«En una sociedad inundada de información, confusión generada por la inteligencia artificial, desinformación y noticias falsas, los bibliotecarios son la primera y mejor línea de defensa: navegantes de confianza que nos ayudan a encontrar el sentido, la relevancia, las pruebas y el conocimiento práctico a partir de fuentes fiables.»
Un estudio reciente del Tow Center for Digital Journalism de la Columbia Journalism Review ha revelado que los motores de búsqueda basados en inteligencia artificial citan incorrectamente las fuentes de noticias en más del 60 % de los casos.
Los investigadores Klaudia Jaźwińska y Aisvarya Chandrasekar señalaron que aproximadamente uno de cada cuatro estadounidenses ya usa estos modelos como alternativa a los buscadores tradicionales, lo que agrava la preocupación sobre su fiabilidad. Entre las herramientas analizadas, Grok 3 tuvo la tasa de error más alta (94 %), mientras que ChatGPT Search falló en el 67 % de los casos y Perplexity en el 37 %. En total se realizaron 1.600 pruebas.
Una práctica común de estos modelos fue responder con seguridad aunque no tuvieran información confiable, generando respuestas plausibles pero erróneas, conocidas como confabulaciones. Además, las versiones de pago como Perplexity Pro y Grok 3 Premium cometieron errores con más frecuencia, ya que evitan negarse a responder.
El estudio también detectó que algunas herramientas ignoraron los protocolos de exclusión de robots (robots.txt), accediendo a contenidos que los editores habían solicitado explícitamente no fueran rastreados, como en el caso de National Geographic. Además, muchas veces los enlaces proporcionados llevaban a versiones sindicadas (por ejemplo, Yahoo News) en lugar del sitio original, o eran URL inventadas que conducían a páginas de error, como ocurrió en 154 de 200 enlaces proporcionados por Grok 3.
Estos problemas ponen a los editores en una situación difícil: bloquear los rastreadores puede suponer perder visibilidad, pero permitirlos implica la reutilización masiva sin retorno de tráfico.
Mark Howard, director de operaciones de Time, expresó su preocupación por la falta de control y transparencia, aunque confía en que el producto mejorará con el tiempo. También advirtió a los usuarios: “Si alguien cree que estos productos gratuitos son 100 % precisos, es culpa suya”.
OpenAI y Microsoft reconocieron la recepción del informe, pero no abordaron directamente los problemas señalados.
Bao, Honglin, Mengyi Sun, y Misha Teplitskiy. 2025. “Where There’s a Will There’s a Way: ChatGPT Is Used More for Science in Countries Where It Is Prohibited.” Quantitative Science Studies, 1–23. https://doi.org/10.1162/qss_a_00368.
El estudio demuestra que las prohibiciones geográficas no están logrando limitar el uso de ChatGPT en la producción científica. Las herramientas de inteligencia artificial están siendo ampliamente utilizadas incluso en contextos donde su uso está regulado o restringido, lo que plantea importantes desafíos para el diseño de políticas eficaces en el ámbito de la gobernanza tecnológica global. Además, pone de relieve la creciente dependencia de los investigadores en estas tecnologías para la redacción y difusión de su trabajo.
Se analiza críticamente la eficacia de las restricciones geográficas impuestas al acceso de modelos de inteligencia artificial como ChatGPT en el ámbito científico. El caso de estudio se centra en países donde el acceso a ChatGPT está oficialmente bloqueado, como China, Rusia, Irán y otros.
El estudio parte de una pregunta clave: si estas restricciones fueran realmente efectivas, ¿se detectaría un menor uso de ChatGPT en la producción científica de dichos países? Para responder a esta cuestión, los autores desarrollaron un sofisticado clasificador capaz de identificar textos redactados con asistencia de ChatGPT, utilizando como base ciertas elecciones lingüísticas características de sus primeras versiones, como el uso de palabras específicas (“delve”, “remarkably”, entre otras).
