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Toni Morrison, premio Nobel, sobre la prohibición de libros

Vengo de una raza de personas para quienes en un momento en este país era ilegal que se les enseñara a leer… los blancos que enseñaban a leer a los negros corrían el riesgo de ser castigados… Creo que las mismas sensibilidades que informaron a esas personas hacer que sea un acto criminal que los negros lean son los ancestros de las mismas personas que están haciendo que sea un acto criminal que sus propios hijos lean y no veo mucha diferencia entre eso. Hay algo de histeria asociada con la idea de leer que está fuera de proporción con lo que… de hecho sucede cuando uno lee.

 Toni Morrison, premio Nobel, sobre la prohibición de libros, de “Evening of Forbidden Books” de PEN America, 1982

El arte nuevo de hacer libros

El arte nuevo de hacer libros de Ulises Carrión, 1975

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Libro

Ulises Carrión (1941, San Andrés Tuxtla, México – 1989, Amsterdam) fue un artista, editor, comisario y teórico de la vanguardia artística internacional posterior a los años 60. Figura clave del arte conceptual mexicano

Qué es un libro

Un libro es una secuencia de espacios.

Cada uno de esos espacios es percibido en
un momento diferente: un libro es también
una secuencia de momentos.

. . . .

Un libro no es un estuche de palabras, un
saco de palabras, un soporte de palabras.

. . . .

Un escritor, contrariamente a la opinión
popular, no escribe libros.

Un escritor escribe textos.

El que un texto esté contenido en un libro
se debe únicamente a la dimensión de dicho
texto o, tratándose de varios textos cortos
(poemas, por ejemplo), al número de ellos.

. . . .

Un texto literario (prosa) contenido en un
libro ignora el hecho de que éste es una
secuencia espacio-temporal autónoma.

Una serie de textos más o menos cortos
(poemas o no), distribuidos en un libro
según cierto orden propio, manifiesta la
naturaleza secuencial del libro.

La manifiesta, acaso la usa. Pero no la
aprovecha, no la incorpora, no la asimila.

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El lenguaje escrito es una secuencia de
signos desplegados en el espacio, cuya
lectura transcurre en el tiempo.

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El libro es una secuencia espacio-temporal.

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El libro existió originalmente como recipiente
de un texto (literario).

Pero el libro, considerado como una realidad
autónoma, puede contener cualquier
lenguaje (escrito), no sólo el literario, e
incluso cualquier otro sistema de signos.

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De entre los lenguajes, el literario
(prosa y poesía) no es el que mejor se
acopla a la naturaleza del libro.

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Un libro puede ser el recipiente accidental
de un texto cuya estructura es
diferente del libro: son los libros de
las librerías y las bibliotecas.

Un libro puede existir también como una
forma autónoma y suficiente en sí misma,
incluyendo acaso un texto que acentúa,
que se integra, a esa forma: aquí
empieza el arte nuevo de hacer libros.

. . . .

En el arte viejo el escritor se cree
inocente del libro real. Él escribe el
texto. El resto lo hacen los lacayos, los
artesanos, los obreros, los otros.

En el arte nuevo la escritura del texto
es sólo el primer eslabón en la cadena
que va del escritor al lector. En el arte
nuevo el escritor asume la responsabilidad
del proceso entero.

. . . .

En el arte viejo el escritor escribe
textos.

En el arte nuevo el escritor hace libros.

. . . .

Hacer un libro es actualizar su ideal
secuencia espacio-temporal por medio de
la creación de una secuencia paralela
de signos, lingüísticos o no.

La lectura

Para leer el arte viejo basta conocer el
abecedario.

Para leer el arte nuevo es preciso aprehender
el libro en tanto que estructura,
identificar sus elementos y entender la
función de éstos.

. . . .

Uno puede leer el arte viejo creyendo
entender, y estar equivocado.

Este malentendido es imposible en el arte
nuevo. Sólo puede leerse si se entiende.

. . . .

En el arte viejo todos los libros se leen
de la misma manera.

En el arte nuevo cada libro requiere de
una lectura diferente.

. . . .

En el arte viejo leer la última página
lleva tanto tiempo como leer la primera.

En el arte nuevo el ritmo de lectura
cambia, se apresura, se precipita.

. . . .

Para entender y apreciar un libro de arte
viejo es necesario leerlo enteramente.

En el arte nuevo a menudo NO es necesario
leer el libro entero. La lectura puede
cesar en el momento en que se ha comprendido
la estructura total del libro.

