La conciencia mundial sobre la inteligencia artificial crece, pero sigue existiendo una importante brecha de conocimiento

Pew Research Center. Who has heard or read a lot about AI, and how is awareness changing? 17 de septiembre de 2026. El análisis forma parte de la encuesta internacional de Pew sobre las actitudes hacia la inteligencia artificial realizada en 2026. Artículo original en Pew Research Center

Pew Research Center analiza hasta qué punto la población mundial está familiarizada con la inteligencia artificial y cómo ha evolucionado esta conciencia durante los últimos años. El estudio muestra que, en la mayoría de los 37 países analizados, una mayoría de adultos ha oído hablar al menos algo sobre IA. Sin embargo, existen diferencias enormes en el grado de conocimiento: mientras que en algunos países más de la mitad de la población afirma haber oído o leído mucho sobre inteligencia artificial, en otros esta proporción apenas alcanza a una de cada diez personas. Japón y Alemania se encuentran entre los países con mayores niveles de conocimiento declarado, mientras que Sri Lanka y Bangladesh se sitúan en el extremo contrario.

Uno de los datos más significativos es que la conciencia sobre la IA está aumentando. En 11 de los 25 países en los que Pew dispone de datos comparables con el año anterior, creció la proporción de personas que dicen haber oído o leído mucho sobre inteligencia artificial. Algunos de los incrementos más importantes se registraron en Nigeria (+14 puntos porcentuales), Hungría (+11) y Reino Unido (+10). El fenómeno también es particularmente evidente en Estados Unidos: la proporción de estadounidenses que afirma haber oído o leído mucho sobre IA prácticamente se ha duplicado desde 2022, cuando Pew comenzó a realizar esta pregunta.

El estudio encuentra además una relación clara entre nivel de desarrollo económico y conocimiento de la IA. Los países con un PIB per cápita más elevado tienden a presentar niveles superiores de conciencia sobre la tecnología. Pew pone como ejemplo a Singapur, donde el PIB per cápita se aproxima a los 100.000 dólares y el 53% de los adultos afirma haber oído o leído mucho sobre IA. En el extremo contrario, Bangladesh, con un PIB per cápita cercano a los 2.600 dólares, registra solamente un 4%. Esta diferencia refleja no solamente la difusión de la tecnología, sino también las desigualdades en acceso a información, educación y experiencias directas con herramientas de IA.

La edad constituye otra de las variables más importantes. En los 36 países donde Pew puede comparar grupos de edad, los adultos de 18 a 34 años son más propensos que los mayores de 50 años a afirmar que han oído o leído mucho sobre inteligencia artificial. En 19 países la diferencia alcanza o supera los 30 puntos porcentuales. España presenta una de las brechas más llamativas: el 67% de los jóvenes de 18 a 34 años afirma haber oído mucho sobre IA, frente a solamente el 16% de las personas de 50 años o más, una diferencia de 51 puntos. Además, en España la conciencia ha crecido más entre los jóvenes que entre los adultos mayores desde el año anterior.

La relación entre conocimiento y actitud hacia la IA resulta especialmente interesante. En numerosos países, quienes conocen más la tecnología no son necesariamente quienes tienen una visión más negativa. De hecho, Pew observa que las personas con mayor conocimiento de IA tienden en muchos países a mostrar una actitud relativamente más optimista. En Alemania, por ejemplo, entre quienes han oído mucho sobre IA, el 26% se declara principalmente preocupado, el 59% está igualmente preocupado y entusiasmado y el 15% está principalmente entusiasmado. Entre quienes han oído poco o nada sobre IA, las cifras son 41%, 51% y 8%, respectivamente. Esto sugiere que la falta de información puede estar asociada con mayores niveles de preocupación o, sencillamente, con una mayor dificultad para adoptar una posición definida.

También existe una brecha educativa y socioeconómica. Las personas con mayores niveles de educación y mayores ingresos tienden a presentar una mayor conciencia sobre la inteligencia artificial. Por el contrario, quienes tienen menor nivel educativo o menores ingresos suelen estar menos familiarizados con la tecnología y manifiestan con mayor frecuencia preocupación ante ella. El fenómeno es importante porque indica que la expansión de la IA no está produciendo únicamente una transformación tecnológica, sino también una posible brecha de alfabetización en IA entre diferentes grupos sociales.

El caso de los jóvenes merece una atención particular. Aunque son claramente el grupo con mayor nivel de conocimiento, esto no significa que sean acríticamente favorables a la IA. El estudio internacional muestra que los menores de 35 años suelen combinar entusiasmo y preocupación. En más de la mitad de los países analizados, sentirse simultáneamente preocupados y entusiasmados constituye la respuesta mayoritaria o más frecuente entre los jóvenes. Además, en varios países la preocupación está creciendo entre ellos. En Estados Unidos, por ejemplo, la proporción de jóvenes de 18 a 34 años que se sienten principalmente preocupados por la IA pasó del 40% en 2024 al 55% en 2026.

El informe muestra que la alfabetización y la conciencia sobre la inteligencia artificial avanzan rápidamente, pero de manera desigual. La edad, el nivel educativo, los ingresos y el desarrollo económico del país están asociados con diferencias importantes en el grado de conocimiento. El dato resulta especialmente relevante para las bibliotecas y las instituciones educativas: no basta con que la IA esté disponible; es necesario garantizar que los distintos grupos sociales dispongan de oportunidades para comprender qué es, cómo funciona, cuáles son sus posibilidades y cuáles son sus riesgos. Los datos de Pew proporcionan, por tanto, un argumento sólido para considerar la alfabetización en IA como una dimensión de la alfabetización informacional y digital, especialmente para reducir las desigualdades de conocimiento que acompañan a la expansión de esta tecnología. Esta última consideración es una interpretación derivada de los datos del estudio, no una conclusión explícita de Pew.