La primera biblioteca móvil de Kabul (Afganistán)

 

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Instalada en un autobús azul reconvertido, “Charmaghz” -literalmente “la nuez”, en persa, asociada a la reflexión por su parecido con un cerebro- esta biblioteca móvil surca las polvorientas calles de la capital afgana. En cuanto se abre la puerta del autobús, docenas de niños y niñas se apresuran a entrar y sus manitas agarran los libros de los estantes de la primera biblioteca móvil de Kabul.

 

En Afganistán, los niños asisten a la escuela generalmente durante menos de 5 años (4,6 años en 2017, según la Fundación Asia). Pero incluso, además, la mayoría de las escuelas públicas no tienen bibliotecas. Abbas, de 15 años, está leyendo a sus amigos la leyenda del héroe persa Rostam y su hijo Sohrab, y comenta : “En la escuela, tienes una elección limitada de libros”, dice. “Aquí encuentras de todo.”

El servicio “Charmaghz” (nuez) fue lanzado en febrero gracias a una joven graduada de Oxford, Fereshta Karim, que, después de crecer en un campamento de refugiados en Pakistán, decidió dedicar su tiempo a promover la lectura entre los niños y niñas afganos, una oportunidad que no había tenido cuando era niña. En su opinión, la biblioteca ambulante es una forma “eficaz” de llegar a muchos niños y aumentar así la tasa de alfabetización del país, que está en torno al 36% de la población.

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El autobús ofrece a los niños de la escuela y de la calle acceso gratuito a los libros de su edad, que la mayoría de ellos extrañan mucho; además de ser una evasión en una vida cada vez más confinada por el recrudecimiento de los ataques en la ciudad. El autobús sigue la misma línea seis días a la semana, parando frente a escuelas, parques y  orfanatos, dos horas cada vez, antes de salir para su próxima parada.

Cada día, unos 300 niños disfrutan de la biblioteca ambulante. El autobús, alquilado a una compañía de transporte público, les ofrece un lugar seguro y tranquilo donde pueden leer, conocerse y jugar al ajedrez.

“Chicos, siéntense atrás y chicas adelante. Es importante organizarse”, dice uno de los tres voluntarios, mientras los niños se esfuerzan por ocupar los asientos  alineados a lo largo de las paredes del autobús.

 

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A diferencia de las bibliotecas tradicionales donde hablar está prohibido, aquí, por el contrario, las voces de los niños animan el ambiente. Sentados con las piernas cruzadas sobre alfombras en el suelo o en las mesas, la mayoría leen en voz alta el libro escogido entre los aproximadamente 600 que ofrecen las editoriales afganas.

“Vengo aquí una vez a la semana”, dice AFP Zahra, de 13 años. “Hoy leo consejos sobre cómo mantenerse saludable, qué hacer, cómo comer…. por la noche, cuando llego a casa, les cuento a mis hermanos y hermanas lo que leo aquí.”

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