Este clasificador, entrenado con resúmenes de artículos científicos anteriores y posteriores a la aparición de ChatGPT, demostró ser más preciso que herramientas populares como GPTZero y ZeroGPT, e incluso fue validado con artículos en los que los autores habían declarado explícitamente el uso de IA.
Al aplicar este modelo a más de 170.000 preprints de plataformas de investigación como ArXiv, BioRxiv y MedRxiv, los investigadores encontraron que, para agosto de 2023, aproximadamente el 12,6% de los artículos científicos presentaban indicios de uso de ChatGPT. Sorprendentemente, el uso fue un 7,7% más alto en los países donde la herramienta estaba oficialmente restringida. Esta diferencia se produjo antes de que estuviera disponible en el mercado el primer modelo de lenguaje de gran escala desarrollado en China, lo que sugiere que los investigadores de estos países estaban utilizando métodos alternativos (como VPNs) para acceder a ChatGPT.
Además, los autores exploraron la hipótesis de si esta alta demanda de herramientas de IA en ciencia —especialmente en países asiáticos donde el inglés no es lengua oficial— podría haber impulsado un uso aún mayor en ausencia de restricciones. Los resultados confirmaron que el uso de ChatGPT era más elevado precisamente en aquellos países donde el acceso estaba prohibido, lo que refuerza la idea de que las restricciones no son efectivas y que los científicos están dispuestos a sortear los obstáculos para beneficiarse de estas herramientas.
Otro hallazgo interesante fue que el uso de ChatGPT correlacionaba con un mayor número de visualizaciones y descargas de los artículos, lo cual sugiere que podría estar influyendo en la claridad, presentación o atractivo del contenido. Sin embargo, este uso no mostró correlación con un mayor número de citas ni con una mejor colocación en revistas académicas de alto impacto.
Un grupo de profesores especializados en derecho de autor ha presentado un informe amicus curiae en apoyo de los autores que están demandando a Meta, acusando a la empresa de entrenar sus modelos de inteligencia artificial Llama con libros electrónicos sin permiso.
El informe, presentado el viernes en el Tribunal de Distrito de los EE.UU. para el Distrito Norte de California, sostiene que la defensa de «uso legítimo» de Meta representa una solicitud exagerada de privilegios legales que nunca se han otorgado a los autores humanos.
Según el informe, el uso de obras con derechos de autor para entrenar modelos generativos no es «transformador», ya que no se diferencia de usar las obras para educar a autores humanos, que es uno de los propósitos originales de esas obras. Además, se argumenta que el uso tiene un propósito comercial, ya que permite la creación de trabajos que compiten directamente con las obras originales.
En el caso Kadrey v. Meta, los autores Richard Kadrey, Sarah Silverman y Ta-Nehisi Coates acusan a Meta de violar sus derechos de propiedad intelectual al utilizar sus libros electrónicos para entrenar modelos y eliminar la información de derechos de autor para ocultar la infracción. Meta, por su parte, argumenta que su uso es legítimo y que el caso debe ser desestimado por falta de legitimación activa de los autores.
El juez del Tribunal de Distrito de EE. UU. Vince Chhabria permitió que el caso siguiera adelante, aunque desestimó parte de la demanda, señalando que la alegación de infracción de derechos de autor es suficiente para que los autores tengan legitimación para demandar.
Este enfoque destaca la necesidad de medir la capacidad de la IA no solo en términos de sus habilidades de predicción o conocimiento, sino también en la capacidad para realizar tareas complejas a lo largo del tiempo. Los resultados de este estudio tienen implicaciones significativas tanto para las predicciones sobre el futuro de la IA como para la gestión de riesgos asociados a su adopción.
Un estudio reciente ha revelado que los modelos de inteligencia artificial (IA) de vanguardia podrían estar mejorando a un ritmo mucho más rápido de lo que se pensaba. El grupo de investigación METR ha descubierto que el tiempo que los Modelos de Lenguaje Grande (LLMs) pueden abordar tareas parece duplicarse cada siete meses, lo que es incluso más rápido que la Ley de Moore, que establece que la capacidad de los chips se duplica aproximadamente cada dos años.
