Inteligencia artificial para la investigación científica autónoma: implicaciones para las bibliotecas de investigación

Display reading “ARTIFICIAL RESEARCH INTELLIGENCE” and “AUTONOMOUSLY AI-GENERATED SCIENCE AND THE IMPLICATIONS FOR RESEARCH LIBRARIES,” surrounded by charts and researchers.
Researchers explore AI-generated science and digital tools in a vibrant library setting.

Ridley, Michael. “Artificial Research Intelligence: Autonomously AI-Generated Science and the Implications for Research Libraries.” Information Technology and Libraries 45, no. 3 (2026). DOI: 10.5860/ital.v45i3.17706

El artículo plantea un cambio de gran alcance: si la IA comienza a realizar de manera autónoma partes sustanciales del proceso científico, la biblioteca de investigación tendrá que evolucionar desde la gestión de colecciones hacia la gestión, preservación, evaluación y mediación de sistemas dinámicos de producción de conocimiento. La IA puede realizar gran parte del procesamiento y la exploración, pero el juicio científico, ético e intelectual sigue siendo una responsabilidad humana fundamental.

La aparición de lo que denomina Artificial Research Intelligence (ARI), o inteligencia artificial para la investigación, entendida como sistemas de IA capaces de realizar de manera prácticamente autónoma un proceso científico completo: desde la generación de una idea de investigación hasta la elaboración del manuscrito final. El concepto va más allá del uso convencional de la IA como herramienta auxiliar para buscar información, analizar datos o redactar textos, ya que plantea la utilización coordinada de múltiples modelos y agentes capaces de asumir diferentes etapas del método científico.

Una de las ideas centrales del artículo es que estos sistemas podrían representar una transformación profunda de la forma en que se produce conocimiento científico. Ridley señala que la combinación de modelos de IA agénticos, capacidad de computación y procedimientos propios del método científico podría configurar lo que algunos investigadores han denominado un posible “quinto paradigma de investigación científica”. En este modelo, la IA podría encargarse de tareas de cálculo, exploración de hipótesis, búsqueda de patrones, generación de propuestas y producción de resultados, mientras que las personas conservarían una función esencial relacionada con la interpretación, el juicio científico y la supervisión ética.

El autor, sin embargo, subraya que la investigación científica autónoma todavía presenta limitaciones importantes. Entre ellas aparecen las alucinaciones, la insuficiente especialización profunda en determinados dominios científicos y la tendencia de algunos sistemas a presentar conclusiones más contundentes de lo que permiten realmente las evidencias. Por ello, el hecho de que un sistema sea capaz de generar de forma autónoma un artículo o una hipótesis no significa necesariamente que haya producido conocimiento científico fiable. La automatización de las diferentes fases del proceso investigador introduce, por tanto, nuevos problemas relacionados con la reproducibilidad, la validación, la atribución de responsabilidad y la evaluación de la evidencia.

Otro concepto especialmente interesante es el de “captura epistémica” (epistemic capture). Ridley advierte de que, si las infraestructuras necesarias para desarrollar investigación científica autónoma quedan concentradas en grandes empresas privadas de inteligencia artificial, podría producirse un desplazamiento de parte de la producción de conocimiento desde las universidades y las instituciones públicas hacia las corporaciones tecnológicas que controlan los modelos, los datos y la capacidad de computación. El problema no sería solamente tecnológico o económico, sino también institucional: quién controla las infraestructuras de conocimiento puede acabar teniendo una influencia considerable sobre qué preguntas se investigan, qué resultados se producen y cómo circula el conocimiento científico.

En este contexto, el artículo plantea una redefinición del papel de las bibliotecas de investigación. Si tradicionalmente las bibliotecas universitarias han gestionado colecciones relativamente estáticas —libros, revistas, bases de datos, repositorios y otros recursos documentales—, la expansión de la investigación asistida o generada por IA exigiría avanzar hacia la gestión y custodia de sistemas dinámicos de conocimiento impulsados por inteligencia artificial. Esto supone pasar de administrar únicamente documentos y colecciones a participar también en los ecosistemas tecnológicos, datos, modelos, agentes y procesos mediante los cuales se genera nuevo conocimiento.

Ridley identifica varias áreas en las que las bibliotecas pueden asumir un papel activo. Una de ellas es la comunicación científica, donde los bibliotecarios podrían contribuir al desarrollo de nuevos procesos para documentar, preservar y hacer trazable la investigación producida con sistemas autónomos. También adquiere importancia la formación en competencias de inteligencia artificial para investigadores y profesionales de la información. El artículo plantea, además, la posibilidad de crear laboratorios de IA vinculados a las bibliotecas, desde los cuales experimentar con estas tecnologías y desarrollar investigaciones aplicadas sobre sus posibilidades y riesgos.

La propuesta implica, por tanto, una evolución de la biblioteca como intermediaria de información hacia una biblioteca como infraestructura de conocimiento. En lugar de limitarse a proporcionar acceso a la literatura científica existente, las bibliotecas podrían participar en las nuevas cadenas de producción, validación, preservación y comunicación del conocimiento. Esto conecta directamente con cuestiones que ya están transformando la comunicación científica: artículos generados parcialmente por IA, revisión por pares asistida por algoritmos, agentes capaces de realizar búsquedas y síntesis, generación automática de hipótesis y nuevas formas de publicación científica.