«Elige una sonrisa para mí de tu catálogo, tan y rico, tan cálido y brillante, tan lleno de luz. La noche más oscura. Cuéntame una historia de tu biblioteca, fiel a nuestros corazones, fiel a nuestras vidas, fiel a nuestras almas, Pero no demasiado cierta. Y déjame con tus mejores recuerdos cuando nos separamos, cuando hacemos cliché, cuando los nervios se debilitan a través de largos días fríos.»
«La literatura ensancha nuestro ser al permitirnos experiencias que no nos pertenecen. Pueden ser hermosas, terribles, sobrecogedoras, estimulantes, patéticas, cómicas o simplemente atractivas. La literatura da cabida a todas ellas. Quienes hemos sido verdaderos lectores toda la vida no solemos darnos cuenta de la enorme extensión de nuestro ser que le debemos a los autores. Cuando mejor nos percatamos de ello es al hablar con un amigo que no lee. Puede que esté lleno de bondad y sentido común, pero vive en un mundo minúsculo en el que nosotros nos asfixiaríamos. El hombre que se conforma con ser él mismo y, por tanto, con un ser reducido, se halla en una cárcel. Mis ojos no me bastan… Ni siquiera me bastan los ojos de toda la humanidad. Lamento que los animales no puedan escribir libros. Me encantaría aprender cómo son las cosas para un ratón o una abeja, y más aún poder percibir el mundo olfativo de un perro, cargado de información y emoción. Al leer buena literatura me convierto en un millar de hombres y sigo siendo yo mismo. Como el cielo nocturno del poema griego, veo con miles de ojos, pero sigo siendo yo quien ve. Entonces, como en una oración, trasciendo en amor, en acción moral y en conocimiento; y al hacerlo es cuando realmente soy yo mismo.»
«Mi conducta de lector, tanto en mi juventud como en la actualidad, es profundamente humilde. Es decir, te va a parecer quizá ingenuo y tonto, pero cuando yo abro un libro lo abro como puedo abrir un paquete de chocolate, o entrar en el cine, o llegar por primera vez a la cama de una mujer que deseo; es decir, es una sensación de esperanza, de felicidad anticipada, de que todo va a ser bello, de que todo va a ser hermoso».
La librería de un hombre es también su retrato, y tan fino que no pueden igualarle ni los pinceles más exactos ni la pluma más penetrante y fiel del mejor biógrafo. Los libros que cada cual escoge para su recreo, para su instrucción, incluso para su vanidad, son verdaderas huellas dactilares del espíritu, que permiten su exacta identificación“.
“La persona que sabe leer, que se aficiona a la alegría de la lectura, tiene unos goces extraordinarios y además a muy poco precio. El mundo está lleno de diversiones caras. Cuanto más inculta es una persona, más dinero necesita para pasar los fines de semana, porque como no fabrica nada, no produce nada, todo lo tiene que comprar. Mientras que una persona con un cierto nivel de cultura, con la conversación, un libro o una música puede pasar el tiempo de una manera enriquecedora, la riqueza que nos dan los libros es una riqueza real más duradera y limpia que las que se tienen”.
FERNANDO SAVATER en la Universidad Autónoma de Aguascalientes (México) 16 de mayo de 2016
«Porque se diga lo que se diga, los libros dan respuestas. Aunque no sean soluciones, aunque no sean definitivas. Respuestas instantáneas, luces que relampaguean en la oscuridad. Una hermosa frase, un pasaje de una novela, un verso: allí está, de pronto, la verdad. Y todo el sin sentido, y todo el desorden, se convierten, repentinamente, en belleza».
Durarán más que tú, pero nadie posará con más gusto su mirada, aspirará su olor a papel viejo preferible al perfume más sutil, recorrerá sus lomos, los abrirá con igual mimo, descubriendo tesoros olvidados, textos, recortes que los complementan, volviendo a colocarlos con amor en el sitio cabal, para encontrarlos -milicia silenciosa y no violenta- no en más de tres minutos.
Habrá de pasar tiempo, dejadme imaginarlo, hasta que se acostumbren a otras manos: ojalá no sean ásperas con ellos.
No pida libros de esta biblioteca, rezaba el letrero de la vitrina.
Pensé cuántas horas me pasaría mirando ese cartel y consultando las almas de sus dueños, que habitaban entre esas páginas.
Pensé en las manos que hojearon esos libros antes de que yo llegara. Tuve la certeza absoluta de que todos los destinos son provisionales. Seguí leyendo para convenir que el demonio hace negocios con olvidadizos; mi alma también está entre libros; la eternidad solo tiene sentido si tienes que buscar tu alma entre libros.
Miro el libro que me prestaste y nunca regresó. También me mira a mí. Lleva las marcas de su lectura, ciertas arrugas en el blanco de las páginas, manchas sutiles y difusas como las nubes, los restos de tus manos o tu mirada. Espero que no pienses en mí como yo pienso sobre la gente que nunca devuelve los libros que les presté. ¿Qué pensarás? ¿sobre mí? Nunca leí el libro que me prestó, Siempre he preferido imaginarlo. Supongo que todavía se sienten extraños entre mis libros, pero ahora es demasiado tarde para devolverlo, hace tanto tiempo que no hablamos, que no sé si todavía tengo tu número de teléfono. ¿Qué pensarías si ahora, de la nada, Quería devolverte tu libro… Se podría pensar que quería algo. Ya sabes, me quedo con tu libro porque no quiero nada. Probablemente nunca te devolveré este libro, Probablemente nunca te devolveré este libro. parte de mi patrimonio, es la última relación que tuvimos.