Para ponerlo en perspectiva, el modelo Claude Sonnet 3.7 ahora puede realizar tareas que a los humanos les tomarían una hora, mientras que modelos como el GPT-4 de 2023 solo podían realizar tareas de cinco minutos, como buscar un hecho específico en la web. Modelos anteriores como el GPT-3.5 de 2022 solo podían hacer tareas que nos tomarían menos de un minuto, como recordar algo previamente conocido.
Si esta tendencia continúa, en uno o dos años los modelos de IA podrían ser capaces de realizar tareas de cuatro horas. Se espera que para 2029 la IA sea capaz de realizar tareas que le tomarían a los humanos un mes entero, como iniciar un negocio o hacer un nuevo descubrimiento científico. Sin embargo, dado que los LLMs son relativamente nuevos, solo se dispone de cuatro o cinco años de datos, por lo que estos resultados deben tomarse con cautela.
Bouhouita-Guermech, Sarah, Patrick Gogognon, y Jean-Christophe Bélisle-Pipon. 2023. «Specific Challenges Posed by Artificial Intelligence in Research Ethics.» Frontiers in Artificial Intelligence 6. https://doi.org/10.3389/frai.2023.1149082.
Se abordan los retos que plantea la inteligencia artificial (IA) en el contexto de la ética Los sistemas de inteligencia artificial, cada vez más presentes en entornos científicos, están modificando la manera en que se desarrolla y evalúa la investigación, pero los comités de ética responsables de supervisarla no siempre están preparados para comprender ni gestionar adecuadamente estos cambios. La investigación explora hasta qué punto los comités de ética en investigación están capacitados para enfrentar los desafíos específicos que introduce la IA.
Uno de los principales problemas éticos identificados es la opacidad de los modelos de IA, especialmente aquellos que emplean aprendizaje automático profundo. Muchos de estos sistemas funcionan como “cajas negras”, en las que ni los propios desarrolladores pueden explicar con claridad cómo se han generado ciertos resultados. Esta falta de transparencia es especialmente crítica en el ámbito de la investigación, donde la justificación de los métodos y la reproducibilidad son principios fundamentales. Si no se puede explicar cómo funciona un sistema de IA utilizado para analizar datos o generar conclusiones, resulta muy difícil evaluar la validez científica y ética del estudio.
Otro desafío relevante es la atribución de responsabilidad. A medida que se incorporan algoritmos de IA en decisiones que afectan a seres humanos —por ejemplo, en estudios sobre salud, comportamiento o justicia social— se diluye la línea de responsabilidad entre los investigadores, los programadores, las instituciones y los propios sistemas autónomos. ¿Quién debe rendir cuentas cuando una decisión automatizada causa un daño o una injusticia? Esta cuestión complica enormemente la evaluación ética, ya que los marcos tradicionales asumen que detrás de cada decisión humana hay un agente moral claramente identificable.
También se analizan en profundidad las implicaciones de la IA sobre la privacidad y el consentimiento informado. Los sistemas de IA a menudo requieren grandes volúmenes de datos para entrenarse y operar, lo que puede poner en riesgo la privacidad de los participantes en los estudios. Además, en muchos casos, los participantes no comprenden plenamente cómo se utilizarán sus datos ni qué tipo de inferencias pueden derivarse de ellos, lo que pone en entredicho la validez del consentimiento informado. Este problema se agudiza cuando los datos son reutilizados con fines no previstos originalmente o cuando se recopilan de manera pasiva, sin intervención directa del sujeto.
