crece más de un 37%, alcanzando los 110,02 millones de euros (80,27 millones de euros en 2013). Con este dato se sitúa como el quinto canal de venta de libros, por detrás de librerías, cadenas de librerías, empresas e instituciones, e hipermercados, y por delante del quiosco, las bibliotecas, la venta telefónica, correo, clubs, Internet y suscripciones.
Bibliografía
Fernández Gómez, María josé and Cordón-García, José Antonio and Alonso-Arévalo, Julio and Gómez-Díaz, Raquel . Prácticas de consumo electrónico: los lectores ante los nuevos soportes., 2014 In: Cordón-García, J. A., R. Gómez Díaz, et al. (). [e-Book] Documentos electrónicos y textualidades digitales: nuevos lectores, nuevas lecturas, nuevos géneros, Salamanca: ediciones Universidad de Salamanca, 2014. ISBN: 9788490122983. Pág: 324. Ediciones Universidad de Salamanca, pp. 177-219. [Book chapter]
Messner, Kevi; Revelle, Andy, Shrimplin, Aaron, and Hurst, Susan (2011). Book Lovers, Technophiles, Printers, and Pragmatists: The Social and Demographic Structure of User Attitudes Toward e-Books. ACRL, pp. 52-57. http://www.ala.org/acrl/sites/ala.org.acrl/files/content/conferences/confsandpreconfs/national/2011/papers/book_lovers.pdf
Moll de Alba, Eva «El miedo apocalíptico al libro digital» CRÓNICA GLOBAL MEDIA, SL, 2016 http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2016/04/el-miedo-apocaliptico-al-libro-digital-36324.php