
Get Fact First. 2026. “AI Is Now Running the Mis and Disinformation.” Get Fact First (Substack). Accedido el 25 de mayo de 2026. https://getfactfirst.substack.com/p/ai-is-now-running-the-mis-and-disinformation
La inteligencia artificial ha pasado de ser una herramienta auxiliar en la producción y distribución de información a convertirse en un componente estructural dentro del ecosistema global de la desinformación. En lugar de limitarse a responder preguntas o resumir contenidos, los sistemas generativos actuales participan activamente en la circulación, reformulación y amplificación de narrativas informativas, incluidas aquellas que pueden ser falsas, sesgadas o directamente manipuladas.
El último informe de amenazas de la UE concluyó que el 27% de los incidentes de manipulación de información extranjera en 2025 involucraron IA. Y esto es solo lo que está en el dominio público. Rusia ha invertido una cifra récord de 1.850 millones de dólares en propaganda exterior para 2026, un 54% más en un año. Irán también está inyectando nuevo dinero en su cadena estatal de radiodifusión. La guerra de Irán de 2026 se ha convertido en un banco de pruebas en tiempo real, con Rusia y China ejecutando operaciones paralelas y compartiendo inteligencia mientras lo hacen.
Investigadores del Information Sciences Institute de la USC introdujeron un puñado de agentes de IA en una red social simulada y les dieron una única tarea: ejecutar una campaña de propaganda. Nadie los programó ni les indicó cómo hacerlo. Ellos lo resolvieron por sí mismos: publicaciones sincronizadas, inundación de hashtags, el mismo mensaje con distintas voces, y una coordinación del público objetivo. Cada acción que reconocerías de una operación de influencia real fue inventada desde cero por el software. Los investigadores lo dicen de forma sencilla: esto no es una amenaza futura, ya es técnicamente posible. Diez agentes lo hicieron en un laboratorio, y es seguro que esto ya lleva tiempo ocurriendo fuera de él. El coste de fabricar una realidad falsa ha caído prácticamente a cero, los presupuestos estatales detrás de ello están aumentando, y el ser humano ha quedado fuera del proceso.
Miremos las elecciones del año pasado en Irlanda. Días antes de la votación presidencial, apareció un falso boletín de “RTÉ News” anunciando que la candidata Catherine Connolly se había retirado de la carrera y que las elecciones se habían cancelado. Estuvo activo durante doce horas y acumuló 30.000 visualizaciones antes de ser retirado. Ella no se había retirado.
Una de las ideas centrales es que los modelos de IA no operan con una noción de verdad, sino con correlaciones estadísticas del lenguaje. Esto significa que su funcionamiento no se basa en comprobar la veracidad de los datos, sino en predecir la continuación más probable de un texto. En consecuencia, cuando la red contiene información incorrecta ampliamente difundida, existe el riesgo de que esa información sea integrada en los modelos y posteriormente reproducida con un formato convincente, lo que incrementa su credibilidad percibida. Este fenómeno genera lo que el artículo describe como una apariencia de autoridad sin verificación epistémica real.
El texto también enfatiza el carácter acumulativo del problema. La desinformación en internet no es nueva, pero la IA introduce una capa de aceleración y automatización. Plataformas, redes sociales, foros y sitios de baja fiabilidad constituyen un entorno donde la información circula sin control riguroso. En ese contexto, los modelos de IA actúan como sistemas de compresión y redistribución de información: sintetizan grandes volúmenes de contenido y lo devuelven al usuario en forma de respuestas claras y aparentemente neutrales. Sin embargo, esa síntesis puede diluir matices, eliminar fuentes o reforzar errores existentes.
Otro punto relevante del artículo es la transformación del fenómeno propagandístico. Tradicionalmente, la desinformación requería actores humanos que diseñaran campañas, produjeran contenido y lo distribuyeran de forma coordinada. Con la aparición de sistemas automatizados, ese proceso puede ejecutarse de manera continua, escalable y con menor coste. El resultado es un ecosistema donde bots, modelos generativos y herramientas de automatización pueden sostener narrativas falsas durante largos periodos sin intervención directa constante.
El artículo también introduce una dimensión social y cognitiva: la erosión progresiva de la confianza informativa. No se trata solo de que exista más información falsa, sino de que se debilita la capacidad del público para distinguir entre fuentes fiables y no fiables. Cuando los usuarios reciben respuestas coherentes, bien redactadas y aparentemente neutrales de sistemas automatizados, puede generarse una confianza excesiva en la forma del mensaje por encima de su contenido real.
El texto sugiere que la desinformación automatizada no es un fenómeno marginal, sino una tendencia estructural que podría redefinir la ecología informativa contemporánea. En este escenario, la IA no es únicamente un intermediario, sino un actor que participa en la construcción misma del espacio público digital, con implicaciones directas para la comunicación política, la ciencia, el periodismo y la educación mediática.