El sesgo algorítmico es otro de los puntos clave tratados en el artículo. Al estar entrenados con datos históricos que reflejan desigualdades sociales, raciales o de género, los algoritmos pueden reproducir e incluso amplificar estos sesgos en sus resultados. En el contexto de la investigación, esto puede llevar a conclusiones erróneas o a prácticas injustas que afecten negativamente a ciertos grupos sociales. Los comités de ética deben ser conscientes de este riesgo para poder exigir evaluaciones rigurosas del sesgo en los sistemas empleados.
A partir de una revisión de 657 artículos científicos, de los cuales 28 fueron seleccionados como más relevantes, la autora evalúa el grado de preparación de los REB para enfrentar estos retos. La conclusión es clara: la mayoría de los comités carecen de pautas específicas y de conocimientos técnicos suficientes para abordar los dilemas éticos asociados a la IA. La falta de formación interdisciplinaria y de protocolos adaptados a las nuevas tecnologías pone en peligro la calidad ética de las decisiones que se toman en la revisión de proyectos de investigación.
Ante este panorama, el artículo propone una serie de recomendaciones concretas. En primer lugar, se señala la necesidad de elaborar directrices éticas específicas para la evaluación de proyectos que incluyan inteligencia artificial. Estas directrices deberían abordar no solo la transparencia, la privacidad y el consentimiento, sino también los riesgos sistémicos y sociales de las tecnologías utilizadas. En segundo lugar, se propone la capacitación continua de los miembros de los comités de ética, quienes deben adquirir competencias técnicas y filosóficas para entender el funcionamiento y las implicaciones de la IA. Finalmente, se destaca la importancia de la colaboración interdisciplinaria entre expertos en informática, derecho, ética, sociología y otras áreas del conocimiento, para poder ofrecer una visión más integral de los problemas éticos que plantea la IA.
La inteligencia artificial ha introducido cambios profundos en la forma de hacer investigación, y estos cambios requieren una respuesta igualmente profunda por parte de quienes se encargan de proteger a los participantes y de velar por la integridad de la ciencia. Adaptar los marcos éticos existentes, formar a los comités y fomentar el diálogo interdisciplinar son pasos imprescindibles para enfrentar este nuevo escenario con responsabilidad y justicia.
Un nuevo método del laboratorio de IA MIT-IBM Watson ayuda a los grandes modelos lingüísticos a dirigir sus propias respuestas hacia resultados más seguros, éticos y alineados con los valores.
Un equipo del MIT-IBM Watson AI Lab ha desarrollado un nuevo método llamado Self-Disciplined Autoregressive Sampling (SASA) que permite a los modelos de lenguaje de gran tamaño (LLMs) reducir por sí mismos la generación de contenido tóxico o no deseado. Lo novedoso de esta técnica es que no requiere modificar el modelo base, ni reentrenarlo, ni usar sistemas externos de recompensa. En cambio, SASA actúa directamente durante el proceso de generación del texto, evaluando cada palabra potencial antes de seleccionarla para asegurar que el resultado final se mantenga dentro de un lenguaje seguro y éticamente aceptable.
Los modelos de lenguaje se entrenan con grandes cantidades de datos tomados de internet, lo que implica que inevitablemente absorben lenguaje ofensivo, sesgado o perjudicial. Esto puede llevar a que generen respuestas tóxicas incluso a partir de solicitudes inocentes. SASA aborda este problema mediante un enfoque innovador: establece una frontera entre el lenguaje tóxico y el no tóxico dentro del espacio interno del modelo (específicamente, en su representación de palabras o embeddings). Cuando el modelo va generando una frase palabra por palabra, SASA calcula qué tan cercana está cada palabra candidata a cruzar esa frontera, y favorece aquellas que mantienen el contenido en el lado no tóxico.
Para lograr esto, los investigadores crearon un clasificador lineal que analiza el contexto de las frases a partir de datos etiquetados con niveles de toxicidad. De esta forma, pueden determinar si una frase parcial (por ejemplo, los primeros 11 términos de una oración) se acerca a un resultado problemático cuando se le añade una determinada palabra número 12. SASA ajusta entonces las probabilidades de elección de esa palabra, penalizando las opciones que aumentarían la toxicidad y premiando las más seguras, pero sin perder la coherencia gramatical o semántica del texto.
