Función de las bibliotecas en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial y la transformación radical de los ecosistemas informativos.

Library scene showing people using AI-driven digital interfaces for data access and learning
A modern library integrates artificial intelligence for advanced information access and digital learning.

Pressley, Lauren. What Libraries Actually Do. Publicado en el blog Libraries as Epistemic Institutions, 23 de marzo de 2026. Disponible en: Lauren Pressley – What Libraries Actually Do

Lauren Pressley plantea una reflexión profunda sobre la verdadera función de las bibliotecas en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial y la transformación radical de los ecosistemas informativos.

La autora parte de una idea central: uno de los mayores problemas a la hora de explicar el valor de las bibliotecas es que cada persona percibe una biblioteca de forma distinta según su experiencia y sus necesidades. Para un estudiante puede ser simplemente un lugar tranquilo donde estudiar; para un investigador, un sistema complejo que proporciona acceso a recursos especializados; para un profesor, una infraestructura invisible que sostiene gran parte del trabajo académico cotidiano. Esta diversidad de percepciones dificulta comunicar de manera clara qué hacen realmente las bibliotecas.

Pressley sostiene que históricamente las bibliotecas han sido descritas en términos demasiado reduccionistas, asociándolas casi exclusivamente con el acceso a la información: colecciones, préstamos, consultas o espacios físicos. Sin embargo, argumenta que esta visión resulta hoy insuficiente, especialmente en un mundo donde herramientas de inteligencia artificial permiten acceder instantáneamente a enormes volúmenes de información. En este nuevo escenario, centrarse únicamente en la idea de “dar acceso” puede llevar a pensar erróneamente que las bibliotecas han perdido relevancia. La autora considera que precisamente ocurre lo contrario: cuanto más abundante y automatizada es la información, más necesaria resulta la labor intelectual que las bibliotecas llevan décadas desarrollando.

Uno de los puntos fundamentales del texto es la distinción entre información y conocimiento. La inteligencia artificial puede ofrecer respuestas rápidas, sintetizar contenidos y generar textos aparentemente coherentes, pero no produce conocimiento en sentido profundo. Transformar información en conocimiento exige contexto, interpretación, comprensión crítica y capacidad para evaluar la procedencia, calidad y fiabilidad de las fuentes. Según Pressley, este es precisamente el núcleo del trabajo bibliotecario: ayudar a las personas a entender cómo se produce el conocimiento, cómo se valida a través de procesos como la revisión por pares, cómo distinguir entre distintos tipos de publicaciones académicas y cómo evaluar si una fuente realmente sustenta una afirmación o una investigación.

La autora también critica la tendencia histórica de las bibliotecas a justificar su valor mediante métricas cuantitativas tradicionales: número de préstamos, visitas físicas, tamaño de las colecciones o consultas atendidas. Aunque estos indicadores fueron durante décadas la forma habitual de demostrar impacto institucional, Pressley argumenta que la inteligencia artificial obliga a replantear esas métricas. Cuando el acceso a la información deja de ser escaso, lo verdaderamente importante es destacar el papel de las bibliotecas como instituciones que sostienen la construcción colectiva del conocimiento, preservan la calidad del ecosistema informativo y enseñan a navegar críticamente entornos saturados de datos.

Otro eje esencial del artículo es la idea de que las bibliotecas constituyen una infraestructura epistemológica. Inspirándose en conceptos de la epistemología social desarrollados por Jesse H. Shera y Margaret Egan, Pressley sostiene que las bibliotecas no son simples depósitos de información, sino instituciones que organizan la manera en que las comunidades producen, validan, comparten y preservan el conocimiento. Su función consiste en mantener visibles elementos que la inteligencia artificial suele ocultar: la autoría, el contexto de producción del conocimiento, la trazabilidad de las ideas, la diversidad de perspectivas y las condiciones bajo las cuales una afirmación puede considerarse confiable.

En relación con ello, la autora advierte que los sistemas de inteligencia artificial generan respuestas con una apariencia de autoridad que puede resultar engañosa. Los modelos de lenguaje producen textos fluidos y convincentes, pero a menudo eliminan o difuminan el origen de la información utilizada. Esta ausencia de procedencia dificulta la verificación crítica y puede fomentar una aceptación acrítica de contenidos potencialmente erróneos. Frente a ello, las bibliotecas desempeñan un papel irremplazable enseñando competencias informacionales, promoviendo el pensamiento crítico y preservando los mecanismos de validación que sostienen la producción académica y científica.

Finalmente, Pressley concluye que el discurso que presenta a la inteligencia artificial como una amenaza que volverá obsoletas a las bibliotecas parte de una comprensión equivocada de lo que estas representan. Si se piensa que una biblioteca solo sirve para localizar información, entonces parecería que la IA puede sustituirla. Pero si se entiende que las bibliotecas son instituciones dedicadas a construir conocimiento confiable, preservar memoria cultural, garantizar transparencia en las fuentes y enseñar a evaluar críticamente la información, entonces la inteligencia artificial no reduce su importancia, sino que hace todavía más evidente su papel esencial dentro de la sociedad contemporánea.

El artículo termina proponiendo una reformulación profunda del relato institucional bibliotecario: las bibliotecas nunca han sido solamente espacios de acceso a información, sino estructuras fundamentales que sostienen las condiciones necesarias para que las sociedades puedan conocer, aprender y producir conocimiento de manera crítica y responsable. En la era de la inteligencia artificial, esa función se vuelve no secundaria, sino absolutamente central.