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Los lectores puros y la lectura como una forma de vida

«El lector adicto, el que no puede dejar de leer, y el lector insomne, el que está siempre despierto, son representaciones extremas de lo que significa leer un texto, personificaciones narrativas de la compleja presencia del lector en la literatura. Los llamaría lectores puros; para ellos la lectura no es solo una práctica, sino una forma de vida. Muchas veces los textos han convertido al lector en un héroe trágico (y la tragedia tiene mucho que ver con leer mal), un empecinado que pierde la razón porque no quiere capitular en su intento de encontrar el sentido.»

Ricardo Piglia El último lector

Un libro es una conversación que nunca termina

«Un libro es una conversación que nunca termina. Cuando abres una novela, estás aceptando que un desconocido entre en tu cabeza y reorganice tus muebles. Lo curioso es que, a menudo, el autor sabe mejor que tú dónde deberían estar esos muebles. Leemos para darnos cuenta de que no somos los únicos que sentimos ese miedo o esa alegría ridícula. Escribir es lanzar una botella al mar, y leer es encontrar esa botella y darse cuenta de que el mensaje que contiene estaba escrito para ti, aunque fuera redactado hace cien años en una habitación que ya no existe.»

David Foenkinos «La biblioteca de los libros rechazados»

El último sabio de la medina: así vive el librero más veterano de Rabat

Meet The Oldest Bookseller of Rabat, Morocco.” 1000 Libraries Magazine, 8 de diciembre. https://magazine.1000libraries.com/meet-the-oldest-bookseller-of-rabat-morocco/

Mohamed Aziz, conocido como el librero más antiguo de Rabat, nació en 1948 en la capital marroquí y quedó huérfano a una edad muy temprana, lo que marcó profundamente su infancia y su acceso a la educación. Para poder continuar en la escuela trabajó durante años como pescador, pero finalmente tuvo que abandonar sus estudios a los quince años debido al precio prohibitivo de los libros de texto. Aquella frustración —tener el deseo de aprender, pero no los medios— lo acompañó durante años, y fue precisamente esa herida la que lo condujo a convertir su vida en un acto de resistencia cultural: si él no había podido comprar libros, dedicaría su vida a ponerlos al alcance de los demás.

Sus inicios como librero fueron extremadamente humildes. Comenzó vendiendo apenas nueve libros usados bajo un árbol, en plena calle, improvisando con lo que tenía y confiando en que algún lector curioso se detuviera a hojear sus ejemplares. Con el tiempo, su presencia constante y su enorme dedicación lo llevaron a abrir un pequeño establecimiento en la medina de Rabat. Así nació su tienda Bouquiniste El Azizi, que desde 1967 permanece en el mismo lugar y se ha convertido en un punto de referencia cultural y humano para generaciones de lectores, estudiantes, profesores y curiosos. Su librería, abarrotada de volúmenes en árabe, francés e inglés, es un espacio donde conviven la memoria, la conversación y el acceso democrático al conocimiento.

Lo que distingue a Mohamed Aziz no es solo su longevidad como librero, sino su relación íntima con los libros. Dedica entre seis y ocho horas diarias a leer, convencido de que un librero que no lee es un vendedor más, no un mediador entre la cultura y las personas. Se calcula que ha leído más de 4.000 títulos, e incluso hay quien afirma que la cifra supera los 5.000. No lo hace por obligación profesional, sino porque para él la lectura ha sido siempre su refugio y su forma de dignidad: una respuesta personal frente a la pobreza y la falta de oportunidades que sufrió en su juventud. En sus palabras, leer es su manera de encontrar sentido y de reivindicar la vida que no pudo tener de niño.

Su filosofía se refleja también en su manera de trabajar. Tiene la costumbre de dejar muchos libros expuestos en la calle, sin vigilancia ni medidas de seguridad. Cuando le preguntan si no teme que se los roben, responde con una frase que ya forma parte de su leyenda: “Los que no saben leer no roban libros, y los que pueden leer, no son ladrones”. Esta convicción sencilla y profunda resume su fe en la cultura como motor de humanidad, y en la lectura como acto transformador. Aziz es, así, más que un comerciante: es una figura moral y cultural de Rabat, un guardián de historias y un ejemplo de cómo un individuo puede construir un espacio de conocimiento abierto incluso en contextos de dificultad.

Con el paso de los años, su librería se ha convertido en un símbolo de la resistencia del libro en un mundo que cambia y en un país que todavía enfrenta retos en alfabetización y acceso a la cultura. Estudiantes, turistas, investigadores y vecinos acuden a su tienda no solo a comprar, sino a escuchar recomendaciones, compartir inquietudes o simplemente conversar unos minutos. Mohamed Aziz encarna la idea del librero como figura comunitaria, un puente entre el pasado y el presente, y una prueba viviente de que los libros pueden ser un destino y una salvación.

No se puede leer un libro por completo sin estar solo

«No se puede leer un libro por completo sin estar solo. Pero a través de esta soledad, te involucras íntimamente con personas que de otra manera nunca habrías conocido, ya sea porque llevan siglos muertas o porque hablaban idiomas que no entiendes. Y, sin embargo, se han convertido en tus amigos más cercanos, tus consejeros más sabios, los magos que te hipnotizan, los amantes con los que siempre has soñado».


Antonio Muñoz Molina

Libros bomba

«Quisiera construir libros bomba, es decir, libros que fueran útiles precisamente en el momento en el que alguien los escribe o los lee. Y que desaparecieran luego. Esos libros estarían hechos de tal modo que desaparecerían poco tiempo después de haber sido leídos o utilizados. Los libros deberían ser una especie de bombas y nada más. Tras la explosión, las gentes podrían recordar que esos libros produjeron unos hermosos fuegos artificiales. Más tarde los historiadores y demás especialistas podrían decir que ese libro o tal otro fue tan útil como una bomba y también tan hermoso como unos fuegos artificiales».


MICHEL FOUCAULT, «Dialogue on Power», 1975/78.

Abrir un libro

<<Cuando yo abro un libro, lo abro como puedo abrir un paquete de chocolate, o entrar en el cine, o llegar por primera vez a la cama de una mujer que deseo; es decir, es una sensación de esperanza, de felicidad anticipada, de que todo va a ser bello, de que todo va a ser hermoso».

Julio Cortázar