
Lavoie, Brian y Rebecca Bryant. The Library Beyond the Library. Hanging Together (OCLC Research Blog), 5 de junio de 2024. Proyecto ampliado posteriormente en el informe de OCLC Research – The Library Beyond the Library (abril de 2026)
Durante décadas, las bibliotecas universitarias han desempeñado un papel claramente definido dentro de las universidades: gestionar colecciones físicas y digitales, organizar recursos documentales y facilitar el acceso a información adquirida externamente para estudiantes, docentes e investigadores. Este modelo tradicional, centrado en la gestión de colecciones y servicios bibliográficos, permitió que las bibliotecas funcionaran de forma relativamente autónoma, siendo percibidas como espacios dedicados principalmente a custodiar conocimiento y proporcionar acceso a materiales académicos. Sin embargo, los profundos cambios experimentados por la investigación científica, la digitalización y las nuevas dinámicas institucionales han provocado una transformación sustancial de este paradigma.
El informe desarrollado por OCLC Research introduce el concepto “The Library Beyond the Library” (“La biblioteca más allá de la biblioteca”), una idea que refleja cómo las bibliotecas universitarias están expandiendo su radio de acción mucho más allá de sus funciones históricas. Ya no se limitan a administrar colecciones o proporcionar servicios de préstamo, sino que participan activamente en áreas estratégicas vinculadas al ecosistema global de investigación institucional. Esto incluye la gestión de datos científicos, repositorios institucionales, apoyo a políticas de ciencia abierta, análisis bibliométricos, visibilidad académica, gestión de perfiles de investigadores, preservación digital, apoyo a la publicación científica y desarrollo de infraestructuras de información para la toma de decisiones universitarias.
Uno de los hallazgos centrales del estudio es que esta evolución está obligando a las bibliotecas a establecer alianzas transversales con otras unidades universitarias. Servicios antes exclusivamente bibliotecarios ahora requieren colaboración con oficinas de investigación, departamentos de tecnologías de la información, unidades de innovación educativa, áreas de gestión institucional y oficinas dedicadas a la captación de fondos o al cumplimiento de políticas científicas internacionales. Estas colaboraciones generan nuevos modelos organizativos en los que la biblioteca deja de ser una unidad aislada para convertirse en una pieza integrada dentro de la infraestructura estratégica de la universidad. El conocimiento especializado de los bibliotecarios comienza así a insertarse en procesos institucionales mucho más amplios relacionados con la producción científica y la reputación académica.
Los investigadores Brian Lavoie y Rebecca Bryant subrayan que este cambio no consiste únicamente en ampliar servicios, sino en redefinir la propuesta de valor de la biblioteca. Tradicionalmente, el valor de la biblioteca se medía por indicadores visibles como número de préstamos, tamaño de la colección o afluencia de usuarios. En el nuevo escenario, buena parte del trabajo bibliotecario ocurre “detrás del escenario”, influyendo en procesos complejos que muchos actores universitarios no identifican inmediatamente como parte del trabajo bibliotecario. Esto genera un desafío importante: cuanto más estratégica se vuelve la biblioteca, más invisible puede parecer su contribución si no se comunica adecuadamente su impacto dentro de la institución. La percepción pública continúa asociando a menudo la biblioteca únicamente con libros, salas de estudio o acceso a recursos electrónicos, ignorando funciones emergentes de enorme relevancia institucional.
El estudio presenta varios casos concretos que ilustran esta transición. En la University of Manchester, por ejemplo, la biblioteca lidera una nueva oficina institucional dedicada a la investigación abierta, centralizando servicios que involucran a múltiples departamentos universitarios. En la Montana State University se creó una alianza de investigación donde unidades bibliotecarias y no bibliotecarias trabajan conjuntamente desde un mismo espacio operativo, posicionando a la biblioteca como nodo central del ecosistema investigador. En la University of Illinois Urbana-Champaign, la biblioteca administra sistemas institucionales de gestión de información científica financiados por el vicerrectorado de investigación, extendiendo su experiencia en metadatos hacia la construcción de infraestructuras que apoyan la planificación estratégica universitaria. Estos ejemplos muestran cómo la biblioteca puede asumir un rol de liderazgo en estructuras institucionales antes alejadas de su ámbito tradicional.
Otro concepto clave asociado al informe es el de interoperabilidad social, entendido como la capacidad de crear relaciones funcionales sostenibles entre personas, departamentos e instituciones distintas para facilitar colaboración efectiva. Las bibliotecas necesitan hoy no solo competencias técnicas en organización del conocimiento o gestión documental, sino también habilidades para negociar, coordinar proyectos interdisciplinarios, liderar redes institucionales y construir puentes entre comunidades académicas diversas. El bibliotecario contemporáneo evoluciona así hacia un perfil híbrido donde conviven capacidades tecnológicas, analíticas, comunicativas y estratégicas. La gestión de información sigue siendo central, pero ahora inserta dentro de un ecosistema mucho más interdependiente y colaborativo.
En última instancia, el informe advierte que las bibliotecas que no logren adaptarse a esta transformación corren el riesgo de perder relevancia institucional, recursos económicos e influencia dentro de sus organizaciones. A medida que universidades y centros de investigación priorizan productividad científica, ciencia abierta, colaboración interdisciplinaria y financiación competitiva, las bibliotecas deben demostrar de manera clara cómo contribuyen directamente a estos objetivos estratégicos. El futuro bibliotecario ya no depende únicamente de preservar colecciones o garantizar acceso a información, sino de posicionarse como un actor imprescindible dentro de la infraestructura intelectual y científica de la institución. “La biblioteca más allá de la biblioteca” representa precisamente esta transición: pasar de ser un espacio de servicios tradicionales a convertirse en un socio estratégico esencial para la creación, gestión y circulación del conocimiento en la universidad del siglo XXI.