La autocitación también hace crecer la ciencia: por qué no debería penalizarse automáticamente

Starominski-Uehara, Marvin. “Self-Citation Is How Fields Grow.” The Scholarly Kitchen, 20 de agosto de 2026.
Artículo original en The Scholarly Kitchen

Se cuestiona la visión tradicional de la autocitación como una práctica esencialmente sospechosa destinada a inflar artificialmente los indicadores bibliométricos. El autor sostiene que citar trabajos propios no implica necesariamente manipulación y que, especialmente en campos científicos emergentes, puede constituir una forma legítima de construir y consolidar una línea de investigación.

La reflexión parte de un estudio publicado en Society sobre los patrones de autocitación en un campo interdisciplinar emergente denominado human stigmergy. El análisis encuentra que las autocitas son un predictor estadísticamente significativo de las citas posteriores procedentes de autores no vinculados con los investigadores originales, mientras que las referencias a trabajos ajenos no mostraron una relación significativa con esos resultados.

El estudio analizó 1.289 fuentes en nueve idiomas, seleccionando finalmente 42 artículos que cumplían los criterios establecidos. La regresión estadística encontró que cada autocitación adicional estaba asociada con aproximadamente 11 citas adicionales procedentes de autores independientes. El efecto se mantenía incluso después de eliminar de los resultados las autocitas posteriores de los propios autores, lo que reduce la posibilidad de que el resultado se explique simplemente porque quienes se autocitan mucho continúan citándose a sí mismos. No obstante, el propio autor advierte que el modelo explica únicamente el 19,3 % de la variación en los resultados de citación, por lo que la mayor parte de las diferencias depende de otros factores.

Aquí aparece uno de los aspectos más interesantes del artículo: la autocitación podría ser más un indicador de una trayectoria científica consolidada que una causa directa del impacto. Los investigadores que tienen una producción científica extensa y coherente disponen naturalmente de más trabajos anteriores que citar. Al mismo tiempo, suelen llevar más tiempo trabajando en un área, haber publicado en revistas de mayor visibilidad y haber desarrollado redes académicas más amplias. Factores como el prestigio de la revista, la reputación del autor, la institución de procedencia, las tendencias temáticas y las redes sociales de investigación pueden explicar buena parte de las citas posteriores. Por ello, penalizar automáticamente las autocitas puede confundir una característica propia de la construcción acumulativa del conocimiento con una práctica de manipulación.

El autor utiliza como marco conceptual la teoría de la estigmergia desarrollada por el biólogo francés Pierre-Paul Grassé para explicar cómo las colonias de termitas pueden construir estructuras complejas sin una dirección centralizada. Cada modificación realizada por un individuo sobre la estructura se convierte en un estímulo para las acciones posteriores de otros individuos. Aplicada a la ciencia, la analogía plantea que los investigadores también construyen progresivamente sobre sus propias contribuciones anteriores. Una autocitación puede representar, por tanto, la continuidad de un programa intelectual y proporcionar a otros investigadores un marco acumulativo sobre el que seguir trabajando.

Los datos descriptivos refuerzan esta interpretación. En los diez artículos más citados de la muestra, las tasas de autocitación oscilaron entre el 1,1 % y el 41,1 %. Los trabajos con mayores niveles de autocitación tendieron a presentar vidas de citación más prolongadas, mientras que aquellos con niveles inferiores mostraron con mayor frecuencia picos de citas más concentrados y una caída posterior. Además, los artículos teóricos fundacionales parecían beneficiarse más de la autocitación que los estudios aplicados, algo que el autor considera lógico porque la construcción de un marco teórico amplio suele implicar una acumulación progresiva de trabajos previos del propio investigador.

La conclusión no es que toda autocitación sea positiva ni que deba desaparecer cualquier mecanismo de control bibliométrico. El propio artículo reconoce que existen prácticas abusivas de autopromoción, manipulación de indicadores y redes de citación que justifican la vigilancia. El problema está en convertir esa realidad en una penalización generalizada. En campos emergentes, especialidades muy pequeñas o investigaciones que desarrollan programas teóricos coherentes, una tasa relativamente elevada de autocitación puede ser perfectamente legítima y reflejar el proceso normal mediante el cual se construye una tradición científica.

En definitiva, el artículo plantea una cuestión importante para la evaluación de la investigación y la bibliometría: eliminar automáticamente las autocitas de los indicadores puede proporcionar una imagen incompleta del impacto científico. La autocitación no debería interpretarse por sí sola como evidencia de mala praxis, sino analizarse en su contexto, diferenciando entre autocitación legítima, construcción acumulativa de conocimiento y manipulación deliberada de métricas. Para la evaluación científica, esto supone pasar de una lógica de simple conteo y penalización a una interpretación más cualitativa de cómo se forman y evolucionan las comunidades y campos de investigación.