Hallados tres libros envenenados en una biblioteca universitaria de Dinamarca

 

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Jakob Povl Holck & Kaare Lund Rasmussen, This University Library Discovered Three of Its Books Were Poisonous. Well that’s awkward. The Conversation 1 Jul 2018

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Algunos recordarán el libro mortal de Aristóteles que juega un papel vital en la trama de la novela de Umberto Eco “El nombre de la rosa”. En el que el libro envenenado por un monje benedictino loco de un monasterio italiano del siglo XIV, mata a todos los lectores que se lamen los dedos al pasar las páginas intóxicadas. ¿Podría pasar algo así en la realidad? ¿Envenenamiento por los libros?

 

 

Recientemente se ha descubierto que tres libros de la sección de “raros” de los siglos XVI y XVII sobre varios temas históricos de la colección de la biblioteca de la Universidad del Sur de Dinamarca, contenían grandes concentraciones de arsénico en sus portadas.

Las cualidades venenosas de estos libros se detectaron mediante la realización de una serie de análisis de fluorescencia de rayos X (micro-XRF). Esta tecnología muestra el espectro químico de un material analizando la radiación “secundaria” característica que emite el material durante un análisis de rayos X de alta energía. La tecnología Micro-XRF se utiliza en los campos de la arqueología y el arte, por ejemplo, cuando se investigan los elementos químicos de la cerámica y la pintura.

La razón por la que se llevaron estos tres libros raros al laboratorio de rayos X fue porque la biblioteca había descubierto previamente que algunos fragmentos de manuscritos medievales, tales como copias de la ley romana y de la ley canónica, se utilizaron para confeccionar portadas de otros libros. Está bien documentado que los encuadernadores europeos de los siglos XVI y XVII reciclaban pergaminos más antiguos.

Se intentó identificar los textos latinos utilizados, o al menos leer parte de su contenido. Pero se encontró que los textos latinos en las portadas de los tres volúmenes eran difíciles de leer debido a una extensa capa de pintura verde que oscurecía las viejas letras manuscritas. Así que se llevaron al laboratorio. La idea era poder filtrarse a través de la capa de pintura utilizando micro-XRF y centrarse en los elementos químicos de la tinta de abajo, por ejemplo, hierro y calcio, con la esperanza de hacer que las letras fueran más legibles para los investigadores de la universidad. Pero el análisis XRF reveló que la capa de pigmento verde era arsénico. Este elemento químico es una de las sustancias más tóxicas del mundo y la exposición puede provocar diversos síntomas de intoxicación, el desarrollo de cáncer e incluso la muerte.

El arsénico (As) es un metaloide omnipresente y natural. En la naturaleza, el arsénico se combina habitualmente con otros elementos como el carbono y el hidrógeno. Esto se conoce como arsénico orgánico. El arsénico inorgánico, que puede aparecer tanto en forma metálica pura como en compuestos, es la variante más dañina. La toxicidad del arsénico no disminuye con el tiempo. Dependiendo del tipo y la duración de la exposición, puede producir varios síntomas de envenenamiento que incluyen irritación estomacal y de intestino, náuseas, diarrea, cambios en la piel e irritación de los pulmones.

Se cree que el pigmento verde que contiene arsénico que se encuentra en las cubiertas de los libros es verde parisino, triarsenita de acetato de cobre (II) o acetoarsenita de cobre (II) Cu (C₂H₃O₂)₂-3Cu(AsO₂)₂ Esto también se conoce como “verde esmeralda”, debido a sus llamativos tonos verdes, similares a los de la popular piedra preciosa.

El pigmento de arsénico – un polvo cristalino – es fácil de fabricar y se ha utilizado comúnmente para múltiples propósitos, especialmente en el siglo XIX. El tamaño de los granos de polvo influye en la tonificación del color, como se observa en pinturas al aceite y lacas. Los granos más grandes producen un verde más oscuro y los más pequeños un verde más claro. El pigmento es especialmente conocido por su intensidad de color y su resistencia a la decoloración.

La producción industrial del color verde en París se inició en Europa a principios del siglo XIX. Los pintores impresionistas y postimpresionistas utilizaron diferentes versiones del pigmento para crear sus vívidas obras maestras. Esto significa que muchas piezas de museo contienen hoy en día el veneno. En su apogeo, todo tipo de materiales, incluso las tapas de libros y la ropa, podían ser revestidos en verde parisino por razones estéticas. Por supuesto, el contacto continuo de la piel con la sustancia provocaría síntomas de exposición.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, se tuvo conciencia de los efectos tóxicos de la sustancia, y esta variante del arsénico se dejó de utilizar como pigmento y se utilizó con mayor frecuencia como plaguicida en las tierras de cultivo. Otros pigmentos sustituyeron al “Verde París” en las pinturas y en la industria textil. A mediados del siglo XX, se eliminó su uso en las  tierras de cultivo.

En el caso de los libros, el pigmento no se utilizó con fines estéticos, formando un nivel inferior de la portada. Una explicación plausible para la aplicación -posiblemente en el siglo XIX- del “Verde París” en los libros antiguos podría ser la de protegerlos de los insectos y las alimañas.

Bajo ciertas circunstancias, los compuestos de arsénico, tales como arseniatos y arsenitos, pueden ser transformados por microorganismos en arsina (AsH₃) – un gas altamente venenoso con un olor distintivo a ajo. Es un hecho que los papeles pintados verdes elaborados con estas sustancias en la época victoriana llevaron a la muerte a muchos niños que los utilizaron para decorar sus habitaciones

Actualmente, por cuestiones de seuuridad, la biblioteca almacena los tres volúmenes venenosos en cajas de cartón separadas con etiquetas de seguridad en un armario ventilado. También se planteo su digitalización para minimizar la manipulación física. Cualquiera no esperaría que un libro contuviera una sustancia venenosa. Pero podría suceder.