Los investigadores probaron SASA en varios modelos populares como GPT-2 Large, LLaMA 2-7B y LLaMA 3.1-8B-Instruct, usando conjuntos de datos diseñados para evaluar toxicidad, sesgos y lenguaje ofensivo. En los experimentos, SASA logró reducir notablemente tanto la cantidad como la intensidad del lenguaje tóxico generado, sin afectar demasiado la fluidez del texto. Además, mostró ser útil para equilibrar desigualdades, como cuando los modelos tendían a generar más contenido tóxico en respuestas asociadas a mujeres que a hombres.
Una de las principales ventajas de SASA es que es un método ligero, rápido y adaptable. A diferencia de otras técnicas que requieren modificar o reentrenar el modelo —algo costoso y que puede afectar su rendimiento general—, SASA simplemente actúa como una especie de “guía interna” durante la generación de texto. Además, puede extenderse fácilmente para alinear los modelos con otros valores humanos, como la veracidad, la ayuda o la lealtad. Según su autora principal, Irene Ko, la idea no es evitar que los modelos conozcan el lenguaje dañino, sino que aprendan a reconocerlo y elegir no usarlo, del mismo modo que hacemos los seres humanos.
SASA representa un paso importante hacia modelos de lenguaje más seguros, éticos y controlables, permitiendo que mantengan su poder expresivo sin dejar de respetar principios fundamentales de convivencia y responsabilidad comunicativa.
Se aborda de manera crítica la tendencia actual en la investigación sobre la inteligencia artificial (IA), que se ha centrado en adoptar la IA de forma incremental, mejorando herramientas existentes, como la corrección de textos o la gestión de referencias. Aunque estas mejoras son útiles, Daley argumenta que estas pequeñas modificaciones son apenas la punta del iceberg de lo que la IA puede ofrecer en el ámbito de la investigación, y que en realidad estamos al borde de una transformación mucho más profunda.
Daley menciona el estudio Wiley ExplanAItions, que concluye que en un par de años, la IA ayudará a los investigadores a realizar tareas como resumir artículos más rápidamente o generar citas más precisas. Sin embargo, esta visión de la IA se queda corta al no considerar los avances que ya están ocurriendo. Según el autor, la verdadera revolución no está solo en mejorar las herramientas actuales, sino en que la IA está avanzando hacia un futuro en el que será capaz de ejecutar todo el proceso de investigación de manera autónoma en ciertos campos. Esto incluye la capacidad de generar nuevas hipótesis, diseñar y realizar experimentos complejos, analizar los datos y generar conclusiones escritas que podrían ser sometidas a una revisión por pares.
El autor resalta que este cambio ya es una realidad, mencionando ejemplos concretos, como el uso de la IA o1-pro en la investigación económica, que permitió a un investigador realizar un trabajo con suficiente novedad y mérito para ser publicado en una revista científica. Además, se menciona cómo otras aplicaciones de IA ya están escribiendo tesis de doctorado, lo que implica que las herramientas de IA no solo están mejorando la eficiencia de los investigadores, sino que están comenzando a reemplazar ciertas habilidades humanas clave en el proceso de investigación.
Daley advierte que centrarse únicamente en soluciones a corto plazo, como la mejora de la corrección de citas, sin tener en cuenta el potencial transformador de la IA, es comparable a centrarse en la mejora de un establo de caballos cuando los automóviles están a punto de hacer obsoleta esa industria. En su opinión, la IA está avanzando rápidamente más allá de tareas secundarias y está comenzando a asumir tareas que históricamente solo podían ser realizadas por seres humanos, como la formulación de hipótesis y el diseño de experimentos.
