“La Biblioteca de los Sabios” de la Crónica del Ángel Gris de Alejandro Dolima

 

644e05415d94f32b9b8dbaf2041c2407

 

 

Tal vez las bibliotecas del Ángel Gris se fundaron ya incendiadas o saqueadas. Gracias a tan sabia medida, los volúmenes faltantes pueden imaginarse a capricho. Todas las posibilidades artísticas y científicas caben en ellos. En realidad, la aparición de un libro perdido es siempre un desengaño. Con parecido criterio, los Hombres Sensibles decían que siempre es preferible estar ausente…

… En el enorme sótano estaba la Biblioteca de los Sabios. Contaba con miles y miles de volúmenes. Los insobornables empleados no permitían leer ninguno de ellos, sino después de pasar por infinitas pruebas de templanza y rectitud. Asimismo existía un orden establecido para la lectura: nadie podía abrir el libro once sin conocer cabalmente el diez. Cada veinte libros las pruebas se repetían con mayor severidad. Al cabo de los libros y de las pruebas era posible —o imposible— llegar al Último Libro, también llamado Libro de la Sabiduría, que estaba encerrado bajo siete llaves en un cuarto oscuro. En aquel volumen misterioso estaba encerrado el Secreto de la Vida. Quien se asomara a sus páginas sería sabio. Algunos dicen que tenía doscientas mil páginas, pero otros juraban que su texto consistía en una sola y terrible palabra. Manuel Mandeb sostenía que el Último Libro nada decía y que el don de la sabiduría se adquiría en el camino. Unos malvados de Caballito trataron de leer de ojito el texto final y entraron al cuarto oscuro de puro prepo. Salieron enseguida, despavoridos, huyeron por Aranguren hacia el este y nadie volvió a saber de ellos.

 

Alejandro Dolima. “Crónicas del Ángel Gris”