. . . .

El arte nuevo hace posible una lectura
más rápida que la de los cursos de lectura
rápida.

. . . .

Hay métodos de lectura rápida porque los
métodos de escritura son demasiado lentos.

. . . .

Leer un libro es percibir secuencialmente
su estructura.

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El arte viejo ignora la lectura.
El arte nuevo crea condiciones específicas
de lectura.

. . . .

Lo más lejos a que el arte viejo ha llegado
es a pensar en los lectores, lo cual
es ir demasiado lejos.

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El arte nuevo no discrimina lectores; no
se dirige a los viciosos de la lectura, ni
trata de arrebatarle público a la televisión.

. . . .

Para poder leer el arte nuevo, y entenderlo,
no es necesario haber estudiado
cinco años en la Facultad de Letras.

. . . .

Los libros del arte nuevo no necesitan,
para ser apreciados, de la complicidad
sentimental y/o intelectual del lector
en cuestiones de amor, política, psicología,
geografía, etcétera.

. . . .

El arte nuevo apela a la facultad que
tienen todos los hombres de entender y
crear signos y sistemas de signos.

Ámsterdam, mayo de 1974

Querido lector. No lea

Querido lector. No lea. Ulises Carrión. Madrid,
MNCARS, 2018.

Texto completo

Otro texto

«Tome una novela, la más tradicional que se pueda encontrar, separe las páginas y exhíbalas en un muro de galería. ¿Por qué no? Esto es perfectamente posible. No hay nada en su forma o contenido que se le oponga. Pero el ritmo de nuestra experiencia de lectura sería inapropiado. Esto prueba que el lugar de una novela es entre sus pastas, en forma de libro. Ahora, haga lo mismo con el llamado libro de artista. La mayoría de ellos son una serie de unidades visuales: las páginas. Tome una por una, colóquelas en hilera en un muro de galería y, si el ritmo sufre, significa que existen como unidad y forman una auténtica obra-libro”.

El arte nuevo de hacer libros” de Ulises Carrión

Estas palabras pertenecen a “El arte nuevo de hacer libros” de Ulises Carrión, una suerte de manifiesto de la obra teórica y plástica del artista en la que sitúa al libro como centro de sus inquietudes. Iniciado como novelista, el libro cobra rápidamente para Carrión una entidad que transciende la del texto y la literatura: en él se despliegan profundos cuestionamientos en torno a la producción, la circulación y la recepción del conocimiento. Actúa pues como catalizador para experimentar con las estructuras que rigen las relaciones entre textos, objetos e imágenes, y para proponer nuevas vías y formas de autoría y participación entre creadores y lectores.

Figura clave del arte conceptual mexicano, Ulises Carrión (1941, San Andrés Tuxtla, México – 1989, Amsterdam) fue un artista, editor, comisario y teórico de la vanguardia artística internacional posterior a los años 60.

Los textos de Guy Schraenen, Felipe Ehrenberg y João Fernandes, entre otros, ilustran todos los aspectos de su obra artística e intelectual. Desde su temprana carrera como joven escritor de éxito en México hasta sus numerosas actividades en Ámsterdam, donde cofundó el espacio independiente para artistas In-Out Center y fundó la legendaria librería-galería Other Books and So (1975-79), la primera de su clase dedicada a las publicaciones de artistas.

Por qué los libros prolongan nuestras vidas por Umberto Eco

Por qué los libros prolongan nuestras vidas por Umberto Eco, La Nación en 1997

No hace mucho me entretenía imaginándome a aquellos progenitores nuestros que hablaban de sus esclavos adiestrados en trazar caracteres cuneiformes como si fueran modernos computers. Me entretenía pero no bromeaba. Cuando hoy leemos artículos preocupados por el porvenir de la inteligencia humana frente a nuevas máquinas que se aprestan a sustituir nuestra memoria, advertimos un aire de familia. […]

La misma reacción de terror debe de haber sentido quien vio por primera vez una rueda. Habrá pensado que nos olvidaríamos de caminar. Acaso los hombres de aquel tiempo estaban más dotados que nosotros para realizar maratones en los desiertos y en las estepas, pero morían antes y hoy serían dados de baja en el primer distrito militar. Con esto no quiero decir que, por esa razón, no nos debamos preocupar de nada y que tendremos una bella y sana humanidad habituada a merendar sobre la hierba de Chernobyl; si acaso, la escritura nos ha hecho más hábiles para comprender cuándo debemos detenernos, y quien no sabe detenerse es analfabeto, aunque vaya en cuatro ruedas. […]

¿Qué hemos ganado? ¿Qué ha ganado el hombre con la invención de la escritura, la imprenta, las memorias electrónicas?

