
Urban Libraries Council (ULC), Future Scenarios: Library Space & Design | A new policy roadmap for library leaders, publicado el 16 de septiembre de 2026.
Las bibliotecas públicas siempre han sido una expresión viva de sus comunidades, reflejando las necesidades, la historia, las aspiraciones, las presiones y las posibilidades locales. A medida que nuestras comunidades evolucionan con mayor rapidez, cobran aún más importancia las vías para comprender y participar en la configuración de los cambios futuros. El informe propone una hoja de ruta para los responsables de bibliotecas sobre cómo combinar los espacios físicos, las tecnologías digitales y las nuevas necesidades de las comunidades
El informe parte de una transformación profunda del contexto social en el que funcionan las bibliotecas públicas. La digitalización, la fragmentación social, la incertidumbre económica y los cambios en las formas de relacionarse están modificando las necesidades de las comunidades. Frente a este escenario, las bibliotecas aparecen como una de las pocas instituciones cívicas capaces de proporcionar estabilidad, acceso, encuentro y oportunidades de participación. El documento sostiene que la biblioteca pública no debería contemplarse simplemente como un lugar donde se ofrecen libros, ordenadores o actividades culturales, sino como una infraestructura esencial para la vida comunitaria.
Uno de los argumentos centrales es que el diseño físico de la biblioteca adquiere una importancia renovada precisamente cuando otros espacios de encuentro están desapareciendo. En un contexto en el que los denominados «terceros lugares» —espacios diferentes del hogar y del trabajo donde las personas pueden encontrarse— son cada vez más escasos, las bibliotecas pueden asumir una función social mucho más amplia. El espacio bibliotecario debe facilitar no solamente la lectura o el estudio individual, sino también la interacción, la participación, el aprendizaje, la conversación, la creatividad y el sentimiento de pertenencia.
La metodología del informe se estructura en tres pasos. Primero analiza cómo utilizan actualmente los ciudadanos los espacios, programas y servicios bibliotecarios y relaciona esos usos con las tendencias que están transformando la vida comunitaria. Posteriormente intenta anticipar qué podrían necesitar y esperar los usuarios del futuro. Finalmente, convierte esas observaciones en diferentes escenarios futuros de biblioteca, teniendo en cuenta simultáneamente la evolución del comportamiento de los usuarios, el diseño arquitectónico y espacial y el desarrollo de las infraestructuras digitales.
Una de las ideas más interesantes del documento es que la transformación digital no debe conducir a una biblioteca progresivamente deshumanizada. La tecnología debe aumentar las posibilidades de la biblioteca y reforzar su propósito humano, no reemplazarlo. Las bibliotecas del futuro deberán ser tecnológicamente avanzadas, pero al mismo tiempo conservar una identidad claramente humana. Esto implica pensar la tecnología como una infraestructura que facilita el acceso, el aprendizaje y la participación, mientras que el espacio físico continúa proporcionando aquello que difícilmente puede sustituirse mediante una pantalla: presencia, interacción social, confianza y pertenencia.
El documento concede especial importancia al problema de la desconexión social. La biblioteca puede funcionar como un lugar en el que las personas no solamente encuentran información, sino también orientación para comprender los cambios que afectan a sus vidas y oportunidades para participar en la comunidad. De ahí que el diseño futuro deba crear espacios en los que resulte sencillo saber cómo participar, encontrarse con otras personas y sentirse parte de una comunidad. La biblioteca se plantea así como un espacio de cohesión social en un momento de creciente fragmentación.
El planteamiento supone también un cambio respecto a la concepción tradicional del edificio bibliotecario. El diseño ya no debería estar determinado exclusivamente por la colección y los puestos de lectura, sino por una combinación de personas, actividades, relaciones, tecnología y comunidad. Esto puede traducirse en espacios más flexibles y adaptables, capaces de responder a diferentes usos a lo largo del día y de modificarse conforme evolucionen las necesidades de los usuarios. La arquitectura deja de ser un elemento puramente funcional para convertirse en una herramienta de política bibliotecaria.
Una de las conclusiones más significativas del informe es la necesidad de cambiar el relato público sobre las bibliotecas. Siguen siendo instituciones de confianza, pero su imagen pública no siempre refleja la amplitud de las funciones que ya desempeñan. El informe propone reforzar la idea de que la biblioteca constituye una infraestructura cívica esencial, especialmente en comunidades sometidas a cambios económicos, tecnológicos y sociales acelerados.