En cuanto a las implicaciones éticas, el artículo menciona la necesidad de replantear la forma en que la academia aborda la IA. Aunque los investigadores y líderes académicos a menudo subestiman la velocidad y el impacto de estos cambios, Daley subraya que esperar hasta que la IA esté realizando investigaciones completas será un error, ya que para ese momento podría ser demasiado tarde para desarrollar políticas y estructuras adecuadas que garanticen la integridad académica y la calidad de la investigación.
Finalmente, Daley hace una llamada a la acción por parte de la academia. En lugar de conformarse con pequeños avances y adaptaciones, el autor insta a los académicos a prepararse para una transformación profunda de la investigación científica. Esto no significa que los investigadores humanos desaparezcan, sino que deberán adaptarse y trabajar junto con la IA de una manera más integral. La clave será anticiparse a los cambios y reestructurar cómo se lleva a cabo, se evalúa y se recompensa la investigación en este nuevo ecosistema impulsado por la IA.
El informe AI Index 2025 analiza el impacto creciente de la inteligencia artificial en la sociedad, la economía, la educación y la ciencia, ofreciendo datos objetivos para informar a líderes políticos, empresas y ciudadanos.
La influencia de la inteligencia artificial (IA) en la sociedad nunca ha sido tan pronunciada. En el Stanford HAI, se considera que la IA está destinada a ser la tecnología más transformadora del siglo XXI. Sin embargo, sus beneficios no se distribuirán de manera equitativa a menos que se guíe su desarrollo de manera reflexiva. El AI Index ofrece una de las visiones más completas y basadas en datos de la inteligencia artificial. Reconocido como un recurso confiable por medios globales, gobiernos y empresas líderes, el AI Index proporciona a los responsables políticos, líderes empresariales y al público en general información rigurosa y objetiva sobre el progreso técnico de la IA, su influencia económica y su impacto social.
Mejoras destacadas en el rendimiento Los sistemas de IA superaron significativamente los nuevos estándares de evaluación como MMMU, GPQA y SWE-bench. En programación, algunos modelos superaron a los humanos en un tiempo limitado.
Aumenta la integración en la vida cotidiana La IA se utiliza cada vez más en sectores como la sanidad y el transporte. La FDA aprobó 223 dispositivos médicos con IA en 2023. Waymo ofrece más de 150.000 viajes autónomos semanales y Baidu amplía su flota de robotaxis en China.
El auge empresarial de la IA Inversión privada en IA en EE.UU. UU. alcanzó los 109.100 millones de dólares, muy por encima de China y Reino Unido. El 78% de las organizaciones utilizarán IA en 2024, en comparación con el 55% en 2023. Hay un impacto positivo en la productividad y la reducción de las brechas de habilidades.
Liderazgo en EE. UU. y el ascenso de China EE. UU. Produzco 40 modelos destacados en 2024, en comparación con 15 en China. Sin embargo, China está cerrando rápidamente la brecha de calidad, además de liderar en publicaciones y patentes.
Avances desiguales en la IA responsable A medida que aumentan los incidentes relacionados con la IA, pocos desarrolladores aplican evaluaciones estandarizadas. Nuevos hitos como HELM Safety y AIR-Bench ayudan, pero las acciones concretas en las empresas siguen siendo limitadas. Por el contrario, los gobiernos están intensificando su regulación.
Optimismo global desigual Países asiáticos como China (83%) e Indonesia (80%) ven la IA como algo positivo, mientras que en EE. UU. UU. y Canadá sólo el 39-40%. Como resultado, la percepción está mejorando en países anteriormente escépticos como Alemania y Francia.
Mayor eficiencia y accesibilidad El costo de inferencia de modelos como GPT-3.5 ha disminuido más de 280 veces a lo largo de los años. También reduce los costos de hardware y mejora la eficiencia energética. Los modelos de código abierto se están acercando en rendimiento a los cerrados.
Regulación e inversión estatal EE. UU. emitió 59 regulaciones sobre IA en 2024, más del doble que en 2023. Otros países también están intensificando fuertemente: China (47.500 millones de dólares), Arabia Saudita (100.000 millones de dólares), Francia (109.000 millones de euros), entre otros.