En una ocasión, Valentino Bompiani hizo circular una frase: “Un hombre que lee vale por dos”. Dicha por un editor, podría ser entendida solamente como un eslogan feliz, pero pienso que significa que la escritura (en general, el lenguaje) prolonga la vida. Desde los tiempos en que la especie comenzaba a emitir sus primeros sonidos significativos, las familias y las tribus necesitaron de los viejos.

Quizá primero no servían y eran desechados cuando ya no eran eficaces para la caza. Pero con el lenguaje, los viejos se han convertido en la memoria de la especie: se sentaban en la caverna, alrededor del fuego y contaban lo que había sucedido (o se decía que había sucedido, ésta es la función de los mitos) antes de que los jóvenes hubieran nacido. Antes de que se comenzara a cultivar esta memoria social, el hombre nacía sin experiencia, no tenia tiempo para forjársela y moría. Después un joven de veinte años era como si hubiese vivido cinco mil. Los hechos ocurridos antes de que él naciera, y lo que habían aprendido los ancianos, pasaban a formar parte de su memoria.

Hoy los libros son nuestros viejos. No os damos cuenta, pero nuestra riqueza respecto del analfabeto (o del que, alfabeto, no lee) consiste en que él está viviendo y vivirá sólo su vida y nosotros hemos vivido muchísimas. […]

Esto podría dar a alguien la impresión de que, no bien nacemos, ya somos insoportablemente ancianos. Pero es más decrépito el analfabeto (de origen o de retorno) que padece de arteriosclerosis desde niño, y no recuerda (porque no sabe) qué ocurrió en los idus de marzo (*) Naturalmente, también podríamos recordar mentiras, pero leer ayuda también a discriminar. No conociendo las culpas de los demás, el analfabeto ni siquiera conoce los propios derechos.

El libro es un seguro de vida, una pequeña anticipación de inmortalidad. Hacia atrás (¡ay!) más que hacia adelante. Pero no se puede tener todo y al instante.

Humberto Eco. La Nación, 1997 (fragmento)

Leer no es sólo leer un texto

«Leer no es sólo leer un texto, descifrar signos, recorrer líneas, explorar páginas, atravesar un sentido; no es sólo la comunión abstracta entre autor y lector, la boda mística de la Idea y el Oído. Es, al mismo tiempo, el ruido del metro, o el bamboleo de un vagón de ferrocarril, o el calor del sol en una playa y los niños que juegan un poco más lejos, o la sensación del agua caliente en la bañera, o la espera del sueño.»

Georges Perec

La lectura pública en España y el Plan de Bibliotecas de María Moliner

Faus Sevilla, Pilar. «La lectura pública en España y el Plan de Bibliotecas de María Moliner». Madrid: Anabad, 2000

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Reprod. facs. de : Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas.- Valencia: Ministerio de Instrucción Pública, Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico, Sección de Bibliotecas, 1937. Proyecto de bases de un plan de organización general de bibliotecas del Estado.- Valencia: Ministerio de Instrucción Pública, Oficina de Adquisición de Libros y Cambio Internacional, 1939

María Moliner es todo un grato recuerdo para los alumnos de la Escuela Cossío de Valencia, para los profesionales de Archivos y Bibliotecas y, también y no en último lugar, para los consultantes de su diccionario, que buscan el buen uso del español. En las tres categorías me coloco para poner estas frases como antecedente al trabajo de Pilar Faus Sevilla, dando a conocer dos importantes documentos bibliotecarios_ Ella que goza, como yo, de este raro privilegio triple de alumna, compañera y usuaria del saber de María Moliner, nos ofrece un estudio exacto y crítico, sin desmerecer el a recto que en él ha puesto, de dos obras perdidas en los recovecos de la depuración y el olvido forzado.

Mis libros (que no saben que yo existo)

Mis libros (que no saben que yo existo)
son tan parte de mí como este rostro
de sienes grises y de grises ojos
que vanamente busco en los cristales
y que recorro con la mano cóncava.
No sin alguna lógica amargura
pienso que las palabras esenciales
que me expresan están en esas hojas
que no saben quién soy, no en las que he escrito.
Mejor así. Las voces de los muertos
me dirán para siempre.

Jorge Luis Borges, «Mis libros», La rosa profunda