Los makerspaces aumentan la resiliencia de las comunidades

Lucia Corsini, Eric James. ‘Makerspaces’ boost community resilience. It’s time to support them. World Economic Forum, 21 Jun 2021

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Los Makerspaces son fundamentales para la visión del movimiento Maker, que fue recibido en su aparición hace una década como parte de la cuarta revolución industrial. El movimiento Maker pretende democratizar la innovación y la producción animando a la gente a utilizar las nuevas tecnologías para compartir ideas y desarrollar y producir sus propios bienes a nivel local.

Los Makerspaces suelen ser comunitarios, pero también pueden ser organizados por universidades o empresas. Reciben diferentes nombres, como Fab Labs, hackerspaces y tiendas tecnológicas, pero todos proporcionan acceso a una serie de herramientas, como impresoras 3D, cortadoras láser, fresadoras, maquinaria para trabajar la madera y el metal, máquinas de coser y bancos de electrónica. Aunque no hay dos makerspaces iguales, comparten una ética común de apertura y colaboración, al estar conectados en línea con la comunidad Maker más amplia. Esto significa que los no especialistas pueden colaborar a distancia utilizando archivos de diseño compartidos.

Muchos de los primeros makerspaces se encontraban en Estados Unidos y Europa, pero ahora han surgido en todo el mundo, incluso en países de renta baja y media. Según la red de Fab Labs, hay más de 2.000 en todo el mundo y este número crece cada año. Los estudios han demostrado que los makerspaces pueden ayudar a cultivar la creatividad y la confianza de los alumnos, y a mejorar la inclusión y el bienestar de los grupos marginados.

Se calcula que los fabricantes locales produjeron 48,3 millones de EPI durante la crisis de COVID-19

En los últimos años, los makerspaces también han participado en la resolución de una serie de retos globales urgentes. Nepal Communitere, un makerspace en Katmandú, se creó tras el terremoto de 2015 para ayudar a producir y reparar artículos de primera necesidad. Glia ha estado imprimiendo torniquetes para salvar vidas en centros de Gaza desde 2016. Durante la pandemia de COVID-19, los makerspaces actuaron como centros de fabricación flexibles para producir equipos que salvan vidas, como equipos de protección (EPIs), diagnósticos y equipos de atención clínica. Se calcula que los makers produjeron 48,3 millones de artículos de EPI en todo el mundo, con un valor neto de 271 millones de dólares.

En Nepal, Field Ready colaboró con otros laboratorios de innovación para reparar ventiladores rotos, además de coordinar la producción de máscaras, grifos de manos libres, viseras y batas. En Bangladesh, Field Ready formó asociaciones con empresas locales y makerspaces para satisfacer la enorme demanda de los refugiados. En Fiyi, la organización trabajó con el Ministerio de Salud y Servicios Médicos para producir protectores faciales, pantallas de privacidad y estaciones de lavado de manos.

Estos logros son especialmente impresionantes si se tiene en cuenta que la respuesta fue impulsada principalmente por la acción voluntaria de los ciudadanos. Hasta ahora, los “makerspaces” han funcionado a duras penas y sin el debido apoyo institucional; ya es hora de que se formalicen, apoyen y financien adecuadamente.

Un primer paso importante es que los gobiernos reconozcan formalmente los makerspaces como infraestructuras críticas. Hay varias razones para ello:

  • Acceso en situaciones de crisis. En algunos lugares, las comunidades tuvieron dificultades para acceder a los makerspaces durante la pandemia debido a las restricciones de movimiento. El estatus de infraestructura crítica evitaría que esto ocurriera en una futura crisis.
  • Financiación e inversión. El voluntariado que vimos durante la pandemia no puede darse por sentado. Muchos makerspaces también se enfrentan a tiempos difíciles en el futuro, ya que han estado cerrados durante más de un año. Se necesita urgentemente financiación pública para apoyar el desarrollo de esta infraestructura.
  • Mejora de la coordinación de la demanda y la oferta. Muchos makerspaces ayudaron a abastecer a comunidades desatendidas, que querían hacer pedidos de bajo volumen.
  • Mejorar sus vínculos con el sector manufacturero en general ayudaría a garantizar que los productos adecuados lleguen a las personas que los necesitan.
  • Acceso justo a los suministros. El estatus de infraestructura crítica ayudaría a garantizar el acceso prioritario a los materiales necesarios para la producción de artículos esenciales.
  • Agilizar el apoyo normativo y las autorizaciones. Los espacios de fabricación deben ser reconocidos y apoyados por los reguladores para acelerar el desarrollo de productos esenciales de alta calidad.

Instamos a los responsables políticos y al gobierno a desarrollar políticas, en coordinación con la comunidad Maker, para apoyar activamente los makerspaces y fortalecer sus redes.

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