La vigilancia omnipresente por parte de Facebook y Google supone una amenaza sistémica para los derechos humanos según Amnistía Internacional

 

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Facebook and Google’s Pervasive Surveillance Poses an Unprecedented Danger to Human Rights”. Amnesty International, 2019

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La vigilancia omnipresente de miles de millones de personas por parte de Facebook y Google supone una amenaza sistémica para los derechos humanos, ha advertido Amnistía Internacional en un nuevo informe en el que pide una transformación radical del modelo de negocio principal de los gigantes de la tecnología.

“Gigantes de la vigilancia” explica cómo el modelo de negocio basado en la vigilancia de Facebook y Google es intrínsecamente incompatible con el derecho a la privacidad y supone una amenaza sistémica para una serie de otros derechos, como la libertad de opinión y expresión, la libertad de pensamiento, y el derecho a la igualdad y la no discriminación.

“Google y Facebook dominan nuestras vidas modernas, acumulando un poder sin precedentes sobre el mundo digital al recopilar y monetizar los datos personales de miles de millones de personas. Su insidioso control de nuestras vidas digitales socava la esencia misma de la privacidad y es uno de los desafíos que definen los derechos humanos en nuestra era”, ha manifestado Kumi Naidoo, secretario general de Amnistía Internacional.

“Para proteger nuestros valores humanos fundamentales en la era digital -dignidad, autonomía, privacidad- se necesita una revisión radical de la forma en que opera la Gran Tecnología, y transitar a una Internet que tenga los derechos humanos en su centro”.

Mientras que otras empresas de las grandes tecnologías – incluyendo Apple, Amazon y Microsoft – han acumulado un poder significativo en otras áreas, son las plataformas propiedad de Facebook y Google las que se han convertido en fundamentales para que la gente se involucre e interactúe entre sí – efectivamente una nueva plaza pública global.

Los gigantes de la tecnología ofrecen sus servicios a miles de millones de personas sin cobrarle a los usuarios. En cambio, los individuos pagan por los servicios con sus datos personales íntimos, siendo constantemente rastreados a través de la web y en el mundo físico también, por ejemplo, a través de dispositivos conectados. Esta recopilación y análisis de los datos personales de las personas a una escala sin precedentes es incompatible con todos los elementos del derecho a la privacidad, incluida la libertad de intrusión en nuestras vidas privadas, el derecho a controlar la información sobre nosotros mismos y el derecho a un espacio en el que podamos expresar libremente nuestras identidades.

Las plataformas de Google y Facebook están respaldadas por sistemas algorítmicos que procesan enormes volúmenes de datos para facilitar características increíblemente detalladas sobre las personas y dar forma a su experiencia en línea. Posteriormente los anunciantes pagan a Facebook y Google para obtener estos datos y poder dirigirse a las personas con publicidad o mensajes específicos. El escándalo de Cambridge Analytica puso de manifiesto la facilidad con la que los datos de las personas pueden ser mal utilizados de forma imprevista con el objetivo de manipularlos e influir sobre ellos.

Los gobiernos deben tomar medidas urgentes para revisar el modelo empresarial basado en la vigilancia y protegernos de los abusos de los derechos humanos de las empresas, incluso mediante la aplicación de leyes sólidas de protección de datos y la regulación efectiva de las grandes tecnologías de acuerdo con la legislación sobre derechos humanos.

Como primer paso, los gobiernos deben promulgar leyes que garanticen que las empresas, entre ellas Google y Facebook, no puedan condicionar el acceso a sus servicios a que las personas “den su consentimiento” para la recogida, el tratamiento o la puesta en común de sus datos personales con fines de marketing o publicidad. Las empresas como Google y Facebook también tienen la responsabilidad de respetar los derechos humanos dondequiera y como quiera que operen.