La educación en IA se está expandiendo, pero con brechas El 66% de los países ofrecen o planean ofrecer educación informática primaria/secundaria, con avances importantes en África y América Latina. Sin embargo, persisten problemas de infraestructura y de formación docente.
La industria domina el desarrollo de modelos El 90% de los modelos destacados provienen del sector industrial. A medida que las universidades continúan liderando la investigación, la competencia en el desarrollo de modelos se intensifica.
Reconocimiento científico La IA ha sido galardonada con el Premio Nobel (física y química) y un Premio Turing, en reconocimiento a su impacto en áreas como el aprendizaje profundo y el procesamiento de proteínas.
Limitaciones del razonamiento comprensivo A pesar de los avances, los modelos de IA aún fallan en tareas de lógica compleja y razonamiento estructurado, lo que limita su aplicación en contextos críticos donde la precisión es vital.
Anthropic informó que su chatbot de inteligencia artificial, Claude, ahora se integra con Google Workspace, permitiéndole acceder a correos electrónicos en Gmail, eventos programados en Google Calendar y documentos en Google Docs.
Esta funcionalidad está en fase beta y está disponible para los suscriptores de los planes Max, Team, Enterprise y Pro. Para las cuentas corporativas, será necesario que los administradores activen previamente la integración.
Con esta nueva herramienta, Claude se posiciona como uno de los primeros chatbots de terceros que se conectan profundamente con el ecosistema de productividad de Google, en competencia directa con Gemini de Google DeepMind y ChatGPT de OpenAI (este último ya permite acceso a archivos de Google Drive).
La integración busca ofrecer respuestas personalizadas sin necesidad de que el usuario suba archivos o escriba indicaciones complejas. Claude podrá escanear correos y calendarios, por ejemplo, para ayudar a padres a identificar compromisos importantes y buscar información relevante como calendarios escolares, eventos comunitarios o pronósticos del tiempo.
Uno de los aspectos más destacados es que Claude ofrecerá citas en línea (inline citations), mostrando al usuario la fuente precisa de la información que utiliza desde Google Workspace.
Sin embargo, esta funcionalidad también ha generado preocupaciones sobre la privacidad y seguridad de los datos, ya que no está completamente claro el alcance de la búsqueda que Claude puede realizar en los contenidos del usuario. Por ejemplo, no se especifica si Claude necesita instrucciones explícitas para acceder a ciertos correos o si puede consultar datos sensibles automáticamente. Tampoco se ha aclarado si el usuario puede restringir el acceso a determinados archivos.
En respuesta a estas inquietudes, un portavoz de Anthropic aseguró que la empresa no utiliza los datos de los usuarios para entrenar sus modelos, y que ha implementado mecanismos rigurosos de autenticación y control de acceso. Cada conexión con servicios externos está ligada exclusivamente al usuario o institución correspondiente y Claude no puede compartir información entre cuentas.
Además de esta integración, Anthropic lanzó también una nueva función llamada Claude Research, un sistema de búsqueda profunda que realiza múltiples consultas web para ofrecer respuestas detalladas. Esta herramienta compite directamente con los agentes de investigación avanzados de OpenAI y Google, y promete un equilibrio óptimo entre velocidad y exhaustividad. Según la compañía, las búsquedas de Claude Research tardan menos de un minuto en completarse.
Claude Research está disponible inicialmente en Estados Unidos, Japón y Brasil para usuarios de los planes Max, Team y Enterprise, y llegará próximamente a los suscriptores del plan Pro.
Ambas novedades se enmarcan en la estrategia de Anthropic para atraer nuevos usuarios a sus planes de suscripción. Aunque Claude ha ganado popularidad —con 3,3 millones de usuarios web en marzo de 2025—, su base de usuarios aún es considerablemente más pequeña que la de ChatGPT.