La mayor prohibición de libros en los Estados Unidos no se encuentra en las escuelas ni en las bibliotecas locales, se encuentra en las prisiones.

 

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Cada septiembre se celebra Banned Books Week (Semana del Libro Prohibido). Debemos defender nuestro derecho a leer como una libertad fundamental y rechazar los intentos de censura por motivos políticos, religiosos o de otro tipo. Hoy en día, la prohibición de libros más extensa de Estados Unidos está ocurriendo en el sistema carcelario. Más de 2,2 millones de personas se ven afectadas, y con demasiada frecuencia tienen poco o ningún acceso a libros, material jurídico o incluso diccionarios. El acceso a la literatura en las prisiones estadounidenses es cada vez peor. En los últimos años, con el objetivo declarado de impedir que el “contrabando” entre en las cárceles, varios estados y el sistema penitenciario federal han intentado restringir drásticamente la entrega de libros a las personas encarceladas, o cerrar completamente dichas entregas.

En Texas, el Departamento de Justicia Penal ha prohibido más de 10,000 libros en las prisiones, incluyendo libros de Alice Walker, John Grisham, Jenna Bush Hager, Henry Louis Gates, Jr. y Bob Dole. Aunque se han permitido los libros de Adolf Hitler y David Duke, los libros sobre los derechos civiles y las condiciones de la prisión a menudo están censurados.

Sin embargo, todos los estudios demuestran que permitir que las personas encarceladas tengan acceso a información e ideas externas reduce la reincidencia y es esencial para una transición exitosa de regreso a la sociedad. De este modo, PEN América y sus aliados han solicitado al Congreso que se actúe inmediatamente firmando una petición exigiendo para que el Congreso desarrolle medidas inmediatas para eliminar las prácticas de restricción de libros en las prisiones.